lunes, 6 de mayo de 2019

Antonio López de Zuazo, autor de “Ciento y pico libros sobre ajedrez” Biblioteca ajedrecista


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Antonio López de Zuazo



Antonio López de Zuazo 



Julia Sáez-Angulo

            6/5/19 .- Madrid .- El profesor, periodista y ajedrecista Antonio López de Zuazo es el autor de Ciento y pico libros sobre ajedrez” Biblioteca ajedrecista. El libro va dedicado “a la memoria de Ramón Rey Ardid (1903 – 1988), campeón de España y de Aragón, autor del libro Los principios de ajedrez que me enseñó a jugar, con quien logré unas tablas y a quien entrevisté en el teletexto de TVE en 1987”.
            Antonio López de Zuazo Algar (Zaragoza, 1946) residente en Madrid y veranea en Garrucha (Almería), organiza todos los años, en este pueblo costero un torneo, gran evento ajedrecístico, principalmente con niños y padres, de gran éxito y reconocimiento. Este libro de libros va a ser recibido con alborozo. Su biblioteca ajedrecista se encuentra en su casa de El Toboso (Ciudad Real), donde pasa los fines de semana y tiene un museo monográfico su esposa, la pintora María Pilar Venegas. El autor ha escrito varios Diccionarios de periodistas.
            El libro Ciento y pico libros sobre ajedrez” Biblioteca ajedrecista. lleva un prólogo de la escritora Julia Sáez-Angulo y de la ajedrecista, Doctora en Medicina Cristina Lisbona, así como un epílogo de Isabel Torremocha Cagigal, profesora de Lengua Castellana y ajedrecista. El prólogo de las primeras dice así:

            “En el ajedrez, deporte fuerte como la vida, donde hay que tomar decisiones y con ellas se gana o se pierde. Las reglas, la estrategia y las tácticas son claves de combinación y armonía, de audacias y celadas, de maniobras y sutileza, de retos y peleas, de presión y aguante, de victoria o derrota, incluso de tablas o empate. Con 16 piezas cada uno de los dos jugadores, blancas, negras, alfiles, peones, rey, reina... todas ellas sobre 64 escaques de un tablero, hasta llegar al inevitable fin del jaque mate o tablas. Del tablero a la vida, con jugadas previsibles o imprevisibles de una partida. Un juego que roza el infinito.

            El ajedrez requiere una tarea de concentración y reflexión antes de actuar, algo que subraya la necesidad de la inteligencia humana para llevarla a cabo. El ajedrez es una disciplina mental de la que se deriva dominio y experiencia, ejercicio y autodisciplina en el pensamiento. España tiene una fuerte tradición ajedrecista que conviene conocer y divulgar.

            La bibliografía es un género dentro de la escritura y un arte, que Antonio López de Zuazo, profesor de Comunicación en la Universidad Complutense, domina porque ya ha trabajado en este campo. Su conocimiento bibliográfico, a la hora de investigar y recopilar, se pone de manifiesto en este volumen de Ciento y pico libros sobre ajedrez. Libros en distintas lenguas y de diversas procedencias, de los que él ha hecho una sabia indagación y expurgo.

            Poseído por el entusiasmo, el profesor López de Zuazo ha creado una escuela de difusión y enseñanza del ajedrez entre pequeños y mayores en la localidad almeriense de Garrucha, lugar de sus vacaciones veraniegas, donde los encuentros y concursos estimulan el conocimiento del ajedrez y la dinamización mental de sus practicantes. Como se diría en la UNESCO, el profesor Zuazo es el animador cultural del espacio y el tiempo en las coordenadas que lo enmarcan.

            Leontxo García, veterano divulgador del ajedrez, afirma que “el ajedrez aporta innumerables habilidades cognitivas a los niños, como el pensamiento autocrítico, el control del primer impulso, la empatía y el pensamiento flexible, entre otras”. No hace falta ser niño prodigio para acercarse al ajedrez –algunos creen que es un deporte o un juego solo para los muy inteligentes-. En el conocimiento siempre hay grados y, por tanto, igualmente en el ajedrez. Acercarse a él es comenzar una carrera que puede llegar muy lejos, pero el ritmo será pautado, según el que le imprima cada ajedrecista.

            El autor de Ciento y pico libros sobre ajedrez no ha querido incluir bibliografía de poesía o narrativa sobre el tema, para no dispersar el concepto del libro y poder centrarse en los ejemplares claves de referencia, pero el campo literario es otra mina en la que el ajedrez también se ha aposentado con arte, baste citar algunos títulos como El jugador de ajedrez de Mäezel (1836), una de las mejores historias extraordinarias de Edgard Allan Poe; Una partida de ajedrez (1941), de Stephan Zweig; La partida de ajedrez. Poema en un acto (1915), de Francisco Villaespesa; La novela de don Sandalio, jugador de ajedrez (1933) de Miguel de Unamuno;  La tabla de Flandes (1990), de Arturo Pérez Reverte, o El ajedrez de la vida: Una reflexión sobre la idea de progreso en la evolución (2010) de Jordi Agustí. La lista de títulos literarios podría ser abundante, si no interminable.

