sábado, 16 de julio de 2011

Exposición “Esplendor de la Caridad; Belleza de la Verdad” en honor de Benedicto XVI




L.M.A.






"¿Qué ofrecerle al Papa que lo tiene todo? Para el 60º aniversario de la ordenación de Benedicto XVI, el cardenal Gianfranco Ravasi, cabeza del Consejo Pontificio para la Cultura, fue más allá y organizó una exposición de 60 artistas contemporáneos en honor al Papa", informa Elizabeth Lev en "ZENIT".

"La exposición, que se realizó en el Aula Pablo VI (en sí misma una pieza de arquitectura contemporánea de Pier Luigi Nervi, 1971), cuenta con 18 pintores, 12 escultores, seis orfebres, seis músicos, seis arquitectos, siete fotógrafos y cinco poetas del siglo XX, y recibe el título de “Lo Splendore della Carità; La Bellezza della Verità” (El esplendor de la caridad; la belleza de la verdad).

Se ha abierto al público de forma gratuita hasta el 4 de septiembre. La muestra reúne a artistas provenientes de todo el mundo -desde Japón, Kengiro Azuma a Rusia, Natalia Tsarkova, a Escocia con James McMillan, quien trajo el manuscrito de su obra “Tu es Petrus”, dedicado a Benedicto XVI para su visita a la Abadía de Westminster del 18 de septiembre de 2010.

La intención de la exposición es continuar el diálogo entre la Iglesia y el arte iniciado por el Papa durante su encuentro con los artistas del 21 de noviembre de 2009, en la Capilla Sixtina. Hay una impresionante variedad de obras, desde un tapiz hecho con material reciclado en homenaje al “Papa verde” hasta la obra escrita por Ennio Morricone en forma de cruz, “una reunión de la música y de la iconografía” como la describe el artista.

A unos pocos parecía que se habían escapado del ático de alguien -una obra, llamada “Azul” de Agostino Bonalumi de 1996, presenta una lona azul extendida sobre lo que parecen dos columnas con un cojín acolchado en el centro. Creo que en este caso la intención es lo que cuenta.

La fotografía conquista la exposición. Jack Nickerson presentó dos fotografías de la vida católica en su Irlanda natal. La primera, “Altar”, muestra el santuario de una iglesia en la oscuridad con el resplandor de la luz al cruzar el vacío. La Iglesia está preparada, Cristo espera. La segunda, situada debajo, titulada “Refectorio II”, muestra unas sencillas mesas de madera en las que están los restos de un frugal desayuno. La confusión humilde contrasta con la supervisión de un crucifijo: Ambos en el gran rito de la Misa y en el sencillo servicio de nuestras vidas diarias, Cristo es omnipresente.

“La Cruz solidaria”, fotografías de la austriaca Claudia Henzler, me pareció profundamente conmovedora. Tomada en Haití durante la semana de Pascua de 2010, tres mese después del devastador terremoto, las cinco imágenes están dispuestas en forma de cruz. En el centro dos manos juntas, una negra y otra blanca, el dibujo de la energía en el corazón de la cruz. A la izquierda y a la derecha dos personas están en contemplación: en una un hombre tiene la Biblia en las manos, y en la otra una mujer abraza a su hija. La meditación, la oración, el silencia y el amor están bellamente expresadas. Al pie de la cruz un niño se sienta vuelto de espaldas con la cabeza entre las manos, símbolo del dolor terrenal; pero la parte superior de la cruz, un niño mira hacia el espectador, sus grandes ojos en busca de esperanza. La habilidad de Henzler para reunir los eventos recientes y las técnicas modernas con ,la eterna iconografía cristiana, dieron una gran esperanza a esta historiadora del arte.

Las maravillas arquitectónicas obtuvieron la mayor parte de la atención. El español Santiago Calatrava presentó su proyecto para el crucero de la iglesia de San Juan el Divino de Nueva York con sus chapiteles de acero blanco. Parece una evolución extrema del estilo gótico del edificio, familiar, aunque incongruente. Reflexionando sobre los siglos en que los artesano que trabajaron en las catedrales góticas trataban de combinar su trabajo con la generación anterior, el trabajo de Calatrava evoca nuestra nueva época, donde la marca personal ensombrece el esfuerzo colectivo. El planificado bio-jardín invernadero de la azotea exalta la nueva religión de la ecología, que proyecta su sombra sobre los altares.

El arquitecto brasileño de 103 años de edad Oscar Niemeyer, aportó su proyecto para la catedral de Belo Horizonte. La Iglesia parece una cometa que está en la tierra pero cuya larga cola todavía se mantiene en el cielo unos 104 metros. Ciertamente capta la atención del espectador, pero la forma en la que proclama que es el espacio para adora a Dios hecho hombre, se me escapa.

Un proyecto atrae la atención más que los demás. Historiador del arte barroco y famoso arquitecto, Paolo Portoghesi (que también diseñó la mezquita más importante de Roma), presentó un modelo para una iglesia a Benedicto XVI, dedicada a San Benito de Nursia. Inspirado por el “Espíritu de Liturgia”, escrito por el entonces cardenal Joseph Ratzinger, Portoghesi (quien afirma haber leído todas las obras de Benedicto XVI) diseñó un curvo y dinámico espacio, no muy diferente del arquitecto barroco Francesco Borromini, su campo de especialización.

Aunque el edificio tiene ocho lados con la tradicional imaginería cristiana del octavo día de la redención, mantiene un eje hacia el altar donde está el tabernáculo de acuerdo a los escritos de san Carlos Borromeo. Los confesionarios están localizados en la entrada de la iglesia al igual que el Yo Confieso abre la misa. Las áreas especiales se abren a la Lectura de la Palabra de Dios, siguiendo los intereses propios de Benedicto XVI en el uso de los ambones. Es una iglesia muy barroca, destinada a causar controversia por sus espirales y complejos diseños geométricos, pero sobre todo centrada en la liturgia y atrayendo a la gente a Cristo.

Muchas de las obras no tienen nada que ver con la Iglesia, pero la muestra pretende llamar a los artistas a comprometerse con las grandes verdades en vez de con trivialidades subjetivas. El hecho de que los artistas intentan reconocer las verdades universales, en la humanidad o la creatividad individual parece ser un paso en la correcta dirección.

El Papa Benedicto hizo un discurso a los artistas en la muestra del 4 de julio, diciéndoles que el mundo moderno “necesita que la Verdad brille y que no sea oscurecida por mentiras o banalidades; necesita inflamarse con la caridad y no estar sobrepasada por el orgullo o el egoísmo”.

Mientras que la Iglesia y el arte están lejos todavía de la relación que compartieron en los días de Rafael o Bernini, un diálogo continuo e intenso parece ser el mejor modo de atraer estos dos mundos".
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Elizabeth Lev enseña Arte y arquitectura cristianos en el campus italiano de la Universidad de Duquesne y en el programa de estudios católicos de la Universidad de St. Thomas. Se le puede contactar en: lizlev@zenit.org


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