miércoles, 28 de noviembre de 2012

TORTOSA, OLVIDADA CIUDAD MEDITERRÁNEA DE TRES CULTURAS

El río Ebro pasa por la parte vieja de la ciudad


M.  Dolores Gallardo López



      28.11.12 .- Tortosa .- El hecho de que el río Ebro haya sido durante siglos la entrada natural desde el Mediterráneo al interior de  la Península convirtió desde tiempos lejanos a Tortosa -actual capital de la región del Baix Ebre (Tarragona)- en ciudad de paso y de  encuentro de gentes y culturas diversas.  Conviene recordar que el  río Ebro (flumen  Hiberus en latín) es el que da nombre a la Península Ibérica.
   
    Desde  la antigüedad la privilegiada situación de Tortosa -ubicada a orillas del río Ebro,  cerca de su desembocadura en  el mar- condicionó  su devenir histórico.
 Las tierras de la desembocadura  del Ebro pertenecían  al territorio de Tortosa: hasta no hace mucho en los libros escolares se leía que el río Ebro desembocaba en Tortosa; ahora escriben  que desemboca en Deltebre.  Los  territorios de la  desembocadura se han segregado y se han constituido en municipio aparte. Así pues Tortosa, además de puerto fluvial,  tuvo puerto marítimo.


       1.   LA   DERTOSA ROMANA

     Hacia el VII a.C. se asentaron en  la zona   pueblos íberos que, en el curso final del Ebro, fueron denominados Ilercavones. Fuentes históricas romanas (T. Livio) mencionan una ciudad de los íberos  denominada  Hibera o Ilerca,  que  debió estar  ubicada  en una de las colinas que ocupa la actual Tortosa: algunos consideran que podría ser la que actualmente ocupa  el Parador Nacional, llamado  Castillo de la Zuda. Sin embargo la arqueología no ha podido aportar pruebas definitivas.

La victoria  de los romanos  en el 218 a.C.  y  su  asentamiento en la zona  impidió que el cartaginés Anibal, cuando estaba  en Italia, pudiera recibir los refuerzos que le eran necesarios. El asentamiento militar romano se hizo en la zona baja de una colina (posiblemente la mencionada más arriba) y en la estrecha llanura que la rodeaba.

  Como tantas veces, el asentamiento militar acabó convertido en la ciudad: la  romana de Dertosa (su nombre completo fue Hiberia Julia Ilercavonia Dertosa).  El Ebro  favoreció su  crecimiento y desarrollo. La  nueva ciudad,  por su ubicación controlaba, la entrada  fluvial al interior de la Península y  se convirtió en importante puerto militar y comercial.

    2.  TURTUXA O  TURTUSHA, CIUDAD DE AL-ANDALUS

   Después de romana Tortosa fue visigótica y esa ciudad visigótica,  que conocemos poco, cayó en manos sarracenas entre los años 713-718. Una vez más  el dominio de la desembocadura del Ebro facilitó a los nuevos dueños  el control de las comunicaciones hacia las tierras del norte y del  interior de la Península. Durante el califato de Córdoba  Turtuxa, ciudad fronteriza, fue un importante centro neurálgico.

   Durante los siglos XI y XII el curso inferior del río Ebro sirvió de frontera  entre cristianos y musulmanes: al norte del río se encontraban los condados cristianos, al sur de la ribera derecha comenzaba el dominio musulmán andalusí.

    Por la importancia estratégica que la Turtuxa musulmana tenía se construyeron una fortaleza y también atarazanas  para  armar  y reparar  naves musulmanas.

 Las atarazanas estaban en  el extremo norte  de la ciudad, el recinto estaba amurallado y defendido por 17 torres.  La proximidad de la desembocadura del Ebro y la posibilidad de abastecerse con la madera procedente del cercano macizo de  Els Ports favoreció la actividad de las atarazanas.
   La  lápida fundacional de las atarazanas, realizada por el escultor  Abd  allah b. Kulayad, se conserva;   hoy está ubicada en la exposición permanente del Museo de  la Catedral, en  la llamada Sala del Prior, dedicada a epigrafía.  
   Cuando los cristianos conquistaran la ciudad el  espacio de las atarazanas fue cedido a los judíos y, por tanto, se convirtió en la judería.
  
