Julia Sáez-Angulo
Al celebrar el centenario de Cayetana Fitz-James Stuart y Silva, XVIII Duquesa de Alba, Grande de España (1926-2014), aristócrata con 40 títulos nobiliarios, una de las nobles y con más títulos del mundo, yo he recordado automáticamente a Jesús Aguirre, su segundo marido. Así le conocí:
Llegaron los periodistas de la Televisión francesa para entrevistar al ministro de Cultura, seguidamente habían quedado con Jesús Aguirre Duque de Alba en el Palacio de Liria, donde se albergaban algunos de los cuadros de Goya que iban a estar presentes en la gran exposición de Pintura Española en el Petit Palais de París, exposición que tendría lugar algunos meses más tarde. Entre las piezas relevantes, obras de, Goya, incluyendo a la XIII Duquesa de Alba, Fra Angelico, Tiziano o Rubens.
Yo trabajaba entonces en el Gabinete de Prensa del Ministerio de Cultura y Juby Bustamante me dijo, que como yo sabía francés, que acompañara a los periodistas, para presentarlos a Jesús Aguirre, Duque de Alba. Era mi trabajo y no podía decir que no, pese a la antipatía visceral que yo profesaba a Jesús Aguirre, no por nada personal, sino por su trayectoria vital y profesional, que se me antojaba de lo más arribista y deleznable.
Jesús Aguirre había sido jesuita, había colgado los hábitos, había propiciado el diálogo iinútil de cristianos y marxista, había sido nombrado académico sin méritos propios aparentes, se había casado con la Duquesa Cayetana Fitz-James Stuart y Silva, XVIII Duquesa de Alba, la más noble del Gotha europeo y había presumido de Duque de Alba, cuando no era más que un simple consorte con mal de altura.
Al poco de casarse, Jesús Aguirre, dijo que nunca iría de Duque de Alba, por la vida, pero le faltó el tiempo para firmar con frecuencia la codiciada página tercera del ABC, firmando de modo, casi lapidario: EL DUQUE DE ALBA. Así, con mayúsculas. ¡Un parvenu, un advenedizo!
Todavía recordaba yo la crítica cáustica que de Jesús Aguirre hizo el escritor y académico Camilo José Cela, cuando una terna de colegas de la Academia de la Lengua lo propuso como académico, nada menos que Dámaso Alonso, Fernando Lázaro Carreter y Rafael Lapesa. ¿Pero qué méritos tiene este señor? ¿Qué ha escrito en su vida, aparte de prólogos para la editorial Taurus? ¡Es un simple escritor de prólogos! Jesús Aguirre habla cinco idiomas perfectamente, objetó un periodista. “Hay muchos analfabetos en varias lenguas, lo que no quiere decir que don Jesús Aguirre lo sea”, replicó el académico. “Porque nadie esperará que por ser Duque de Alba tenga que entrar en la Docta Casa, por mucha tradición que lo sustente”, se oyó.
Pues allí esta él, Jesús Aguirre y Ortiz de Zárate, ya Duque De Alba y Conde Monterrey, tan pimpante en la Docta Casa, desde 1983, ocupando el sillón ”i”. Su discurso de ingreso no llegaría hasta 1986 con el tema “El Conde Aranda y la reforma de espectáculo en el siglo XVIII”, una disertación sobre el papel ilustrado de Pedro Pablo Abarca de Bolea en l reforma cultural. El profesor Fernando Lázaro Carreter le dio la réplica
Mi antipatía por Jesús Aguirre aumentaba al recordar todo esto y más. Una aversión, que casi me provocaba animosidad.
Todo esto me venía paulatinamente a la memoria, cuando los periodistas y yo nos acercábamos, dentro de un coche oficial, al palacio de Liria, donde residía próximo entrevistado.
*****
Nos recibió el propio Jesús Aguirre, Duque de Alba, a la entrada, en la escalinata, con la mejor de sus sonrisas. Llevé a cabo las consiguientes presentaciones, con un apretón de manos, dentro de un protocolo cordial algo impostado y comprobé que el acento francés del anfitrión era excelente.
Pasamos a uno de los salones, después de atravesar tres o cuatro y nos detuvimos ante uno de los cuadros relevantes que iban a ser expuestos en París, delante del cual iba a ser entrevistado Jesús Aguirre.
Mientras manipulaban los cables los enchufes, las luces, micrófonos y otros adminículos necesarios para la grabación, Jesús Aguirre se puso a hablar conmigo de modo privado, casi confidencial, como si nos conociéramos de toda la vida. Me pareció simpático, agradable. “Vamos a ver que les decimos a estos gabachos”, me confió entre otras cosas y comentarios de humor, que me iban haciendo cómplice y llevándome a su terreno.
