domingo, 25 de febrero de 2018

“Juguetes rotos”, a vuelta con la homosexualidad fuera de temporada, en el Teatro Español


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J.S.A.

26/02/18 .- MADRID .-

La obra PRESENTA LOS PROBLEMAS  y sufrimientos varios   de los homosexuales masculinos en época franquista con dos personajes muy  diferentes en cuanto a la familia que nacen y la vida que llevan:

MARIO.  El protagonista. Atrapado en un sexo  con el que desde niño se encuentra descontento. Sufre problemas en su familia -con su propio padre- y con su entorno. Escapa del pueblo y marcha a Barcelona,  buscando ser libre y poder vivir sin que lo zahieran constantemente. Allí  encuentra a Dorin. 

 Mario viste y peina  siempre como un hombre, en Barcelona trabaja en una barbería/peluquería. Solo alguna vez y a escondidas se pone una prenda femenina.  Se enamora y parece que es correspondido, al menos en la obra nada nos indica lo contrario. Su gran deseo es ser mujer. Poderse operar, poco posible dado sus escasos medios. Personaje  bien interpretado por Nacho Guerreros, conocido por el público por su personaje de “Coque” en la serie televisiva “La que se avecina”.

DORÍN.   Su historia es más encanallada. De familia valenciana, no ha tenido graves  problemas en ella: su padre, republicano hasta la médula, decía que prefería tener un hijo así, antes que tener uno cura. En cambio tiene todos los del entorno: mariquita declarado cae  muy joven en una redada y da con sus huesos en la cárcel de Valencia, donde sufre abusos y violaciones sin cuento.

 Al salir huye a Paris y logra trabajar en el mundo del espectáculo y después en Barcelona como vedette. Vende su cuerpo. La conocemos vestida de mujer, mejor dicho de travesti: excesiva y provocativa. En Barcelona encuentra a Mario recién llegado a la ciudad,  al que ayuda. La mistad  verdadera surge. Personaje interpetado por Kike Guazan.

MI IMPRESIÓN

La obra recrea tiempos ya pasados, por fortuna. El mundo gay actual es exactamente lo contrario de lo que la obra muestra. En ese sentido es anacrónica y aporta poco al mundo actual.
Excelente actuación de ambos intérpretes.  Muy de destacar la de Kike Guaza.

Kike Guaza, polivalente, interpreta muy bien varios personajes a lo largo de la obra. Fundamentalmente el de Dorin. Muy creíble en Dorín…salvo cuando sale de vestido, mejor dicho desvestido de  vedette bajando las escaleras con ridícula peluca de cortas plumas blancas de ¿gallina? ¿de paloma?

 Su cuerpo masculino y delgadísimo, por muy depilado que está, no trasmite sensación femenina alguna. Lógicamente, el sujetador no tiene nada que sujetar.  Cualquiera que haya visto espectáculos similares de travestis  en Madrid o Barcelona  a  finales de los setenta/ochenta sólo puede sonreír con la comparación.

Sobran los desnudos con exhibición total de genitales, especialmente en la triste y dramática muerte de Dorín. Nada aporta.

 La tranformación  en la última escena de Mario en Dorin, vestido con su excesivo vestido rojo y sus taconazos del mismo color, volviendo a su pueblo con la maleta de la mano, ¿a qué viene?. Mario no es Dorín, no puede serlo, sus vivencias son distintas y su manera de llevar la homosexualidad también. Todos los homosexuales no son iguales. En mi opinión esa escena hace flaco favor al mundo homosexual.

La escenografía. Ya nos habíamos enterado que en la casa de Mario había un palomar, que identifica la libertad con las palomas, que en la escena  final, trasvestido  de Dorin, abre la jaulas de las palomas…pero  ¿era necesario llenar todo el escenario de jaulas durante toda la representación? ¿y llenar el suelo de plumas de palomas?

La obra es de Carolina Román. El título de la obra trae a la memoria el de la película sobre el boxeador Urtaín. 



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