"Soledad". (Foto Alejandro García)
15.11.25
La anciana, de pelo blanco como la escarcha y gafas oscuras que le velan el mundo, descansa en un banco del parque madrileño. Su chaquetón blanco compite con sus canas mientras, detrás de ella, un gran árbol despojado de hojas muestra el otoño inevitable.
Suspira. Piensa. Medita. Por su mente desfilan, silenciosos, los avatares de una vida larga: la lucha diaria por sostener el trabajo y la familia, las contrariedades que nunca faltaron, su achaques latosos, que a veces la doblaron, sin llegar a romperla, y aquel marido sin empleo durante una temporada, que tantas noches le robó el sueño; las dificultades de su hijo con accesos imposibles...
Ella, mujer culta que domina cuatro idiomas, sabe que el mundo es más ancho que los libros. Pero también sabe que la vida —más compleja que cualquier conocimiento académico— la ha llevado, paso a paso, hasta este banco donde el otoño de Madrid le ofrece su más profunda compañía: la soledad, mansa y luminosa.
Carmen Valero Espinosa
14.11.2025
La conocí en Fujitsu España y era la secretaria más reconocida por su eficiencia en el trabajo. Su formación en Francia y Alemania le daban un lugar privilegiado entre sus amigos y compañeros de trabajo. Los japoneses la valoramos mucho y reconocimos desde el principio. Enhorabuena Soledad.
ResponderEliminar