            El autor ha querido prescindir también de las citas sobre el ajedrez. Y con su permiso, me voy a permitir algunas de las más célebres en este prólogo. José Raúl Capablanca, jugador cubano de ajedrez, campeón mundial de 1921 a 1927, dejó numerosas afirmaciones con agudeza y gracejo, entre ellas: El buen jugador siempre tiene suerte o De pocas partidas he aprendido tanto como de mis derrotas. El escritor argentino Jorge Luis Borges declaró en una entrevista en 1981: El ajedrez es uno de los medios que tenemos para salvar la cultura, como el latín, el estudio de las humanidades, la lectura de los clásicos, las leyes de la versificación, la ética. El ajedrez es hoy reemplazado por el fútbol, el boxeo o el tenis, que son juegos insensatos, no de intelectuales.

            Aristóteles, Shakespeare, Cervantes... dejaron hermosas citas sobre el ajedrez. Nombraremos a dos autores españoles más recientes: Jacinto Benavente quien dijo que el ajedrez es juego de dioses: manejar a nuestro antojo un mundo en pequeño con todas sus figuras, o finalmente, Miguel de Unamuno, que con cierto humor o displicencia afirmó que el ajedrez procura una suerte de inteligencia que sirve únicamente para jugar al ajedrez. En suma, al decir de Savielly Tartakower: En el ajedrez, como en la vida, la mejor jugada es la que se realiza.

            Las tiendas especializadas en ajedrez –como las de té- proliferan en las grandes ciudades. En ellas se juntan libros especializados sobre este deporte, junto a los objetos o adminículos que conlleva. Un disfrute visual y táctil ante los tableros y sus piezas, ante sus infinitos materiales que van desde la madera al mármol y el alabastro, pasando por el metal o el poliéster, amén de los tableros en el suelo, como el del célebre balneario de Archena (Murcia) y tanto otros.

            El ajedrez es deporte, conocimiento, vida y pasión. Seguir los grandes nombres de la Historia del Ajedrez es una aventura asombrosa y otro tanto, de los autores que han escrito sobre él, como nos proporciona este libro del profesor López de Zuazo. Detrás de los grandes nombres de jugadores de ajedrez, vino y vendrá la máquina, el autómata, la robótica, la electrónica, el contrincante mecánico o digital... pero detrás de la inteligencia artificial está siempre la creatividad de la inteligencia humana que la dota de soporte. Que los robots se rebelen o superen a la inteligencia de los hombres y mujeres está por ver”.
 Garrucha (Almería) Torneos de ajedrez


I

En su grave rincón, los jugadores 
rigen las lentas piezas. El tablero 
los demora hasta el alba en su severo 
ámbito en que se odian dos colores. 

Adentro irradian mágicos rigores 
las formas: torre homérica, ligero 
caballo, armada reina, rey postrero, 
oblicuo alfil y peones agresores. 

Cuando los jugadores se hayan ido, 
cuando el tiempo los haya consumido, 
ciertamente no habrá cesado el rito. 

En el Oriente se encendió esta guerra 
cuyo anfiteatro es hoy toda la Tierra. 
Como el otro, este juego es infinito. 

II 

Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada 
reina, torre directa y peón ladino 
sobre lo negro y blanco del camino 
buscan y libran su batalla armada. 

No saben que la mano señalada 
del jugador gobierna su destino, 
no saben que un rigor adamantino 
sujeta su albedrío y su jornada. 

También el jugador es prisionero 
(la sentencia es de Omar) de otro tablero 
de negras noches y de blancos días. 

Dios mueve al jugador, y éste, la pieza. 
¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza 
de polvo y tiempo y sueño y agonía?


Jorge Luis Borges
 Soneto del libro  EL HACEDOR, Buenos Aires, Emecé, 1969



1 comentario:

  1. Una de las mayores fortunas de mi vida ha sido que mi padre ( q.e.p.d ) me enseñara a jugar al ajedrez a los cuatro años. Él llegó a ser campeón senior de Castilla en los tiempos de Pomar, Torán, Medina y otros muchos otros grandes jugadores españoles. Yo mismo he ganado algún campeonato universitario, e incluso en el tiempo que viví en Inglaterra disputé algunos torneos de bastante nivel con no malos resultados. Hoy día sigo practicando, de vez en cuando, aunque no con la asiduidad debida, este maravilloso juego que tanto nos enseña y nos permite mejorar, no solo nuestra capacidad intelectual, sino también algunas virtudes y elementos necesarios para enfrentarnos a la problemática de la existencia. Se aprende en las victorias y en las derrotas, se aprende siempre. Como se dice en esta -- una vez más -- maravillosa entrada de Julia Sáez Angulo, Savielly Tartakower señala que en el ajedrez, como en la vida, la mejor jugada es la que se realiza. Esta es una importante reflexión porque implica muchas cosas, a poco que se piense. No es casual que geniales escritores, como Borges y él mismo Cervantes, fueran grandes aficionados al ajedrez. Y fue un español, Ruy López, hace siglos, uno de los primeros grandes maestros ajedrecistas. El rey Alfonso X el sabio fue otro gran aficionado a este juego que algunos señalan tiene su origen en la antigua India, pero que España difundió en Europa desde la Edad Media. Inolvidable es la partida de ajedrez que Ingmar Bergman nos muestra en el cine entre el Caballero y la Muerte, en la película El Sèptimo Sello, una obra maestra de la cinematografía. Amo el ajedrez, me ha enseñado tantas cosas... Gracias, Julia por traernos aquí al profesor Zuazo. Gracias por, como siempre, incrementar nuestro horizonte cultural y nuestras expectativas personales.

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