sábado, 28 de enero de 2012

LOS MILLARES Murallas, puerta barbacana, chozas y acequia






Reconstrucción del poblado de Los Millares. En el tercer recinto se puede ver el algibe donde desembocaba la acequia.
Espolón formado por el río Andaráx y la rambla de Huéchar. Al fondo el poblado
(Hacer click para ampliar las fotos)


M. Dolores Gallardo López

Tras una larga estancia invernal en la provincia de Almería he tenido ocasión de ver una vez mas el cerro de Los Millares. En esa nueva visita me surgió la idea de dar a conocer a los lectores de este blog la importancia de la civilización que allí se desarrolló en el III milenio a.C. durante la edad del Cobre.

Después del Paleolítico y el Neolítico en la historia de la Humanidad comienza la época de los metales que, fundamentalmente, tiene tres etapas:

La Edad del Cobre. III milenio a.C. y perdura hasta inicios el II milenio. A esta época pertenece la Cultura de Los Millares.

La Edad del Bronce en el II milenio a.C., desde el 1.900 a.C. hasta el 1.300 a.C. En el sudeste de España surge la Cultura de El Argar, y en su fase final, en la región de Almería, El Peñón de la Reina en Alboloduy.

La Edad del Hierro que comenzó en Andalucía con la aparición de los colonizadores fenicios en las costas del bajo Almanzora y sobre todo en Adra, que a nivel académico marca tradicionalmente el inicio de la Historia.


1. LA EDAD DEL COBRE O CALCOLÍTICO: LOS MILLARES

1.1. El entorno

En Europa y el oriente mediterráneo en el III milenio a.C. se da el llamado Período del cobre.

En este período, dada la escasa resistencia del cobre, la mayoría de los objetos de la vida cotidiana continuaron haciéndose en piedra, mas fácil de conseguir y más resistente; el cobre se reservaba sobretodo para los objetos suntuarios.

Los hombres viven en asentamientos fijos. Grupos emparentados entre sí se reúnen en poblados y, como se observa claramente en la necrópolis de Los Millares, ha comenzado la jerarquización de la población.

Importantísima para el sustento y para satisfacer otras necesidades resulta la caza. Pero la mayor parte de dicho sustento se obtiene de la agricultura y de la cría de animales.

Especial importancia tienen los enterramientos: son de gran tamaño y complejidad.

El yacimiento más importante del Calcolítico o edad del cobre -no sólo en España sino en Europa- fue el poblado del cerro llamado "Los Millares", ubicado en Santa Fe de Mondújar a unos 20 Km de Almería.

  El poblado de Los Millares fue descubierto casualmente  en 1891, durante la construcción de la vía férrea de la zona (1).

   Conocimiento de numerosos  hallazgos por estos lugares llegaron a  a oídos de L. Siret -al cual dedicamos ya una reseña en este blog- que decidió excavar en ella. Los trabajos  se iniciaron al año siguiente, en 1892.

  En esta excavación, como en otras de L. Siret, estuvo al frente de los trabajos Pedro Flores (natural de  Antas, capataz y hombre de confianza de Luis Siret), figura aún no suficientemente valorada y reconocida.

 En los años 50 del pasado siglo XX, tras un larguísimo período de abandono, los profesores de la Universidad Complutense de Madrid M. Almagro y A. Arribas  se interesaron por el tema y reanudaron los trabajos. A partir de 1978 continuó las excavaciones el Departamento de Prehistoria de la Universidad de Granada.

El poblado está situado en un promontorio de Los Millares. Este promontorio tiene una altitud de 270 metros; tiene forma de espolón y está ubicado entre el río Andarax y la rambla de Huéchar, que desemboca en el propio río Andarax. Desde finales del XIX cruza esta rambla el viaducto de también llamado "Los Millares", por el que pasaba el ferrocarril Linares-Almería; en la actualidad un puente más moderno sirve para paso del tren.

El entorno de Los Millares hoy lo vemos muy árido Sin embargo no siempre fue así, como parecen indicar hallazgos de Los Millares que han permitido reconstruir el medio ambiental de esta zona: la vegetación, dada su cercanía a Alhama (puerta de la Alpujarra) y a la sierra de Gádor, fue en otro tiempo abundante.

Debido a la ubicación que hemos descrito, el poblado permitía una defensa natural fácil. Además se encontraba muy cerca de ricos yacimientos de cobre de la Sierra de Gádor y próximo al mar. Algunos estudiosos sostienen que el río Andarax era navegable desde el poblado hasta su desembocadura en el mar, muy cerca de la actual ciudad de Almería (dista unos 20 Kms del poblado). Parece que todavía en época histórica, en época romana, el río Andarax llevaba caudal de agua casi permanentemente. Hoy día no es así: con el río Andarax, dada su tremenda escasez de agua, se suele hacer en Almería este juego de palabras “por el río Andarax, andarás y no te mojarás”; la rambla de Huechar salvo excepciones, tampoco suele llevar agua.

