lunes, 27 de julio de 2015

#agostoclandestino programa una jornada en recuerdo de la obra de los aragoneses Luis Buñuel y Pepín Bello

Martes, 28 de julio de 2015.  Filmoteca de La Rioja Rafael Azcona.

Logroño. 20:15h.
Entrada: 2,5€. Recital previo de Ricardo Romanos.

L.M.A.

La Filmoteca de La Rioja Rafael Azcona colabora de nuevo con #agostoclandestino, dedicará la primera sesión al inmortal director de cine calandino y al intelectual y escritor oscense Pepín Bello.



En la sesión se emitirá Un chien andolou de Luis Buñuel y se presentará la reedición de su libro de poemas. También podremos disfrutar de Pepín Bello, el hombre que nunca hizo nada de Álvaro Merino, con el que además podremos charlar sobre su trabajo.

Aunque Buñuel fue siempre muy hostil con aquellos que intentaban buscar significados a sus películas, llegando a afirmar en alguna entrevista que carecían de él, resulta fácil leer Un perro andaluz en clave psicoanalítica y autobiográfica. En realidad, su opinión sobre el psicoanálisis tenía que ser necesariamente pobre: Jung había dicho que Un perro andaluz era un caso claro de esquizofrenia y el director de un conocido centro psicoanalítico en Chicago que quería dar trabajo a Buñuel se declaró horrorizado tras ver la película.  

Antes de empezar, hay que saber que la relación entre Buñuel, Dalí y Lorca fue algo tormentosa. Buñuel era el heterosexual prototípico, boxeador, juerguista y sádico. Dalí fue un onanista compulsivo que padeció siempre un temor atroz hacia el sexo femenino, temor que terminaría por convertirse en pánico e impotencia. Lorca era conocido por su complicada homosexualidad. Estuvo enamorado de Dalí pero sus sentimientos provocaron en el artista catalán la reacción contraria: rencor y desprecio. Dalí y Buñuel quisieron atacar a Lorca ya en el título, Un perro andaluz, y también con la escena en que un andrógino es atropellado en la calle con gran alborozo del protagonista, que mira desde la ventana. Tras el atropello del invertido el protagonista se siente liberado y se dispone a forzar a su pareja. Naturalmente, aunque Lorca se sintió atacado por la película, Buñuel negó que hubiese referencia alguna al poeta andaluz.  

A continuación la  protagonista se defiende del deseo de su galán tomando una raqueta con forma de cruz de la pared y amenazando con golpearlo. Esta cruz simboliza obviamente a la moral católica. Al protagonista le resulta imposible vencerla pues debe cargar con todo el peso de la cultura occidental (los pianos, los curas, los burros putrefactos) que ha sido siempre enemiga del cuerpo.  

Cuando consigue magrear algo a su pareja cae enfermo pues la educación ha convertido al deseo sexual en un veneno para nuestra conciencia. Comienza entonces una representación del conflicto edípico. La figura del padre está simbolizada por el sujeto que sólo se ve de espaldas, lleva traje y sombrero, y que lo castiga cara a la pared. Resulta curioso que cuando llega a la casa y toca el timbre aparecen los brazos de un camarero agitando una coctelera. Un toque de humor genuinamente surrealista y un elogio de los bares y el alcohol a los que Buñuel amaba. El protagonista supera el Edipo cuando consigue transformar los libros en pistolas y liquidar definitivamente a su padre. A partir de ahí es libre de nuevo para satisfacer sus deseos y acosar a la amada. 

Las hormigas en la palma de la mano son idea de Dali. Simbolizan el deseo sexual.  Las hormigas en la palma de la mano son idea de Dalí. Simbolizan el deseo sexual.  La última oportunidad para consumar su amor se representa mediante un curioso juego de imágenes. Mientras ella mira a su galán, él pierde su boca (al estilo de Matrix), ella se pinta los labios y a él le crece vello púbico en el rostro que toma el aspecto de un genital femenino. Esta clara propuesta de sexo oral, antiburguesa por no ser práctica reproductora, es rechazada por la protagonista que saca la lengua y huye. Mientras cierra la puerta atrapa la mano llena de hormigas del galán.  

