martes, 28 de agosto de 2018

RETRATOS: José Luis Monaj, dibujante, coleccionista y lingüista







Julia Sáez-Angulo

            29/08/18 .- MADRID .- Es un hombre discreto y caballeroso que dibuja muy bien con un lenguaje singular, con una dicción propia en el trazo. Sus dibujos taurinos fueron los primeros que se vendieron en el Liceo Molière de Bruselas, cuando expuso con el Grupo pro Arte y Cultura, PAC. En principio lo suyo no son las Bellas Artes, si bien ha pintado y dibujado desde siempre, como muestra con orgullo su autorretrato de 1956. Estudió Derecho y su vida profesional transcurrió como secretario de Ayuntamiento, largamente en Pozuelo (Madrid), un municipio, junto con el de Calvià (Mallorca) con más presupuesto. Ayuntamiento y dibujo como constantes

            Los dibujos de este autor van por series taurinas, mitológicas y caricaturas fundamentalmente. Sobre el mito de “Europa y el toro”, el mito de la doncella raptada por Zeus, ha hecho variaciones interesantes. Son muy interesantes sus dibujos repletos de linea, en un horror vacui sin precedentes. Algunas de sus piezas se encuentran en museos y colecciones.

            José Luis Monaj Abadía (Zaragoza, 1938), que actualmente se ayuda de bastón,  conoce muy bien la Historia del Arte, no en balde sabe dar la replica teórica a su esposa, la a pintora y retratista Nati Cañada, a la que hizo su primer regalo como novia, de un fuste de columna estofada, hoy pedestal de una de las esculturas que colecciona. A este regalo siguieron otros, adquiridos en anticuarios. Al dibujante y a su esposa les gusta coleccionar arte del pasado, como cuna y fuente de inspiración del arte de siempre.

            Hace muchos años faltó de su casa una tabla gótica durante las vacaciones de verano. La policía, que no es tonta, la encontró al cabo de 14 años, cuando el dueño ya se había resignado a perderla. Hoy la casa nunca está sola y cuenta con buenos medios de seguridad y vigilancia.

            Monaj es un hombre que sabe inventariar, conservar y estudiar la gran colección de arte hispanoamericano, especializada en arte sacro culto y popular, que guarda en su casa. Nati Cañada adquiere y restaura las piezas y él prosigue el proceso de fotografía, clasificación y estudio. Más de 500 piezas de Cristo, cruces Vírgenes, Nacimientos y santos con todo el candor hispano del otro lado del océano. San Francisco y San Antonio se llevan la palma en la representación icónica. El Barroco del XVI y XVII domina en las fichas técnicas de estas figuras, algunas con preciosas pátinas doradas de origen y bien restauradas en la sociedad Monaj/Cañada. El Museo de América conocen esta colección.

        José Luis Monaj enjuicia así la pintura de Nati Cañada: “la verdadera enseñanza es el protagonismo que consigue en el manejo de la luz, una luz, que no busca contrastes, que no esculpe las formas sino que las transfigura, que trasciende lo que toca en espíritu”. Sería, por tanto, esa energía luminosa el elemento central de una pintura que está viva y que evoluciona en cada una de sus recreaciones.

            Pero José Luis Monaj no se quedó solo en el arte. Le interesaba enormemente la lingüística y escribió una tesis doctoral titulada Leer es un placer. Por una escritura al servicio de la lectura. Le preocupa el futuro del libro ante los medios digitales de la imagen. Hablar con él de este tema es apasionante. Le inquieta el mundo de la lectura, la capacidad comprensora, la disminución de lectores. Texto, discurso y comunicación del significante son aspectos de esta tesis, que bien merece hacerse libro.

            “Distingue Roland Barthes entre los libros que enseñan, entretienen, reafirman nuestras convicciones, labran por campos conocidos y próximos y aquellos otros que despiertan, interrogan, inquietan, estimulan al pensamiento ocioso, desvelan nuevas sendas: son como proas de acero que rompen el hielo inerte de lo dado, a la vez que presagian el rumbo venidero. Cada generación tiene un limitado número de este segundo grupo; las hubo afortunadas que tuvieron muchos; las más anduvieron escasas; algunas carecieron de ellos. ¿Y nuestro tiempo?”, se pregunta Monaj en el prólogo de la tesis. Aquí lo dejamos.

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