 La fortaleza o alcazaba (actual  castillo de la Zuda, reconvertido en Parador de Turismo)  se construyó en el siglo X, en época de Abd al- Rahman III  (primer califa omeya independiente de Córdoba). Fue residencia de los gobernadores militares o caids de la taifa de Turtuxa.
  La fortaleza también  sirvió  de prisión. El poeta al -Gaziri, que estuvo preso allí en tiempos de al -Mansur o Almanzor (caudillo andalusí de la época del califa Hisham II y muerto en 1002), se refería a ella con estas palabras:

  En la cima  de una descarnada altura, donde/ nadie puede esperar  encontrar un asilo confortable. / Los cuervos que graznan se posan sobre su cima, / y en ella se pueden oír soplar todos los vientos ./ Aquellos que han hecho su ascensión una / vez en su vida se quejan a menudo/ de haber sentido desfallecer el corazón.
  
   Con la ocupación cristiana la alcazaba sirvió también como cárcel, sin embargo  desde la época del rey Jaime I el Conquistador fue  reacondicionada y utilizada como residencia real.
  A partir del siglo XV sufrió  grandes modificaciones para adecuarla a  los requerimientos de defensa de los tiempos. 
    En la guerra civil del pasado siglo XX (1936-1939) toda Tortosa, epicentro de la terrible Batalla del Ebro, sufrió horriblemente y el castillo de  la Zuda sufrió una gran destrucción.  Restaurado, fue reconvertido en Parador Nacional de Turismo.
 En la actualidad del período islámico aún se conservan la base del castillo y el trazado de las murallas.
   
   La mezquita. En el siglo X en la medina se construyó una mezquita mayor  que geógrafo y cronista al -Himyari describió como un edificio de cinco naves y un atrio. Naturalmente tras la conquista cristiana la mezquita se convirtió en templo cristiano hasta la construcción de una catedral románica (hoy también inexistente).

  Turtuxa o Turtusha fue capital de un importante  reino taifa, incluso  acuñó moneda propia.




Plaza en la Judería junto a la torre Celio y la muralla



    3. LOS JUDIOS EN TORTOSA

   La presencia de los judíos en  Tortosa  es antigua y está atestiguada desde el siglo VI d.C. De esa época se encontró una  lápida con  el texto inscrito  en  latín, griego y hebreo. Pertenece a la sepultura  de una joven  judía llamada María. Se halló incrustada en una pared de una casa de la calle de Santa Anna. Actualmente tan precioso testimonio está depositado en la llamada Sala del Prior, de la Catedral de Tortosa, dedicada a epigrafía, como más arriba hemos dicho.

   Los judíos vivían en aljamas regidas por un consejo de ancianos. Con la llegada de los musulmanes las comunidades judías hispanas, a cambio de  pagar   tributo, disfrutaron de prosperidad y cierta permisividad en culto. Por ello se produjo  un aumento de la población judía y los estudios talmúdicos  tomaron impulso. Lo propio sucedió en Tortosa, convertida en un lugar importante por su floreciente comercio y por su posición fronteriza entre los  territorios cristianos y los musulmanes.

    Sin embargo el primer dato concreto de la existencia de una judería en Tortosa es posterior a la  conquista cristiana. Data de época del conde Ramón Berenguer IV, el cual, a través de una carta de franquicia,  donó a los judíos las atarazanas musulmanas (ubicadas en el extremo norte  de la ciudad, como hemos visto mas arriba) para que construyeran 60 casas. Esta zona se conoce hay con el nombre de Judería vieja.  Poca cosa queda, a excepción del trazado de las calles ubicadas más al sur y algunos topónimos. La actual calle Major de Remolins  separaba la Judería Vieja  de la llamada Judería nueva. 

