Carlos Sánchez Tárrago, doctor en Historia
Hay personas que trabajan por la cultura porque es su profesión. Otras lo hacen porque han encontrado en ella una pasión. Y existen algunas, mucho más difíciles de encontrar, que convierten la cultura en una forma de generosidad.
José Belló Aliaga pertenece, sin duda, a este último grupo.
Quienes frecuentamos los espacios culturales de Madrid nos hemos acostumbrado a encontrarlo. En el Ateneo, en la Biblioteca Nacional, en el Casino de Madrid, en las presentaciones de editoriales, en bibliotecas y librerías, en centros culturales, en el Museo del Prado, en el Reina Sofía, en el Instituto Cervantes o en las universidades. Es difícil que se celebre un acto cultural de cierta relevancia y José no aparezca por allí.
Y casi siempre llega con tiempo.
Perfectamente trajeado, con su corbata, su cámara y, sobre todo, con esa inseparable maleta de ruedas en la que transporta buena parte de su particular arsenal de trabajo. Porque José no acude simplemente como espectador. Acude para trabajar.
Graba el acto, realiza fotografías, toma notas y, después, convierte todo ese material en información que hará llegar a quienes no pudieron estar presentes. Sus vídeos pueden encontrarse en YouTube buscando su nombre. Sus fotografías y sus crónicas llegan posteriormente a distintos medios de comunicación con los que colabora. De este modo, una conferencia, una presentación de un libro, una exposición, un homenaje o una conversación que podría quedar limitada a quienes estuvieron en la sala adquiere una segunda vida y alcanza a muchos más lectores y espectadores.
Y todo ello lo hace de manera altruista.
De la química al tenis y del tenis a la cultura
La trayectoria de José Belló Aliaga es, en sí misma, singular.
Licenciado en Ciencias Químicas y profesional de la industria, ocupó responsabilidades de relevancia en la empresa Calvo Sotelo. Pero su vida no quedó reducida al ámbito profesional.
Natural de Puertollano, encontró en el tenis una de sus grandes pasiones. Durante años estuvo estrechamente vinculado al desarrollo de este deporte en Ciudad Real. En 1976 asumió la responsabilidad de Delegado Provincial de Tenis, cargo que desempeñó hasta finales de 1981, en una etapa decisiva para la consolidación del tenis provincial.
Fue también impulsor de la creación del Club de Tenis Puertollano, que obtuvo su inscripción oficial en la Real Federación Española de Tenis en 1978. Bajo su dirección se produjo un importante crecimiento de la actividad tenística, con especial atención a la formación de jóvenes jugadores y a la creación de una auténtica cantera.
Impulsó el Circuito Provincial de Tenis, la Liga Provincial y el Máster Provincial, fomentó el tenis infantil y favoreció la formación de técnicos y monitores. Los resultados no tardaron en llegar: éxitos en los Juegos Deportivos de Castilla-La Mancha, campeonatos interprovinciales y un notable incremento de las licencias federativas y de los clubes existentes en la provincia.
No es extraño, por tanto, que su trayectoria deportiva haya sido reconocida con el Premio a Toda una Vida Dedicada al Deporte, concedido en la Gala del Deporte celebrada en Puertollano.
Pero José no se quedó ahí.
El periodista que nació de una afición
Su relación con la escritura comenzó precisamente en torno al tenis. Cuando era Delegado Provincial comenzó a publicar artículos sobre este deporte y sus crónicas aparecieron en medios como Lanza. Diario de La Mancha y La Comarca de Puertollano.
Con el paso de los años, aquella afición se transformó en una auténtica vocación periodística y cultural.
Hoy sus intereses son mucho más amplios. El cine, la literatura, las artes plásticas, la historia, las exposiciones, las presentaciones de libros, los encuentros culturales... Todo aquello que contribuya a enriquecer la vida cultural encuentra en él un atento observador y, sobre todo, un generoso divulgador.
Es miembro del Círculo de Escritores Cinematográficos y colabora con distintos medios, entre ellos Siglo XXI, La Voz de Puertollano, La Comarca de Puertollano, TodoLiteratura, MiCiudadReal.es y El Diario de Madrid.
