sábado, 1 de diciembre de 2018

Obituario: BARTOLOMÉ BENNASSAR NOS HA DEJADO PARA SIEMPRE


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Bartolomé Bennassar


Víctor Morales Lezcano
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         02.12.18 .- El inexorable transcurso del tiempo genera, habitualmente, melancolía; sentimiento que se intensifica cuando perdemos a una persona querida o estimada.
La pérdida reciente del profesor, escritor y amigo Bartolomé Bennassar (1929-2018) ha venido a despertar en mí aquel dolorido sentir.

         Desde los años 70 del pasado siglo XX vengo transitando por Francia con cierta regularidad y también por la Casa de Velázquez en Madrid, Ciudad Universitaria. Mi memoria se remonta, al emprender el vuelo hacia entonces, a los hispanistas de pro con los que tuve trato y cuya producción bibliográfica no me fue del todo ajena: Joseph Pérez, Bernard Vincent, Paul-Jacques Guinard, por abundar solamente en tres figuras del hispanismo francés ligadas estrechamente a la Casa de Velázquez.

Mi relación con el profesor Bennassar fue más discontinua que aquella que mantuve con los destacados hispanistas antes aludidos. Ahora que lo hemos perdido, sin embargo, no se puede hacer menos que recordar la personalidad fluida, al tiempo que sencilla, de Bartolomé Bennassar. Pude departir con él ya fuera en algún encuentro ocasional en Toulouse, o ya fuera en Aix-en-Provence, donde tuve el privilegio, tanto como el honor, de residir durante el curso académico de 1998-1999; o bien en la sede de la Casa de Velázquez.

El recuerdo que conservo del distinguido historiador que fue Bennassar caló en mí tras la lectura que dediqué a las peripecias que experimentaron Los cristianos de Alá; es decir, los prisioneros erráticos del orbe cristiano que vagabundearon durante los siglos XV-XVII por las costas continentales de lo que hoy llamamos Magreb, por las islas del Mediterráneo, como Malta, Creta y Corfú, y hasta por territorios donde el dominio otomano fue manifiesto desde el siglo XVI: Siria y Líbano, la Tierra Santa de las tres “castas de creyentes”, y Egipto, encrucijada de coptos, musulmanes y sefardíes.

Léanse bien las aventuras de aquellos cautivos de “infieles” de Alá y se entenderá que el Mediterráneo fue entonces un crisol insólito de aspiraciones y supervivencias, de negocios y pasiones humanos; como si se tratara de un retablo de la época que vivió profundamente Miguel de Cervantes. Creo recordar que redacté un par de columnas para el ABC Literario de hace años, debido a la lectura devota que me inspiraron las páginas de aquella monografía de Bartolomé (y Lucile) Bennasar que llevaba por título Los cristianos de Alá: la fascinante aventura de los renegados (Madrid: Nerea, 1989).

Estas líneas solo pretenden recordar la huella de una lectura, el aprendizaje de mi curiosidad, ya despierta entonces, por el Mediterráneo de antaño.

Solo por el regalo que me ofrecieron Bartolomé Bennassar y Lucile (su esposa), que colaboró con él en la obra de Los cristianos de Alá, permaneceré endeudado con la maestría historiográfica de quien ahora lamentamos su ausencia definitiva. Y, endeudado también, con su fluido y sencillo talante.
Gracias, profesor.
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