Portal  de los judíos por el que, como antaño, se sigue saliendo al campo



          
       La judería nueva  parece haberse iniciado en el primer tercio del siglo XIII  cuando se otorgó una carta de franquicia a 25 judíos para  construcción. En algunos sitios esta judería conserva la  estructura urbanística casi intacta,  con  calles tortuosas y laberínticas. El llamado Portal de los judíos, por el que   todavía hoy,  traspasando la muralla,  se sigue saliendo al campo,  es el único de los portales de la judería tortosina que se ha llegado a nuestros días.

    La judería de Tortosa fue una de las más importantes de España. En el siglo XIV destacaron personajes como los banqueros Isaac y Jafudá Marçili y Abraham Mair que participaron en la financiación de las empresas de la Corona de Aragón.
 

      4. TORTOSA  CRISTIANA

      Entre 1122 y 1223 el Papa Calixto II publicó una bula en virtud de  la cual declaraba cruzada el asedio a la ciudad  musulmana de Tortosa. Sin embargo la conquista de la ciudad  aún tardó algún tiempo. El 31 de diciembre de 1148 caía la fortaleza de la Zuda, lo consiguió Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona,  apoyado por los templarios, la familia  Montcada y el poder naval de la República de Génova; el Papa Eugenio II también había firmado una bula para el ejército cristiano.
 
   Comenzó un nuevo período para la ciudad. La  ya larga coexistencia de judíos, musulmanes y cristianos sufrió un cambio definitivo.

     Tortosa se consolidó como capital de la Veguería que lleva su nombre.

   El primer obispo de Tortosa después de la conquista  fue Gaufred, abad del monasterio de S. Rufo, en Avignón. Fundó la  Canónica agustiniana, algunas de cuyas estancias (unidas a la actual catedral gótica por el claustro) se han conservado casi integras y  actualmente albergan la exposición permanente del fondo artístico de la Catedral.
   La  diócesis  de Tortosa  acabó convertida en la más extensa de España. Adriano de Utrech, educador de Carlos I de España y V de Alemania,  fue arzobispo de Tortosa, después fue elegido Papa.


        Claustro  de la magnífica Catedral de Tortosa


    La importancia de Tortosa  la demuestra tambien el hecho de que los dominicos -instalados en la ciudad desde el siglo XIV- fundaron en su convento el Estudio y la Universidad  de S. Jorge y Santo  Domingo (1578), dedicada al estudio de la teología. Devastado el edificio por los bombardeos de la guerra civil (1937-1939), sólo  se conserva la portalada renacentista de dos cuerpos. En el cuerpo superior está el escudo de Felipe II y bajo el escudo se puede leer la inscripción DOMUS SAPIENTIAE, “casa de la sabiduría”. Hoy es sede de la Escuela Oficial de Idiomas.

 También  crearon los  dominicos el colegio de S. Jaime y S. Matías, fundado por Carlos I cuyo escudo aparece en la portalada. Estuvo  dedicado a la educación de los hijos  de los conversos como parte de la estrategia de la Corona a fin de evangelizar y asimilar culturalmente a los moriscos. El patio  del colegio de S. Jaime y S. Matías es  de  estructura italiana y de marcado estilo renacentista;  además presenta una rica iconografía que exalta a la monarquía, obra del escultor Francisco de Montehermoso. El antepecho de la segunda galería muestra  las efigies y los escudos  de los reyes de Aragón desde Ramón Berenguer IV y su esposa Petronila hasta Felipe III y su esposa Margarita de Austria. En las enjutas de la primera galería se muestran bustos que podrían ser de judíos y moriscos, de acuerdo con la finalidad que hemos dicho que tuvo la creación de este Colegio. Por su  belleza y armonía este patio está considerado único en Cataluña. 



5.    CONVIVENCIA DE LAS TRES CULTURAS

   Los tiempos de la  Baja Edad  Media se caracterizaron  por la convivencia de las tres culturas -judía, árabe y cristiana- en algunos lugares de la Península. También en Tortosa. 

 Después de la conquista de la ciudad por los cristianos en 1148,  los musulmanes  y los judíos ocuparon un  plano inferior en la sociedad y vivieron separados de la población cristiana,  ocuparon lo que hoy es el barrio de Remolins.

