domingo, 25 de octubre de 2026

CAMBIO DE CASA, TIEMPO DE MUDANZAS. Un duelo muy especial y una experiencia de pérdida y desalojo. También fuente de conflictos.

Casa con lo antiguos cipreses

Casa, otoño y poda

Julia Sáez-Angulo

Fotos: J.S.A.

        25/10/26.- Llegó el tiempo de cambio de casa, y por tanto tiempo de mudanzas. En un momento, no sé si de debilidad o de fortaleza, accedí al cambio de casa con mi hija. Ella vendría a la mía, unifamiliar, es más grande, con jardín y garaje y yo iría a la suya, donde los espacios son más contenidos. Todo en aras de que ella y su familia son cuatro y yo, ocupo menos. También en que su casa no tiene escaleras, y por tanto mi rodilla no sufriría al subir y bajar peldaños.

-En España, todo el mundo se queja de dolor de rodillas- me dijo sorprendida una asistenta polaca, en una ocasión.

-Pues los españoles nacemos sin ese defecto, sólo que Ud. trabaja para personas mayores, argumenté y asintió.

Ahora juego con mis dos nietos pequeños y les digo que en la buhardilla de la casa vive un fantasma que se llama Puli Duli. 

-Qué es una buhardilla?, me preguntó Axel, el mayor de cinco años.

-“La parte de un edificio situada inmediatamente debajo del tejado, con techo en pendiente y destinada a vivienda”, le contesté el DRAE.

-Pues yo, al fantasma Puli Duli, le ato la sábana y no podrá volar, dijo mi nieto Ulises, de cuatro años, que va de matón de fantasmas.

-Puli Duli se escapará a la buhardilla del vecino- le replique.

-O a un castillo abandonado, porque allí tiene más espacio para volar- le dijo Axel, el mayor.

(Esto es fruto de leer cuentos, pensé).

La casa está en el distrito de Salamanca, en el barrio de La Guindalera, una colonia de chalets de 1928. Cuando yo hablaba de chalet a unos amigos suizos, no comprendían que mi casa estuviera en el centro de Madrid, pues para ellos, de habla francesa, un chalet, es una casa de montaña.

 Libros, ropa,  bibelots y archiperres

Pero el meollo del asunto está en la mudanza. Ya he comenzado a empaquetar. Una amiga me advierte que “toda mudanza es un duelo, ¡prepárate!”. Otra persona me recuerda que las mudanzas “son motivo de conflictos y hasta de ruptura, como les sucedió a Julio Iglesias e Isabel Priestley”. No sé si será cierto, pero yo ya he tenido diferencias de criterio con mi hija a la hora de apartar cosas antes del traslado. A todos mis bibelots los califica de “pongos” (“¿Dónde lo pongo?), todos son archiperres inútiles que ocupan espacio. He hecho dos cajas para el Rastrillo de Nuevo Futuro, que ya obra en poder de Teresa de Medinilla, duquesa de San Pedro de Galatino, que actúa con dedicación y generosidad en el Rastrillo navideño. (Con todo, echamos de falta a la Infanta Pilar de Borbón, todo corazón y entrega al Rastrillo)

Nueve bolsas de ropa salieron para una residencia de mayores cercana a la casa. Estrella, la directora, es agradecida: “Nos viene muy bien, pues lavamos la ropa a altas temperaturas y eso las hace menos perdurables”, me explica.

El problema es que soy acumulativa al máximo. No tiro nada o muy poco. “Síndrome de Diógenes”, dice mi hija. Con los libros, dentro de un orden, encontré una solución: quise entregarlos a la Universidad de mi tierra, pero me pedían que les hiciera una relación de títulos y autores. Una trabajera total a la que no estaba dispuesta. Me dieron la solución en la Universidad de Navarra: 52 cajas de libros salieron para aquellos lares, pero quedarán otras tantas por hacer y cerrar. Esto no se acaba nunca.

“Hay libros que me duele verlos marchar, como la Gran Trilogía del Imperio Austrohúngaro de Gregor von Rezzori; “Lolita” de Nabokov; “El desierto de los tártaros” de Dino Buzzatti; “Rompimiento de gloria” del Marqués de Tamarón y tantos otros… “Mamá, ¡los tienes en la biblioteca, cuando quieras volver a leerlos! Además, se pueden leer de modo digital que no ocupan espacio…”, argumenta mi hija que es una chica potente en criterio 

“Los archivos con carpetas informativas, directamente a la papelera ¡Todo lo encuentras ahora en la IA!” … Hay que asumir el cambio de época, de tecnología… Hay que reflexionar el versículo del Eclesiastés: “Hay un tiempo para todo, tiempo de guardar y tiempo de deshacerse de lo guardado…” Se han ido dejando y perdiendo tantas cosas a lo largo de la vida…

“En tiempos de turbulencias, no hacer mudanza”, recomendaba san Ignacio de Loyola a sus religiosos. Siempre hay turbulencias más o menos agudas en la vida. El santo se refería a turbulencias morales.

    He ido asumiendo paulatinamente el cambio y la mudanza. Quedan unos meses, hasta la primavera para el desprendimiento y preparar cajas. Ciertamente va a ser un cambio de vida física y corporal. Otro tiempo y otro espacio, las dos coordenadas del hombre y la mujer en la vida.  

Compré esta casa al vender la finca heredada de mi madre “La Calahorra” y ahora la recibirá mi hija, antes de que yo muera. Así será, si todo va como lo previsto.

Veremos como acaba este duelo particular, el desalojo, la pérdida y las posibles tensiones. Nadie me obligó a ello, por eso me digo lo de aquel monje aragonés: “Tú lo quisiste fraile mostén; tú lo quisiste, tú te lo ten”.

Julia Sáez-Angulo (1985)
Julia (2026)