Los Millares estuvo habitado entre el 2.700 y el 1.800 a.C. En este poblado hubo –como se ha podido demostrar- una metalurgia del cobre muy desarrollada, pero llevada a cabo en hornos muy sencillos, construidos a base de un hoyo realizado en el suelo y rodeado por un pequeño muro construido con piedras y barro. En varias excavaciones han aparecido crisoles para fundir el metal, restos de escorias sobrantes de las fundiciones, así como punzones, leznas y otros objetos metálicos. Hay que tener en cuenta que en esta época la metalurgia, como ha quedado dicho más arriba, no desplazó a la piedra en la fabricación de los objetos más usuales, pues era más barata y más fácil de obtener.

Internacionalmente el poblado de Los Millares está considerado el más importante de los yacimientos europeos de la Edad del Cobre. Su extensión, la complejidad de sus sistemas defensivos -con murallas y bastiones- y lo evolucionado de sus ritos funerarios, no tiene parangón en la Europa de la época.

Además los investigadores consideran la cultura de Los Millares fue pionera en la introducción de la metalurgia del cobre en el Mediterráneo occidental.

En resumen, la importancia que alcanzó Los Millares se debió:

a) a su privilegiada ubicación geográfica –un altozano entre dos corrientes de agua- con campos fértiles para el cultivo y con abundancia de caza, fundamental para la subsistencia y para satisfacer otras necesidades.

b) a la cercanía de minas de cobre de la Sierra de Gádor y al alto nivel que su manufacturación alcanzó en el poblado.

c) a la cercanía del mar. Los Millares dista a unos de 20 kms de la costa.

La forma de trabajar el cobre que tenían los habitantes de este poblado y a su modo de vida se le llama “Cultura de los Millares” y se extendió a amplias zonas de Andalucía y del levante español; también llegó a Portugal.

En el cerro de Los Millares, poco antes de mediados del en el siglo XX se creó, al lado mismo del poblado prehistórico (que por entonces estaba prácticamante enterrado), una sub-estación eléctrica -“la Fábrica de la luz” era llamada en actual pueblo de Santa Fe, situado unos dos kilómetros más abajo- que dio trabajo a bastantes hombres del pueblo y hoy está en desuso.

Junto a esta subestación  existía y continúa existiendo y recibiendo culto una pequeña ermita dedicada a la Virgen del Carmen, en la que tradicionalmente, desde hace muchos años, los habitantes del pequeño pueblo de Santa Fe celebran la vigilia de esta Virgen, el 15 de julio. Quien esto escribe ha participado varias veces en ella durante su niñez y adolescencia, pero entonces no sabíamos que estábamos muy cerca de donde vivieron nuestros remotos ancestros. Curiosa muestra de la continuidad en el tiempo del devenir humano.

1.2. La ciudad

Los Millares fue una ciudad con un importante complejo defensivo amurallado, quizá el mayor de su época. Adosadas a las murallas hay cabañas, parece claro que según crecía la población la muralla se ampliaba. La muralla exterior mide unos 400 mts y a intervalos regulares presenta una serie de bastiones, provistos de saeteras.

La mayoría de las viviendas excavadas hasta el momento se encuentran próximas a las líneas de murallas. Todas son de tipo similar: cabañas circulares, de cuatro a siete metros de diámetro, con zócalos de piedra de mampostería, paredes construidas de barro y cañizo y techumbre muy probablemente cónica hecha con ramaje vegetal revestido de barro. En el interior había una sola pieza, no tenía compartimentos. En las cabañas se suelen encontrar restos de hogares para el fuego, objetos domésticos de cerámica y metal y molinos de mano.

En la zona central y más protegida del poblado había una cisterna para acumular el agua que llegaba hasta allí por medio de una acequia que la traía desde unas fuentes ubicadas cerca de Alhama de Almería. Los restos de esta acequia se conservan hoy día.

Tenía la ciudad dos barbacanas o puertas fortificadas (barbacana: edificación construida en un muro para guardar y defender algún punto donde es más fácil el acceso). La puerta principal del poblado estaba ubicada en el sector central la muralla exterior. Estaba flanqueada por dos grandes bastiones.

En los alrededores del poblado había fortines (trece o quizás algunos más), 10 de ellos están actualmente localizados. Estos fortines aparecen situados al borde de la sierra de Gádor y a ambos lados de la rambla de Huéchar. Los fortines servían para proteger y vigilar los campos de cultivo y la canalización del agua, pero además eran centros de molienda y almacenamiento de cereales.

1.3. La necrópolis

Al lado del poblado pero fuera de él, hay restos de una importante necrópolis de más de cien tumbas, mal conservadas.
La necrópolis de Los Millares se encuadra dentro de lo que llamamos megalitismo: ritos funerarios de inhumación colectiva llevada a cabo en el interior de grandes sepulcros o cámaras de piedra –de ahí el término megalítico, derivado del griego- construidas por el hombre. En la Península Ibérica los dos focos más representativos del megalitismo son del sudeste y el occidental o galaico- lusitano.

