domingo, 2 de junio de 2013




José Luis Sampedro y el Beato de Cardeña en la Feria del Libro 


J.L. Sampedro


L.M.A.

El primer fin de semana de la Feria del Libro de Madrid ha desbordado las previsiones: la masiva afluencia de público y un número de compras que supera ampliamente las expectativas han hecho que los expositores estén a punto de agotar la primera remesa de bolsas oficiales, cerca de 100.000 unidades. De hecho, ha sido necesario adelantar el pedido de reposición, inicialmente previsto para el jueves, a mañana lunes. También resulta significativo que en los stands de información comiencen a escasear los planos de la Feria.


Según Teodoro Sacristán, director de la comisión organizadora de la Feria del Libro, “a falta de otros indicadores, estos datos corroboran las impresiones que nos han trasladado libreros y editores sobre estas tres primeras jornadas”. Aunque añade con prudencia: “Estamos muy satisfechos, pero sabemos que sería muy osado hacer proyecciones a partir de este esperanzador arranque”.

En recuerdo de José Luis Sampedro
La Feria del Libro de Madrid y Random House Mondadori han rendido esta mañana un emocionado homenaje a José Luis Sampedro, cuya obra literaria, tal y como señaló Lorenzo Silva, es la “expresión cabal de su vida y su pensamiento”. También el catedrático de Filosofía Ángel Gabilondo destacó la extraordinaria coherencia de su biografía y su obra y, en ese sentido, recuperó  uno de los pasajes del discurso de ingreso del escritor en la Real Academia Española, aquel en el que Sampedro subrayaba que había sido “la autenticidad, el valor que había ambicionado entre todos”.

El escenario del acto, el Pabellón Banco Sabadell, rodeado de las casetas y libros, hizo recordar a Gabilondo uno de los textos de Sampedro “Navegando entre libros”. Su intervención, cuajada de citas  tomadas del escritor, reconstruyó para el auditorio el perfil intelectual de un hombre que resumía su pedagogía en dos palabras: amor y provocación. “Sampedro creía que sin impulso afectivo no hay nada, tampoco el derecho a tomar la palabra”, apuntó Gabilondo antes de subrayar que “la provocación era la forma en que el escritor llamaba a seguir adelante, a avanzar, a cuestionar los discursos –incluido el suyo propio– y las doctrinas”.  El catedrático también destacó la invitación constante que hizo Sampedro a desafiar y transgredir “las fronteras que algunos pretenden convertir en el orden natural; un orden natural que tiene sus exégetas y vasallos”. El escritor fue, según Gabilondo, un “insurrecto porque lee, porque ama y porque provoca, siempre auténtico”.

Por su parte, Jordi Évole, quien tuvo ocasión de entrevistar al escritor para el programa Salvados hace dos años y medio, recordó el impacto en su audiencia que tuvo aquel programa y, sobre todo, la memoria imborrable que dejó en todo el equipo. “De aquella entrevista –afirmó Évole– extractamos lo que dimos en llamar ‘los mandamientos de la ley de Sampedro’, que han inspirado algunas de nuestras posteriores preocupaciones”. El periodista añadió, bromeando: “También aquellos mandamientos son citados por el equipo como criterio de autoridad: una forma de zanjar rápidamente las discusiones”.

El escritor Lorenzo Silva compartió con el auditorio una parte del examen de ingreso en el instituto de bachillerato que Sampedro, un niño de 10 años, realizó el 14 de junio de 1927. Silva se admiró de la suerte de anticipación que contenía el dictado que realizó con cuidada caligrafía, aquel fragmento del capítulo XVI de la segunda parte de El Quijote que dice: “Y no penséis señor, que yo llamo aquí vulgo solamente a la gente plebeya y humilde; que todo aquel que no sabe, aunque sea señor y príncipe, puede y debe entrar en número de vulgo”. Para Lorenzo Silva, Sampedro fue “un sabio, en toda la extensión de la palabra, en varios ámbitos y disciplinas; un sabio que, con referencias sólidas e infalibles, buscó su camino contracorriente y así invitaba a hacerlo a los demás”.

En el homenaje, en el que intervino Teodoro Sacristán, director de la feria, también participaron Nuria Cabutí, directora general de Random House Mondadori, y David Trías, director literario de Plaza & Janés, quienes reafirmaron públicamente su compromiso de mantener vivo el legado literario del escritor, reeditando sus obras y dándoles difusión. La esposa de Sampedro, visiblemente emocionada en algunos momentos del acto, celebró tal vocación y se despidió del auditorio con el epitafio que en alguna ocasión sugirió el propio José Luis: “Que ustedes lo pasen bien”.


Beato de San Pedro de Cardeña: uno de los más bellos códices

En la Feria del Libro de Madrid también hay lugar para libros singulares y ediciones facsímiles. La editorial M. Moleiro, especializada en la reproducción facsimilar de códices, mapas y obras de arte, organizaba esta mañana la conferencia Beato y los beatos: el misterio del beato de Cardeña, del profesor Manuel Vivancos, Orden de San Benito, con la que han comenzado las actividades del domingo en el Pabellón Banco Sabadell.

Vivancos ha recorrido la singular historia del monje Beato de Liébana quien a finales del siglo VIII escribió unos Comentarios al Apocalipsis que adquirieron gran fama y dieron lugar a los conocidos como “Los Beatos”, manuscritos profusamente ilustrados realizados durante los siglos XII y XIII. “Tener manuscritos de esta categoría ennoblecía a los monasterios”, señaló el profesor.

De entre ellos, el Beato de San Pedro de Cardeña es uno de los más suntuosos y “por su riqueza, ha sido representado en multitud de ocasiones en otros códices”.  Obra de dos miniaturistas, su ciclo iconográfico comprende los Preliminares (Cruz de Oviedo, los cuatro Evangelistas, Genealogías), el Apocalipsis de San Juan y su comentario, y las tablas del Anticristo. En 1871 se entregó incompleto al Museo Arqueológico Nacional de Madrid.

Todos los fragmentos dispersos que se conservan del Beato de San Pedro de Cardeña han sido recogidos recientemente en una edición “casi-original” de Moleiro, limitada a 987 ejemplares. Las 51 miniaturas  incluidas destacan por la elaboración y la delicadeza en la representación de los personajes y por la intensidad y viveza de colorido en los fondos, todo ello ricamente adornado con pan de oro.


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