  El tránsito de los tiempos bajomedievales a la Edad moderna en la Península Ibérica acostumbra a presentarse como el paso de una época de tolerancia (en la que conviven  bastante pacíficamente tres poblaciones cada una con una religión distinta) a una época de intolerancia. No es momento de entrar ahora en la distorsión que esta idea conlleva (¿olvidamos, por ejemplo, las periódicas matanzas de judíos que hubo en la Baja Edad Media, que tantas bajas causaron a las aljamas hispánicas?).

   En todo caso a mediados del siglo XV, con más o menos problemas,  todavía convivían los tres pueblos, cada uno con su religión y sus costumbres.  Durante la segunda mitad de ese siglo  la atmósfera se fue haciendo cada vez más. Finalmente la situación desaparece, al menos de derecho, a primeros del siglo XVI.

   6.    FINAL  DE LAS COMUNIDADES JUDÍA Y MUSULMANA

   El 7 de febrero de 1413 se  inicio en la Catedral  de Tortosa la llamada Disputa de Tortosa, el más importante debate religioso entre judíos y cristianos en la España medieval.

Años antes, en 1391, había tenido lugar  una revuelta antijudía que se inició en Sevilla y se extendió a las ciudades más importantes de los reinos de Castilla  y Aragón. Costó la vida a muchos judíos.

 La Disputa constó de 67 sesiones y se inició en la Catedral de Tortosa. Acudieron algo más de veinte rabinos de los condados catalanes y del reino de Aragón,  bajo presión de fuerte multa si no acudían. La última sesión tuvo lugar el 13 de noviembre de ese mismo año en la iglesia arciprestal de S. Mateo, en  la comarca de Castellón.

 Este mal llamadoDebate”  fue promovido  por el papa Benedicto XIII  (aragonés, conocido como el Papa Luna, uno de los Papas del cisma de Aviñon, que vivía en el castillo de Peñíscola)  a iniciativa de su médico, el converso Jerónimo de Santa Fe, autor  de Azote de los judíos.

  De hecho practicamente se   forzó a los judíos a reconocer que  Cristo había sido el Mesías y que, por tanto, su religión  erraba. Los rabinos que participaban, excepto dos, abjuraron de su fe. Los resultados fueron nefastos para la comunidad judía. Los bautismos forzados se multiplicaron y  en mayo del 1415, se publicó una bula papal con severas disposiciones contra los judíos. Fue un duro golpe; la separación entre las comunidades judía y cristiana fue cada vez más grande.
 
    Después, a mediados del mismo siglo, estalló en Toledo un movimiento contra los conversos judíos y  se impuso el primer estatuto de limpieza de sangre, impulsada por Pedro Sarmiento. Los problemas  continuaron. Los Reyes Católicos crearon la Inquisición y, finalmente,  en 1492  decretaron la expulsión de los judíos de todos sus reinos. Los judíos tortosinos abandonaron la ciudad para  embarcar hacia Barcelona y desde allí dispersarse hacia Europa.
  
 En cuanto a los musulmanes, aunque en  los primeros tiempos después de la conquista de Tortosa se les  permitió conservar sus costumbres y una relativa libertad de culto, la tolerancia fue disminuyendo progresivamente. Como vencidos ocupaban un plano inferior en la sociedad. La población musulmana disminuyó y en parte emigró a núcleos rurales  cercanos. Sin embargo no hubo demasiados conflictos durante el siglo XV.

   El permanente enfrentamiento entre musulmanes y cristianos a lo largo del siglo XVI en el Mediterráneo -con acciones tan importantes como la conquista de Orán en 1508 o la victoria de Lepanto, pero con desastres como los de Djelbes en 1510 y  Argel en 1541-  hizo que se mirara con recelo a los moriscos. En la segunda mitad del siglo XVI la lucha contra el Islam en el Mediterráneo se endureció. Dentro de la Península  la rebelión de los moriscos de la Alpujarra -tres años de duros enfrentamientos y para obtener la victoria  fue necesaria la presencia de D. Juan de Austria, el hermano de Felipe II, al frente de un  formidable ejército-  parecía mostrar al rey Felipe II el  potencial peligro que podía causar  un pueblo que  seguía teniendo fuertes rasgos diferenciadores. Obtenida la victoria, Felipe II ordenó la dispersión de los moriscos de la Alpujarra hacia otros lugares de la Corona de Castilla. El  recio capitán que fue  D. Juan de Austria,  por orden del rey, su hermano, debió ejecutar esa triste medida  y la  describió al  príncipe de Éboli en  una estremecedora carta:
   