Comenzó la grabación y a los cinco minutos de hacerlo, el técnico y el periodista franceses se miraron, intercambiaron gestos y el periodista le dijo a Jesús:
-Disculpe, Señor Duque, pero esto no ha grabado bien. Tendremos que volver a empezar.
Nueva manipulación de la intendencia televisiva, mientras Jesús Aguirre seguía haciéndome confidencias y bromas sobre los gabachos y la técnica televisiva francesa. Tenía buen humor.
Recomenzó la grabación de la entrevista a Jesús Aguirre y entre otras preguntas:
-¿Por qué no se han prestado para esta exposición en París, los dos paisajes de Ribera del Palacio de Monterrey, que tienen los Duques de Alba en Salamanca?
-Porque esos cuadros han viajado ya bastante durante los últimos años y hay un principio de conservación de la pintura que dice que “tres traslados equivalen a un incendio. La pintura necesita reposar un tiempo, para que siga adherida al soporte. Es lo que nos ha dicho nuestro conservador de arte
De nuevo, el técnico y el periodista se miran se dirigen gestos y hablan de que no se ha grabado bien la voz. Así se lo hacen saber a Jesús Aguirre y este con un simpático suspiro dijo:
-Jèsus tomba par la troisième fois? Neuvième station.
Se me antojó una salida irónica graciosa, propia de un ex cura, que no sé si los franceses llegaron a captar.
A la tercera fue la vencida y finalmente la entrevista se desarrolló con normalidad y no más incidentes. Las preguntas continuaban desde lo artístico a lo financiero, sobre el coste de mantenimiento del palacio del Liria y los impuestos que gravitaban del mismo al Estado. Jesús Aguirre hablaba con seguridad y autoridad, como si fuera propietario de Liria de toda la vida. La lengua francesa en boca de Jesús Aguirre sonaba con la dulce cadencia del teatro de Molière.
Mientras recogían los instrumentos y adminículos televisivos, Jesús Aguirre me confesó en un aparte: “Claro que tenemos problemas para pagar a la voraz Hacienda, pero no se los voy a contar precisamente estos vecinos del norte”.
Fuimos seguidamente a recorrer las distintas estancias y salones del palacio, con obras de arte de todo género, pintura, escultura, artes suntuarias, armaduras históricas, habitaciones privadas donde había residido la emperatriz francesa de origen español, Eugenia de Montijo, el archivo y la biblioteca, donde parecía disfrutar Jesús Aguirre mostrando a los periodistas ejemplares singulares. De todo ello iban filmando los franceses y preguntando al sr, Duque por aquí y señor Duque por allá, como si les encantara subrayar la vieja nobleza que ellos perdieron en su día por regicidas en 1789.
Y así fue como Jesús Aguirre Duque de Alba me sedujo en su favor, durante las tres horas y media que duró la entrevista y el recorrido por el palacio de Liria. Al despedirnos dio la mano a los franceses y, ante mi sorpesa, a mí me distinguió con dos besos en las mejillas, como a pocos he tolerado.
Ha sido un milagro, pensé al regresar al ministerio. Mi antipatía por Jesús Aguirre había desaparecido por completo. Todos mis prejuicios previos cayeron al suelo. Me pareció un hombre amable, cordial, encantador, charmant…Ya no me sorprendía que Cayetana de Alba se hubiera enamorado de él. Resultaba un hombre adorable por su cultura, erudición, talante, buen humor, saber estar o dominio de lenguas.
A partir de entonces todo lo que leía y sabía de Jesús Aguirre, Duque de Alba, o, al menos, lo que retenía en la memoria, era siempre positivo. Él modernizó la administración de la Fundación Casa de Alba, por lo que evitó o dificultó para un futuro la posible dispersión de su patrimonio histórico artístico, al tiempo que logró rebajar los excesivos impuestos como hasta entonces había pagado la Casa de Alba. Podría decirse que la cristalizó para evitar su destrucción.
Y otra de las cosas que más me gustó de Jesús Aguirre fue la conferencia histórica que, en 1986, impartió en Bélgica, después de uno de sus numerosos viajes a Alemania, país donde él había estudiado Teología en Múnich, donde se vinculó a los intelectuales de la Escuela de Frankfurt. El título de la disertación fue “El Gran duque de Alba”, y tuvo lugar en la Universidad de Lovaina. Lejos quedaba la Grand Place, donde todavía cuelgan marionetas que representan y recuerdan a flamencos ahorcados por los Tercios de Flandes, en represalia por la rebelión contra Carlos I. En Lovaina, el Duque de Alba de 1978 a 2001, realizó una destacada intervención oral, en febrero de 1986, para aclarar los hechos y sus circunstancias. Una conferencia destinada “a desmontar la "leyenda negra de mi antecesor, Don Fernando Álvarez de Toledo (1507-1582), III Duque de Alba, conocido como el "Gran Duque de Alba".
