domingo, 20 de mayo de 2012




“Copa de cristal”Poesía
María Antonia de Castro
Huerga y Fierro Editores
Madrid, 2012


MARÍA ANTONIA DE CASTRO PRESENTA SU POEMARIO EN EL MUSEO THYSSEN BORNEMISZA




Julia Sáez-Angulo

         La escritora y crítica de arte María Antonia de Castro Rosales (Madrid) ha presentado su poemario en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid, titulado “Copa de cristal” y publicado por la editorial Huerga y Fierro. En el acto intervinieron Ángeles Caso, José María Parreño y Antonio J. Huerga.

         Los versos del libro “Copa de cristal” nacen en la adolescencia y se prolongan en el tiempo hasta ser publicados ahora. Nacieron de la espontaneidad e intimidad para acabar manifestándose en un poemario hermoso, lleno de alusiones sugerencias como corresponde a la lengua poética.

         La autora madrileña es historiadora del arte --algo que se percibe en ciertos sintagmas y tropos--, experta en arte contemporáneo y curadora de exposiciones. Recientemente ha hecho un estudio sobre las relaciones entre “Primitivismo, espiritualidad y formas abstractas”.

         “Copa de cristal” es un poemario amoroso de ausencias y presencias, de evocación y asombro, de sensualidad y gozo, de acogida y decepción. El libro tiene tres partes, una más extensa titulada “Pies descalzos”, otra más breve, denominada “Silencio” y una tercera con un solo poema que lleva por título “Deseo”. Un libro coherente y compacto.

“Amor, amor, amor/ ¿Cómo eres tan estúpido amor”, dice el comienzo de un poema en el que la poetisa lamenta el pasado y lo que no se vivió. “Y beberé en una copa/ de amianto azul”. Hay algo de narratividad contenida en los poemas de “Copa de cristal” que no apagan por ello el pálpito poético.

         La contraportada del libro acoge tan solo un poema que dice: “No quiero ni necesito saber/ lo que hay después de tu espalda/ porque detrás de tus hombros/ sólo está el vacío”.

         Los últimos versos de “Copa de cristal” que están dentro del apartado “Deseo” terminan así: “Se siente transparente,/ no teme perder su alma/ sabe que ya no es suya,/ sabe que sólo la mirada de él/ le devolvería su cuerpo”. Se adivina un desdoblamiento del yo para hacer más objetivo el poema.




        


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