viernes, 24 de febrero de 2017

Ramón L. Fernández presenta su novela “Natural de Laredo” sobre la vida de un indiano en Cuba






L.M.A.

            Madrid, 25.02.17 .- El escritor Ramón L. Fernández y Suarez ha presentado su novela Natural de Laredo en el Hotel Los Lanceros de El Escorial. El pianista Cecilio Tieles Ferrer cerró el acto interpretando las Contradanzas de Manuel Saudel.

             Las palabras de presentación corrieron a cargo de Luis Compés Rebato, presidente de la Asociación de Escritores de Madrid, Carmen Silva, directora de la revista Troquel (su texto fue leído por Gloria Bermejo) y Julia Sáez-Angulo, cuya comunicación fue la siguiente:

            “Todo escritor tiene su mundo particular e insustituible a la hora de escribir y de leer, por eso, todo escritor es diferente, imprescindible y así lo hacía notar el premio Nobel colombiano Gabriel García Márquez. Esta afirmación de que cada escritor tiene su mundo anima a escribir. “Escriba y escriba bien: su visión del mundo será seguramente muy distinta de la mía y eso es lo que usted debe aportar”, decía el Nobel a un joven escritor. Tener un mundo que contar y hacerlo en buena escritura, para mejor literatura, es la aspiración de los que escribimos.

            ¿Cuál es el mundo del escritor Ramón Fernández y Suarez?

            Ramón Fernández tiene vocación de historiador y de narrador al mismo tiempo y más concretamente de los episodios que atañen a su país de nacimiento y origen, es decir a Cuba, La Habana y también España, como lugar de relación con América y de su residencia actual desde hace 50 años. Por eso los libros de Ramón Fernández suelen abordan estas dos naciones de América y Europa respectivamente. Repito: Cuba y España.

            Ciertamente la novela Natural de Laredo trata este mundo relacionado de Cuba/España, de un encuentro vivencial entre españoles y cubanos, que son a su vez de sangre española en todo o en parte. En este caso es la trayectoria vital de un indiano, es decir, de un personaje español que viaja al otro lado del Atlántico para hacer fortuna, para hacer las Américas se decía, un viaje en busca de subsistencia en principio, huyendo de un porvenir romo y alicorto en la depauperada península ibérica de finales del XIX y principios del XX, tan destrozada por ls guerras carlistas, que eran guerras civiles. los que emigraban siempre lo hacían con la esperanza de labrarse un buen porvenir en el mejor de los casos.

            Es curioso y singular el mundo de los indianos. Muy literario y vivero de muchas sagas y narraciones que bien merecen contarse y que además de la novela del autor que nos ocupa, merece la pena seguir insistiendo en ese campo. Ramón Fernández se ha documentado bien para contarlo; lo hace siempre, su faceta de historiador, de indagador de datos y fechas para no caer en anacronismos ni ucronías, le honra.

            Les recordaré algunos datos sobre el mundo de los indianos, que en sentido amplio se remontan al Siglo de Oro  - o Siglos de Oro como dice la historiadora Geneviève Barbe-Coquelin de Lisle, ya que fueron XVI y XVII- pues la palabra indiano la mencionan ya Lope de Vega o Calderón, pero son sobre todo los indianos del XIX y principios del XX los que han dado más contenido histórico y literario al personaje del indiano, que cuenta con un monumento ante la bahía de Santander y un museo que se denomina más bien Fundación Archivo de Indianos en Colombres (Asturias). Esta Fundación está situada en una hermosa casona, donde debe estar, por derecho propio, este libro titulado Natural de Laredo.

            La ruta de los indianos, por las casonas que adquirieron o construyeron de nueva planta, es digna de visitarse por toda la cornisa cantábrica. Generalmente estas residencias cuentan con buenos jardines y una palmera a la entrada, que recuerda el viaje y la estancia en América del indiano que fuera su propietario.

            Muchos de los indianos triunfadores fueron después generosos con las localidades de regreso y llevaron a cabo obras de traída o llevadas de aguas o de instalación de la electricidad; algunos construyeron escuelas o asilos de ancianos, lavaderos… en definitiva, fueron filántropos.

            Pero como diría Francisco Umbral en TV: “hemos venido aquí para hablar de mi libro”, es decir del libro de Ramón Fernández Natural de Laredo, una novela que responde a esa buena definición de Balzac sobre la novela y que dice: “La novela es la verdad íntima de las naciones”, una definición ambiciosa y que en el caso del libro que nos ocupa responde al reflejo de esa realidad económico-social de España y de Cuba al filo los dos siglos últimos, es decir, la de los emigrantes españoles en busca de trabajo con el secreto deseo de salir de la pobreza más que la miseria y por qué no, de alcanzar la riqueza y regresar a España como triunfadores y filántropos.

