jueves, 3 de marzo de 2011

El academicismo II: J. L. Gérôme en el Museo Thyssen-Bornemisza

Dolores Gallardo López


El museo Thyssen-Bornemisza se puede comtemplar una magnífica exposición-homenaje a este pintor.Consta de 57 obras y se debe a la labor de investigación realizada en el Museo d'Orsay de París, organizador de la muestra y uno de los prestadores más importantes.

Lo expuesto en Madrid es una versión reducida -aunque están las piezas esenciales- de la que se con gran éxito de público montó el Museo d'Orsay de París (recibió más de 300.000 visitantes) y fue exhibida el pasado año en el Museo Paul Getty de la ciudad de Los Ángeles.

J. L. Gérôme, uno de los artistas franceses más famosos en su época, ha sufrido con posterioridad el olvido en Europa, precisamente por defender la pintura academicista, que ya languidecía, frente a los ataques de los pintores realistas e impresionistas.

La trayectoria del pintor se inició con apenas 16 años de edad en el taller de P. Delaroche. Él y J. A. Ingres fueron sus maestros. La estancia de un año en Italia lo acercó a los restos de la antigüedad griega y romana, que fueron de vital importancia en su obra.

Con una obra de corte neoclásico -La pelea de gallos- en la que seguía el gusto de Ingres y reinterpretaba la Antigüedad de una forma colorista, delicada y sensual, le proporcionó una medalla de tercera clase en el Salón Oficial de París de 1847.

En sus obras históricas la Antigüedad está frecuentemente presente, junto con el siglo XVII francés y la época de ambos Napoleones. En esas obras entiende la historia como un espectáculo dramático e integra en ella al espectador, lo convierte en testigo presencial de lo que muestra el cuadro:

La muerte de César, Ave Caesar, morituri te salutant; Pollice verso (Con el pulgar hacia abajo: en el anfiteatro los espectadores, inmisericordes, piden con ese gesto la muerte de los gladiadores vencidos en la lucha;) El siglo de Augusto: El nacimiento de Cristo (La caída del Imperio romano es el título que reza en el marco que rodea la obra) en el que combina el Nacimiento de Cristo situado en primer término con el homenaje que hacen a César Augusto las naciones conquistadas por Roma; El Gólgota, también llamado La Crucifixión; La última oración de los mártires: espeluznante visión de cristianos reunidos en medio de la arena circense en tanto que los leones, que los han de devorar, están saliendo por una compuerta; alrededor, los cuerpos de otros cristianos, atados a la cruz, están empezando a arden en llamaradas. Otro cuadro que muestra como queda todo después de la masacre, con los cuerpos destrozados, las antorchas humanas carbonizadas y los esclavos retirando a los leones, no ha sido traído para esta ocasión.

Estas imágenes que nos presenta Gérôme hoy nos son habituales por haberlas visto en el cine de Hollywood, en su época no lo eran. El dramatismo que transmitía a los espectadores era enorme.

Muchas de ellas fueron muy conocidas pues desde el año 1859 el marchante A. Goupil (que después se convirtió en su suegro) hizo grabados y reproducciones fotográficas de la espectacular obra de Gérôme.

También la mitología ocupa un lugar, tanto en sus cuadros como en su obra escultórica. Sirva de ejemplo entre los primeros Pigmalión y Galatea y entre los segundos la bellísima cabeza de Belona la diosa itálica de la guerra.

Curioso resulta un cuadro de corte histórico que representa a Napoleón I en mitad del desierto contemplando absorto la famosa efigie de las cercanías del Cairo, en tanto su ejército, preparado para la batalla, se divisa a lo lejos. ¿Título de la obra? Edipo.

Gérôme, quizás atraído por el romanticismo que en su época rodeaba el mundo árabe, realizó varios viajes a Egipto y a al Próximo Oriente. Justamente el considerable pago inicial que en 1852 recibió en por el encargo de Alfred Emilien conde de Nieuwerkerke, superintendente de Bellas Artes a la corte de Napoleón III, para pintar un gran lienzo histórico la Edad de Augusto: el nacimiento de Cristo le permitió viajar en 1853 a Constantinopla.

Este sería el primero de varios viajes a Oriente. En 1854 hizo otro viaje a Turquía y las orillas del Danubio. Producto de esos viajese son sus numerosos, bellos y coloristas cuadros de temática oriental: interiores de mezquitas, bailarinas, guerreros otomanos y toda suerte de temas.

Curioso resulta en este grupo uno titulado La mezquita El-Hasanein en el Cairo: delante de la puerta de la mezquita, colgadas a la altura del dintel y colocadas sobre los escalones que dan acceso al interior, yacen las cercenadas cabezas de jefes de los clanes rebeldes: la curiosidad reside en que esas cabezas son… retratos de los críticos del artista.

En cuanto a la escultura, aunque pronto le interesó, no se consagró a ella hasta 1878 con Los gladiadores, inspirada en el grupo central de su cuadro Pollice verso.

En la escultura se decantó por el policromatismo, retomando así la costumbre grecorromana, cosa que muy bien conocía el pintor: en la muestra que nos presenta el museo Thyssen-Bornemisza, en su parte final, en las representaciones del taller, hay un pequeño cuadro que muestra la escena de un taller de la Antigüedad en el que una joven está pintando con fuertes colores diferentes copias de una pequeña escultura.

Finalmente indicar que Gérôme fue conocido desde 1859 en Estados Unidos, a través de Jean Joseph Ernest Theodore Gambart (octubre 12, 1814 a abril 12, 1902), un editor y distribuidor de arte nacido en Bélgica y afincado en Londres primero como empleado de la casa de impresión Goupil, mencionada anteriormente, y después por su cuenta. Consiguió dominar el mundo artístico en la mitad del siglo XIX.

Ernest Gambart llevó obras de artistas ingleses y franceses a la Nacional Academy, primera institución artística de N. York. Allí la pintura de Gérôme alcanzó altas cotizaciones: la primera vendida, Duelo después del baile de máscaras, alcanzó el precio de 2.500 dólares de la época.

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