Jesús Aguirre subrayó el humanismo de Don Fernando Álvarez de Toledo y desdramatizó el paso de la figura histórica en Flandes, a menudo demonizada por la tradición belga y holandesa sobre el Gran Duque de Alba, debido a la represión, durante la revuelta de los Países Bajos en el siglo XVI. Destacó, que la intervención española del momento buscaba una reconciliación histórica y un acercamiento cultural, que no pudo ser y concluyó más o menos diciendo que si los flamencos -belgas y holandeses- guardaban todavía alguna obsesión o problema de comprensión histórica sobre el personaje del III Duque de Alba, era su problema, tendrían que estudiar más y mejor el asunto y mirar hacia sus adentros para acabar de entenderlo.
"El duque de Alba vuelve a Flandes, 'sin pica, pero con palma académica', escribió, en su día, la periodista Soledad Gállego-Díaz. Yo, sin embargo, imagine a Jesús Aguirre, al terminar su intervención, en un contexto de hidalguía y caballerosidad, quitándose el sombrero de pluma y arrastrándolo a sus pies, y volviéndose hacia una dama flamenca diciéndole como el capitán de los Tercios Españoles en la obra teatral “En Flandes se ha puesto el sol”, de Eduardo Marquina: “España y yo somos así, señora”.
*****
Una noche en una de esas cenas de parejas y matrimonios amigos en Madrid, hablando de prejuicios, conté con todo lujo de detalles, que pese a los acendrados prejuicios que yo tenía contra Jesús Aguirre, Duque de Alba, él me había seducido al conocerlo. La historia despertó más interés de lo que yo pensaba, pues no imaginaban que un caso así pudiera darse, al menos en mi persona.
Al despedirnos y ponernos los abrigos en el guardarropa, se me acercó Ramiro, el más pícaro del grupo, y en un aparte me preguntó: “He sentido la curiosidad de si Jesús Aguirre te sedujo tanto, que te hubieras ido a la cama con él.
-Mira Ramiro, esto no va de camas.
Más información
https://lamiradaactual.blogspot.com/2026/02/cayetana-grande-de-espana-en-el-palacio.html
Querida Julia
ResponderEliminarDesde estas bárbaras pampas no nos son tan conocidas las historias de la nobleza europea, como esta tan fascinante que me cuentas. Con mucho de arrogancia me permito un consejo a los franceses y quienes no tienen ni realeza ni títulos nobiliarios: eso pasa en mi país, tierras dejadas de la mano de Dios. Pues es muy sencillo: yo me he concedido a mí mismo diez títulos nobiliarios. Alguno se enojará conmigo o se reirá de mí, porque no serían tales, puesto que ningún estado me los confirió. Respondo simplemente que a diario los estados demuestran que sus respectivas solvencias morales dejan bastante que desear. De modo que soy autoridad suficiente para darme a mí mismo y a otros, si lo desean o si no lo desean, títulos de nobleza. Nuevamente gracias por tu bella crónica.
Raúl
Tiempo ha me di a mí mismo
mis títulos de nobleza.
hoy no puedo enumerarlos,
por la brevedad coplera.
Nada más te diré uno,
que me viene a la cabeza:
que me denomino Grande
de Tarija, la muy bella.
Querida Julia.
ResponderEliminarHe disfrutado muchísimo leyendo tu relato de como fuiste seducida por Jesús Aguirre, ya cuando era Duque de Alba.
No me extraña que haya despertado mucho interés en cualquier ámbito de la sociedad, tanto española como europea.
A mi me ha fascinado y divertido.
Muchas gracias por esta declaración tan personal y yo diría íntima.
Y por todas tus "MIRADA ACTUAL", que nos ofreces a diario.
Un fuerte abrazo.
Águeda de la Pisa
Interesante y divertida crónica la de hoy Julia,hay personajes así ,nos resultan antipáticos sin conocerlos y al conocerlos nos fascinan, bueno tb es casi una profesión esa de "encantador de serpientes"él se propuso seducirte y por lo que amenamente nos cuentas lo consiguió.
ResponderEliminarMuy humanos tus comentarios de una situación tan superficial, lo que da mucho valor al artículo.
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