viernes, 17 de septiembre de 2010

Pablo Carnero, conferencia sobre la Pintura Realista en el Ateneo Escurialense



L.M.A


El artista Pablo Carnero (Zamora, 1972) ha pronunciado una conferencia en el Ateneo Escurialense sobre “La realidad dentro de la pintura realista. Pablo Carnero, el realismo esencial y metafísico”, dentro de la sección de arte que dirige la pintora Antonia Nieto.

Carnero, pintr residente en Madrid, con taller en Cenicientos, definió la realidad como “la verdad o lo que ocurre verdaderamente” y el realismo como “una forma de presentar las cosas tal y como son, sin suavizarlas ni exagerarlas”

“Necesito empaparme de la realidad, alimentarme de ella”, afirmó el pintor. “Posteriormente como artista, la muestro y el espectador contempla ese alimento digerido. Surge el encuentro entre ambos”.

“En la vida son imprescindibles una serie de cosas; ¿el arte es una de ellas?”, se preguntó el conferenciante. “Siendo imprescindible el arte en mi vida he descubierto que es en los momentos más intensos cuando surge más verdadero y profundo”, añadió.
“El arte es motivador de sentimientos reales, motivación como ensayo mental preparatorio de una acción para animarse a efectuarla con interés”, dijo en otro momento de su intervención.

“No deberíamos hacer uso de la obra según el momento anímico de cada uno: recurrir a este cuadro o al otro, al contrario, deberíamos dejarnos llevar al contemplarla. Es más enriquecedor y verdadero no predisponernos -preparar anticipadamente el ánimo de la persona para un fin determinado, sino dejarnos admirar por el misterio”.

“Todas las personas tenemos los mismos sentimientos; aunque la esencia del sentir sea la misma, el manantial del que brota es distinto, son almas distintas. Esta es su riqueza. La obra se construye a partir de ese sentir global pero se contempla bajo la visión individual y única de cada espectador”, comentó Carnero.

Sensaciones que recrean experiencias ya vividas
La realidad que mana desde dentro del cuadro, transmite sensaciones que capta el espectador y le permite recrear experiencias ya vividas”.
“Creo que no existe entendimiento total – entendimiento como potencia del alma, en virtud de la cual concibe las cosas, las compara, las juzga, e induce y deduce otras de las que ya conoce- de la obra sino se tiene una referencia anterior y ha sido vivida plena y profundamente”.

“La obra entonces funciona como una evocación de una experiencia vivida que vuelve a hacerse presente en ese preciso instante en que se está contemplando”.
“La gama, cambios, tiempos de la realidad son inalcanzables, infinitos. La obra es limitada en todos sus aspectos. Por eso no podemos hablar de imitación, copia de la realidad, porque no se pueden reproducir con la misma exactitud los parámetros de la misma”.

“No se trata de una simple técnica de traslado de la realidad de su origen al cuadro. Formo parte de la realidad en la que vivo, saboreo lo que me rodea con toda la intensidad de la que soy capaz, y de repente convergen mi vida y la pintura y es cuando aparece la imagen del cuadro. La imagen es la excusa válida para transmitir mis sentimientos reales”, afirmó el artista.

“Lo realmente importante es cómo está tratada esa imagen en la medida que este tratamiento sirva para transmitir con la mayor veracidad e intensidad aquello que quiero”.

“La pintura es una ilusión (concepto, imagen o representación sin verdadera realidad, sugeridos por la imaginación o causados por engaño de los sentidos), no es real, nada más alejado de la realidad”.

“La realidad son formas, calidades, aire, luz. El cuadro es tabla, tela, pigmentos, aceite. Son manchas aparentemente desordenadas, al azar, pero han sido guiadas con maestría por la mano del pintor, a las órdenes de su cabeza y sacando lo más profundo de su corazón”, puso de relieve el conferenciante.

¿En qué se parece la realidad y la piel del cuadro?”


“¿En qué se parece la realidad y la piel del cuadro?”, se cuestionó el pintor. “En nada” respondió sin vacilar. “Lo que los une si la pintura es verdadera, sincera, pura, es el sentimiento que se tiene al contemplar esa realidad o el cuadro surgido de la misma. Ese poso (sedimento del líquido contenido en una vasija. Descanso, quietud, reposo) es el lazo entre ambos mundos”.

“La realidad la capta el espíritu del artista y la plasma a través de sus dones (escritura-música). Posteriormente es el espectador que abre su espíritu a la obra (poema-canción) sin prejuicios, vibra un sentimiento latente, que no dormido, que cobra vida en ese preciso momento”, concluyó.

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