martes, 15 de octubre de 2013

Orlando Arias, Mesa redonda en torno a su pintura en el Centro Nicolás Salmerón







L.M.A.

      15.10.13 .- Madrid .- Con motivo de la exposición del artista boliviano, residente en Madrid, Orlando Arias en el centro cultural Nicolás Salmerón de Madrid, se ha llevado a cabo una mesa redonda en la que se debatió sobre su pintura colorista y hermosa. La exposición fue comisariada por Manoli Ruiz.

Los intervinientes en la mesa redonda fueron Tomás Paredes, presidente de la Asociación Española de Críticos de Arte, AECA,  los críticos de arte Benito de Diego y Jesús Cobo, y Evangelina Navia Villegas, Encargada de asuntos culturales de la Embajada de Bolivia en España.

Tomás Paredes Romero dijo: “El motivo que nos reúne es hablar de la obra de Orlando Arias Morales, es un pintor y escritor boliviano, nació en Potosí, vive en España desde hace nueve años, aquí ha hecho una buena parte de su obra plástica…. Al poco de llegar se le hizo una exposición en la fundación de Artecovi donde presentó su obra de ciberandinos, que eran como personas cibernéticas ubicados en el mundo andino eran unas obras preciosas, se le hizo un catálogo donde anotamos la calidad que tenían las obras, Orlando ha seguido trabajando y luego ha publicado una novela que ahora se va hacer una segunda edición”.

"Un ser encantado por la belleza"

Evangelina Navia Villegas expuso:  "Vi un poco lo que Orlando está haciendo, … me voy a acoger un poco de algunas ideas que han ido marcando, nuestro pintor boliviano llamado el hechicero del color, que en esta exposición ha sido llamado así, como bien dice Jorge Ernesto Ibañez Vergara, poeta y crítico de arte “Hablar con el maestro Orlando Arias, es como hablar con un ser encantado y seducido por el duende de la belleza, como si en ese instante fuera tocado por la varita mágica, donde su alma se expresa a través de la creación pictórica, y es ahí, en la línea del pensamiento donde se genera la belleza, donde el arte del color domina el alma humana, donde su creación es arte, es belleza, tanto como los sonidos del color”…. Yo quiero concentrarme en tres elementos que a mi me llaman la atención y me sobrecogen de Orlando Arias, uno de esos elementos que está muy presente en su obra son sus raíces que se expresan sus colores, estos colores que son la esencia de su identidad y representan sus ancestros y la diversidad de su tierra boliviana que está enraizada en la hondura de su naturaleza y en el espíritu artístico, esto es un tema clave en la obra de Orlando y aunque dejó Bolivia hace mucho tiempo, muy jovencito, la patria le acompaña calladamente como una sospecha o un atisbo de sus creaciones ….. sus obras vienen a ser del trópico como de las alturas, el colorido intenso y de contrastes, contrastes armoniosos, delicados y a la vez contundentes para marcar espacios y esencias, su pensamiento siempre inquieto, inquisidor en busca de verdades para plasmar sus convicciones y propuestas en un crecimiento espiritual….. otro elemento que también me ha llamado la atención de Orlando es su silencio y su sencillez humana que de alguna forma contrasta con el color y fuerza de sus obras… otro de los elementos que también es importante en Orlando es el sentimiento, su experiencia de vida, no solo en su patria…

 Novela “Los sueños de Alejandro e Isabel”

