lunes, 27 de diciembre de 2010

Manuel Rubial: “La libertad del artista está en hacer su obra sin concesiones”





Julia Sáez-Angulo

              27.12.10 .- El pintor y escultor Manuel Ruibal (Barro, Pontevedra, 1942) explica que “la libertad de un verdadero artista se cifra en un proyecto desde que comienza su carrera, hacer lo que él considera, llevar a cabo su obra sin concesiones a modas ni imposición de galeristas ni clientela; digamos aunque suene algo agresivo, hacer lo que le de la gana, esto como es lógico a veces se paga muy caro, pero en verdad vale la pena”.
       En su caso, se fue haciendo con una clientela por medio mundo que a día de hoy ronda los 500 coleccionistas que poseen obra suya, “esto a veces, cuando lo pienso, me parece un milagro”, añade.

-¿Cómo fue su formación artística?
Autodidacta, no concibo otra cosa ¿te figuras una escuela para hacer poetas?

´-¿Cuáles han sido y son sus maestros históricos referentes? En distintas épocas siempre he tenido referentes pero el que más posibilidades
me ha proporcionado ha sido el trabajo en el taller.

-¿Qué ha supuesto la pintura en su vida?
La pintura, digamos el arte en sí, ha sido y sigue siendo todo en mi vida, tal vez hasta la tumba.

-¿Cómo fue el paso de la figuración a la práctica abstracción última?
Todo obedece a un proceso evolutivo por ser yo sumamente curioso pero la verdad estriba en trabajar en medio de distintos materiales y colores en mi estudio.

-Usted practica el paisaje y la figura ¿Cómo es su elección de los géneros?
En mi primera época practiqué el paisaje y la figura, a veces del natural y otras imaginativamente.

-¿Cómo se apoderó de usted la escultura?
Siempre hice escultura de una manera que yo consideraba secundaria, pero hubo un momento en que se me presentó como algo principal; fue cuando concebí esos grandes menhires de granito pintados, basados en pequeños bocetos de piedritas de formas caprichosas que durante muchos años fui recogiendo en los ríos y playas.

-¿Se siente a gusto en la escultura monumental?
Fue una época y ya pasó, ahora estoy en otra cuestión, nunca pude entender que un artista estuviera haciendo treinta o cuarenta años las mismas cosas y no se haya pegado un tiro.

-¿Cómo ha sido su relación con el color, con los colores? ¿Le han definido etapas?
El color en mi obra a veces es protagonista y otras menos, todo depende de lo que me traiga entre manos.

-¿La Naturaleza enseña más que la docencia o los grandes maestros?No solo la naturaleza es la maestra en la creación de un artista, también los objetos que nos rodean influyen y la propia imaginación tiene que proporcionarnos cosas que aparentemente no vemos. La docencia está en el taller trabajando con materiales y colores, digamos que investigando algo siempre va saliendo y ese resultado siempre será personalizado.

-¿Qué museo visitado le ha interesado más?
Fueron tantos y en cada momento todos de una manera u otra me aportaron mucho. No obstante, hablando de museos El Prado de una manera también sentimental es mi Dios, pues con 17 años venido de un rincón de Galicia, encontrarme con aquellos pintores de la antigüedad que solo conocía por reproducciones de los libros de textos o calendarios, comprenderás que de aquella no se hacían los grandes libros de arte de hoy y menos tenía yo ocasión de ver algo en mi aldea. Difícil es que yo vaya a Madrid y no me acerque al Museo del Prado.

-¿Qué quitaría y añadiría en el circuito del arte?
Quitaría la politización, que es la causa del empobrecimiento artístico de hoy día y no solo en España; La globalización hermanada al relativismo de que todo vale, en la que cualquier pillo puede ocupar el mejor espacio financiado por el estado, porque los miembros que lo componen de arte no saben absolutamente nada de nada y en esa situación los atentos pillos están al acecho de las prebendas que están destinadas para entretener a una parcela social que se hace llamar intelectual y resulta ser de una pobreza espantosa.

-Como poeta, ¿qué comentario le merece la Poesía?
Hace un tiempo escribí: “La poesía es un estado de unos seres, que al criterio de la multitud resulta risible. El poeta no tiene incidencia en una sociedad torpe de pensamiento y sentimiento, por lo cual escribir poemas es una cuestión personal, y lo mejor es esconderse para no levantar sospechas de ser un inútil.
Vivimos hace tiempo en una sociedad de griterío, donde la distinción, la belleza y la elegancia están prohibidas.
La mayoría impuso su criterio, que es el espectáculo de las gradas y el brillo cegó la luz de la grandiosidad de toda causa.
Así pues, no se tiene otra opción que volver al pequeño grupo donde la creación y el saber aún tiene sentido, y tendremos en cuenta que la mayoría, por el hecho de ser mayoría, considerará una tribu a esta minoría que se rebela y no se conforma con vivir en un estado torpe y frívolo”.

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