Las tumbas megalíticas son enterramientos colectivos, en cada tumba se enterraban a los miembros de un mismo clan- es decir un grupo de familias que tiene un antepasado común, un ancestro- con sus ajuares personales: armas, herramientas, adornos, cerámica simbólica, ídolos.

Las tumbas del poblado de Los Millares son del tipo llamado tholos oriental: constan de un atrio destinado a la celebración de rituales funerarios, un corredor formado con lajas (piedras planas) de pizarra y nichos laterales y una cámara sepulcral colectiva circular que tiene de tres o cuatro metros de diámetro, zócalo de pizarra y está cubierta por una falsa cúpula. El conjunto se recubre con un túmulo de tierra y piedras. El monumento entero, con las diferentes partes que engloba en su interior, es un espacio arquitectónico bien definido.

Para realizar la falsa cúpula a partir de los muros de la cámara central se van superponiendo lajas de piedra de forma tal que cada hilada de lajas sobresalga un poco de la inmediatamente inferior y así, poco a poco, el espacio se va cerrando completamente.

Toda la estructura se cubre con un túmulo de tierra, que sirve para dar cohesión y actúa como contrapeso. En una de las salas del nuevo y magnífico Museo Arqueológico de Almería pueden apreciarse perfectamente todas estas características.

También se han hallado en las tumbas unos betilos (piedra enhiesta de carácter simbólico-ritual), similares a los que se encuentran en otras zonas megalíticas de la Península Ibérica(2).

En el interior de las tumbas se han encontrado ricos ajuares que han permitido reconstruir de forma bastante fiel las creencias religiosas y las condiciones materiales y ambientales en que se desarrolló la vida de sus ocupantes.

Entre los objetos encontrados destacan pequeños ídolos de hueso o de piedra decorados, platos y cuencos de cerámica con grabaciones simbólicas y utensilios domésticos de silex o de metal. Todo ello se puede ver en el Museo de Almería. Los ajuares depositados en los monumentos funerarios servirían para ser transferidos junto con el espíritu del muerto a la existencia que le aguarda más allá del paso o tránsito que representa la muerte.

La jerarquización social que existe en la sociedad de Los Millares se refleja claramente en la necrópolis por el lugar donde están ubicadas las tumbas y muy especialmente en la composición de los ajuares.

Las tumbas más importantes se distinguen por la riqueza de su ajuar, en ellas se encontraron objetos realizados con materias primas llegadas del norte de África (cáscara de huevo de avestruz, marfil de colmillos de elefante) y cerámica campaniforme (tipo especial de cerámica que se encuentra en toda Europa en momentos avanzados de la edad del cobre, los objetos están decorados mediante incisiones y tienden a tener forma acampanada).

Con frecuencia se encuentran en la cultura de Los Millares platos o cuencos con  una decoración de tipo simbólico llamada “ojos-soles”, que no es exclusiva de esta zona. Decoraciones semejantes las hallamos en otros lugares del megalitismo hispano: en Galicia (el famoso cuenco tetralobulado dividido en su interior en cuatro compartimentos que se comunican, encontrado en el monumento megalítico de O Buriz, Guitiriz, Lugo),  en Portugal (entre otros, el excepcional vaso del tholos del monte do Outeiro, en el Alentejo), en Cataluña, etc.

El motivo de los ojos-soles, además de estar muy extendido, se encuentra en distintos soportes: cerámica, placas de pizarra, soporte calcáreo o de hueso. Se trata de un motivo apotropaico, es decir que sirve para apartar o conjurar una fuerza maligna. Ciertamente lo apotropaico no puede desligarse del espacio funerario, es decir de las sepulturas, ni de los ritos asociados a la muerte, entendida como “tránsito” o paso a otra vida.

A partir del 1.900 a.C. la Cultura de los Millares fue sustituida por la de El Argar, ya en la Edad del Bronce.


Notas
[1] Almería fue una de las tres provincias españolas a las que más tarde llegó el ferrocarril. El tramo entre Almería y Guadix se puso en servicio en 1895 con la tracción a vapor y en 1898 se completó el trazado íntegro hasta Linares, buscando la manera de que los minerales llegaran rápido a la costa. En 1911 se puso en marcha el primer tramo electrificado en vía ancha de toda España- el tramo Santa Fe-Gérgal- y uno de los primeros de Europa, aumentando la velocidad y permitiendo el incremento de la carga y el número de trenes. Este 2011, cuando escribo, se está celebrando el centenario.

[2] A.A. Rodríguez Casal “Imagen apotropaica y espacio ritual funerario en el megalitismo gallego (4000-2000 a.C)”, Semata, Ciencias sociais e humanidades, vol. 14, p. 23 y 24.

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