Benito de Diego González quiso “hablar un poco de la novela “Los Sueños de Alejandro e Isabel” que es la obra de Orlando Arias que ya ha publicado y está ya la segunda edición corregida y aumentada. Conozco a Orlando Arias desde hace algunos años, este conocimiento vino de la mano de mi querida compañera de la Asociación Española de Críticos de Arte, infatigable animadora cultural Manoli Ruíz, asistí a una exposición de pintura de Orlando de donde ella era comisaria como lo es también de esta exposición, desde entonces para mi Orlando es un personalísimo pintor, con obra prolija, llena de poesía, de misterios y de emo­ciones, al que referencié como un gran artista. Des­pués he comprobado que además es un gran hom­bre, íntegro, que sigue su vocación con ahínco; sen­sible, altruista y compasivo, 
               Orlando Arias Morales, es pintor pero también escritor, en ambas facetas nos trae la riqueza de los colores del valle boliviano donde se sitúa su Potosí natal, nació en 1954, inició una fructífera carrera con exposiciones desde 1976 en las más importantes ciudades de Bolivia, Ecuador, Costa Rica, Panamá, Chile, Estados Unidos, Italia, Bélgica, Francia y España
               Orlando Arias es, como se ve, un espíritu cosmopolita y además un soñador. Al igual que en su pintura, en “Los sueños de Alejandro y de Isabel”, el autor se expresa en un meta-realismo, que supera la memoria de los sueños, para introducirse en los espacios de la fantasía.
               La historia que cuenta en su libro, en parte crónica de un tiempo y de una sociedad, tiene sus raíces, no solo en el Valle de donde es oriundo, sino también, como él dice, “en el influjo que los ances­tros ejercen sobre el alma de cada uno”, ya que, en efecto, su narración es muy propia de aquellos paí­ses andinos, en los que transcurrió su infancia y sus primeras impresiones vitales, de las que toda per­sona es feudataria.   
               En la obra de Orlando Arias, como en su pintura, aparecen los colores que dan vida a un ri­quísimo mundo cromático, alimentado permanen­temente por la realidad folklórica y popular de su país. Orlando Arias es además y sobre todo un altruista, que ama a sus próximos y a sus lejanos. A su prójimo, a sus hermanos. A la Humanidad. La compasión es su virtud relevante. Iluminado por ella ha concebido la historia que da contenido a su libro y la ha plasmado con el arre­bato que da la pasión.  Es una crónica apasionada del quehacer de dos seres entregados a hacer el bien y a impedir el mal que la injusticia supone
               La obra se desenvuelve entre el natu­ralismo de la experiencia más escueto y la fantasía más exuberante, que va desde, (sigamos a Italo Cal­vino), lo fantástico visionario a lo fantástico mental, no despreciando la ciencia ficción, por dos vías que se entrecruzan en el transcurso de la peripecia del relato y que es explicada mediante el monólogo continuado de un narrador omnisciente. Finalmente la narración toma un sesgo sorprendente, que de alguna forma nos remite al universo kafkiano, de cuyo espíritu está impregnada toda la obra, al unir lo fantástico y lo verdadero en una acción proyec­tada a un futuro nebuloso.
                Son muchos los personajes, tanto reales como oníricos. Sin embargo el autor prescinde de cualquier diálogo interpersonal. El único diálogo existente es el que el autor establece con el lector al que dirige sus palabras y pensamientos.
               La obra recoge las utopías que de un humanismo radical y fabiano, puro e ingenuo, en el que se desgranan los paradigmas de una sociedad, en la que la injusticia es doblegada por el tesón de quienes hacen de la justicia su arma y armadura contra el poder y el egoísmo.
               La lectura y la comprensión del texto son inmediatas, sin complicaciones estilísticas, que pu­dieren difuminar y entorpecer el discernimiento del mensaje y el autor lo consigue mediante el empleo de un léxico directo y sencillo.
               El relato, siguiendo un proceso diacrónico, está compuesto por un caleidoscopio de escenas que explican las historias de los dos protagonistas, Isabel y Alejandro, a los que las circunstancias unen y así continúan hasta más allá del fin de la narración, que está plena de inocencia.
               La peripecia de Isabel está narrada en un estilo radicalmente realista, naturalista, en el que no se ahorran los detalles de la crueldad, a los que puede llegar el egoísmo de los poderosos, en su relación con sus semejantes, según la experiencia nos demuestra día a día y podemos constatar, si nos mantenemos atentos al clamor de los oprimidos.
               Alejandro es coprotagonista de la historia de Isabel, pero al mismo tiempo es protagonista de la historia que en los sueños tiene, en los que aparece como caballero de Camelot valedor y salvador de Isabel, a la que acechan peligros innúmeros e inimaginables. Solo imaginables en el mundo onírico en el que el protagonista se desenvuelve. Así como la historia de Isabel es una imagen fiel de los acontecimientos reales que componen  su entramado, los sueños de Alejandro constituyen una gran metáfora con la que el autor describe la lucha por conseguir los ideales del protagonista entre los que destaca su afán por salvar y proteger a su señora. La narración puede leerse de corrido, siguiendo su discurrir cronológico, o puede leerse abriendo el libro por cualquier capítulo, pues que cada uno de ellos constituyen de por si un relato en el que se da, según la preceptiva clásica: Un planteamiento, un nudo y un desenlace.
               A esta obra, por tanto, (yo diría, que a toda narrativa), hay que acercarse con actitud meditativa e, incluso, introspectiva, para llegar a descubrir la esencia y el fundamento de toda proposición, sea racional o ideal, que en ella se explicita. Es decir, debemos abordar su lectura con una disposición intelectual abierta a las consecuencias del impacto, inmediato y subsiguiente, que pueda producirnos, para aprovechar aquello que el texto y el contexto nos propone y vibrar y emocionarnos con ello. Aceptado esto, entiendo, con el autor, que es así como el futuro lector debe acercarse a esta narración, y solo bajo esta óptica, ha de entenderse la advertencia que nos hace en la Introducción a la narración, cuando escribe: “hay que leerla con mente abierta, receptiva, sin prejuicios de ninguna clase, desprovisto de todo interés personal y hacer volar a nuestra imaginación, para capturar la magia y los misterios que encierra el Universo”.