Finalmente logra escapar y aparece repentinamente en una playa donde encuentra a un apuesto bañista, que en lugar de enseñarle hormigas en el hueco de la mano le enseña un reloj. Podemos relacionar la sensación de hormigueo con el deseo sexual y la mano con el instrumento de la masturbación. Además era un lugar común de la época la advertencia de que si te masturbabas demasiado te crecerían pelos en la palma de las manos. Un bañista con reloj y sin hormigas representa poca pasión, trabajo fijo, sueldo interesante, vacaciones de verano, en fin, un buen partido. Ella olvida pronto a su verdadero amor y, como todas las mujeres, elige antes la seguridad económica que la pasión. Este episodio, además de tener un cierto aire misógino, puede leerse como una crítica de Buñuel al matrimonio burgués, institución enemiga del amor. Pueden comprobarse sus consecuencias en el plano final de la película. La escena final está inspirada en el Ángelus de Millet. Dalí interpretaba esta obra de Millet de un modo curioso: “el personaje femenino representaba la postura expectante y preliminar de la hembra de laMantis religiosa antes de devorar al macho. Dalí confesó que en su juventud en Madrid -viví bajo el terror del acto del amor, al que confería caracteres de animalidad, de violencia y de ferocidad extremas. Siempre he pensado que el destino del macho de la Mantis ilustraba mi propio caso frente al amor”. (Román Gubern: Proyector de luna)

Pepín Bello fue el último testigo vivo de los famosos amigos de la Residencia de Estudiantes de Madrid, entre los que se encontraban muchos miembros de la generación del 27 como Lorca, Dalí, Alberti y Buñuel, de quienes fue un íntimo amigo y con los que mantuvo relación durante toda la vida de estos. Con Federico García Lorca compartió habitación durante algunos meses de cursos sucesivos en la mencionada Residencia de Estudiantes. Pepín Bello es conocido como «el fotógrafo de la generación del 27», por haber realizado la gran mayoría de las fotos que se conservan de aquel momento, tanto durante el periodo en que convivieron en Madrid como de los encuentros que tuvieron en lugar durante el final de la década de 1920 y el comienzo de la guerra civil en 1936.



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Luis Buñuel (Calanda, TeruelEspaña22 de febrero de 1900 - Ciudad de México,México29 de julio de 1983) Luis Buñuel Portolés era el mayor de siete hermanos, hijo de un ferretero llamado Leopoldo Buñuel y de María Portolés, mujer que solamente tenía diecisiete años cuando contrajo matrimonio con Leopoldo, casi treinta años mayor que ella.  

Después de estudiar con los Jesuitas, recibiendo una educación religiosa que le marcaría en su devenir personal y artistico, Buñuel se trasladó a Madrid en 1917 para iniciar la carrera de Ingeniería Agrónomo, instalándose en la Residencia de Estudiantes en donde entabló amistad con Salvador Dalí y Federico García Lorca.  

En la capital de España Buñuel abandonó Ingeniería para terminar licenciándose en Filosofía y Letras.  Con el incipiente mundo del celuloide en auge fue la visión de la película Las Tres Luces (1921), obra de su gran ídolo cinematográfico, el director alemán Fritz Lang, el detonante para que Luis Buñuel comenzara a dedicarse al séptimo arte.  

En el año 1925 Buñuel contrajo matrimonio con Jeanne Rucar, con quien tuvo dos hijos: Juan Luis y Rafael.  Tras ocuparse como asistente de dirección y guionista de Jean Epstein y Mario Nalpas, y estudiar técnica cinematográfica en la Academia de Cine de París, Buñuel realizó junto a Dalí el famoso corto experimental Un Perro Andaluz(1928), título que se convirtió inmediatamente en pieza clave en la historia del cine por su inmersión en el estilo surrealista.

El surrealismo en los años 20 desarrolló una creatividad intelectual plena de imaginería visual que destrozaba los tradicionales conceptos de expresión y narrativa, concediendo una importancia esencial a los mundos oníricos como reflejo de una lógica que dormita bajo la capacidad subsconciente del individuo. La obra clave y comienzo del cine surrealista fue la citada Un Perro Andaluz, en donde salvajemente se rechazan los valores fílmicos prevalentes y se acometía una nueva forma de narrar dentro de la capacidad coherente de la imaginería surrealista, de extraordinaria fuerza visual que sirvió para provocar ansiedad en el espectador, una autocapacidad creativa propia y para subvertir la realidad cotidiana.  

