martes, 9 de enero de 2018

"Diccionario ilustrado de la joyería”, de la profesora María Teresa Jiménez Priego, editado en tres volúmenes

La Asociación Cultural y Científica Iberoamericana (ACCI), en colaboración con la Academia, presenta el “Diccionario ilustrado de la joyería”, de la profesora María Teresa Jiménez Priego, editado en tres volúmenes.


 L.M.A.



09.01.18 .- MADRID .- En las páginas de un diccionario –existen personas como Borges o Barthes que no podían vivir sin ellos– el usuario encuentra de manera ordenada alfabéticamente todo lo relativo a la realidad y a la fantasía poética, a las ciencias y a las artes. “Máquinas para soñar”, son a la vez jardines de delicias cerebrales, campos de referencias culturales y mentales. Los léxicos, vocabularios y glosarios, desde la Antigüedad hasta nuestros días, han sido instrumentos del saber y del goce intelectual. Los “Thesaurus” o Libros de Tesoros, los “Speculum” o Espejos de la Imago Mundi, las “Etimologías” y Libros de Ejemplos, al igual que los llamados “Collares” de los árabes son un resumen, un compendio y una summa del saber humano puesto al alcance del lector en una biblioteca o en el cuarto de su casa.

Antonio Bonet Correa

Picasso decía que la inspiración te debe encontrar siempre trabajando. Y así fue.


Investigando en el archivo del monasterio de Guadalupe, en Cáceres, sobre Manuel de Larra y Churriguera, arquitecto, hallé −la inspiración me atrajo− un Códice de dibujos de Joyas, del siglo XVIII, que custodia el monasterio y que, tras largas investigaciones, afirmamos que su autor fue fray Cosme de Barcelona, monje jerónimo catalán, bordador y con conocimiento del dibujo. Establecemos los paralelos con el Libro de Pasanties, de Barcelona y damos las mayores excelencias del extremeño.



En rigor, el Códice es un inventario ilustrado de las joyas que fueron regaladas a la Virgen de Guadalupe por devotos populares, aristócratas y reyes. Esto permite hacer un estudio del ámbito de difusión y devoción de esta imagen medieval. Las piezas, reproducidas a tamaño y coloreadas según sus materiales, ofrecen una gran variedad y belleza, pudiendo ser modelo en su género.



Sin llegar a la riqueza del Códice de los Duques de Baviera, de Mielich, del siglo XVI, en Múnich, con la reproducción en colores de las joyas de Ana, esposa de Alberto V de Baviera, puede compararse con él en variedad, pero sin su alarde.



En la descripción de dichas joyas se usaban términos cuyo significado se desconocía y no me era posible hallar. Ello me indujo y determinó a iniciar la ingente y bella tarea de crear un Diccionario de joyería: meterme en el corazón y en lo profundo de cada civilización, de cada pueblo, sus expresiones, su gracejo, su sabor…



Exigió interminables consultas, estudios, viajes y visitas, incontables esfuerzos y, a cambio, produjo satisfacciones inenarrables que hacen confesar que merecía la pena.



Mª Teresa Jiménez Priego




El Diccionario ilustrado de la joyería, con sus 4314 términos y sus fotografías, croquis y diseños, es un libro en el que se ordenan alfabéticamente las palabras de esta disciplina, definiendo cada una de ellas o dando su equivalencia en otras lenguas. Este Diccionario es un libro sobre la joyería y su entorno, que contiene los nombres de multitud de artífices joyeros de diversos periodos históricos, las joyas de los distintos territorios geográficos, los tesoros históricos, las joyas de artistas universales, abarcando la totalidad de la historia de las joyas, desde la Prehistoria a nuestros días.



No se trata de una guía de gemología o cristalografía, pero contiene los nombres de las piedras preciosas y sus tallas, e información sobre las piedras preciosas históricas. Tampoco es un manual para enseñar a hacer joyería, pero contiene la definición de sus técnicas y herramientas, o los oficios vinculados a la disciplina: sacador de fuego, diseñador de joyas, modelista, fundidor, engastador, cincelador, pulidor, esmaltador, lapidario, gemólogo…



Esta obra es el fruto de una inmensa y profunda investigación, que ha llevado a su autora a recorrer los museos y bibliotecas europeas, desde París a Moscú, al tiempo que creaba, posiblemente, una de las bibliotecas especializadas en joyería más importantes del continente europeo.



Es interesante subrayar que urgía un diccionario que, con brevedad y concisión, definiera los términos, dignificando la disciplina de la joyería, facilitando el conocimiento del sector, incluso con una visión historicista, ofreciendo una magnífica herramienta, tanto para estudiosos e investigadores como para curiosos lectores y amantes de las piezas manufacturadas por los orfebres, facilitando la democratización del lenguaje propio del arte de la joyería en términos de corrección y propiedad.



Francisco Lara Mora

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