domingo, 11 de octubre de 2020

ALGUNAS PUNTUALIZACIONES SOBRE EL GALDÓS DE AYER Y HOY

Pérez Galdós




Víctor Morales Lezcano
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    11.10.2020.- Madrid .-En más de una ocasión, he venido a pensar en lo aleatorio que puede ser y, de hecho, es la fama, el reconocimiento y la valoración de un escritor y su obra.
    Si hoy se citara en una conversación improvisada entre gente culta a escritores como André Gide, André Maurois, Giovanni Papini, Emil Ludwig y W. Somerset Maugham, sería probable que el recuerdo de sus obras y el alcance de sus respectivas trayectorias biográficas no aparecieran sino desdibujados en el armario donde suelen depositarse ciertos semblantes, episodios y lances de muchas de aquellas celebridades literarias de la contemporaneidad; o, al menos, de plumas que gozaron de prestigio en el mundo de los lectores de antaño. Es cierto que el aforismo que proclama, desde la antigüedad, cómo las costumbres y las sensibilidades han ido cambiando con el paso del tiempo predispone a situar históricamente la cuestión que acabo de esbozar. 
    No debería extrañar el hecho de que, en el dominio de los diversos géneros de la escritura, el público, la gente lectora de ayer e, incluso, de hoy haya centrado su atención en obras que se aproximan por su temática a la sensibilidad literaria predominante de cada época; aunque ello no quita para que suceda también el redescubrimiento de figuras de otros tiempos, más o menos alejados.
    Hasta aquí, tengo para mí que es comprensible la depuración automática que se lleva a cabo en el terreno del favor cambiante que obtienen los escritores de tiempos pasados. Es decir, la afinidad del aplauso o la indiferencia manifiesta, del ingrato olvido a la reparación de una escala de aprecio injusta. Injusto sería también no reparar en otro fenómeno que atrae la atención de quien se aplica a ello y que merece ser subrayado, siquiera a título efímero. Consiste este otro factor en  reconocer que un autor famoso, muy leído en su momento, aunque olvidado en amplia medida por ulteriores generaciones de lectores, puede volver a ser revalidado por generaciones que son hijas del tiempo presente; saldando, así, ¿inconscientemente?, una deuda de gratitud cumulativa, llamativa, que el común de los evaluadores, tanto espontáneos como de oficio, no había captado antes de ese momento.
    En no pocas revistas, o en periódicos y publicística, en general ꟷno solo impresos, sino notorios en las redes predominantes, en los días que correnꟷ es fácil detectar la inclinación reparadora del olvido en el que ciertos autores han sucumbido, o, al menos, de su infravaloración, así como la revalidación de sus obras; en tanto en cuanto sus calidades escriturarias de diversa suerte parecen más estimables de lo que lo habían sido antes del tiempo presente. Tal es el caso, en la actualidad, de Benito Pérez Galdós (1843-1920), muy leído en tiempos, infravalorado luego, por tirios dogmáticos un tanto obtusos y por troyanos presuntuosos, hasta la médula, de su superioridad en el oficio. 
    Salta a la vista que el centenario de la muerte del novelista canario ha sido un trampolín idóneo desde el que no pocos aventurados se han arrojado al agua para iniciar el rescate que venía reclamando la obra del autor de los Episodios nacionales; un rescate matizado sobre todo por una ilustre legión de galdosistas que anidan desde hace decenios en múltiples cenáculos del hispanismo internacional. Al suscribir este comentario, escrito a vuelapluma, confieso que la relectura de una parte de la opera omnia de Galdós (no me atrevería a decir que de toda su opera omnia, abundante en claroscuros, como sucede también con la de tantos otros tantos inmortales) está siendo en 2020 un plácido ejercicio de revisión de Galdós, considerado soberano epígono literario de un tal Miguel de Cervantes.
    Poco más, deseaba dejar por escrito en tan corto espacio de tiempo, en este tramo prefinal del centenario de Pérez Galdós, autor que nos ha legado un fecundo acervo literario e histórico a generaciones de lectores, de ayer y de hoy. Un tanto en la línea certera y concisa de la conocida frase de María Zambrano: Galdós, el descubridor del secreto  de la íntima estructura de España.

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