   Hoy ha sido el último envío de ellos y con la mayor lástima del mundo porque al tiempo de la salida cargó tanta agua, viento a y nieve que  por el camino se quejaba a la madre  la hija, a la mujer su marido, y a la viuda su criatura, y desta suerte los saqué dos mil millas mal padesciendo. No se niegue que ver la despoblación de un reino es la mayor compasión que se puede imaginar. En fin, señor, esto es hecho. (1).
   
   Años después, reinando ya Felipe III, el Consejo de Estado a partir de 1608 comenzó a considerar la opción de expulsar del territorio hispano a los moriscos; en 1609 recomendó al rey tomar dicha medida. El 9 de abril de ese año se tomó la decisión de expulsar a los moriscos.  Se comenzó con la expulsión de los moriscos de Valencia.

    En septiembre de 1610 se produjo la de expulsión de los moriscos catalanes que se llevó a cabo desde el puerto de Els Alfacs -hoy día en la localidad de San Carlos de la Rápita-, aunque en algunos lugares de la comarca de las Tierras del Ebro la expulsión no fue  contundente gracias a que la  comunidad morisca -pequeña- estaba bastante integrada y  también a la intercesión en su favor del arzobispo Pedro Manrique (fue arzobispo de Tortosa de 1601 a 1611, después arzobispo de Zaragoza; finalmente ejerció como virrey de Cataluña. Murió en 1615). 
   Así acabó la convivencia de tres pueblos bien diferenciados.
 
Aunque en Tortosa  no se han  conservan demasiados vestigios materiales de  las minorías étnico-religiosas que vivieron en el sector seteptrional de la ciudad, es posible rastrear sus huellas con la ayuda de los fondos documentales. 

  Curiosamente hoy día  recorriendo las calles, muchas de ellas estrechas y tortuosas,  del actual barrio de Remolins -la parte de la ciudad donde vivieron después de la conquista cristiana los judíos y los musulmanes-  se observa hoy día como en ellas conviven  nuevamente gentes de culturas diferentes a la cristiana y es que en Tortosa hay un alto grado de población emigrante, mucha de la cual vive en esa parte de la ciudad, que sigue siendo un tanto marginal. 

   Como recuerdo de las tres comunidades culturales que convivieron en la ciudad, en las Fiestas del Renacimiento (desde1996 se celebran  cada año) se pasean  tres parejas de gigantes, una por cada comunidad: Rufo y Rubí, la pareja  de cristianos, tiene de 4 metros de altura y  fueron realizados en cartón piedra en 1957 (la pareja anterior  fue destruida  durante la guerra civil del pasado siglo, en la que tanto sufrió la ciudad de Tortosa); Nabil y Zoraida, la pareja de musulmanes, tiene  de 3,80 metros de altura y fue  realizada en 1958  en cartón piedra (la anterior se perdió  también en la guerra civil del pasado siglo). A estas parejas tradicionales se añadió en 1999  (con motivo de la celebración del 850 aniversario del otorgamiento de la carta de población cristiana y de las de seguridad  judía y musulmana)  la pareja de judíos  -Caxixa y Bonjhuà- que   tiene  3,65 metros de altura;   fue  realizada en fibra de vidrio y las efigies llevan  vestidos que imitan la indumentar tradicional usada por los judíos catalanes. 

   Las tres parejas están depositadas en la  Lonja. Es más antigua Lonja conservada en el territorio de la Corona de Aragón.  En 1933  lo que  perduraba de ella (el porche del trigo, del  s. XIV) fue trasladado  desde su ubicación original al parque municipal Teodoro González, donde permanece.
 






  

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