Hannah Arendt, filósofa alemana judía
L.M.A.
05.06.2026 .- En esta obra se recogen dos ensayos breves de Hannah Arendt, el primero de estos ensayos titulado “Verdad y política”, editado por primera vez en alemán por la editorial Piper en 1964, tres años más tarde se publicó una versión diferente del texto en inglés por el periódico The New Yorker, para acabar en 1968 formando parte del libro de Arendt Beetween Past and Future: Eight Exercises in Political Thought. Este texto aparece tras la presunta controversia que surgió con la aparición del libro de Eichmann en Jerusalén. Motivada por la masa de mentiras que se pusieron en juego en la controversia de Eichmann, surge la reflexión acerca de la cuestión de si es legítimo siempre decir la verdad.
El segundo texto que se recoge en esta obra, se titula La mentira en política y fue escrito por Arendt como reacción a la aparición en 1970 en el periódico New York Times de los Documentos del Pentágono acerca de la guerra de Vietnam. Este texto de Arendt se hizo público en 1971 por Hartcour Publishing Company.
De la vinculación de ambos textos surge el título de esta obra Verdad y mentira en política, ya que en el primer texto, Arendt reflexiona sobre la legitimidad de decir siempre y en todo caso la verdad en política, frente a la explicitación y cuestionamiento en el segundo texto del engaño público, de la mentira en política y su impacto social. Así ambos textos pueden fácilmente interconectarse y complementarse, pudiendo establecerse entre ellos un profundo e intenso diálogo a fin de explicar el engaño deliberado en la política moderna y sus nuevas técnicas de falseación de los hechos a la luz de la legitimidad de la verdad. Si ponemos en la reflexión de Arendt en estos textos con nuestra realidad política, estos se revelan de suma actualidad.
Comenzando por el primero de los dos ensayos Verdad y política, nos parece significativo empezar citando el primer párrafo que abre el texto, ya que en él se recoge la tesis fundamental que Arendt va a desarrollar: “Nadie ha dudado jamás con respecto al hecho de que la verdad y la política no se llevan demasiado bien, y nadie… ha colocado la veracidad entre las virtudes políticas. La mentira siempre ha sido vista como una herramienta necesaria y justificable no sólo de los demagogos, sino, también, del hombre de Estado” (p. 15)
Este texto expone con claridad la cuestión central del ensayo: la pregunta política de los conceptos de verdad y falsedad. En tanto que la aparición del mundo para Arendt está ligada a la verdad o falsedad de los hechos, es necesario cuestionar el recurso política de la mentira como medio para alcanzar ciertos fines si justamente lo que nos jugamos es la preexistencia del mundo. Ante tal reflexión, Arendt va a cuestionar la legitimidad de recurrir a la mentira si esta se revela como la forma de salvar el mundo, oponiendo en este caso el recurso a la mentira al antiguo adagio “Fiat veritas et pereat mundus”, teniendo en cuenta que para Arendt la tarea principal de la política es mantener la supervivencia de la ciudad. Sin embargo, Arendt analizará cómo afecta la mentira a la composición del mundo, qué es lo que perdemos con ella y cómo esta afecta al sujeto en el ámbito de lo político.
Arendt va a comenzar el análisis de tal problemática con la diferenciación entre dos formas de verdad: verdades racionales y verdades de hecho, a fin de comprender a qué tipo de verdad hacemos referencia dentro del dominio de lo político.
Las verdades racionales son verdades incuestionables, como las matemáticas, las cuales no pueden ser moduladas y cambiadas a capricho del poder. Sin embargo las verdades factuales son aquellas que recogen los asuntos y las hazañas humanas, dominio caracterizado por la fragilidad en tanto que estas necesitan de un testimonio para sobrevivir y permanecer, ya que una vez perdidas, si son silenciadas, son irrecuperables. Es por esta necesidad de un testimonio para su supervivencia, que ante las verdades de hecho nos encontramos con el problema de la fiabilidad, ya que las fuentes que la hacen visible son testigos, monumentos, registros, documentos…y estas pueden ser fácilmente falsables. Es por ello que las verdades de hecho, las verdades de la historia o de la política, se prestan a ser falseadas fácilmente de manera deliberada. Para Arendt esta capacidad de mentir deliberadamente se nos muestra como uno de los pocos datos que confirman la libertad humana. Así mismo para Arendt solo podemos engañar y mentir deliberadamente si previamente nos hemos autoengañado.
Para Arendt la manera de falsear un hecho no es silenciándolo o escondiéndolo, así era como funcionaba la mentira antes de la época contemporánea: el hombre de Estado escondía la verdad como táctica para engañar al enemigo, sin embargo en la actualidad, la verdad es falseada y administrada de manera masiva por medio, por ejemplo, de las imágenes que son creadas a tal efecto. Así la finalidad de la manipulación y la variación de un hecho no es otra para Arendt que la posibilidad de manipular las mentes del pueblo, por ello, este tipo de mentira no sería una mentira hecha para el exterior sino que es fabricada con fines internos, es decir, para engañar y con ello dirigir la conciencia de una población.
