martes, 29 de marzo de 2011

Kristio Nikolov, Pintor búlgaro de bellos iconos y singulares abstracciones




Julia Sáez-Angulo


Lleva dos décadas en España, país en el que se ha afincado a gusto, sin perder por ello su nacionalidad. Habla el castellano perfectamente y, por tiempo y méritos, podría obtener la nacionalidad española, pero al igual que Picasso decía “Nací español” y no cambió nunca su nacionalidad española por más que le ofrecían oficialmente la francesa, o Melina Mercouri: “Nací griega”, cuando los coroneles le quitaron la nacionalidad de su país, Kristio Nikolov se siente búlgaro, artista búlgaro, y “para qué cambiar de nacionalidad si ahora todos somos de la misma Comunidad Europea?”.

Kristio Nikolov (Plovdiv. Bulgaria, 1950) es capaz de permanecer encerrado varios días sin salir, consagrado a su pintura con fe y vocación arrolladoras. Ha expuesto su obra en diversos países europeos y ahora prepara una gran muestra para presentarla el próximo 11 de mayo en el Centro Riojano de Madrid.

Aunque Nikolov comenzó haciendo sólo y exclusivamente iconos, esa técnica peculiar y exigente que bien conocen las escuelas, búlgara, rusa y griega, con el tiempo ha querido esponjarse en la pintura abstracta para descansar y liberarse temporalmente de la forma, la disciplina y las normas que requieren los iconos.

“He querido entrar en el arte contemporáneo a base de manejar el color de manera libre, en abstracciones o figuraciones más abiertas y deshechas que el icono, que tiene sus reglas inflexibles. Esta es la obra fundamental que voy a presentar en el Centro Riojano, aunque igualmente añadiré algunos iconos porque me los piden ciertos coleccionistas fieles al género”, explica el pintor búlgaro. El pintor que ha expuesto sus iconos junto a la colección Onieva de La Casa Grande (Torrejón de Ardoz), uno de los mejores museos de iconos de España, lo hizo también en el Museo de la Ciudad en 1999, en una muestra inaugurada por la Reina Sofía y Antonina Stolanova, esposa del presidente de Bulgaria.

La reina de España conversó ampliamente con Nikolov y adquirió tres piezas para su familia, lo que llenó de orgullo al artista. Desde el Cristo Pantocrator, en o fuera de la mandarla, a la Teotocos (Madre de Dios), pasando por la Crucifixión, la Dolorosa, los distintos arcángeles y coros de ángeles, el Apostolario diverso, donde el abrazo de Pedro y Pablo cobra una emoción inusitada, y el hermoso santoral ortodoxo, que recorre los padres de la Iglesia como san Basilio, san Demetrio, san Juan Bautista, santa Sofía, san Jorge, san Nicolás, san Mina, santa Bárbara, santa Parakeva... El pintor conoce porque ha de conocer a fondo edmundo ascético y místico en el que se mueve.

Arabescos y alusiones zoomorfas

Los soportes de las obras varían desde las pizarras a las ágatas, pasando por el lienzo o la tabla en más raras ocasiones. El mérito del pintor búlgaro está no solo en pintar sino también en haber vendido ha vendido numerosos iconos a coleccionistas españoles y extranjeros. “Tengo coleccionistas fieles y esto me llena de satisfacción”, dice el autor.

Kristio Nikolov es exigente en su trabajo, con una capacidad de concentración asombrosa, con una veneración grande a la pintura como el arte con mayor capacidad de sugerir e ilusionar al espectador. Sus abstracciones se mueven en curvas y arabescos con tonalidades suaves y nacaradas, donde con frecuencia surgen formas zoomorfas como mariposas, toros... en otras ocasiones rostros humanos desdibujados... A veces el autor se adentra en cierto espacialismo lleno de infinitud y misterio, que quizás procedan de su dominio y el mundo trascendente del propio icono

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