miércoles, 27 de enero de 2016

Julia Sáez-Angulo, Recital poético en el Casino de Madrid





 Alfredo Gómez Gil y Julia Sáez-Angulo



L.M.A.
Fotos Rosa Gallego y Julio Mendoza

         La escritora Julia Sáez Angulo ha llevado a cabo un recital poético en el Casino de Madrid. El acto, que estuvo muy concurrido, ha tenido lugar en la Sala del Torito, dentro de la tertulia poética que dirige el escritor Alfredo Gómez Gil, quien presentó a la poeta.

         Julia Sáez-Angulo (Uruñuela, La Rioja, 1946) hizo lectura de una selección de sus poemas, siguiendo sus libros publicados: Criaturas del tiempo y la memoria (2002), Ráfagas (2008) y Al paso de los días (2015). Seguidamente hizo lo mismo con poemas de diferentes revistas o antologías en las que ha publicado sus versos, entre ellas Troquel, dirigida por Carmen de Silva.

         La autora recordó los grandes temas de la poesía, también en su caso: el amor, la muerte, el paso del tiempo, la naturaleza, Dios y las culturas grecolatina y judeocristiana.  Recordó el dicho francés de que el arte, y por tanto la poesía, ha de contener un suplement d´âme –un suplemento de alma para alcanzar la perfección.



         Al acto asistieron los escritores Jesús Riosalido, Carmen de Silva, Juana María Herce, Benito de Diego, Pilar Aroca, Manuel Quiroga, Carmina Casala, Victor Morales Lezcano, Isabel Morión, Angelina Lamelas, Cristina de Jos´h, Rosario de la Cueva, Maite Contreras, Germana de Miguel, Marisol Moreda, Elisa Mancini … y los pintores Pablo Reviriego, Purificación Gazol, Juan Jiménez, Mercedes Ballesteros, Julio Mendoza, Linda de Sousa, Pedro García Molano, Nati Cañada, Juan Moral, Ana Queral, Fernando de Marta, Carmen de la Lastra, Eugenio López Berrón María Jesús de Frutos, Cuchi de Osma, Rosa Gallego, Amparo Ayllón, Isabel Torrecañeque, Gloria Vázquez, Rosa María Manzanares, María Robles…

 Julio Mendoza y Julia Sáez-Angulo


         Entre los poemas leídos:

EL LIBRO

Solitario y silencioso,
el libro reposa en el anaquel.
Frente a él,
un joven ante el ordenador.

Melancólico,
el libro pensó en sus antepasados:
las plaquetas de arcilla en Persia,
los papiros de Egipto,
los rollos de Israel,
los pergaminos del medioevo
                                    en Europa,
las pizarras visigodas de Toledo,
los incunables… ¡Maguncia!,
                                    cuna de la imprenta.
El joven sigue
fijos los ojos en pantalla.
El libro, nostágico,
                     comprendió:
¡Han enterrado a Gutenberg!


        

        


         

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