Raúl José Martín Palma, escritor
jueves, 19 de febrero de 2026
"Sáhara español (1958-1976). Historia militar de la última provincia en África", libro de Raúl José Martín Palma, editado por Almuzara
miércoles, 18 de febrero de 2026
APOTEOSIS DE LA NOVENA DE BEETHOVEN, bajo la batuta de Pascual Osa y Coro de Rafael Albiñana, en el Auditorio Nacional
Fotos: J.S.A.
19/2/26.- Madrid.- La interpretación de la Novena sinfonía de Beethoven en el Auditorio Nacional por la orquesta Filarmonía de Madrid, dirigida por Pascual Osa y del coro -300 voces-, dirigido por Rafael Albiñana, llegó a una apoteosis tal, que el público entusiasta y agradecido, se levantó y aplaudió sin límites.
La Sinfonía Nº 9 en Re m Op.125. “Coral” logró una de sus mejores manifestaciones en la escena madrileña bajo la batuta de Osa. El concierto contó con la presencia de la presidenta de honor de la Orquesta Filarmonía, Mayte Spínola.
La primera parte fue para “Concierto para violín en re mayor. Op.35, de Tchaikovsky y contó con la actuación del violín de Naoka Aoki, concertino de la Münchner Phiharmoniker, una gran virtuosa en su especialidad, muy aplaudida por el público.
La novena Sinfonía de Beethoven dejó el sabor final de la música sublime en el oído y sensibilidad del público asistente, con la repetición del coro:
¡Alegría, hermoso destello de los dioses,
hija del Elíseo!
¡Ebrios de entusiasmo entramos,
diosa celestial, en tu santuario!
Tu hechizo une de nuevo
lo que la acerba costumbre había separado;
todos los hombres vuelven a ser hermanos
allí donde tu suave ala se posa.
Actuaron la soprano Cristina Domínguez; la mezzo Manuela Mesa; el tenor Quintín Bueno y el barítono. Enrique Sánchez Ramos.
A la salida del concierto, se saludaron Mayte Spínola y María Dolores de Cospedal, ex presidenta de Castilla-La Mancha, y ambas comentaron el virtuosismo de Pascual Osa y el éxito del concierto.
La Orquesta Filarmonía celebra 25 años sobre los escenarios
Un cuarto de siglo marcando el pulso musical de una institución que nació con el sueño de compartir la música con todos los públicos. Desde entonces, la orquesta ha sido el corazón de un proyecto en constante evolución, reuniendo a intérpretes de gran nivel con una energía única y un compromiso contagioso. Junto al Coro Filarmonía, que ha crecido de la mano de la orquesta y se ha convertido en parte esencial de su identidad artística, esta gran familia musical ha construido un camino compartido de excelencia y emoción. Bajo la dirección artística de Pascual Osa, cuya visión ha marcado la identidad sonora y emocional de la agrupación, y con la dirección general de Elena Menor, artífice del desarrollo y solidez del proyecto, la Orquesta Filarmonía ha crecido temporada tras temporada, conquistando escenarios emblemáticos y forjando una conexión especial con su audiencia. Este aniversario celebra a quienes han formado parte de la orquesta a lo largo de los años, a quienes la han escuchado y sentido, y también a todo lo que queda por sonar… y por soñar, como mínimo, durante otros 25 años más.
https://www.facebook.com/watch/?v=1732883844032271
Pascual Osa, Rafael Albiñana y los cantantes saludan al público.María Dolores de Cospedal, ex presidenta de Castilla-La Mancha y Mayte Spínola, presidenta de honor de Filarmonía de Madrid.HELEN LEVITT (FOTOGRAFíA) en la Fundación Mapfre.
Exposición: HELEN LEVITT (FOTOGRAFÍA)
Fundación Mapfre. Recoletos 23-Madrid
Del 17 de febrero al 17 de Mayo de 2026
L.M.A.
17/02/2026.- Se presenta por primera vez a partir de la totalidad de su obra y sus archivos, accesibles para su consulta solo recientemente, de una de las fotógrafas más celebres de la primera mitad del siglo XX que abordó con gran interés sus orígenes en las calles de Nueva York. En la muestra se propone un recorrido integral por la obra de una de las pioneras de la fotografía de calle que supo captar con su sensibilidad la espontaneidad de la vida urbana y su poética con lo que ha dejado una huella indeleble en el medio.
