miércoles, 20 de diciembre de 2023

LA PALABRA DESNUDA de Jean Paul Leon Yodh, en el El Ateneo de Madrid


Jean Paul León y las presentadoras en el Ateneo de Madrid


L.M.A.

        21.12.2023 .- Madrid .- En la Sala Pérez Galdós del Ateneo de Madrid, Sara Cantó introdujo al escritor y artista Jean Paul Leon Yodh durante la presentación de su libro "La palabra desnuda". 

La filóloga Concha D’Olhaberriague hizo un brillante análisis de la literatura de este escritor vanguardista, Jean Paul Leon Yodh. A continuación resaltamos parte de su elocuente introducción:
La palabra desnuda es un ramillete de 15 tríadas de relatos desglosados en Di-minutos, II Minutos y X Minutos, donde “diminutos” cobra un sentido innovador, es decir, el vocablo se expande, si lo analizamos como si constara de un prefijo di- que vale tanto para 2 (dicotomía, díptico), como para 10, di-ez.
Algunos de los fragmentos, los llamados “Diminutos”, son breves, de índole aforística. Otros son monólogos; hay escenas de la vida cotidiana dialogadas, con su punto humorístico. A veces tenemos la impresión de que estamos leyendo un boceto de guión cinematográfico o teatral o el esbozo de un cuentecito, no porque den la impresión de manquedad sino más bien como sucede generalmente con la lectura de los microrrelatos cuando son redondos y sugerentes, es decir, que vemos ‘in nuce’ o en germen una potencialidad narrativa susceptible de desarrollo ulterior. En suma, estamos hablando de un género híbrido, narrativo y discursivo.
No es el lenguaje en abstracto sino la lengua en vivo aquello sobre lo que versa este libro. La palabra desnuda trasmina o destila una intensa inspiración vital. Como precisa Jean Paul en su nota introductoria: “Todas las almas troqueladas en estos relatos viven por y para el lenguaje”. Es decir, la lengua, el habla, tal como la usamos en el tráfago de la vida, en el intercambio cotidiano, oral y escrito, como instrumento del escritor y medio por excelencia de la comunicación humana. 
Versa igualmente La palabra desnuda sobre cómo la devaluamos (a la palabra) y la dejamos zarrapastrosa y desaliñada por el maltrato. 
Un rasgo muy claro de la prosa de Jean Paul Leon es el aspecto lúdico, desenfadado, irreverente a veces y los guiños cómplices a los amigos, que se ven aquí y allá. En la primera entrada, “La espesa tinta del pensamiento”, el fragmento central de la tríada se llama como el libro: La palabra desnuda. -No sé si con fundamento o sin él, yo he pensado en Juan Ramón Jiménez al leer este capitulillo, en el poema “Poesía pura”, de Eternidades, 1918.
Con humor, antífrasis, parodia, si se quiere, Jean Paul, le da la vuelta o nos presenta una deconstrucción del poema de JRJ.
Uno de los rasgos esenciales de la prosa de La palabra desnuda es la gracia para combinar registros verbales con eficacia, desparpajo, descaro y un toque cínico. Pero también quiero mencionar la destreza notable de Jean Paul para presentar, parodiando, diferencias diatópicas: andaluz sevillano o argentino rioplatense. 
Otros rasgos son las enumeraciones torrenciales que imprimen un ritmo frenético, a ratos, el aire vanguardista que se desprende de estos textos fragmentarios que, no obstante, trenzan una almazuela.
Quiero, asimismo, realzar el humor que el mismo Jean Paul proclama en la nota inicial cuando habla de humor y amor como espoletas de su escritura. 
Los silencios oportunos, de los que tenemos una larga enumeración, es otro de los rasgos del estilo fluido, rítmico y divertido de Jean Paul Leon Yodh, como en la tríada “En boca cerrada” con “Bla, bla, bla” o con el final orteguiano, elíptico Budha de “El honor de la palabra”.
En Jean Paul brota espontáneamente el Humor judío en el sentido que le da Jeremy Dauber en su libro así llamado, El humor judío, cuyos rasgos relevantes son, en su criterio: la sátira, el ingenio, el componente escatológico y el humor negro. A los rasgos de Dauber yo sumaría en Jean Paul la autoparodia.
Respecto a la voz o voces narrativas, es frecuente la primera persona del autor implícito, como vemos, entre otros muchos, en “Página en blanco”, tercer fragmento de la primera entrada: “La espesa tinta del pensamiento”: “La página en blanco ejerce sobre mí esta noche una tiranía despiadada” o en “Yo, vivo, en el rincón más recóndito de mi propio ombligo”, perteneciente al segundo capítulo: “En boca cerrada”, donde se alude a un comentario de Miguel Delibes: “Mi sinceridad iguala a mi genio. Ya me lo dijo Delibes, que, como yo, era parco en palabras y no se arredraba ante nada ni nadie”.
Hay monólogos, reflexiones en tercera persona, con predominio del narrador participativo o en términos pedantes, intradiegético. Nunca es una tercera persona de narrador omnisciente, pues en ella también se adivina al autor de ventrílocuo. Así en “Bichos Raros”, perteneciente a “Modus Vivendi… Junta letras”, donde vemos un repaso a distintos tipos de escritor: “El escritor es un bicho raro, un ser solo, un musculado cerebral ejercitado en soledades que goza del dictado exigente de su singularidad, que vive atemorizado por el boulevard de sombras por el que atraviesa -cabizbaja y meditabunda- la gabardina camusiana de su propia y trastornada voz”. Y aquí quisiera llamar la atención sobre esta imagen espléndida, de esas que delatan a un gran escritor.


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