El Escorial, 31.08.2026
Julia Sáez-Angulo
Amina es una muchacha guapa y simpática, que trabaja en mi casa escurialense por las mañanas, ayudándome en las tareas domésticas de la casa. Por la tarde estudia el bachillerato, porque es una mujer con espíritu de superación y aspirante a la modernidad. En casa se quita el velo de la cabeza, porque le da calor y, en el fondo, lo detesta, sobre todo porque, como ella dice, le quita el anonimato total cuando va por la ciudad.
Está muy sujeta a la familia y de hecho es la que sostiene su vida y la de sus padres, dos personas ya mayores que pudo traer a España, con arreglo a la normativa de la reagrupación familiar. Elogio su comportamiento filial y ella me cuenta que es en agradecimiento a que sus padres que eran pobres y no tenían dote para poder casarla a ella, por lo que acordaron en hacerlo con un viejo rico marroquí, a lo que ella se opuso frontalmente y sus padres acabaron por acceder.
Amina tiene también un hermano casado que de vez en cuando le da un toque verbal, porque el imán o alguno de sus adláteres le advierte: “Cuidado con tu hermana, que el otro día iba enseñando parte del cabello, aunque llevaba el pañuelo en la cabeza”. Ese es siempre su verdadero temor, por lo que procura regresar a casa por calles segundarias y no por la plaza, donde están sentados los viejos islámicos de la mezquita, que la miran, más bien escrutan, para ver como viste, que ropa lleva, si se está occidentalizando o si no ajusta bien el hijab en su cabeza.
Yo imaginé de inmediato a los dos lúbricos viejos de Susana, el personaje bíblico que fue denunciada de haberse acostado con un joven por esos dos sátiros, por no haber querido acostarse con ellos.
También recordé el dicho popular español: "Donde hay pelo, hay alegría".
La mujer, siempre la mujer, en culturas cerradas que no se integran jamás en aquellas otras que las acogen, a la par que los varones que las desprecian, cuando no las someten. Ellos los varones, occidentalizados al máximo en su indumentaria, les exigen a ellas, las obligan, a vestir con su antiguas túnicas largas y velos asfixiantes en la cabeza, que angustia verlas en verano. A veces, hasta huelen, porque no pueden airear el sudor en verano.
Amina me contó, que el suyo es un nombre de mujer de origen árabe, muy popular en Marruecos, que significa fiel, confiable, sincera, «la que es digna de confianza», «honesta» y «segura». Es nombre muy querido en la cultura islámica porque así se llamaba la madre del profeta Mahoma.
Pobres mujeres musulmanas.
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ResponderEliminarGuadalupe Luceño Martínez : Excelente. Gracias
ResponderEliminarYurihito Otsuki : La cruda realidad de estas chicas y mujeres valientes y conscientes que luchan y protestan por su dignidad y libertad, es realmente inimaginable y dura para la ciudadana que , por suerte, vive en el mundo democrático ( aunque es también muy relativo en este momento que se desmoronan y se tambalean la libertad, democracia, ética y derecho también en nuestro mundo civilizado y democrático en teoría pero truncado completo por el gobernantes falsos, avariciosos por su poder y hipócritas pecaminosos.
Solo deseo y rezo por la felicidad y libertad de estas chicas maravillosas y jóvenes con mucha dignidad y inteligencia que tiene desde el momento que ellas nacieron.
Muchas gracias Julia por esta magnífica reflexión necesaria gracias a tu propia experiencia y vida diaria. Un abrazo fuerte.
ResponderEliminarCecilia M de Lassaletta : Gracias Julia pero hierve la sangre !!!!!!!Que se vayan de nuestro País que hacen aquí con Rey millonario que recibe nuestro dinero de este “”””” Maduro “””””que se ha instalado y no vamos a poder ser libres de nuevo .
No puedo con esta gente las sufrí en mis años de Profesora Numeraria y no merecen estar jamás se integran y se quieren imponer .
ResponderEliminarJosé Rey-Ximena : como siempre Julia eres una valiente sin herir a los hipócritas
Gracias
ResponderEliminarJulia
Moros fuera, que venga don Pelayo !
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