miércoles, 29 de julio de 2026

Diario Escurialense VII.- REAPERTURA DEL PATIO DE LOS EVANGELISTAS EN EL REAL MONASTERIO. Visita de la pintora Cecilia de Lassaletta y el fotógrafo Peter Wall. Cadena trófica de avispas, gorriones y hormigas.

Jardín del Patio de los Evangelistas. Real Monasterio de El Escorial.
Cecilia de Lassaletta y Estébanez, pintora.


Julia Sáez-Angulo

Fotos: Peter Wall

29/7/26.- El Escorial.- Con motivo de la reapertura del Patio de los Evangelistas en el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, ha tenido lugar la visita de la pintora Cecilia de Lassaletta y el fotógrafo  Peter Wall. Dos grandes artistas en sus respectivos campos, muy seguros de sí mismo y de su arte, porque ya se sabe que un artista o cree a pie juntillas en lo que hace o no es tal. Ambos hablan de su creatividad con el entusiasmo del primer día de clase.

    El Patio de los Evangelistas es el gran claustro renacentista del Real Monasterio, famoso por sus dos pisos de galerías clásicas y su templete central diseñado por Juan de Herrera. El diseño original, iniciado por Juan Bautista de Toledo, fue modificado después por Herrera.

    La planta baja usa el orden toscano y la planta alta el orden jónico, con arcos de medio punto. Está rematado con una balaustrada de piedra y las típicas bolas de granito de la época herreriana. Situado justo en medio del patio, el templete fue diseñado en 1586.Contiene tallas de los cuatro evangelistas hechas por el artista Juan Bautista Monegro y representa la unión entre la tierra y el cielo. Sirvió de espacio para procesiones religiosas de los frailes.

    La reciente restauración del Patio de los Evangelistas concluyó en julio de 2026 tras una inversión de 1,7 millones de euros, permitiendo abrir este espacio al público por primera vez en su historia. La intervención recuperó su diseño renacentista original del siglo XVI.

    Cecilia de Lassaletta, noble y generosa, de alta cuna, nos invitó a almorzar a Paco Pastel, en plenos jardines de la Casita del Príncipe, que algunos llaman la Casita de abajo, para no confundir con la Casita de arriba, cuando en realidad la de arriba es la Casita del Infante, y la de abajo, la del Príncipe. Para los que saben de realeza, la diferencia es notoria, como  ser heredero al trono o simple segundón.

    Comimos al aire libre para contemplar y disfrutar las secuoyas gigantes, los abetos del Cáucaso y los cedros, pero, ¡ay! las avispas atacaban sin piedad, ante los aspavientos de “señorita bien” de Cecilia, a la que por su sangre dulce o azul -no sabemos muy bien- buscaban con complacencia.

    Los camareros atentos trajeron a la mesa un molinillo u unas ramas de citronela para ahuyentarlas, aun así, algunas avispas persistentes seguían buscando los brazos y hasta la cara de Cecilia. Una camarera puso un platito con trozos de carne un poco alejado en el suelo y esto las atrajo con más fuerza. Era un espectáculo ver aquellos insectos rayados como antiguos prisioneros atacando la carne, aunque los gorriones también se la disputaban.

    Nosotros tomamos aperitivo de queso feta en aceite de oliva, revuelto de espárragos y setas, ensalada de cuscús y salmón a las finas hierbas. Los dulces de Paco Pastel quedaron para el final: mousse deliciosa de naranja.

Conversación sobre arte, nobleza y España como planta fotovoltaica de Europa

        Lo importante junto a la comida es la conversación. Preguntamos a Cecilia por el origen noble de su familia y nos habló de su tío abuelo Alejandro de Mora y Riera (1823–1915), II marqués de Casa Riera, un noble y banquero muy rico que pasó gran parte de su vida en París, donde protegió al pintor Raimundo de Madrazo, que le pintó un gran retrato. Heredó el título y los bienes de su tío, el primer marqués Tomás Felipe Riera, y mandó derribar el palacete familiar en Madrid, sin llegar a construir el segundo. Los terrenos del hoy Círculo de Bellas Artes y del Instituto Cervantes eran de él. Pero la rica herencia del marqués pasó toda a la madre de la reina Fabiola de Mora y Aragón, madrina del padre de Cecilia, Juan María de Lassaletta y Martínez Mora. Cosas de familia.

