sábado, 21 de julio de 2012

Nati Cañada, coleccionista de arte hispanoamericano

    Nati Cañada con Michael Jackson


Julia Sáez-Angulo

         21.12.12 .- La pintora aragonesa Nati Cañada (Oliete. Teruel, 1946), residente en Madrid, dijo que se plantaría cuando sumara quinientas piezas de arte sacro hispanoamericano, pero ya las ha rebasado y junto a su esposo, el lingüista José Luis Monaj (Zaragoza, 1938), sigue entusiasta con una colección que comenzó en su primer viaje a los países de Hispanoamérica para retratar a alguno de sus empresarios, escritores o mandatarios, haca ya más de veinte años.

         Las piezas reunidas con la pasión de buen coleccionista que las busca con ahínco, las estudia y las expone, van desde 40 vírgenes bahianas –de la Bahía—hasta ángeles y serafines que constituyen un rico angelorio, pasando por 33  san Antonios y decenas de santos franciscanos –muchos de ellos vestideros--, amén de cabezas de santa Lucía, santa Ana, san Roque, san Antón, santa Teresa, cabezas de Cristo o cruces de forja entre otras piezas de pequeño y mediano formato.

         La piezas del siglo XVI al XXI proceden de distintos países: Bolivia, Ecuador, Perú, Paraguay, Uruguay, Brasil, México, Argentina… Algunos anticuarios esperan a Nati Cañada y la proveen de piezas, porque ya conocen sus gustos y colección clara y definida. “A veces me las llevan al hotel para que yo elija”, cuenta la pintora.

         “Es una pasión que tiene un largo proceso –explica Nati Cañada pintora que acaba de retratar a Carlos Slim, el empresario mexicano de origen libanés, el más rico del mundo: Primero localizar a los anticuarios, explicarles lo que buscas, seleccionar bien, enviar las piezas a España, casi siempre por barco, rescatarlas y limpiarlas a veces de una capa “imposible” de palomino o suciedad, tratarlas con ceras u otros productos no agresivos de conservación y colocarlas en el espacio adecuado”.

Seguidamente viene la fotografía, el estudio y la catalogación, porque tanto Cañada como Monaj son rigurosos en este campo. Se diría que la pintora elige las piezas y las restaura, mientras que el estudio y catalogación y montaje corre a cargo del esposo, capaz de hacer también “boas” preciosas a base de maderas estofadas de distintos períodos.

“Hemos rebasado las quinientas piezas que en principio nos propusimos poner como límite, pero disfrutamos tanto con cada ejemplar nuevo que adquirimos, que vale la pena seguir”, declara Cañada. “Nos encantan sobre todo las piezas del barroco”.

Exponerlo al gran público

El deseo de los coleccionistas de arte sacro hispanoamericano es exponer una amplia selección de piezas para que puedan disfrutarlas quien lo desee. Están pensando en algún museo –el mejor sería el de América-- o en un centro cultural de Madrid o Zaragoza.

Cuando muestran los crucificados, la pintora explica: “Hay dos estilos según procedencia: de las misiones de los jesuitas que eran más exigentes con las imágenes y pedían un mayor parecido con los modelos españoles, mientras que las franciscanas dejaban a los indios tallistas mayor libertad para trabajar la expresión.

Junto a las piezas hispanas, los coleccionistas tienen también tallas españolas como un pequeño “Descendimiento” de Gabriel Joly, siglo XVI, un francés que se trabajo mucho en Aragón. “La pieza procede de la familia de mi marido”, cuenta Nati.

Además del arte sacro, Nati Cañada y José Luis Monaj coleccionan cerámica de Teruel y de Calanda.



        

         

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