L.M.A.
23.05.2026.- Ignacio Puras expone su pintura en la Universidad de Leeds, Inglaterra. El pintor es un artista figurativo contemporáneo afincado en Madrid, especialmente conocido por sus retratos al óleo, clásicos y expresivos, en los que suele trabajar con colores naturales y una iluminación dramática que evoca el Renacimiento.
El pintor realiza tanto retratos por encargo como obras originales, destacando su destreza en el dibujo y su maestría con el pincel. La luz, incluso más que el color, confiere una cualidad mágica a sus pinturas. Además, sus obras poseen un carácter distintivo que trasciende la psicología y el estado interior de los sujetos retratados.
Ignacio Puras Trimiño ha coordinado el I Festival de Artistas de "Por Amor al Arte", en Captaloona Gallery, Contemporary Art, de Madrid, dirigida por Claudio Fiorentini, durante el que hubo exposiciones, recitales, conciertos, conferencias...
PALABRAS DE IGNACIO PURAS
"En el taller, el ego entra primero. Llega con la brocha levantada, susurrando que esta mancha es genial, que el mundo necesita ver tu gesto, que tu trazo es único. Y a veces tiene razón. El ego es el que te sienta frente al lienzo en blanco cuando no tienes ganas. Es el impulso que te hace firmar la obra y sacarla al mundo.
Pero si se queda demasiado tiempo, el ego empieza a pintar por ti. Pide aplausos antes que verdad. Se ofende con la crítica, repite la fórmula que funcionó ayer y convierte el cuadro en un reflejo de sí mismo, no de lo que vio. Muchos pintores buenos se pierden ahí: pintan para defender una imagen, no para descubrir algo.
Por eso entra la humildad. No es decir “mi pintura no vale nada”. Es mirar el lienzo y admitir: “esto no funciona”. Es dejar que un alumno te enseñe un color que no habías visto, es borrar tres días de trabajo sin que te tiemble la mano, es ir a museos no para compararte, sino para aprender del silencio de los otros. La humildad en la pintura es escuchar. Escuchar el material, escuchar el fallo, escuchar el momento en que la obra te dice “para aquí”.
Y sin perseverancia, lo anterior no sirve de nada. Porque la humildad sin trabajo se queda en intención. Un pintor persevera cuando vuelve al caballete después de 20 intentos fallidos. Cuando pinta aunque no haya exposición a la vista, aunque nadie comente la foto en Instagram, aunque el óleo se le seque en la paleta. La perseverancia es el hábito de aparecer. Es entender que el estilo no se inventa en una noche: se pule con años de insistir donde duele.
Los pintores que aguantan son los que equilibran las tres cosas.
Usan el ego para atreverse, la humildad para corregirse, y la perseverancia para llegar al día 1000, cuando por fin el trazo sale solo.
Al final, el cuadro no recuerda tu ego. Recuerda cuánto tiempo te quedaste con él cuando ya nadie miraba".
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