Helen Levitt (1913-2009) nació en Bensonhurst-un barrio de Brooklyn- en el seno de una familia de origen ruso-judío. Muestra desde joven una gran sensibilidad artística. Comienza a fotografiar las calles de Nueva York, su ciudad natal a finales de la década de 1930 donde se interesa fundamentalmente por los barrios pobres, como el Harlem hispano o Lower East Side. Lugar donde la calle es la protagonista con su escenario diario y sabe documentar las escenas íntimas y fugaces de las conexiones humanas,
Su aprendizaje formativo comienza como aprendiz en un estudio del Bronx en 1931 adquiriendo su primera cámara en 1934 para unirse a la New York Film and PhotoLeague, un colectivo comprometido con el cambio social a través de la imagen. Conocer a Henri Cartier Bresson en 1935 (en la exposición figura una fotografía que le dedica) y Walter Evans en 1938 fue fundamental ya que contribuyeron a su crecimiento personal junto a la gran actividad artística e intelectual de Nueva York en los años 30.
Los años decisivos en que capturó muchas de las imágenes que la consagrarían como una de las grandes fotógrafos del siglo XX se sitúan entre 1938 a 1942. Con los que su obra se difunde en revistas como Fortune y PM. The Museum of Modern Art (MoMA) le dedica su primera exposición individual en 1943.
Junto con su amiga y mecenas Janice Loeb comienza a filmar en 1940 con una cámara de cine casera, lo que contribuyó a los principios del cinema verité que culmina en 1952 con el título “In the street”.
Con la ayuda de su amigo el escritor y crítico James Agee proyecta la edición de un libro con sus imágenes de Nueva York para el que redactó un extenso ensayo en el que alababa las cualidades líricas de la fotografía que “en conjunto exponen una visión unificada del mundo en un manifiesto no insistente pero irrefutable”-El libro tras diversas vicisitudes vio la luz en 1965 con el título “A way of seeing” (una forma de ver)
Realiza un viaje a México en 1941 lo que supone un nuevo entorno para hacer fotografías.Pero logra encontrar su camino artístico y produce la obra con la que se reconocen las realidades sociales más crudas al tiempo que le trasfería un lirismo sutil propio de sus gentes y ciudad. Este sería su único viaje al extrajero
Tras triunfar más de dos décadas haciendo fotografía en blanco y negó decide solicitar una beca de la Gouggenheim Foundation con el objetivo de experimentar con las técnicas más novedosas de la fotografía en color en el que logra un sistema intuitivo en el tratamiento el color con lo que en 1974 cuarenta de sus diapositivas se presentan en un pase continuo en The Museum of Moderm Art (MoMA).
En la edición del catalogo de la exposición Joel Sternfeld la denomina con estos cambios “una jugadora de póquer en el mundo del arte”. El comisario e historiador de arte Kevin Moore escribió “Helen Levitt introdujo con tacto el color en su bien asentado trabajo de fotografía de calle en blanco y negro”. Un robo en 1970 le hizo perder gran parte de su obra en color.
Durante las décadas siguientes, continuó fotografiando de forma intermitente regresando al blanco y negro y explorando nuevos escenarios como el metro de Nueva York, o zonas rurales del noroeste estadounidense
La exposición realiza un recorrido por su trayectoria a través de las secciones :Primeras obras/Gitanos/dibujos a tiza; 1938-1940/Ciudad de México; A way of seeing, Color/metro/años 1980-1990; In the street. En alrededor de 200 fotografías que incluyen obras inéditas, así como los trabajos de México, y gran parte de su trabajo en color. Se presenta su película “In the street” con su dirección junto a Janice Loeb y James Agee y una proyección de diapositivas en color realizadas por la artista.
