jueves, 13 de febrero de 2020

“Galdós. Vive Galdós” La Comunidad de Madrid rinde homenaje a la figura de Galdós en el centenario de su muerte


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L.M.A.

 14.02.2020 .- Madrid

            Hablar de Benito Pérez Galdós es situarnos ante uno de los colosos incuestionables y objetivos de la cultura española, por encima de modas o camarillas. Dado que la regla del posmodernismo consiste en que todo es relativo, sobre todo en materia cultural, parece arriesgado escribir palabras tan categóricas. Pero es que es así: Galdós no sólo es grande; es muy, muy grande. Su producción literaria, para empezar, es prodigiosa, por lo ingente. Escribió novelas, cuentos, teatro, artículos periodísticos, discursos políticos, cartas, críticas musicales... y con una calidad incuestionable.
            Galdós escribe un castellano limpio, fresco, irónico, popular y erudito al mismo tiempo. Inventa personajes formidables y argumentos apasionantes. Las acusaciones sobre su presunta aspereza literaria, que a muchos de nosotros nos enseñaron como dogma cuando estudiábamos en el colegio, son el producto de la envidia (el canario fue un hombre de éxito) o del mero desconocimiento. Nadie que de verdad haya leído a este autor puede cuestionar seriamente su altura como novelista.
            La abundancia de títulos obedece a razones varias. Por supuesto, a la puramente pecuniaria: don Benito andaba siempre necesitado de dinero. Pero también a motivos más complejos: hay en su producción un deseo indisimulado de abarcarlo todo, de reconstruir negro sobre blanco la realidad poliédrica del país en el que vive, con su historia reciente a cuestas. Galdós es de esos autores que no sólo “escribe novelas”, sino que construye un universo propio y en expansión claramente reconocible: los personajes o acontecimientos de unos relatos reaparecen en otros enfatizando esa sensación de unidad que fortalece tanto el clima de realidad que destilan sus textos como, paradójicamente, su poderoso valor mitológico, entendiendo este término en su sentido estricto.
            Así pues, nuestra primera misión consiste en recordar que hay que leerlo porque es entretenido, pero no superficial; porque es divertido, pero también inteligente y no tiene miedo a hurgar en las miserias cotidianas; porque resulta implacable en sus críticas, pero nunca desalmado: despliega sobre sus personajes, incluso sobre los peores de ellos, un afecto y un deseo de comprensión que le emparentan con otros grandes, como Shakespeare o Chéjov.
            Hay que leerlo porque invita a reflexionar sin imponer sermones, porque nos invita a viajar bellamente a través del tiempo y de la Historia; porque escribe sus novelas como un periodista y sus artículos como un novelista; porque después de acabar sus libros, somos un poco mejores.
            Queremos también PROVOCAR LA CURIOSIDAD en torno al autor, incidiendo en aspectos menos conocidos de su vida y de su obra: su afición al dibujo; su gusto por la música; su amor por los animales, en general, y por los perros, en particular; su compromiso político, que le lleva a escribir discursos emocionantes cuyo sentido profundamente cívico resuena todavía en la actualidad.          Es importante recuperar sus grandes títulos, como Fortunata y Jacinta, o Misericordia, pero también descubrir, o redescubrir, otros muchos textos magníficos que por unas razones u otras no han conservado la misma fama. Por eso hemos incluido, como plato fuerte de la programación, una adaptación teatral de la extraordinaria Tetralogía de Torquemada, que reúne todas las virtudes del autor y sin duda resultará una feliz sorpresa para quienes no la conozcan.
            5/ En última instancia, la razón de ser de una celebración como ésta se reduce a contestar una sencilla pregunta: ¿qué nos dice el autor, hoy, en pleno siglo XXI? ¿De verdad merece la pena revisarlo, o, como dicen los anglosajones, revisitarlo? La respuesta, en este caso, es tan contundente como antes: Absolutamente SI. Galdós es un orgullo de la cultura española. También en esto nos ayuda Galdós: al leerlo entendemos de dónde venimos y por qué somos como somos. Y llega uno a esta conclusión: un país que produce autores como éste no puede ser del todo malo. 
Juan Carlos Pérez de la Fuente 
Director artístico del Año Galdós de la Comunidad de Madrid


            6 / FEBRERO 2020 DE LA ACADEMIA AL CAFÉ
            Café Gijón J20 de febrero, 19 h Actores: Imanol Arias y Carmen Conesa Dramaturgia: Lola Blasco Dirección: Juan Carlos Pérez de la Fuente Benito Pérez Galdós fue elegido miembro de la Real Academia Española en 1889, con un más que considerable retraso y cuando ya era un autor de prestigio. Había publicado los veinte títulos que conforman las dos primeras series de Episodios Nacionales, más de una docena de novelas, obras teatrales, cuentos y relatos y multitud de colaboraciones en prensa y revistas literarias. Tendrán que pasar más de ocho años para que el maestro Pérez Galdós leyera su Discurso de ingreso, el 7 de febrero de 1897, con el título de La sociedad presente como materia novelable.
             Tenía cincuenta y cuatro años y su entrada en la docta institución no había estado exenta de dificultades. De la Academia al café es una experiencia singular que consiste en trasladar el Discurso de ingreso de Galdós del ámbito de la Academia al medio natural de dónde extraía la materia prima de sus novelas: las calles, las plazas, los teatros, las tabernas, los paseos o los cafés. La vida misma. Y la pieza oratoria que nació para ser leída por el propio autor, “palabra académica”, ahora será “palabra de actor”. Además, esta experiencia teatral se celebrará en el Café Gijón, emblema del paisaje cultural de Madrid. Tanto, que hubo un tiempo en el que se decía que “era más importante tener una silla en el Gijón, que un sillón en la Real Academia Española”.
            7/ FORTUNATA Y BENITO
Teatros del Canal. Sala Roja 14 y 15 de febrero, 19 h 14 de febrero, en streaming en el Facebook de la Comunidad de Madrid Octubre y noviembre. Real Coliseo de Carlos III de San Lorenzo de El Escorial, Centro Cultural Paco Rabal y otros centros de la región Compañía: La Joven Texto y dirección: Laia Ripoll Siempre imaginamos a Galdós como un vejete con bigote, pero lo cierto es que hubo un tiempo en el que don Benito fue un joven alto, seductor y bien plantado que hacía pajaritas y vivía la bohemia y la noche de Madrid.
            También hubo un tiempo en el que soñó en un tranvía, en el que asistió atónito a una revolución o desolado al asesinato de Prim. Fortunata y Jacinta,  como  Fortunata y Benito,  sucede en Madrid, ciudad desordenada, sucia, repleta de vida, generosa y abierta, siempre fascinante. Partiendo de «la novela en el tranvía» llegaremos a esta Fortunata, pero no sin antes añadir un chorreón de Episodios Nacionales,  algo de Tristana,  una pizca de las  Memorias de un desmemoriado,  unas gotas de  Misericordia,  un aroma de «la desheredada» y una generosa cantidad de música y baile. Fortunata, Benito y Madrid, urbanos donde los haya, novela que se transforma ante nuestros ojos y que da paso a un Madrid moderno, canalla, contemporáneo y vital.


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