martes, 3 de septiembre de 2019

RETRATOS. Mario Villarroel, venezolano: Arte, Derecho, Empresa y customización de motos e instrumentos




 Mario Villarroel Sierraalta, Villasierra

Julia Sáez-Angulo

            4/9/19 .- Madrid .- Pertenece a la insigne saga de la diáspora venezolana en España, llena de empresarios, emprendedores, artistas y restauradores gastronómicos entre otros relevantes. Algo así como la diáspora española en México, después de la guerra civil de 1936. Mario Villarroel es un emprendedor nato y un artista vocacional. Sus esculturas con instrumentos musicales, casi un centenar hasta la fecha, han tenido una excelente acogida y reconocimiento en el mercado artístico internacional, por lo que está muy satisfecho. Reconoce su filiación artística del francés Armand y ha expuesto varias veces en Miami, entre ellas en Art-Bassel América, y ahora, en el próximo mes de octubre va a hacerlo en Art Shanghai. Ha recibido el Diploma de Excelencia del Grupo pro Arte y Cultura, GpAyC, fundado por Mayte Spínola, grupo con el que colabora habitualmente.

            Es un emprendedor nato y la fortuna parece sonreírle en todos sus proyectos. Le viene del buen pedigrí de su padre. Mario Villarroel Sierraalta (Caracas, Venezuela, 1970), casado con la bella caraqueña Michelle Ginter de Villarroel, tiene tres hijos que dejaron ya la adolescencia, a los que sigue muy de cerca sus estudios. Mario se siente orgulloso de su padre, Mario Villarroel Lander, un hombre de origen sencillo que fue capaz de crear un emporio económico en Venezuela que le honra, y cuenta con un despacho de abogados formidable. Su progenitor le regaló en su día un hermoso coche para ir a la Universidad  y a punta de pistola se lo robaron en una hamburguesería caraqueña. Su padre no estuvo dispuesto a comprarle otro, pero sí a darle trabajo en su empresa, con un cinco por ciento de comisión. Mario trabajó duro y no tardó en comprarse otro coche casi tan bueno como el que le había regalado su papá. Son cuatro hermanos.

            Estudió Derecho en Caracas y se especializó en la rama de Penal, en la que Mario trabajó muchos años, porque era un campo que dominaba y le gustaba. Sigue ejerciendo el Derecho en Madrid, pero de manera indirecta. El mundo jurídico no fue óbice para, en 1997, crear una empresa de éxito como Machina Custom Cycles, que combinaba a la perfección arte y  negocio, de ella salían motos singulares, artesanales, artísticas y customizadas, que se disputaban los personajes célebres del mundo de las motos. De la empresa abrió sucursales en Orlando (Florida) y en Madrid.

            La pintura, la escultura, el arte en definitiva, son su vocación profunda, porque al igual que en la customización, lo que Mario Villarroel pretende es la manipulación del color para lograr efectos estéticos deseados. Ha pintado sobre lienzo, tabla y papel, pero ha definido sobre todo su dedicación artística en la escultura pintada de instrumentos musicales variados y singulares que busca y logra en diversas fuentes. Saxos, clarinetes, violas, violines, laúdes... pasan por sus manos y los manipula e ilustra con su creatividad personal. Algunos coleccionistas le son muy fieles en este  campo.
            En 2018 Mario Villarroel expuso en el Instituto Cervantes de Nueva York, junto al escultor Enrique Ochoa. Y este mismo año llevó acabo una importante exposición individual en el madrileño Barrio de las Letras. El artista venezolano ha “customizado” algunas de la Venus que Smylife exhibe en el Museo Thyssen-Bornemisza, a favor de Mensajeros de la Paz del Padre Ángel.

            No descarta volver a Venezuela algún día, pero de momento él, su esposa Michelle y sus tres hijos,  se encuentran muy a gusto en España, donde Mario compagina sin dificultada alguna la empresa, el Derecho y el arte.

Más información
@mvillasierra



 Michelle de Villarroel ante la obra de su esposo

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