miércoles, 20 de octubre de 2010

Librerías de viejos y antiguo, un placer para el buscador bibliófilo




Julia Sáez-Angulo

Madrid cuenta con dos ferias del libro antiguo, una en primavera y otra en otoño; ambas se celebran el Paseo de Recoletos, entre Cibeles y Colón. Acaba de finalizar la XXII Feria de Otoño del Libro Viejo y Antiguo, en la que los bibliófilos han podido encontrar las joyas que buscaban para completar su colección o sus ansias de saber.

A algunos escritores como Juan Manuel de Prada, Arturo Pérez Reverte o Javier Marías se les ha visto en alguna fotografía con guantes de algodón para tocar y pasar las páginas de sus libros antiguos o en su biblioteca, no sólo por el polvo que puedan acumular sino porque la poca grasilla que puedan destilar las yemas de los dedos podría adherirse a los volúmenes y originar leves manchas en el futuro. El libro merce cuidado y mimo.

Fernando Contreras, librero y responsable de comunicación de la última edición ferial en la capital de España se muestra orgulloso de la actividad que los libreros de viejo llevan a cabo para salvar ejemplares de la destrucción o la quema. Reconoce que la feria de mayor volumen es la de primavera pero que la de otoño tiene la ventaja de ser más tranquila para poder ver, adquirir y disfrutar con holgura los viejos libros que se ofrecen a la venta, que bien pudieran ser ediciones príncipe o dedicadas por sus autores.

La Asociación de Libreros de Viejo es un gremio sabio y experimentado, que no tira la toalla pese a los tiempos de crisis. El buen profesional sabe esperar y discurrir nuevas vías. Activa culturalmente, la Asociación, a través de LIBRIS, ha editado una nueva obra de interés para los bibliófilos: “Tablas cronológica y alfabética de imprentas e impresores de Filipinas (1593-1898)” de W.E- Retana. El catálogo de esta editorial es rico en títulos singulares

Los ediles madrileños miman esta feria porque saben que tiene un sabor especial. Ninguna metrópoli que se precie, puede renunciar a ese ámbito del libro viejo, antiguo y de ocasión, que suele aglutinarse en torno a un espacio mítico, como es la Cuesta de Moyano en Madrid o los “bouquinistes” junto al Sena en la capital gala. Las ferias tienen la ventaja de concitar a libreros de viejo de numerosas ciudades españolas que traen lo mejor a sus casetas.

Con motivo de la feria de mayo, los libreros de viejo editan siempre un libro sobre Madrid, de modo que la colección sobre la capital de España se va enriqueciendo cada año. Sus pregoneros son siempre escritores o lectores de pro y sus carteles constituyen una colección soberbia de grandes ilustradores. Mingote es un ilustrador habitual en este campo.

Urueña en Valladolid, la meca del libro viejo

Urueña, pequeño pueblo histórico de Valladolid, sito en una buena atalaya se ha sumado a la serie de pueblos europeos –también canadienses y australianos- que colectan y venden al público libros de viejas ediciones. Algunas librerías se han especializado en libros de difícil acceso en las librerías generales como son los títulos editados por las Diputaciones provinciales. Urueña es un pueblo cada día más visitado que además se orna con dos espléndidos museos: el de Instrumentos Musicales y el Etnográfico de Joaquín Díaz. A este cantautor se le debe en buena parte la iniciativa de enriquecimiento cultural del amurallado pueblo castellano.

Después del recorrido por la feria me dejé tentar por un libro: “Las mil y una noches” ilustrado por la rusa Olga Sacharoff, con prólogo de Juan Vernet, editado por Vergara en 1965. “Es un poco caro”, me quejé al vendedor. “Señora es un gran libro; si le gusta, conviene hacer un pequeño esfuerzo”. Me convenció y lo adquirí.









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