sábado, 18 de agosto de 2018

Ángela Truyols, historiadora, condesa de Palffy y mallorquina hasta las cejas, también española


Can Caldès

 Ángela Garcías Truyols, condesa Palffy von Erdod



Julia Sáez-Angulo

            19/08/18 .- MADRID .- Como el marqués del Viso que se hizo un palacio en El Viso, porque pudo y porque quiso, la historiadora se compró un palacio destartalado en Palma de Mallorca, que poco ha poco ha ido restaurando con fidelidad histórica y sigue haciéndolo, porque la pasión por un habitat puede ser tan grande o más que el amor. Claro que ella no lo llama palacio, porque en Mallorca no se llaman así las casas señoriales, sino Casal, cal, can, o ca. Lo de palacio queda para los pretenciosos de Madrid o de la meseta en general, que tenemos ínfulas castellanas de castillos y palacios. Los mallorquines llegaron con el rey Jaime I de Aragón y nosotros, los castellanos, nos ajustamos a los Borbones, más recientes, si bien, los condes de Palffy saludan con afecto al rey Felipe VI y su familia cuando llegan a la isla.

            El “palacio” de Ángela Garcías i Truyols (Mallorca, 1966), condesa de Palffy, se llama Can Caldés, es del siglo XIV con intervenciones posteriores del Renacimiento –época en que se dató por vez primera-, el Barroco, el eclecticismo del XIX y el modernismo del XX. Tiene escalinata, un buen patio ajardinado, arcadas, vestigios arquitectónicos de distintos estilos, que se fraguan con la argamasa del paso del tiempo. Can Caldès situada en el barrio gótico de la ciudad, que fue esplendoroso de riqueza y palacios en su tiempo, no está lejos de la hermosa catedral de Palma. La compró hace 20 años en el estado ruinoso para ser más exactos, en que la dejaron los antiguos propietarios y la incuria del tiempo. Hoy emerge con la dignidad que merece, con la ornamentación adecuada, sin caer en el odioso síntoma de la casa Marie Claire.

            Indagaciones históricas llevan Can Caldés a los Mir de Taulons, a Jafuda Cresques, primer cartógrafo mallorquín –Joan Oliver, experto en Colón, lo visitó-, y a Pere de Caldès, protegido del rey Jaime, que dio nombre a la illeta, a la casa.

            Can Caldès ha devorado caudales de la dueña, pero le ha valido la pena, porque se han encontrado arcos y muros del primer gótico civil mallorquín. En Can Caldès se han hecho desfiles de moda del diseñador Carlos Arturo y en la casa, se hacen algunas tertulias de altura con la historia, la literatura y el arte como tema.

            Ángela G. Truyols, con belleza morena en la línea de los cuadros de Julio Romero de Torres, está casada en segundas nupcias con Andor Pálffy von Erdöd, conde Pàlffy.  Lo hizo con traje nupcial mallorquín tradicional, modelo tomado de un antiguo cuadro de familia de Ángela. Cuando nos invitó a tomar el té con distintos pasteles y tartas mallorquinas –no faltaba la ensaimada- en su comedor de rancio abolengo, fue el conde Ándor Pàlffy –título del Imperio Austro-Húngaro, oriundo de Hungría y hoy residente en Austria-, quien tuvo la gentileza de preparar el té y servirnos a las damas aquella tarde, que libraba el servicio. Chapeau!

            Fue una tarde inolvidable en el salón de Can Caldès, mirando sus cuadros, una colección ecléctica de pintura antigua y actual; un debate sobre el trasunto pictórico de un cuadro antiguo religioso, que espera una buena restauración como la casa. Finalmente vino las fotografías en la estancia privada de Ándor Palffy, donde se guarda una foto de su padre el conde Paul Palffy von Erdöd (1890 – 1968). ¡Que hombre tan atractivo, elegante y señorial. Se casó en segundas nupcias con la escritora francesa Louise de Vilmorin, que en 1933 había tenido una liaison con el que fuera escritor y ministro francés André Malraux y con el que acabaría sus días (Fina de Calderón, amiga íntima de Malraux, me habló en su día de ella). Louise de Vilmorin dedicó al conde Paul Palffy, gran cazador, un precioso libro de poemas escrito a mano, que su hijo Ándor conserva en Can Caldès.

            ¡Ay!, como nos gustan a las señoras los hombres guapos. ¿Quién inventó el dicterio de que el hombre y el oso cuando más feo más hermoso? Nada más incierto …a menos que le ornen otros atributos.

            Volvamos a Ángela G. Truyols, porque yo, en cuanto veo un hombre guapo, aunque sea en foto, me distraigo. La condesa de Palffy, como el marqués de El Viso, se compró un palacio en Palma, porque pudo y porque quiso.

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