lunes, 19 de enero de 2015

Javier Cámara expone su pintura homenaje/burlesco al Barroco en La LiVrería de Madrid






L.M.A.

         El pintor Javier Cámara expone sus cuadros de grande y mediano formato en el espacio de La LiVrería de Madrid, dirigido por Ángel Giménez.
         Admirador de los grandes maestros del Barroco, el pintor ha dado una vuelta de tuerca, retomando las imágenes y haciendo un quiebro con ellas: sitúa junto a la reina Mariana una copa de Martiní, colo a un preservativo fuera de contexto; deja vacía la Santa Faz, coloca un bolso de piel a una santa de Zurbarán o una espada reluciente de feria a un arcángel…
         Pintura de reconocimiento y homenaje a los que pintaban bien, pero poniendo y quitando algo propio, que lo desvirtúa en concepto y le suministra humor, ironía, burla o sarcasmo, según los casos.

Pintura plana bien dibujada, como queriendo aprender de los maestros de la pintura, en un apropiacionismo de los clásicos, con un dibujo tal cual y una diferencia de objeto o atributo que caracteriza precisamente la iconografía religiosa.
Algunos pueden ofender o irritar sensibilidades, pero quizás era esto lo que buscaba el autor.

         Sorprende que un pintor joven vuelva la cabeza al barroco, pero ¿por qué no hacerlo? Costus también lo hizo durante la Movia Madrileña, pero con pinceladas abiertas y matéricas. El Barroco es fuente de grandes conceptos y pintura magistral y arrebata a cualquier espectador atento, máxime un pintor aunque sea joven.

Notas biográficas

Javier Cámara Sánchez-Seco (Madrid, 1979).-Pintor y restaurador, licenciado en Bellas Artes.
Abandonó hace años su trayectoria como conservador
de patrimonio para dedicarse a la creación
artística.

Tras su paso por la Facultad de Bellas
Artes de Madrid aprendió lo que no quería ni
debía hacer, reconociendo aún así, que el estudio
de la pintura antigua y su trabajo como copista le
hicieron ampliar conocimientos. Madrileño criado
en Pastrana (Guadalajara), su primera escuela
fue la contemplación de las pinturas y retablos
de las iglesias y conventos de su pueblo. Ya en Madrid
y tras su paso por la facultad, aprendió a conjugar
su pasión por los maestros de la pintura española
con un naciente gusto por le arte contemporáneo.

Cansado de las misma recetas que se
repiten sin cesar en el arte español, llamó, a modo
de exorcismo, a sus viejos y admirados maestros
del barroco para contar su propia historia. Una historia
que se quiere reír de los vicios en los que ha
caído la sociedad y el arte contemporáneo. Javier
llamó a Alonso Cano, Sánchez Coello, o a su admirado
Zurbarán, entre otros, para que mediante
el robo deliberado de sus imágenes o el préstamo
cómplice de sus ideas, le ayudaran a crear su
universo particular.

La obra de Javier Cámara es
una actualización de los viejos temas, renovados
con una carga de humor y fina ironía. En su obra
la pintura de Ribera o de otros maestros toma nuevo

impulso, conservando de aquellos el sabor o incluso las limitaciones.

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