viernes, 8 de abril de 2022

CRONICAS DE JERUSALÉN II .- De sefarditas y askenazis. Se habla español

Judíos leyendo la Sagrada Escritura

Domingo de Ramos en Jerusalén


Julia Sáez-Angulo

9/4/22.- Jerusalén.- No les conté que, en el aeropuerto Adolfo Suarez de Barajas, en la fila para facturar y volar a Jerusalén, se escuchaba hablar en español, mayormente en su versión cantarina de Argentina. Allí, Rafael de Buenos Aires, Raquel de Tucumán -ambos con parientes en Israel- y yo con amigos en la ciudad santa, entablamos una amistosa relación temporal de viaje, en la que hubo palabras y risas, al tiempo que nos aportábamos información.

Rafael era dicharachero y retórico, como buen porteño, y la profesora Raquel, más sobria y contenida. El primero hablaba de su apellido sefardita que según le explicaron venía de Alcalá de Henares. Su hija se había trasladado recientemente a Jerusalén, porque las cosas no van bien en Argentina, donde, como se sabe hay una notable “colectividad judía” (dicen que solo 05/%, pero que se hace notar), que, así es como se hace llamar en el país del cono sur. Los tres hablamos de sefarditas y askenazis, las diferencias de liturgia, vestimenta, lengua, folklore y cocina de unos y otros. “Entre los sefarditas españoles predomina el arroz en sus guisos y, entre los askenazis de Centroeuropa, las papas. Pero la diferencia más profunda – aseguraba Rafael sentando cátedra- es que para los sefarditas (significa españoles en ladino) lo primero es el trabajo, "por eso enseguida nos ponían o poníamos a laburar en el comercio de nuestros padres, mientras que, para los askenazis (significa "judíos germanos" en alemán), lo más importante era el diploma, por eso buscaban hacerse médicos, abogados o arquitectos en la Universidad.” Llevarse el conocimiento puesto.

De vez en cuando, se nos acercaba cautelosamente otro judío venezolano, a nuestro grupo de tres, y nos mostraba la pantalla del móvil, con las escenas de los alborotos, algaradas o incidentes que estaban teniendo lugar en el barrio árabe de Jerusalén, ahora que los islámicos se encuentran en pleno mes del Ramadán. “Todos los años ocurre lo mismo por estas fechas, es como un rito previamente organizado”, explicaba. El hombre giraba la cabeza a un lado o a otro, para vigilar que no lo vieran los hombres de negro de la seguridad israelí, por si nos dejaban a los cuatro en tierra. Aquella pequeña complicidad nos parecía correr un riesgo apasionante ante los antipáticos seguratas.


Déjenme que les cuente ahora una escatología (en la segunda acepción de Diccionario), que presenciamos los tres amigos ocasionales al entrar tranquilamente los últimos en el avión y atravesar el espacio de los pasajeros de primera clase, que nos habían precedido con su billete business en la entrada al aparato y nos miraban a los segundos de billete económico, con conciencia de clase. Uno de estos señores se hurgaba sin pudor la nariz con el dedo. Rafael y yo lo observábamos sin dar crédito.

- ¿Qué miras?, le pregunté sonriendo al compañero de viaje.

- Lo mismo que vos, respondió, y añadió:

- Mi abuela afeaba al nieto que osaba hacer eso, diciéndole: “Qué, ¿estás sacando pan caliente del horno?”

Al llegar al aeropuerto de Ben Gurión, los tres amigos ocasionales nos despedimos cordialmente, sin necesidad de darnos el teléfono o contacto alguno. Por supuesto, ni un beso o abrazo en estos tiempos cautos. “Cada caminante siga su camino”, me enseñó san Josemaría. No hay otra.

Volviendo al discurso anterior sobre la presencia de sefarditas y askenazis hispanos, mi amiga Floren me certifica: “Efectivamente se oye hablar con frecuencia español en Jerusalén, pues bastantes judíos argentinos, venezolanos o colombianos, sobre todo jóvenes, vienen a asentarse en Israel, cuando las cosas no van muy bien en su país de origen”. 

    Recordé que Rafael, mi amigo de vuelo, estaba feliz, porque le iban a conceder la ciudadanía española. No es para menos. "Nuestra española preferida", me llamaba Rafael, refiriéndose a mí, cuando hablaba con Raquel. Yo  sentía  cierto orgullo patriótico.

