lunes, 6 de noviembre de 2017

Jerusalén, Una ciudad para el culto cristiano copto armenio, melquita, ortodoxo o católico




 Cúpula y Santo Sepulcro



Julia Sáez-Angulo

            06/11/17 .- JERUSALÉN.- Jerusalén es la ciudad con más variedad de cultos cristianos en sus basílicas, monasterios, conventos, abadías e iglesias. Coptos,  armenios, melquitas, ortodoxos, siriacos, arameos, greco-latinos, protestantes o católicos despliegan su singular liturgia para alabar y adorar al Dios uno y trino, en medio de unas ceremonias en las que los ornamentos sagrados de sus sacerdotes, amén de los tocados, cruces, lámparas e incensarios, constituye una riqueza ritual y estética, que se pierde en una tradición que llega hasta el primer siglo del cristianismo.

            Los peregrinos pueden disfrutar de esa riqueza y espectáculo litúrgico en una situación de práctica simultaneidad, pues pasada la primera sensación de perplejidad, resitúa a los peregrinos en el lugar sagradoen que se encuentran: Jerusalén, la ciudad santa, no solo para los cristianos, sino para judíos y musulmanes.

            La presencia de las banderas en los tejados o símbolos cristianos ayuda a identificar la custodia respectiva de los lugares. Además de la bandera de Israel con la estrella de David, que lleva seis puntas en los edificios oficiales, ondean la amarilla y blanca del Vaticano, con la tiara y las llaves del Papa en el escudo, o la griega de rayas azules y blancas que señala los lugares santos de la iglesia nacional griega ortodoxa. 

               Las bóvedas doradas y acebolladas de la siglesias rusas también se hacen notorias desde lejos en el perfil de Jerusalén. Dinamarca y Suecia cuentan con iglesias de culto protestante, no lejos de la sede de los caballeros de la hospitalaria Cruz de Malta. Pese al mandato británico de primeros del XX, no se perciben iglesias anglicanas.

            La cruz de Jerusalén, con cinco cruces que simbolizan las cinco llagas de Cristo, se contempla habitualmente en los santos lugares de custodia de rito romano y latino, mientras que la cruz con el anagrama de la Teotocos en rojo, señala los lugares ortodoxos.

            Oír una misa a las cinco de la madrugada en el Santo Sepulcro, cuya custodia corresponde a esa hora a los franciscanos, es una experiencia singular, por cuanto junto al latín y la música de órgano, se escucha al mismo tiempo el canto llano, melopea particular de los coptos, que se desgañitan en una alternancia de dúo de voces. Cantar es rezar dos veces, dice san Agustín. 

Los franciscanos cuentan con una amplia capilla dentro de la citada basílica, en la que se celebran misas de rito romano para los distintos grupos de peregrinos; la reserva del Santísimo Sacramento es otra de las particularidades de esta capilla de los franciscanos que este año celebran el 800 aniversario de su presencia en Tierra Santa.

            Durante el fin de semana es tal la afluencia de peregrinos, que la basílica del Santo Sepulcro queda abierta toda la noche para poder  aliviar las enormes filas que se forman para venerar ese sepulcro en el que reposó el cuerpo de Cristo antes de su ascensión a los cielos.

            La Vía Dolorosa está siempre recorrida por grupos de peregrinos que van rezando el Vía Crucis por las distintas estaciones sagradas marcadas a lo largo de la misma. El recorrido termina junto al Santo Sepulcro, que venera los lugares del Gólgota, embalsamamiento, entierro y resurrección de Jesucristo.

            Recientemente se descubrió una tumba que decía “Jesús hijo de José”, pero tanto uno como otro nombre son tan comunes y repetidos en las necrópolis de Jerusalén, que no tienen valor reverencial alguno, respeto al lugar del Santo Sepulcro venerado desde tiempo inmemorial por los cristianos.

            Pablo VI, Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco han sido los últimos pontífices que han visitado Jerusalén y Tierra Santa y besado el Santo Sepulcro custodiado por los relieves de dos serafines de seis alas –los más altos en la corte celestial de ángeles.

Sto. Sepulcro

Armenios, recinto amurallado
dentro de la muralla jerosolimitana

            Los armenios cuentan con uno de los cuatro barrios de Jerusalén, el más pequeño –el más grande es el árabe- que viene a ser un recinto amurallado en torno a un gran convento de monjes armenios, a su vez dentro del gran casco histórico amurallado de Jerusalén, un caso histórico que apenas si ocupa un kilómetro cuadrado. El barrio armenio cuenta con un gran seminario y un parque ajardinado nada desdeñable. Los santos lugares que custodian los armenios se identifican por su particular cruz, ensanchada en las puntas.

            El mandato británico confirió un estatuto especial a la ciudad de Jerusalén, para que se respetara en ella la presencia religiosa inmemorial de los frailes, curas, popes, o patriarcas cristianos que, desde muchos siglos llevan custodiando el legado de los santos lugares referidos a la vida de Cristo. No siempre se encuentran con facilidades de las autoridades civiles israelíes a la hora trabajar, desenvolverse o tratar de adquirir más espacio para mejor recibir a los numerosos peregrinos, pese a que estos constituyen la gran fuente de riqueza y de puestos de trabajo para el país.

            El celoso estado de Israel pretende judaizar de facto el país y sus actuaciones son con frecuencia manifiestamente mejorables. El caso más flagrante es el del Cenáculo de Cristo –donde tuvo lugar la última Cena y la aparición de Pentecostés- expropiado de pronto a los franciscanos, pese a que llevan custodiándolo durante siglos. Se alega que ahí está la tumba del rey David –cosa harto discutible desde el punto de vista arqueológico- y el asunto está en los tribunales a la espera de una decisión judicial.

            Así se comprende que los musulmanes impidan las excavaciones arqueológicas en sus santos lugares. Todo es cuestión de resistencia y buen saber hacer para una convivencia respetuosa y adecuada.



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