Su labor ha merecido también reconocimientos. En 2023 recibió el Premio Escriduende a la mejor labor de promoción y difusión cultural, concedido por el Grupo Editorial Sial Pigmalión con ocasión de la Feria del Libro de Madrid. En 2025 recibió asimismo el Premio Atrevido de Comunicación, otorgado por el IES Sapere Aude de Villanueva del Pardillo.
Son premios importantes. Pero quizá exista otro reconocimiento, menos visible y mucho más difícil de cuantificar: el de todos aquellos escritores, artistas, profesores, investigadores, actores, directores, pintores y gestores culturales a quienes José ha ayudado a que su trabajo llegue más lejos.
Una presencia que nunca falla. Yo puedo dar fe de ello.
He tenido la fortuna de contar con José Belló en distintos actos relacionados con mi propia actividad cultural: en Espacio Ronda, en el Centro Cultural Lavapiés, en la Fundación Ortega-Marañón o en la Universidad Rey Juan Carlos.
Y siempre he encontrado al mismo José: puntual, educado, amable y profesional. Nunca llega buscando protagonismo. Llega para que otros lo tengan.
Esa quizá sea una de las características que mejor definen su personalidad. En un mundo en el que muchas veces buscamos que se hable de nosotros, José dedica buena parte de su tiempo a conseguir que se hable de los demás. Y lo hace sin esperar nada a cambio.
Cuando un amigo le invita a un acto, allí está. Cuando conoce una actividad que considera interesante, muchas veces acude por iniciativa propia. Escucha, observa, fotografía, graba, escribe y después difunde.
Podría limitarse a disfrutar de la cultura como espectador. Sin embargo, ha decidido asumir una tarea mucho más exigente: convertirse en uno de sus transmisores. La cultura necesita personas como José
Vivimos en una época en la que producir información parece sencillo, pero en la que resulta mucho más difícil encontrar personas dispuestas a dedicar tiempo, esfuerzo y conocimientos a difundir el trabajo de los demás.
Por eso la labor de José Belló Aliaga tiene un valor especial.
Porque detrás de cada vídeo hay una presencia física en el acto, una cámara, horas de grabación, selección de imágenes y edición. Detrás de cada crónica hay atención, escritura y tiempo. Y detrás de todo ello existe algo que no se puede comprar: la voluntad de ayudar.
Su maleta de ruedas se ha convertido, casi sin proponérselo, en una especie de símbolo.
La lleva de un lado para otro por Madrid. En ella viajan cámaras, material y herramientas de trabajo. Pero, de alguna manera, también viaja algo más importante: su compromiso con la cultura.
Y quizá por eso, cuando uno vuelve a encontrárselo en otra presentación, otra conferencia, otra exposición o cualquier otro acto, ya no se pregunta qué hace allí.
Sabemos perfectamente qué hace.
Está ayudando.
Un reconocimiento necesario
Este artículo no pretende descubrir a José Belló Aliaga. Él lleva muchos años haciendo su trabajo y son numerosos los reconocimientos que ya ha recibido.
Pretende algo mucho más sencillo: dar las gracias.
Dar las gracias en nombre de quienes hemos tenido la suerte de que José haya acudido a nuestros actos, haya recogido nuestras palabras, haya fotografiado nuestros encuentros, haya grabado nuestras intervenciones y, posteriormente, haya dedicado su tiempo a difundirlas.
Los que escribimos, investigamos, pintamos, actuamos, enseñamos o participamos de una u otra manera en la vida cultural sabemos que la creación necesita también de quienes ayudan a difundirla.
José Belló Aliaga es uno de ellos.
Y quizá uno de los más generosos.
Por eso me parece justo que, después de tantos años dedicados a prestar atención a los demás, alguien se detenga por una vez para prestarle atención a él.
No solo por su trayectoria como químico. No solo por su importante contribución al desarrollo del tenis en Ciudad Real. No solo por su trabajo como periodista, fotógrafo y crítico cinematográfico.
Sino, sobre todo, por algo mucho más difícil de encontrar: su generosidad. Por estar. Por acudir. Por escuchar. Por grabar. Por fotografiar. Por escribir. Por difundir. Y por hacerlo, durante tantos años, sin esperar nada a cambio.
José Belló Aliaga ha dedicado buena parte de su vida a que la cultura de los demás no pase desapercibida. Este pequeño homenaje pretende simplemente que, por una vez, él tampoco pase desapercibido.