Tras Un Perro Andaluz Buñuel dirigió obras tan significativas como La Edad De Oro(1930), una sátira surrealista recibida con entusiasmo por la crítica del momento, lo que le supuso una oferta de la Metro Goldwyn Mayer.  

Tras viajar a Hollywood sin rodar con el estudio del león, Buñuel regresó a España para rodar el documental Las Hurdes/Tierra Sin Pan (1932), censurado en España, y varios trabajos como productor.  

Con el estallido de la Guerra Civil española el autor aragonés se exilió en el continente americano antes de colaborar con el gobierno republicano, para el que colaboró en un documental titulado España Leal En Armas.  Trabajó durante un período en el MOMA y pasó de nuevo brevemente por Hollywood sin terminar de llegar a concretar varios proyectos que manejaba.  Tras un largo período sin estrenar cine Luis Buñuel se asentó definitivamente en México, estrenando su primer film en tierras  aztecas, Gran Casino(1947), una película de encargo protagonizado por Jorge Negrete y Libertad Lamarque. En 1949 se nacionalizó mexicano, consiguiendo la doble nacionalidad junto a la española.  luis bunuel olvidados los picture pelicula  Después de Gran Casino estrenó títulos como la comedia El Gran Calavera (1949), Los Olvidados (1950), Susana (1951), con el protagonismo de Rosita Quintana, Don Quintín El Amargao (1951), Una Mujer Sin Amor (1951), Subida Al Cielo (1951), El Bruto (1952), la co-producción mexicano-estadounidense Robinson Crusoe (1952), Él (1953), con Arturo de Córdova y Delia Garcés, Abismos De Pasión (1953), La Ilusión Viaja En Tranvía (1953), El Río y La Muerte (1954) o La Vida Criminal De Archibaldo De La Cruz o Ensayo De Un Crimen(1955), fenomenal comedia de humor negro con Ernesto Alonso como protagonista.  

Su cine, surreal, original, simbólico, abordó diversos géneros y subgéneros, como farsas, sátiras, comedias negras, dramas de corte neorrealista o pasionales melodramas, enfocando sus puyas críticas principalmente en el catolicismo y la burguesía.  Admirado tanto en Hollywood como en Europa, Buñuel, en muchas ocasiones ayudado en el guión por Luis Alcoriza, trabajó a partir de mediados de los años 50 también en el viejo continente, principalmente en Francia.  

En el año 1955 rodó Así Es La Aurora, una película franco-italiana protagonizada por Lucía Bosé y George Marchal. Más tarde con capital galo y mexicano estrenó La Muerte En El Jardín (1956), con Simone Signoret, Marchal, Michel Piccoli y Charles Vanel. En 1959 filmó con el protagonismo de Paco Rabal Nazarín (1959), adaptación de Benito Pérez Galdós, uno de sus escritores favoritos, y Los Ambiciosos (1959), co-producción franco-mexicana con la pareja María Félix y Gerard Philipe.  Tras dirigir La Joven(1960), drama realizado con producción estadounidense, Buñuel fue invitado por el gobierno español para dirigir Viridiana (1961). El film, una sátira religiosa con un enfoque pesimista del ser humano, se convirtió en un escándalo, siendo de nuevo censurado por la Iglesia católica. La película, protagonizada por Fernando Rey, Silvia Pinal y Paco Rabal, ganó la Palma de Oro en el Festival de Cannes.  

El Ángel Exterminador (1962), película con Silvia Pinal de nuevo como principal protagonista, fue otra brillante sátira, ahora con la burguesía como punto de mira.  

Diario de una camarera (1964), con Jeanne Moreau, adaptó de manera estupenda el libro homónimo de Octave Mirbeau. En 1965 rodó su última película mexicana, Simón Del Desierto (1965), una divertida sátira con la religión de nuevo como principal protagonista y el protagonismo de Francisco Reiguera. 

Catherine Deneuve fue la hermosa protagonista de Belle de Jour (1967), drama erótico con ribetes surrealistas que se convirtió en uno de los títulos más sobresalientes de su carrera. Los años 60 concluyeron para Buñuel con La Vía Láctea (1969), film episódico sobre las vivencias de dos peregrinos.  

Galdós volvió a ser adaptado por Buñuel en Tristana (1970), película que estaba protagonizada por Fernando Rey, Catherine Deneuve y Franco Nero. Rey fue un actor asiduo de Luis Buñuel y en casi todas sus apariciones la obsesión sexual fue la base de su comportamiento, por ejemplo en Ese Oscuro Objeto Del Deseo (1977), última película de Buñuel en la que empleó a dos actrices, Angela Molina y Carole Bouquet, para un único papel.  

