miércoles, 26 de junio de 2013

Juan Carlos Rodríguez Búrdalo, Pomario “Bóveda y estribo” (Poesía escogida)

 


L.M.A.

         26.06.13.- Madrid.- El escritor Juan Carlos Rodríguez Búrdalo ha presentado su último libro de poemas en la Asociación de Escritores y Artistas Españoles, AEAE, en Madrid. El acto fue presidido por el poeta Emilio Porta, vicesecretario de AEAE.

Juan Carlos Rodríguez Búrdalo, (Cáceres, 1946), además de poeta, escritor y ensayista es Académico de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo y de la Real Academia de Córdoba, de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes. Consejero Académico de la Cátedra UNESCO Promoción Socio-Laboral, de la Fundación Sagardoy. Es General de División de la Guardia Civil y está Licenciado en Derecho por la Universidad de Extremadura.

La poeta Carmina Casala hizo la presentación del libro y el autor con estas palabras:
         Aunque no nos embarquemos en las corrientes vanguardistas que informan la poesía de la época no podemos negar a Juan Carlos Rodríguez Búrdalo su condición de excelente poeta. La poesía se lleva o no se lleva dentro, pero quien la siente palpitar,  quien vive su gozo,  es un elegido llamado a impartir y compartir generosamente su paisaje interior.

         Hoy  nuestro poeta nos presenta un repertorio antológico de asuntos radicalmente existenciales, una tensión a veces dulcificada gracias a la presencia del “yo” desnudo, como una consecuencia evolucionada de los tramos anteriores de su obra, vertida en una veintena de volúmenes.

         Estamos, pues, ante un poeta que maneja el verso con precisión y ritmo, su arquitectura verbal se construye con un lenguaje preciso para, no solamente descubrir la vida, sino para saciarla, para extraer la más pura esencia y transformar nuestro  devenir en contenido de nuestro existir.  

         Soñador sin dormir,  Búrdalo es un hombre que mira desde el ensoñamiento,  no desde el sueño,  una realidad que transcurre frecuentemente en dirección a la tristeza. Al lado de esa nostalgia permanente, de vocación, hay una tristeza pasajera y cotidiana. La noche aparece como una vaciedad temporal que desaparece con el alba y la oscuridad se le antoja como un páramo provisional. En su libro “Ciudad sin labios”, leemos: “Vendrá el alba./Una alondra que abre la mañana/nos dirá que afuera de sus alas,/afuera de los ojos nuestros/es verdad la yerba,/y la ternura es verdad,/y aquel sueño a la puerta del crepúsculo/ es verdad”.

         En este mismo poemario hallamos un  doloroso  poema en el que habla de la huída,  y se refiere a la muerte de un ciudadano de Almería oriental al otro lado del muro que, teóricamente, conduciría a la libertad: “Detrás del muro crece la mañana,/le dijeron. Y pensó en el mar./ Después: aquí frunce/lo más tierno del olivo, allí/cuelga metal sencillo y chiquito /que atesora un sueño adolescente./Bastante para andar,/sus manos indagaron el camino. / Detrás del muro crece la mañana,/le dijeron. Y quedó tendido y quieto,/como un pájaro de vuelo roto, con los ojos más allá de las estrellas/detrás del muro, lejano el mar”.

         Otros elementos de huida, siempre realistas, es el pasado idealizado, los peces y el mar. Éste aparece tardíamente en su obra. Es un mar sin banderas y sin barcos, quieto, como un cielo líquido. El cielo, o sea, el firmamento, es comparado al mar y un cometa que lo cruza podría ser un barco en la noche.

         Sigue la huída y apreciamos otros vehículos, como autobuses y trenes. En un determinado momento parece querer abandonar el cuerpo que pesa y al que calificada de “poco mío”.

         Junto a la nostalgia realista, la tristeza pasajera, la vocación por la nada, la huída y el mar, habría que consignar una palabra militar, que es la tregua. Ésta la concibe como una nueva forma de nostalgia o de huída provisional. Así, referencias al lago del Retiro frente al mar. Hay elementos aislados que también pueden asimilarse a la tregua, como el sol, la luz, la rosa…

         Hasta aquí hemos abordado el amor, la reflexión sobre la muerte,  la observación contemplativa del mundo y la luz… Esa luz que, como bien dijo Ángel García López es: Esa "luz ardida" que se nos avisa.  Esto solamente es una pequeña parte  de su universo poético y, por fin, menciona la palabra clave: “el tiempo”. Este es un tema recurrente en toda su obra.  Y con un también preciso aporte de metáforas, símbolos, símiles y paralelismos, sus versos nos ofrecen una poesía formal y de tradición  a la vez que renovada con la difícil sencillez de la palabra clara, hermosa, sentida, emocionante.


Una decena de libros publicados

Más de una decena de libros publicados, muchos reconocimientos sobre su obra, amén de varias antologías, y su poesía reunida dan buena muestra de la labor de este poeta que ve pasar la vida y nos la resume, a través de sus ojos, de su percepción, en lo que parece ser un intento de atrapar el instante para convertirlo, así, en esa palabra en el tiempo machadiana.

Poeta que, al tiempo que elegíaco, transmite una gran fuerza vital y emocional, de suerte que  su obra, desde la reflexión, toma  una dimensión social que nos da testimonio de su compromiso con el mundo y con la vida, pues sabemos que la poesía es palabra en el tiempo, ese tiempo que se nos va, por vivido y que esa materia de los sueños que es la memoria, se encarga de traerlo de nuevo, de recuperarlo porque “vivir es recordar”.

Pero la memoria es caprichosa y selectiva y tan pronto nos lleva hacia el recuerdo como nos sume en la soledad y el olvido, ese “…oficio sin tregua que es borrar la muerte”.  Tal vez se escribe para atrapar el tiempo, para darle luz a la vida, esa vida que para él es “La luz ardida”, y atrae por su ritmo, su emoción, su sinceridad, su confesionalidad, su lirismo, su sabor de poesía de siempre y de poesía renovada, su neoromanticismo (para él aun referenciándose en la poesía tradicional española y en los clásicos del XVI).

Juan Carlos Rodríguez Búrdalo, poeta, amable, educado, que además es bueno, machadianamente hablando, humilde como suelen serlo los grandes sin que ellos parezcan percibirlo, que ha bebido las aguas de tantos poetas, que ha sentido a Bécquer tan cercano. Este poeta que se encontró con la poesía a los treinta años, que sintió la soledad como se siente el calor de la nieve, seguirá con su contemplación del mundo, con su cosmovisión, donde lo sido y lo por ser van y vienen  como un misterio que se le revela a través de la palabra”.

El autor de  “Bóveda y estribo”, que leyó sus versos, señaló en el coloquio que, en su poesía pudiera haber nostalgia, pero había sobre todo vida. 
  
Entre los escritores y artistas asistentes al acto: Mahmud Shob, Julia Sáez-Angulo, Emilio Ruiz Parra y Franca López-Figueroa.




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