Intervención del poeta Juan Cobo

Jesús Cobo apuntó: “En las pinturas de Orlando, los temas tienen un protagonismo esencial que nos cultiva de alguna forma, cuando yo veía los temas de sus últimas exposiciones, digo pero este hombre qué nos quiere decir, qué nos propone, su pintura es una queja? es un lamento? El simbolismo que tiene esta pintura supone una propuesta de cambio? Hay que tener en cuenta que la humanidad lamentablemente ha sufrido transformaciones terribles, la historia ha conocido períodos de enorme inhumanidad, …. podemos pensar que este tipo de situaciones están superadas, pero desgraciadamente nos encontramos con una situación nueva en que lo inhumano ha sido sustituido por la des-humanidad, veo en la pintura de Orlando un intento agónico de lucha contra los terribles espacios de deshumanización, contra las torres de soledad de nuestro tiempo. Existe después otra cosa que me ha llamado mucha la atención, no en esta fase que podemos llamar conceptual de los temas sino una fase expresiva el tratamiento que tiene de la forma, es un gran hacedor de formas,  …, Orlando es un hombre que lucha por los conceptos, como ofrece simbolismos más o menos intangibles pero que el controla y domina y para los que buscan formas adecuadas. La búsqueda de la forma en Orlando es interesantísimo, es un proceso que no que no conozco, que no controlo, que me falta conocimiento y él en su forma de elaborar que se ve en su obra, es un hombre que lucha con la forma y que busca no una nueva vestidura para el concepto, sino su forma exacta …. He pensado mucho si Orlando arias es un pintor surrealista, entendiendo sus orígenes como sobre-realismo o super-realismo, me parece que Benito ha dado con la palabra adecuada, me ha gustado mucho que ha fijado como meta-realismo, creo que eso es esencial pensar que estamos ante un pintor meta-realista que utiliza fórmulas mucho más elaboradas ….. el color me parece en Orlando un complemento esencial de la forma, en el fondo él entiende el color como parte de la forma, no voy hablar de la composición ni voy hablar del color, pero si quiero referirme a una sintaxis muy importante, una sintaxis brevemente agresiva ante el espectador de las obras de Orlando, es un sintaxis de ritmos, él tiene unos ritmos muy peculiares, son las que hacen tan atractivas sus obras y sus pinturas …. Aparte los componentes puramente artísticos que puede haber en ella y que pueda tener en su personalidad, en su temperamento lo que verdaderamente le hace un pintor, un enorme pintor que sabe lo que pinta y que controla lo que pinta, en ese sentido tiene una sintaxis muy infinita, pero verdaderamente atractiva   … está reflejado en mi sencilla opinión de viejo aficionado de la obra de un artista importante de una cultura, de nuestra cultura que está muy integrada …

Cierre del acto

Tomás Paredes concluyó: “Quería aportar alguna idea respecto a lo que se ha dicho con respecto a la obra de Orlando y sobre todo es su relación que tiene con el mundo andino, con Bolivia que Waldo Frank lo definía como “el trozo de tierra más rica del mundo pisado por los pies desnudos más pobres del mundo”, me parece que era una metáfora que hacía, hoy Bolivia tiene otra realidad, pero hay personas que también están fuera un poco trashumante como Orlando que ha nacido en Potosí y que vivió en Cochabamba, que expuso en Oruro, pero luego se fue a Colombia, ha sido un poco trota camino, que recae en Italia y que expone en Florencia, si estamos hablando de un hombre con una trayectoria larga, de Florencia salta a Barcelona, de Barcelona viene a Madrid y aquí emprende otro tipo de pintura, pero es bonito ver esa relación con el mundo andino, tiene una serie de cuadros que llama serie abstracta o son la mayoría abstractos, pues sin embargo en uno hay una cabeza absolutamente andina y está mezclando la figuración con la abstracción, el concepto con el sentimiento, sus raíces con una forma digamos con un sentimiento global y quiero resaltar porque soy anti globalización, yo creo que la globalización es una estupidez que el mundo se ha marcado, no solo aquí, el mundo de hoy es global, pero para qué queremos viajar si vamos a ver las mismas cosas, para qué queremos ir a la India si no vamos a descubrir nada porque las generaciones jóvenes hacen lo mismo que aquí, pretenden lo mismo que aquí, lo mismo puedo decir de todos los países, entonces es de muy alabar que las raíces de unas personas que se justifiquen y se viven cien en sus obra …. Por eso quería resaltar esta idea de Orlando porque me parece admirable que uno vea esa pintura y tenga que decir que es un personaje andino el autor, puede ser boliviano o puede ser los andes, ahí se ve una idea, es de valorar, por ejemplo cómo se va valorar una obra de Gabriel García Márquez cuando escribe “Cien años de soledad”, si lo que está contando es el submundo y el mundo, está contando la forma de ser del Caribe, eso no se puede globalizar, eso se da allí y un hombre con una mano maestra hace pues una novela magistral, como Orlando pinta lo que allí ve y lo que allí recuerda porque ha estado en muchas partes del mundo, pero es muy bueno esa relación con su país de origen y aunque España lo ha acogido con fraternidad, con simpatía, …. Cada arte tiene que tener la seña de identidad donde nace, es decir según su tradición porque si no sería un arte importado”. 




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