Con anterioridad Fernando Rey también había protagonizado El Discreto Encanto De La Burguesía (1972), película que consiguió el Oscar a la mejor película de habla no inglesa. Buñuel, tanto en este título, como en Ese Oscuro Objeto Del Deseo, logró ser nominado al premio Oscar como mejor guionista.  Cuando le fue concedido este Oscar, George Cukor organizó una cena homenaje a Buñuel en noviembre del año 1972 a la que asistieron personajes tan importantes del mundo del cine como Alfred Hitchcock, George Stevens, John Ford, William Wyler, Robert Mulligan, Robert Wise, Billy Wilder o Rouben Mamoulian.  

Su penúltima película como director, antes de Ese Oscuro Objeto Del Deseo, fue El Fantasma De La Libertad (1974), uno de sus títulos más vanguardistas.  Luis Buñuel falleció en Ciudad de México el 29 de julio de 1983 tras padecer cirrosis. Tenía 83 años.



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José Bello y Lasierra (Huesca, 12-V-1904 - Madrid, 11-I-2008). Más conocido como Pepín Bello. Su padre, el ingeniero Severino Bello, era buen amigo de Joaquín Costa, como no podía ser menos tratándose de un auténtico militante en cuestiones de política hidráulica: él fue el artífice de los pantanos de La Peña y La Sotonera, entre otros, y responsable del Canal de Isabel II en Madrid al trasladarse a esa ciudad. La amistad de Costa con su padre no fue ajena, pues, al ingreso en la Residencia de Estudiantes de ese peculiarísimo personaje que fue y sigue siendo Pepín Bello. 

Allí ingresan por recomendación de don Joaquín los tres hermanos Bello (Manuel, Severino y José), apuntalando con su veteranía el nutrido grupo aragonés de la Residencia: Juan Vicéns, Julio Jordana de Pozas, Miguel Catalán (casado posteriormente con Jimena Menéndez Pidal y padre de Diego Catalán, por lo tanto) y Luis Buñuel.  

Hombre de increíble humor y enorme agilidad mental, Pepín Bello puede ser definido como un surrealista nato y avant la lettre que, a pesar de no haber dejado apenas obra escrita, está presente a través de otros creadores que sí han manifestado sus ideas e influencia como levadura activa en el cine, la pintura y la literatura. Ése es el caso de Luis Buñuel, Federico García Lorca y Salvador Dalí.  

Este efecto de levadura le ha sido reconocido por testigos de primera mano y magnitud, como Santiago Ontañón, quien ha declarado: «Recuerdo que Pepín Bello, el genial Pepín Bello, que tanta influencia ejercía sobre todos nosotros, y en especial sobre Lorca y Dalí, inventó un día los carnuzos y su definición correspondiente, rápidamente aceptada y puesta en circulación inevitablemente en nuestras conversaciones en aquellos años veinte. Carnuzo era toda forma o apariencia desagradable, sólida y carnosa, repugnantemente muerta. Pues ese burro muerto que creo que aparece sobre un piano en Un perro andaluz tampoco es una idea daliniana, sino que es en realidad una aportación indirecta de Pepín Bello. Cualquiera del grupo que hoy sobreviva sabe perfectamente que esta secuencia de Un perro andaluz no es más que un carnuzo de Pepín Bello escenificado; pero idea original de Dalí, en absoluto» (Crónica 3, Madrid, marzo 1986, núm. 2).  Santiago Ontañón ya había reiterado estas afirmaciones en el libro de Max Aub, Conversaciones con Buñuel (pp. 319 y 320), donde otros testigos confirman sus palabras, como Francisco García Lorca, parcialmente («Pepín era una gran persona, fundamental en aquel grupo, en aquella época», p. 274) y, de forma total, Rafael Alberti: «Fue muy larga la relación Buñuel-Dalí, y también con Pepín Bello, porque Pepín Bello tuvo una influencia muy grande en ellos. Pepín Bello era un tipo genial. Era un transeúnte que iba por la Residencia, que había sido residente; muy gracioso, muy agudo, al que se le ocurrían cosas extraordinarias. Todo esto de los burros y de los pianos, muchas de esas cosas, eran de Pepín Bello. Eso, Buñuel lo sabe bien. Pepín Bello estaba lleno de imaginación, y eso del putrefacto y todas esas cosas, muchas de ellas eran de Pepín. Fue entonces cuando Dalí dibujó el putrefacto y todas esas cosas; pero el que había hablado más de todo eso y se pasaba el tiempo por las calles sin hacer nada era Pepín, haciendo el putrefacto. Inventando...» (p. 287). 