Justo en este punto es fácil conectar ambos ensayos de Arendt, ya que un ejemplo claro de este engaño son los papeles del Pentágono acerca de la acción del gobierno estadounidense en la guerra de Vietnam tras la segunda guerra mundial.
Para Arendt la mentira en política pone en cuestión lo fundamental de una comunidad humana, ya que con ello lo que nos jugamos no es otra cosa que la propia realidad común y objetiva, el mundo como señalábamos al inicio, siendo este un problema político de primer orden.
Sin embargo, a pesar de la mentira deliberada, hay algo que caracteriza al hecho, y es su “obstinada tozudez” por la cual el hecho se empeña en afirmarse a sí mismo. La verdad del hecho tiene una fuerza tal, que aunque choque con los intereses privados, el poder, el placer particular o el beneficio propio, nunca se puede construir un sucedáneo de la realidad, ya que sería cambiar, no solo el hecho, sino todas sus conexiones con otros hechos, sujetos… es decir, sería necesario establecer y sustituir toda la realidad por otra ficticia, y eso, dice Arendt no es posible dada la solidez que presenta lo que está siendo dado. Algo que ilustraría esta imposibilidad sería el intento fallido de Stalin de borrar de la historia de la revolución rusa a Trotsky.
Arendt hará asimismo una diferenciación entre las formas de mentira tradicionales y las modernas, así afirma que alguna de las formas tradicionales de falsear la verdad es por ejemplo hacer pasar una verdad por una mera opinión, pero también lo fue el ocultar la verdad bajo la noción de secreto, que como decíamos anteriormente esta sería una forma estratégica que trata de esconder la verdad al enemigo exterior. Frente a estas formas de mentira deliberada, la mentira moderna se administra de manera masiva, se vuelve de consumo doméstico, sobre todo por medio de la creación de imágenes.
Es justamente en este punto de la creación de imágenes como nueva forma política de falsación del hecho, que queremos conectar el primer texto con el segundo, ya que justamente en La mentira en política: reflexión sobre los documentos del Pentágono, Arendt complementa magistralmente lo que se expuso en Verdad y mentira en política, a pesar de la diferencia de años en los que fueros escritos los textos, conectan perfectamente, ya que se complementan y profundizan la explicación, como decíamos al inicio.
Para Arendt se han desarrollado nuevas formas de mentira que la autora va a analizar a raíz de la aparición pública en el New York Times en 1970 de los documentos del Pentágono, las nuevas formas de engaño deliberado, estableciendo el análisis sobre cuatro puntos clave: El autoengaño como base de cualquier posible engaño.
La reciente creación de imágenes en política: para Arendt esta nueva forma de engaño deliberado hunde sus raíces en el ámbito de los profesionales de las relaciones públicas y la publicidad pero al servicio del gobierno. Lo que se logra con ello es la manipulación publicitaria de la ciudadanía. Así mismo dice Arendt “se ha hecho creer que la política es creación de imágenes y por otro lado aparece el arte de crear imágenes”. Por otro lado, los especialistas en resolución de problemas que provenían de los laboratorios de ideas creados por las políticas neoliberales (actualmente denominados Think-tanks) serán también responsables, junto a los publicistas, de esta nueva forma de manipulación y de engaño deliberado por medio de las imágenes.
Así añade Arendt, con respecto a información que se dio a la población sobre las medidas políticas aplicadas en Vietnam, que “mintieron porque tomaron la política como una parte más de las relaciones públicas, creaban imágenes y resolvían problemas para eliminar de este mundo un hecho”. Esto nos lleva a los últimos puntos del análisis: la ideologización y la eliminación de los hechos.
Al final del texto, Arendt recapitula y cuestiona el por qué el gobierno americano mintió de esa forma, no solo al mundo, sino, y sobre todo, a sus ciudadanos y al congreso americano. Pues bien, Arendt afirma que guiados por una “Teoría”, forzaron la información y los hechos a fin de mostrar que tal Teoría era cierta, haciendo que los datos que no encajasen en ella fuesen negados, ignorados y tergiversados por medio de noticias e imágenes. Con este engaño deliberado, afirma Arendt, el gobierno americano trataba de lograr una imagen tras la segunda guerra mundial, ante el resto del mundo y sobre sus propios ciudadanos, de los Estados Unidos como: “la mayor potencia del mundo”. Sin embargo, añade, no quisieron comprender que eran una potencia, como las demás, limitada, y los hechos lo constataban, por eso debían ser tergiversados a fin de poder construir esta deseada pero ficticia identidad.
