domingo, 1 de marzo de 2026

“EL JARDÍN DE LOS CEREZOS” DE Antón Chéjov en el Teatro Fernán Gómez

Versión: Ignacio García May. Dirección: Juan Carlos Pérez de la Fuente

        Julia Sáez-Angulo

        Fotos Adriana Zapisek

1/3/26.- Madrid.- “El jardín de los cerezos de Antón Chéjov fue estrenada en el Teatro de Arte de Moscú el 17 de enero de 1904, con dirección de Konstantín Stanislavski y protagonizada por Olga Knipper, la mujer de Chéjov. Ciento veinte años después de aquel estreno, Chéjov se ha convertido en un clásico del drama universal y su teatro se nos ha ido desvelando con el paso del tiempo y hoy entendemos un poco más su universo”, explica Ignacio García May, adaptador del texto de la obra.

          Chéjov no sólo habla de la Rusia de finales del siglo XIX, sino de personas desorientadas y perplejas en medio de una encrucijada o un laberinto que les aturde, les noquea. Y tienen miedo, mucho miedo, y engañan la vida mientras exponen sus anhelos más elevados, los propósitos más dignos, pero sin voluntad para ejecutarlos. En nuestro siglo XXI, cargados de interrogantes sobre cómo va a ser nuestra existencia, a las puertas de un nuevo tiempo, nos encontramos con El jardín de los cerezos, más vigente que nunca, dice Juan Carlos Pérez de la Fuente, director artístico del Fernán Gómez. Centro Cultural de la Villa

     El jardín de los cerezos cuenta la historia de una familia expulsada del Paraíso. Se trata, al mismo tiempo, de un espacio    real (en rigor, el huerto de una finca en estado de ruina económica) y de otro recordado: una infancia feliz. La negligencia con la que ha sido gestionada la finca ha provocado que la única solución para su rescate pase, irónicamente, por su destrucción. Por eso los personajes chejovianos se ven atrapados en un dilema típico de la sociedad moderna: quedarse es perder el paraíso, pero vender la finca, también. Así que optan por instalarse en la acedía, esperando que las cosas se solucionen solas.    

    En medio de esta catástrofe, sólo el joven estudiante Trofimov vislumbra la posibilidad de un retorno al Edén cuando declara que la salvación pasa por trabajar y dejar algo de felicidad para que la recojan quienes vienen detrás. No en vano, un proverbio chino nos explica que el mejor fertilizante es la sombra del jardinero.

    NOTA CRÍTICA. Un buen reparto y una buena representación de actores, pero la puesta en escena carece de atmósfera rusa. Resultaba un montaje algo frío, pero allí, estaba Chejov, creador de un micromundo que representaba a todo y a todos. Una época que acaba de terminar, el vasallaje de los siervos, y todavía queda un ejemplar, Firs. Una decadencia en los antiguos señores, que se manifiesta en dejadez mezclado de cierto orgullo inútil: Liuba y su hermano. Un nuevo rico, comerciante, Boris, avaricioso e inseguro para mostrar su amor a la antigua aristócrata. El amor del alma rusa a Rusia, a la madre Rusia, a la tierra rusa, traducido en un hermoso monólogo casi al final. El anverso del criado que está deseando dejar la vieja y anticuada Rusia, por ir a París… La condición humana con todas sus contradicciones e inestable humanidad, la debilidad y fragilidad de hombres y mujeres que mencionan al destino como algo inexorable… Ver y escuchar el teatro de Chejov es un placer dramático que lleva a la catarsis.