miércoles, 27 de febrero de 2013




Leopoldo Fornés, historiador, reflexiona sobre Occidente y sobre Cuba  


 Still frame from: Nuestros demonios intransitablesLeopoldo Fornés



Julia Sáez-Angulo


Leopoldo Fornés-Bonavía Dolz (La Habana, 1938) es un historiador cubano descendiente de españoles, nacionalizado español,  que reside en Madrid desde 1970. Ante los hizo en Checoslovaquia, de 1963 hasta marzo de 1970, donde se casó con una checa. Ha publicado diversos libros de ensayo histórico y traducciones de 1984-2008 en las editoriales Playor, Plaza Mayor (P.R.), Verbum, Altera y otras. Amablemente ha accedido a esta entrevista, después de presentar al conferenciante Ramón Pieltaín  en el Club 567 de Velázquez en Madrid, del que es vicepresidente, sobre “¿Qué es ser occidental, qué significa ahora serlo y en qué podemos ayudar a mejorar la globalización y minorar la crisis?"

-¿Qué es ser occidental?
Es una mentalidad y un proceder basado en la ética de la Toráh judía, los filósofos grecorromanos y el cristianismo medieval y renacentista, adobado con la Ilustración, la democracia parlamentaria franco-británica y mucha tolerancia. Sirve para blancos, africanos, indios, asiáticos y todos aquéllos que generalmente viven en Europa E y O, América N y S y Australasia. Serviría también para los continentes no mencionados pero, al parecer, llegará más tarde.

-¿Cómo mejorar la globalización?
Aunque no soy “gallego”, ejerzo a veces. ¿La de la economía, la información o la política?

-¿Cómo reducir la crisis?
Es difícil para alguien de letras como yo. Hacer cosas nuevas individualmente, trasladarse a otra ciudad, país o sector. No me explico que con tanto economista hoy dentro y fuera de los gobiernos se haya producido esto que vivimos. La entiendo en 1929 pero en 2007…

-¿Cómo ve el futuro de Cuba tras las palabras de Raúl Castro?
Raúl ha previsto –siempre ha sido buen organizador- que el tiempo es su peor enemigo por eso se ha dado 5 años para “arreglar” el entuerto socio-económico de Cuba y que todo cambie para que todo quede igual, como decía el príncipe de Lampedusa en su “Gatopardo”. Sigo viendo nebuloso el futuro democrático de Cuba.

-Como historiador, ¿cómo querría una buena transición en la isla?
Evidentemente, con moderación, paciencia infinita, concesiones mutuas y evitar violencias sonoras. Los cubanos somos expertos en violencia. La llevamos ejerciendo desde hace 150 para superar problemas históricos con más o menos suerte. La transición, tranquila, legal y paulatina pues, de lo contrario, nos precipitamos en otros 50 años de “adaptaciones”.

-¿Ha sido duro o dramático el exilio cubano?
Todos los exilios lo son. El de los republicanos españoles, mis padres; el de los rusos vinculados al zarismo primero y después de los demócratas rusos; el de los judíos que huían del Nazismo. En España, al principio se consiguió un cierto standard. Los desterrados de la “Primavera Negra” de 2003 más difícil y últimamente  los que llegan están de la mano de Dios. Y eso sólo en España donde los cubanos no llegamos a cien mil. Imagínese los dos millones que entraron en EE.UU. Va por épocas y saturaciones pero en general hay que dar gracias a la Ley de Ajuste Cubano y a que en Florida Sur se han desarrollado la mayoría. No sin trabajo.
Dicho de una forma históricamente jocosa, hemos recuperado para España la Florida, vendida en 1819 por doblones de oro al gobierno de Washington. Intente buscar allí a algún anglo-sajón que se atreva a no hablar español. No obstante, todos los cubanos y latinos allí residentes –incluidos unos 40 mil españoles- hablan inglés. Se desenvuelven mejor que aquí.


-¿Ha sido particularmente agresiva por parte de la izquierda europea? Por qué?
La izquierda en España y en el mundo es compleja. No es uniforme. Imaginaron que Cuba sería el paraíso terrenal. Y nosotros huíamos de eso. Podíamos parecer unos canallas capitalistas, egoístas y fachas. Creían que era la burguesía, los dueños de fábricas y racistas explotadores de negros, antes esclavos. Esa fue la visión de algunos. Bastante simple y tonta. La mayoría buscábamos poder disponer de nuestro futuro, trasladarnos, ser libres en una palabra. Y algunos izquierdosos  no sólo han sido agresivos sino que lo siguen siendo. Los más ilustrados y sensibles del centro-izquierda ya saben que aquello es otra tiranía más pero de distinto color y distintas mentiras.

-Vd. eligió España para residir. ¿Ha sido un país generoso con los cubanos?
Yo llegué a España procedente de la cárcel de Rotterdam donde nos metieron a mi esposa checa y a mí para verificar si yo era el que decía que era. Vine a España porque la mitad de mi familia vivía entre Madrid y Valencia, lugares de nacimiento de mi madre y de mi padre. Me ayudaron mucho ambos, no me fue mal y así pude construir una familia. Pero preferí a pronunciar las ces y las zetas para pasar desapercibido ya que tengo el mismo tipo de cara y tez que todo el mundo. Es decir, pasar desapercibido. Mimetizarse para proteger identidad y mitigar el rechazo de cierta extrema izquierda alebrestada. Venía de estudiar en un país europeo del este entonces –años sesenta-donde primero le miraban a los zapatos para detectar la nacionalidad que pudiera tener y no meter la pata políticamente.

-¿De qué manera es la historia maestra de la vida?
Tiene su enjundia la pregunta pero brevemente intentaré decirle que si no conocemos la historia no sabremos nada ni de ciencia, ni de religión, ni de filosofía, ni de aconteceres y entonces estaríamos condenados a repetir los errores y seríamos unos zotes con ropa incapaces de progresar. Es más importante que muchas otras cosas. Lástima que mucha gente no lea ni el periódico. La historia, la filosofía, la religión y las ciencias cuestan trabajo, lectura, horas-culo, vista y un buen discernimiento.

-¿Qué libro está leyendo y cual recomendaría ahora?
Como me sigue fascinando la historia leo “Sangre Guerrera” (Killer of men) del escritor americano Christian Cameron, residente en Canadá, sobre el hijo de un herrero griego de Platea que se hace hoplita y matador de hombres como el divino Aquileo de la “Ilíada”, en el enfrentamiento entre persas y griegos en el s. V a.C.
Recomendaría otro que leí hace poco a instancias de mi hijo: “El Cisne Negro” (The Black Swan) del autor sirio-libanés-americano Nassim Nicholas Taleb sobre la casualidad en lo histórico y la imbecilidad que implica atribuir leyes a la historia para escarnio de ciertos escritores del siglo XIX. Y no digo más. Ambos son profesores de sus respectivas universidades en Canadá y EE.UU. respectivamente.

-¿Qué proyectos editoriales o de otro tipo cultural tiene en perspectiva?
Ninguno salvo publicar las memorias ya escritas y en Cd sobre mis abuelos, sobre mis padres y los trotes míos por este mundo. Pero es cuestión de dinero más que de tiempo. Tengo ya publicados algunos libros de historia, especialidad en América y Cuba,  algunos artículos y conferencias que imparto a veces así como traducciones del inglés, del francés, del italiano y el checo.










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