            Lo cierto es que presentar un libro, cuando se ha escrito el prólogo para el mismo, viene a ser una redundancia, porque lo que dije en el prólogo sirve perfectamente para la presentación y yo he presenciado a presentadores que lo ha releído en la misma y se han quedado tan anchos. Digo esto porque en el prólogo se plantea el interesante tema y debate de lo que es o no es novela histórica, algo sobre lo que el autor y yo hemos dialogado en varias ocasiones. Él se lo plantea como un reto y abre sus palabras previas con una cita de Lindsey Davis: “El desafío de la novela histórica es tomar aquello que sabemos, para contar una historia con un fondo interesante”.

            Por mi parte, subrayo en el prólogo la idea de Unamuno de que la buena novela histórica describe la intrahistoria de un pueblo, algo que la Historia oficial con mayúscula no puede hacer, porque se limita a las grandes decisiones del poder, a las cifras de la macroeconomía y a las estadísticas generales de población, de vidas o de muertes. Hablan los protagonistas, los criados, los empleados en la zafra, los comerciantes de La Habana… Ramón Fernández crea un mundo rico en una novela corta de un centenar de páginas. La atención no decae.

            Recordemos de nuevo la definición de Balzac: “La novela es la verdad íntima de las naciones”. Ejemplos de esta novela por antonomasia es Guerra y paz” de León Tolstoi, en la que se sigue al mismo tiempo y con igual tratamiento la atmósfera de la corte de los zares en San Petersburgo y Moscú, por un lado, el mundo de los comerciantes, artistas, estudiantes, siervos y campesinos, por otro o el frente de oficiales y soldados rusos contra la invasión napoleónica en su parte bélica. Una novela coral, global.

            La novela Natural de Laredo narra con sensibilidad y acierto el viaje, la trayectoria y peripecia de un personaje protagonista santanderino o cántabro de Cabezón, don Antonio Solana de la Torre, un hombre común o corriente, que como tal va a sufrir penurias y dificultades para salir adelante. Siempre “la lucha por la vida”. Un hombre que consiguió el apellido con partícula “de la Solana” para añadir lustre al linaje. Todavía coleaba aquella necesidad de pertenecer a un buen linaje, pese a que Cervantes ya hubiera escrito su célebre “Retablo de las maravillas”. Don Antonio, el protagonista que compró la finca de Las Caldas, de “regulares proporciones”, según dice el autor.

            Se citan algunas fechas, no muchas, para no fatigar al lector, solo para centrarlo en el periodo en el que se desarrolla el argumento situado en enclaves diferentes del océano Atlántico. Se alude a la monarquía de Amadeo de Saboya y a la I República (1873), de restauración y la Reina Regente, del desastre del 98 y la voladura del Maine.

            Se citan viejas costumbres como el “matrimonio por poderes”, que se celebraba con una mujer de la península que viajaba después a América… No quiero desvelar capítulos de la novela, para que ustedes los disfruten de la lectura, son cortos y, en ellos, como si fueran cuadros o viñetas, el autor nos va introduciendo en la trama, por lo que su lectura se hace fácil.

            En la novela se habla de la situación del comercio con Europa, de la esclavitud y las consecuencias de su abolición, de las clases sociales, prácticamente castas impermeables, las unas para las otras, las consecuencias adyacentes, la situación de negros y mulatos, las creencias sincréticas “que Dios y los orishas te acompañen”… (los orishans son diosecillos africanos que llevaron los negros. No sé si conocen los célebres cuadros de los Enconchados que hay en el Museo de América), los devaneos políticos de la metrópoli, España, y, en concreto, del Gobierno en Madrid… Todo un friso histórico que envuelve a los protagonistas y personajes contiguos.

            Ramón Fernández sabe utilizar el vocabulario adecuado del momento, con americanismos oportunos, máxime cuando están referidos a un ambiente rural de la Cuba del siglo XIX. Americanismos que apreciamos y traducimos al español peninsular de entonces y de hoy por su proximidad o sonoridad, como “puros vueltabajeros”. El lenguaje de la novela Natural de Laredo diferencia los peninsulares de los isleños –todos españoles en aquel momento. La lengua, el lenguaje nos define a todos en la procedencia.

            Novela de sentimientos, con parejas y situaciones amorosas por medio, entre pinceladas de una sociedad y una economía que envuelve y perfila las situaciones. Interesantes también los avatares laborales de los empleados de la finca de Las Caldas, nos ilustran sobre los movimientos sociales. Don Antonio de la Solana y Mercedes son la pareja principal, ambos representan a España y a Cuba respectivamente, a esas dos orillas del océano.

            Natural de Laredo nos ofrece una historia de personajes de ficción, en medio de una realidad histórica situada en la segunda mitad del XIX y llega hasta la fecha de 1914, la de la primera Guerra Mundial, como cuenta el narrador omnisciente de la novela.

            Y recordemos otra definición: “novela es la mentira que dice la verdad”, la fabulación que ilustra sobre la vida de los hombres".



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