viernes, 25 de junio de 2010

Octavio Uña, poesía viajera, exultante y reflexiva en el libro “Cierta es la tarde”


“Cierta es la tarde”
Octavio Uña
Prólogo de Manuel Quiroga
Visión Libros (121 pags)
Madrid, 2010



Julia Sáez-Angulo

        25.06.10 .- MADRID .- Profesor de Sociología en la madrileña Universidad Complutense, Octavio Uña (Brime de Sog, Zamora, 1945) es un poeta conspicuo, que acaba de publicar su último libro de versos titulado “Cierta es la tarde”, editada por Visión Libros.

Ligado siempre a la docencia y a la poesía, Octavio Uña cuenta en su haber con libros reconocidos como Escritura en el agua, Edades de la tierra, Antemural, Castilla, plaza mayor de soledades –célebre título por su cuarta edición-, Usura es la memoria, Mediodía de Angélica, Ciudad del ave, Labrantíos del mar y otros poemas, Cantos de El Escorial, Cuando suena el Merlú, Crónicas del océano, Estaciones de abril o Puerta de salvación.

“Cierta es la tarde” es un ramillete de un centenar de poemas dividido en varios apartados: Escribanías, Malaventuras, Célica y Decadencias. El escritor Manuel Quiroga dice en el prólogo: “Cerca queda el poeta, Octavio Uña, el viajero, el hombre, quien recuerda los mundos que alguna vez pisara, que habitó fortalezas, catedrales, ensalmos. O que sigue inventando leyendas de paisajes, la bruma del silencio y la historia de siempre, o sea los terrenos presentes de líricas esencias”.

Hermoso el poema “Mercado de Funchal” con la metáfora del pescado que un día fue pez. Versos que se abren con la cita de Vicente Aleixandre: “...las palabras muere. Bellas son al sonar, más nunca duran”. Uña dice: Compré nombres, pronombres, adjetivos,/ compré sílabas largas o brevísimas,/ compré verbos y adverbios, partes todas /de la grave sintaxis de la mar y lea/ texto en rodaja al polisíndeton”

Una escritura radiante que expresa y sugiere

“Que hoy como ayer decían de la noria/ del tiempo y disputaban: “distancia de los hechos al presente”, “presencia de los hechos al pasado,/ Tiembla la ensoñación. Círculos ojos/ contra largos de olvido”, dice el vate en otro poema titulado “Lejos”.

El poeta viajero se emociona en Canarias y escribe: “Calle La Gloria, por la Orotawa. Y era cierto:/ perla la mar y púrpuras el aire, Teide a la mano, tan sagrados fuegos,/ gloria/ gloria cercana.” Uña recorre la geografía con los ojos abiertos, con la sensibilidad de quien transmuta la mirada y el sentimiento en verso. El mundo está para ser absorbido y cantado porque ene. Relato genesiaco se dice que “Y vio Dios que era bueno”.

Quiroga lo expresa así: “Come estos higos en sazón, viajero...”. El verso es aquí campana, regocijo, mesura; es, digo, fortaleza, mirar hacia lo alto Escorial no nombrado pero de recia piedra, sonidos de otros años; es deshacer quimeras, orientar los espejos a todos los futuros, rememorar infancias, relatar madrugadas”. En suma una escritura radiante que sugiere al lector a la par que se expresa el autor.




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