Fue una de las primeras mujeres en abrirse camino en el mundo de la fotografía, especialmente en la fotografía de calle. Evitó construir una narrativa explicita de su trabajo y prefería no hablar sobre sus imágenes. Una decisión que lejos de restarla valor hacen su obra más interesante puesto que son sus fotografías quienes logran captar al espectador gracias a las emociones universales que transmiten. Saber captar como nadie los momentos fugaces de conexión humana sobre todo en los complejos entornos urbanos.
Las líneas que dirige José Manuel Inchausti –Vicepresidente de la Fundación Mapfre en el catalogo la definen “El trabajo de Helen Levitt se distingue por su espontaneidad, simpatía y sensibilidad ante el gesto y el movimiento, pero sobre todo por su aceptación de los placeres, los terrores y la complejidad de la existencia, algo que con frecuencia pasamos por alto cuando estamos inmersos en la cruda realidad del paisaje urbano”
Joshua Chang, comisario de la exposición lo desarrolla extensamente con su testimonio escrito bajo el título“La mirada de Helen Levitt” “Se acercó a la escena con instintiva anticipación dando vueltas a su alrededor mientras disparaba……” Esa era la forma de ver de Helen Levitt.
JORDI TEXIDOR. “No-res”, exposición antológica con medio centenar de obras en la Sala 31
L.M.S.
Fotos: J.S.A.
18/2/26.- Madrid.- En la Sala Alcalá 31 se ha presentado “No-res”, una exposición antológica sobre Jordi Teixidor (Valencia, 1941) que reúne más de medio centenar de obras, desde la década de los 60 hasta la actualidad, entre las que se encuentran todos los cuadernos de trabajo del artista.
Una muestra que invita al espectador a indagar en los diferentes períodos de la amplia trayectoria de Teixidor cuyo título, “No-res”, hace alusión al concepto de la nada: ante la ausencia total es donde nace la posibilidad de una presencia, según el artista. Por ello, más que una antología, la muestra es una invitación a la pausa y la introspección, a través de un encuentro con la obra y el diario íntimo de Teixidor, que hace de la Sala Alcalá 31 un espacio para el diálogo y el encuentro.
La espina dorsal de “No-res” la componen los 31 cuadernos de trabajo del artista, por primera vez juntos. Estas publicaciones recogen toda la producción que Teixidor ha realizado, y también la que no, desde 1965 hasta hoy. No son solamente bocetos, sino el planteamiento de toda la obra de Teixidor y una manera de acercarse al artista y su obra a través de esta especie de diario.
Sobre Jordi Teixidor
Jordi Teixidor es considerado uno de los máximos representantes de la abstracción española, cuya obra es reconocida por sus pinturas casi monocromas y el uso riguroso del color negro. Teixidor reside en Madrid desde comienzos de la década de 1980, ciudad a la que se trasladó después de una estancia de dos años en Nueva York.
Ha participado en eventos clave como la Bienal de Venecia dentro de la histórica España: Vanguardia artística y realidad social. 1936-1976 (1976) o New Images from Spain, en The Solomon R. Guggeheim Museum de Nueva York (1979). Ha expuesto de manera individual en la Fundación Juan March de Palma de Mallorca (2025); el Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca (2024); el Institut Valencià d’Art Modern (IVAM) de Valencia (1997 y 2022) o el Museo Universitario Contemporáneo de Arte-UNAM, Ciudad de México (1998), entre otros.
Su obra está presente en numerosas colecciones públicas y privadas internacionales, como The Solomon R. Guggenheim Museum de Nueva York, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid, el Institut Valencià d’Art Modern (IVAM) de Valencia, la Fundación Juan March, o el San Francisco Museum of Modern Art.
En 2014, su trayectoria fue reconocida con el Premio Nacional de Artes Plásticas del Ministerio de Cultura y es, desde 2002, académico de número de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
Más información
Lugar: Sala Alcalá 31 (Calle Alcalá, 31. Madrid)
Fechas: 19 de febrero - 19 abril 2026
Horario de la exposición*:
martes, 17 de febrero de 2026
“LUCES DE BOHEMIA”, gran versión de la obra de Valle Inclán en el Teatro Español, dirigida por Eduardo Vasco. El esperpento llevado al desideratum
Julia Sáez-Angulo
18/2/26.- Madrid.- “Luces de bohemia”, esta gran obra de teatro del escritor Valle Inclán, ha logrado, una vez más, nueva representación en la escena, como gran obra clásica que es, que es lo mismo que decir: permanente. El Teatro Español nos ofrece una nueva y potente versión de esta pieza coral, a base de escenas en un Madrid de bohemia y miseria. Obra dirigida por Eduardo Vasco e interpretada por Ginés García Millán y Antonio Molero en los papeles principales de Max Estrella y Don Latino.