Y no sólo los testimonios retrospectivos conceden este papel a Pepín Bello. También fue afirmado, y por escrito, estando vivos los tres grandes artistas implicados, Buñuel, Lorca y Dalí. Nada menos que José Bergamín, y en el órgano cuasi-oficial de las vanguardias en España, La Gaceta Literaria, al hablar del surrealismo como tendencia de época, cita a los españoles y la resonancia que van alcanzando, «la que ha pretendido darle en algunos, poco logrados, intentos: José María Hinojosa y, probablemente, a través de éste o de otras preocupaciones pictóricas equivalentes, Federico García Lorca y el pintor catalán Salvador Dalí, menos originales, menos auténticos, sin duda, en esto que su iniciador y casi maestro extraliterario, José Bello y Lasierra, nuestro amigo» (La Gaceta Literaria, 1-II-1929, p. 1).  

Buñuel también le reconoció gustoso a Pepín Bello en su día (luego se distanciaron) el carácter de surrealista innato, convirtiéndolo en su confidente más íntimo durante los años parisinos (1925 a 1930) a través de una interesantísima correspondencia que no tiene desperdicio. Valga este ejemplo; le dice Buñuel a Pepín Bello en carta desde París fechada el 17 de febrero de 1929: «Queridísimo Pepín: Recibo tu lacónica carta en la que me pides te diga sobre qué tema puedes escribir el artículo para El Amic de les Arts. Ya te dije que nos gustó muchísimo tu enumeración de las cosas que te gustan y que Dalí las iba a enviar al Amic... Yo creo que es por ese camino por el que debes trabajar, teniendo la seguridad de que llegarás a hacer cosas muy buenas... Estoy seguro de que cuando estemos juntos podré ayudarte eficacísimamente. Estoy seguro también de que harás cosas muy buenas. En el fondo tú has sido siempre un surrealista y nada más que eso, y ya es bastante...».  

Buñuel rendiría homenaje a Pepín Bello a través de varios de sus escritos y películas. Quizá el más claro sea La agradable consigna de Santa Huesca, que narra las andanzas y desventuras de un trozo de carne en que puede reconocerse a modo de chiste privado tanto el carnuzo de Pepín Bello como la pierna resucitada de Miguel Pellicer según el archifamoso milagro de Calanda. También merece ser recordada la Carta a Pepín Bello en el día de San Valero, dedicada esta vez al terrible cierzo zaragozano en un feroz registro de humor surrealista.  

Tampoco son ajenos a la influencia de Pepín los maristas que aparecen en Un perro andaluz y La edad de oro, sacados en buena medida de un caligrama publicado por él enL´Amic de les Arts.  

Pero la huella mayor y más perceptible de Pepín Bello en Buñuel puede rastrearse en la tragicomedia Hamlet, que escribieron juntos en 1927, y que Buñuel montó con un grupo de amigos en el «Café Select» de Montparnasse. Es una de las piezas pioneras del teatro surrealista en España, y en ella están en embrión muchas ideas posteriores que el cineasta de Calanda desarrollaría en sus filmes.  

En definitiva, el caso de Pepín Bello es uno de esos extraordinarios ejemplos de carisma personal que alcanza a nutrir obras tan relevantes como las de Dalí, Lorca o Buñuel, cediendo ideas generosamente (despreocupándose de su paternidad y de dejar constancia de ellas), y propiciando un clima de hallazgos e invenciones decisivo para la implantación en España de algo así como un surrealismo autóctono, presidido siempre por un peculiar e intransferible sentido del humor. El 1 de junio de 1999 recibió un homenaje en el Casino de Huesca para celebrar su 95 cumpleaños organizado por la revista Trébede en el que intervinieron entre otros Agustín Sánchez Vidal y el director de la Residencia de Estudiantes, José García Velasco. Pero el premio más importante desde esta comunidad fue la concesión del Premio Aragón en la festividad de San Jorge del 2004.

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