martes, 19 de marzo de 2013

Teodoro Rubio, Poemario “La memoria se cuelga en los balcones”

  
Teodoro Rubio
Julia Sáez-Angulo

          El poeta Teodoro Rubio Martín (Casanova, Peñaranda de Duereo, Burgos, 1958) ha publicado su libro de poemas “La memoria se cuelga en los balcones”, editado por Sial, que fue presentado por el cantautor Luis Eduardo Aute en el aula poética del Centro Riojano de Madrid, que dirige Charo Cueva.

El libro fue galardonado en junio de 2008 con el Premio Juan de Baños de poesía, tras el fallo del jurado compuesto por el grupo Sarmiento y el BBVA de Valladolid.

Bruno Rosario Candelier, poeta hispanoamericano, director de la Academia Dominicana de la lengua, es el autor del prólogo del poemario “La memoria se cuelga en los balcones”, en el que dice:

   “La obra poética de Teodoro Rubio es el resultado de tres insignes atributos que perfilan la personalidad espiritual del agraciado poeta español: una mente sutil, mediante la cual percibe la vertiente esencial de lo existente; un corazón sensible, con el que atrapa la dimensión estética de lo viviente; y una sensibilidad mística, por la que capta la vertiente divina de lo humano”.

   En este nuevo poemario La memoria se cuelga en los balcones, el poeta burgalés evoca su infancia y con ella el caudal de vivencias entrañables que atesora su memoria, que convierte en la fuente de su realidad estética, con la que elabora la sustancia de su creación poética”.

Yo quiero recoger en estas manos/ el alma de las cosas,/ que pesan sobre el hombro de esta vida,/ ya gastada de pájaros, y ofrecérsela al aire”, dice uno de los poemas de Teodoro Rubio.

            “ Nuestro poeta parece vivir místicamente la vida. Decía Martín Heidegger que los antiguos griegos vivían poéticamente el mundo. Teodoro Rubio vive como un antiguo griego insertado en nuestro tiempo, en una sociedad moderna y desacralizada, pero con su firme vocación religiosa y su acrisolada vocación poética, le endosa a la vida y a su creación la amorosa disposición de su sensibilidad y la ardorosa inclinación de su espiritualidad para matizar con la onda de lo divino cuanto captan y privilegian sus sentidos. A esa vivencia poética, luminosa y edificante que hay en Teodoro Rubio, se suma la cosmovisión teológica de su concepción espiritual, que permea su escritura y da brillo a su inspiración”, explica Candelier.

Teodoro Rubio

                      Muchas veces la infancia me sorprende/  como un continuo otoño de cigüeñas,/  que deshojan mi vida, y los recuerdos / se alfombran a los pies de la mañana./ Muchas veces el alma se me esconde/ en los juegos de niño y me dibuja/ una raya en el centro de mis ojos/ y contemplo luciérnagas volando/ y su luz es la voz en el silencio”, dice el autor en otra composición poética.

            “Teodoro Rubio canta lo que estremece su sensibilidad empática con una amorosa actitud de identificación en cordial sintonía con la esencia del mundo. Ese modo de ser y de crear hace que la inspiración poética irradie una vibración profunda. La más poderosa fuerza en este fecundo poeta interiorista es la energía divina que nutre su sensibilidad y su conciencia. Es decir, la dimensión más poderosa en la poesía de Teodoro Rubio, la que alienta la apelación interna y mística de lo viviente, fluye como una iluminación que lo embriaga de infinito. En virtud de su conciencia espiritual, el poeta experimenta una empatía cósmica y una ternura mística, intensa y entrañable, que se expresa en su amorosa mirada hacia los hombres, los animales, las aves, el mar, los caminos, etc. Participa nuestro poeta del vínculo espiritual de lo viviente, que canaliza en su creación poética, dándole categoría espiritual y estética a un elevado ideal de vida”, añade Candelier.

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