Eduardo Vasco su director explica el porqué de esta vuelta de “la noche de Max Estrella”: “En el Teatro Español teníamos muchos motivos para representar la pasada temporada Luces de bohemia, más allá de nuestra sempiterna pasión por Valle-Inclán y de que sea una obra trascendental de nuestro repertorio; quizás la pieza dramática más bella, más importante de la literatura dramática española del Siglo XX.
De entre todos los motivos uno, si quieren, de carácter institucional, era celebrar en el 2024 el centenario de su edición definitiva. Es sabido que, aunque parte de la obra había aparecido por entregas en el semanario “España” durante cuatro meses de 1920, su edición completa en libro, con variaciones decisivas, tal y como la conocemos hoy se publicó en 1924 incluida en Opera Omnia, ese cuidado proyecto editorial de aires modernistas que el propio escritor realizó de sus obras.
Otra razón de gran peso, más vinculada con nuestro amor a la profesión, fue que, por increíble que parezca, el periplo del poeta ciego y el golfo hispalense durante la noche madrileña nunca se había representado sobre las tablas de este teatro. Sabemos (al menos así apareció en la prensa de la época) que Cipriano de Rivas Cherif, ese hombre de teatro esencial en la historia de nuestro arte escénico, tuvo el propósito en 1932, durante su etapa en el Español, de llevar a escena este primer esperpento del escritor gallego en el contexto de una temporada estival de gran teatro popular. Pero aquel proyecto nunca se llevó a cabo, así que, de alguna manera, sentimos que aquel era un buen momento para que Max Estrella y toda la bohemia de su tiempo habitasen, por fin, nuestro escenario.
Y ya en esta temporada 25/26 otra razón —esta ocurre pocas veces— se ha sumado a las anteriores: la extraordinaria acogida que tuvo el espectáculo, definitorio de nuestra nueva etapa, entre oficiantes y espectadores. Así que reponemos estas Luces de bohemia con una alegría inmensa y la seguridad de que siempre es un buen momento para volver al “gran don Ramón de las barbas de chivo” que adoró su contemporáneo —y personaje— Rubén Darío.
Conviene recordar que hasta los años 60 no comenzamos a dar al teatro de Valle-Inclán la consideración que merecía, sobre todo en escena, así que podemos hablar de don Ramón como de un clásico reciente de nuestro repertorio escénico, acaso ya (con permiso de Lorca y los áureos) el más estimado, el más admirado por un oficio que tuvo que desarrollar lenguajes nuevos y dejarse calar por las vanguardias para asimilar aquella propuesta postmodernista, que se antojaba casi como un enigma. Y aquí estamos de nuevo los del teatro: tratando de representarlo mientras intentamos entender y asimilar su densidad estética, deslumbrante e inalcanzable.
Como sucede con todas las grandes obras, Luces aparece en cada época, en cada generación, como un faro que ilumina el presente y, en nuestro caso, lo hace desde un pasado que nos pertenece y que nos ha convertido en lo que somos: herederos de los hipogrifos de Calderón, de los caprichos de Goya, de Quevedo y Cervantes, y de los folletines y las parodias escénicas de aquel Madrid absurdo, brillante y hambriento, y de tantas cosas... Por eso necesitamos retomar en escena cada cierto tiempo la elegía de Malaestrella, y reencontrarnos con aquella sátira, ¡tan española!, tan lejana en estos tiempos en los que parece vetada la práctica del humor inteligente en este país hipersensible”.
Un reparto de 25 actores que ponen en pie, con maestría bien dirigida, una sociedad agitada por la pobreza y el anarquismo del momento, con una interpretación hermosa subrayada por acordes musicales.