Se ha de destacar que los papeles del Pentágono no serían un caso aislado, sino que iban a marcar el inicio de una gran colección de mentiras políticas destinadas a manipular a la ciudadanía, así podemos destacar, entre muchos otros, el caso de la guerra de Irak, Siria, el atentado del 11– S (para dar legitimidad a la intervención armada en Irak), el 11-M en Madrid, el asesinato de Saddam Husein, la intervención neoliberal en Chile y la victoria de Pinochet… por destacar algunas de las más grandes manipulaciones políticas, que ya Arendt no iba a poder presenciar, y que actualmente constituyen nuestra tónica política, hasta el punto de que ante esta saturación de imágenes e información falsa el individuo contemporáneo es incapaz de juzgar el mundo.
En este sentido, para finalizar, consideramos que el análisis arendtiano de la incapacidad de juzgar el mundo es un análisis totalmente acertado y de rabiosa actualidad en tanto que aporta una clave fundamental a fin de comprender un acontecimiento esencial de nuestras sociedades contemporáneas: el fake.
Es pertinente, una vez expuesto cómo se tergiversa la verdad de manera deliberada y se normaliza esta práctica, como pasa actualmente, hemos de cuestionar las implicaciones que esto conlleva en la relación entre el individuo y el mundo.
Cuando no podemos distinguir lo verdadero de lo falso, surge una incapacidad de juzgar los hechos y con ello de comprender el mundo, llevando al ser humano, por un lado, a negarse una de las facultades humanas superiores: el juicio, y por otro, a distanciarse del mundo ya que no sabe lo que creer. Esto le lleva a no tomar nada en serio, a creerlo todo sin en nada, creando una sociedad que se hunde en la ironía a fin de no mostrar su radical incomprensión.
Pues bien, Arendt nos da una clave sobre la que profundizar y dada la relevancia que para nosotros tiene su afirmación hemos decidido mostrarla citando directamente el texto que dice: “el resultado de una constante y total sustitución de la verdad de hecho por las mentiras no es que las mentiras sean aceptadas en adelante como verdad, ni que la verdad se difame como un mentira, sino más bien que el sentido por el que nos orientamos en el mundo real –y la categoría de la verdad versus la falsedad está entre los medios mentales para alcanzar este fin– queda destruido”.
Vemos claramente que se rompen las categorías de verdadero y falso y “la consecuencia más segura del lavado de cerebro es una peculiar clase de cinismo: el absoluto rechazo a creer en la veracidad de cualquier cosa, por muy bien fundada que esté esa verdad” (pp. 68-69).
Es decir, lo que ocurre es que perdemos la capacidad de juicio y con ello el mundo, en tanto que no somos capaces de comprender lo que nos rodea. Esta imposibilidad de comprensión, a nuestro modo de ver rompe la comunidad política y el interés por lo político ya que no somos capaces de comprenderlo porque el fake, esa confusión y esa falta de distinción entre lo verdadero y lo falso, nos lleva al aislamiento, a la duda y la falta de interés, un claro problema que sufre el sujeto político y el sujeto de conocimiento contemporáneo.
Es de señalar que este malestar, esta incapacidad de juzgar que genera el Fake, sucede hoy en plena sociedad de la información y las comunicaciones, y vemos como las noticias, las imágenes, la información en las redes sociales nos es más que dudosa y ya no sabemos, o mejor dicho, no podemos juzgar, justamente por esa confusión en las categorías de verdadero y falso que Arendt expone de manera magistral.
Esta obra de Arendt ocupa un lugar muy especial en su obra ya que son textos de su pensamiento más tardío, sobre todo el segundo texto, en el que Arendt parece alejarse de la polis griega que tan hondo caló en prácticamente todas sus obras, para sumergirse en uno de los retos que su propia sociedad democrática americana le dictaba.
Así mismo y por todo lo afirmado, nos parece una obra fundamental para comprender uno de los problemas más patentes en la actualidad: la manipulación de las imágenes. A este respecto queremos destacar la obra cinematográfica del cineasta Harun Farocki en tanto que es capaz de mostrarnos y hacernos patente aquello que también afirma Arendt, que “las imágenes mienten”.
Así mismo consideramos fundamental el análisis de Arendt en torno a la imposibilidad actual de juzgar al confundir lo verdadero con lo falso. Nos parece fundamental ante un mundo colmado de noticias e información que no sabemos si creer o no.
Parece que los papeles del Pentágono iban a abrir uno de los grandes males de nuestra actualidad: la desconfianza en lo que percibimos, debido justamente a esa confusión entre las categorías verdadero y falso, motivada por el uso deliberado de la mentira.
Este análisis de Arendt nos lleva a comprender el problema y es desde la visibilidad de los problemas desde donde nos puede ser posible restablecer el límite entre ambas categorías, restableciendo con ello la confianza en lo que percibimos, restableciendo la confianza en las imágenes, en la política, recuperando así el mundo.
Laura Linares Abadía
Res Pública Revista de Historia de las Ideas Políticas
Res publica 23(1) 2020: paginas 137-139
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