RAMADÁN Y SEMANA SANTA

    El Ramadán, por un lado, y la Semana Santa, por otro. Los cristianos preparamos la alegría de la procesión y desfile del Domingo de Ramos, para conmemorar y cantar Hosannas, y seguir a Cristo montado en un borriquillo. Familias enteras están listas para comenzar a las doce del mediodía, Una fe, un sentimiento y un entusiasmo admirables. Algunos hacen todo el recorrido, después de haber hecho la víspera el llamado “Camino de Emaús”, que comienza en Saxum, un centro de interpretación de Tierra Santa, regido por el Opus Dei, y termina en la supuesta ciudad de Emaús, donde dos discípulos de Cristo, que iban de camino con un supuesto forastero, acabaron por reconocer a Jesús al partir el pan. Comentaron esos dos más tarde, cuando despareció el Señor, como ardían sus corazones cuando Él les hablaba a lo largo de camino y les explicaba las Escrituras. "¿Por qué estáis tristes? fueron las palabras de Cristo a los discípulos de Emaús y el padre Joaquín Paniello las utiliza en el título de su libro en español, traducido al inglés, que se encuentra en Amazon.

    Tengo que decir que mis amigos libaneses maronitas aseguran que los lugares de Caná y Emaús están en su territorio, que también es tierra santa, porque allí -dicen- estuvieron también los pasos del Salvador. El Líbano se cita en el Evangelio.

        Mi amiga Carmen Rodríguez, me asegura que Emaús está en Israel, porque se han hecho excavaciones y hay vestigios que han puesto de manifiesto la presencia de esa ciudad bajo la tierra. Judíos y libaneses, como de costumbre en desacuerdo.

    Los judíos por su parte han celebrado como Dios manda el Sabatt, ellos luciendo su kipá (solideo) en la cabeza y sus filacterias, y ellas, sus trajes endomingados casi tobilleros y los cabellos cubiertos. Algunos van leyendo la Biblia por las aceras. Su presencia en las calles es notoria en este día. Todos se reúnen para ir a la sinagoga y/o a cenar en familia.

Hay tantos lugares sacros en Israel a los que poder ir, que elegir es renunciar: Belén, Nazaret,  el monte Tabor, el lago de Tiberiades, monte Tabor, Magdala… y en Jerusalén: la iglesia de la Anunciación, el “Domus flevit, donde Cristo lloró por la ciudad amada, de la que todo judío, con razón, se siente orgulloso; el Pater noster, lugar donde nos enseñó a rezar el Padre Nuestro, el Cenáculo donde instituyó la Eucaristía -en litigio hoy con los hebreos- el Huerto de los Olivos, la Vía Dolorosa del Vía Crucis… y finalmente la iglesia del Santo Sepulcro, la más venerada y custodiada por diversas ramas cristianas. 

Muchos judíos americanos compran tumbas en el cementerio de Jerusalén, para que sus huesos reposen en esta ciudad santa, donde la tradición sitúa el Valle de Josafat, cuando llegue el fin de los tiempos. No es mala idea.

En el "Camino de Emaús"

"Camino de Emaús" Vestigios históricos.




Barrio comercial árabe, al cierre del viernes

Brunch en Jerusalén

4 comentarios:

  1. "Los buenos escritores saben que para escribir hay que vivir".
    Vive y cuéntalo .
    Feliz Semana Santa.

    ResponderEliminar
  2. Me gusta constatar que sigue habiendo argentinos que viajan, siempre que he viajado me he encontrado con algunos, lo que no sabia es que hubiera judios en Argentina, pero me has ilustrado Julia!a seguir narrando, gracias

    ResponderEliminar
  3. Muy buenos tus comentarios sobre Jerusalen ("Ierushalaim" (ירושלים) en hebreo.
    La colectidad judia en la Argentina, es una de la mas numerosa de toda latinoamerica, si bien es solamente el 0.5% de su poblacion (250.000), solo superada por EE.UU: y Canada.
    Somos pocos, pero nos hacemos notar...
    Tambien tenemos un Premio Nobel, el Dr. Cesar Milstein
    Un abrazo
    MARIO SASLOVSKY

    ResponderEliminar
  4. Caros amigos
    ¡Qué emoción debe ser vivir la Pascua en Jerusalén, por tantos motivos históricos y afectivos!
    Nuevos saludos,
    Raúl

    ResponderEliminar