viernes, 30 de abril de 2010

Susan Nash expone "El impluvio de los condenados"



"El impluvio de los condenados"

Susan Nash
Espacio Bop
Juan de la Hoz, 22. Madrid
Del 7 de mayo al 2 de junio




Susan Nash


L.M.A.

La artista inglesa afincada en Madrid, Susan Nash, expone su arte electrónico en el Espacio Bop de Madrid. La autora colbabora con frecuencia con el artista electrónico Antonio Alvarado, ambos habituales de la Tertulia Ilustrada en Madrid.

La poeta argentina Noni Benegas escribe en el texto sobre Susan Nash:

"El impluvio es un estanque para recoger agua de lluvia, ubicado en el centro de las casas romanas antiguas. Un patio a cielo abierto que propicia el diálogo entre el interior de la casa replegada sobre sí, con las fuerzas del exterior, es decir, de la naturaleza: luz, aire, tormentas.

Pero si esa abertura enclavada en el corazón mismo del edificio aparece protegida por los cuatro costados con hojas de cristal, tal como en ésta galería, ¿cómo no pensar entonces en la cámara interior de los templos clásicos; la cella romana flanqueada por columnas, o el sancta santorum de los egipcios en completa oscuridad, que guardaban las imagen de culto y también las ofrendas a esas deidades particulares, en una palabra, el tesoro?

Sobre estas dos ideas: el patio o respiradero abierto al cielo, y la cámara central de un templo sólo accesible a los iniciados, descansa la instalación de Susan Nash.

Ella explica que ha querido transformar el espacio racional de la galería y estudio de arquitectos en un espacio de arte. O sea, en un espacio donde el artista pone en escena elementos irracionales para disfrute del contemplador, que desbordan la estructura utilitaria del sitio.

Asi, ese impluvio pensado para hacer circular el aire y la luz entre el módulo de la entrada y el de atrás, y prolongar visualmente ambos espacios, ha sido barrado con tiras amarillas y negras igual que ciertas señales de la vía pública que indican peligro, aunque no prohibición explícita como sí lo hacen las rojas.
Es común ver en las vallas de las obras en construcción triángulos amarillos y negros que impiden el paso a personas ajenas a la obra. Solemos espiar, sin embargo, entre las rendijas de la valla para ver lo que se trama adentro. Es lo que nos propone Susan Nash: espiar lo que sucede en esa cámara secreta, el Impluvio de los Condenados.

¿Y porqué de los Condenados? Por el libro homónimo de Charles Fort, publicado en 1919 en Nueva York, que recoge mil y un fenómenos reales pero insólitos, ocurridos a lo largo del tiempo, que las ciencias han preferido dejar de lado. Fenómenos que hacen tambalear las fronteras entre realidad y ficción: lluvia de ranas en el desierto y aguaceros de sangre, reptiles e insectos en ciudades europeas, caída de masas de jade en bruto en Jamaica y chubascos de seda en Pernambuco… Sí, pero también lluvia de granos en Persia, por caso, que han alimentado a la gente y el ganado, una suerte de maná no circunscrito a un pueblo “elegido” por voluntad divina, como cuentan los relatores de la Biblia.

Del mismo modo opera la ciencia, arguye Fort, pues erige verdades a partir de fenómenos escogidos que excluyen a otros con igual derecho a existir, a los que “condena” a la extrañeza, a la penumbra. Y sin ir más lejos, ¿no condenamos nosotros mismos ciertas cosas al olvido al elegir unas y reprimir otras, a fin de asegurarnos la aceptación del grupo y que no peligre la subsistencia?

Sin embargo, conocemos lo que hace palpitar el corazón, y buscamos revivir el escalofrío de terror estimulante del niño al entornar la puerta quejumbrosa del altillo, al espiar con un solo ojo el maniquí polvoriento, desmembrado, y los murciélagos dormidos en el travesaño, para huir luego despavorido por la escalera.

¿Y los seres de la noche, de las tuberías? Esas súbitas descargas, o la paciente segregación de jugos gástricos de un volumen animado por el rumor de sus conductos; volumen que respira, exhala humos y aliento, y bombea como un cuerpo mayor que nos envuelve…

Sensaciones que estimulan la imaginación y crean mundos paralelos, al igual que el sueño libera de las prohibiciones del diurno y abre las esclusas para dar paso a mundos donde el deseo y la realidad se funden sin interrupción.

Tenues son las fronteras y todo es un continuo en el universo, y el rojo, explica Fort, no es positivamente distinto del amarillo, sino otro grado de esta vibración de la cual el propio amarillo es un grado, así el rojo y el amarillos son continuos…

De igual manera, el Impluvio de la galería Bop se convierte, por obra de Susan Nash, en un respiradero mental que prolonga visualmente esos mundos paralelos en la realidad de éste.

Revestido del ambiguo, intermitente, y por tanto peligroso amarillo, pone en escena representaciones de cosas que, aunque han sido extraídas del desván de los deseos, aparecen flamantes: joyas del tesoro con su carga intacta, su energía y su capacidad de ensueño vivas. Cosas que vencieron, ahora triunfantes, desordenadas en un nuevo orden.

El orden del arte"


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