    Mientras las avispas devoraban la carne, seguimos con el segundo plato y las advertencias y amonestaciones del apocalíptico Peter Wall (nombre artístico venido de su original hispano Pedro Tapia). Hablamos de los tremendos fuegos de actualidad y sus causas. “El presidente de Gobierno lo atribuye como un mantra al cambio climático -previo a una futura y nueva glaciación como en el pasado-, que sí, pero curiosamente no mencionó ni una vez, las causas inmediatas de un coche eléctrico incendiado o a los sospechosos pirómanos”.

    Se alegaron, sobre todo, los intereses creados de la quema del bosque para implantar más placas solares que no siempre proporcionan la energía necesaria y que arruinan el paisaje, como han hecho en Aragón, planificación en la que participan algunos políticos avariciosos. Hubo incendios de bosques tras concesiones otorgadas de placas solares. Qui prodest?   “Quieren hacer de España la planta fotovoltaica de Europa a base de gigantescas granjas solares”, insistía Peter. Y se aseguró que los bulos viajan de arriba abajo y viceversa. “¿Quién cree al mentiroso que ha mentido varias veces?”.

    Yo recordé el aserto de Aleksandr Solzhenitsyn: “Los políticos mienten. Los políticos saben que mienten. Los políticos saben que los ciudadanos saben que mienten. Y, pese a todo, los políticos siguen mintiendo”.

    “Aquí, cada cual representa su papel, porque llega a creérselo, por encima de la realidad”, remata Peter Wall.

    Los últimos trozos de carne del platillo en el suelo estaban recubiertos de diminutas hormigas negras. Así funciona la cadena trófica de la Naturaleza:avispas, gorriones y hormigas.

    La visita al Patio de los Evangelistas del Real Monasterio vino seguidamente

Más información

https://www.patrimonionacional.es/actualidad/noticias/patrimonio-nacional-abre-por-primera-vez-al-publico-el-patio-de-los-2

https://lamiradaactual.blogspot.com/2018/10/retratos-cecilia-de-lassaletta-noble-y.html


Cecilia de Lassaletta, Julia Sáez-Angulo y Peter Wall.

II Marqués de Casa Riera. Retrato por Raimundo Madrazo (1889).
Julia Sáez-Angulo ante el salmón a las finas hierbas.
Si quieres saber en donde será el próximo incendio, no hay mas que leer el B. O. E., que lo adivina unos meses antes. HDLGP





ESCALERA MONUMENTAL EN MARSELLA, DECLARADA MONUMENTO NACIONAL. Fotos Isabelle Hirschi

 










martes, 28 de julio de 2026

40 ANIVERSARIO DEL MUSEO DE DIBUJO JULIO GAVÍN, MUDDI


Diario Escurialense V. EL REGRESO VERANIEGO A EL ESCORIAL. Los pequeños cambios: cambio de rótulo, de mendigos… Amigos...

Rótulo actual del Antiguo Salón.
Antiguo rótulo, hoy desechado.


Julia Sáez-Angulo

28/7/26.- Madrid.- Se vuelve siempre al mismo lugar. Y, sin embargo, nunca es el mismo. Tampoco nosotros lo somos. Este año la llegada a El Escorial se hizo esperar. La operación de cataratas retrasó el viaje y, cuando por fin pude instalarme, apenas habían transcurrido tres días cuando hubo que regresar apresuradamente a Madrid. El incendio que avanzaba desde la limítrofe provincia de Ávila parecía buscar las laderas del Abantos. Durante unas horas el monte desapareció. Solo quedó una inmensa nube gris que lo envolvía todo. Desde la terraza acristalada de mi casa contemplaba aquel espectáculo silencioso. 

    La casa conserva fiel el aire de los años sesenta. Los tapetes de ganchillo siguen cubriendo los brazos de los viejos sofás, que yo me apresuro a conservar para no romper el estilo. El tiempo ha respetado ese pequeño mundo doméstico que ya casi pertenece a otra España. Afuera, el humo. Dentro, la memoria.

    Luego todo vuelve despacio a su cauce. El humo se disipa. Regresan los pájaros. Las conversaciones recuperan su tono cotidiano. Cervantes sabía que el tiempo acaba poniendo cada cosa en su sitio. Basta con esperar.

    El verano en El Escorial consiste, sobre todo, en reencontrar rostros conocidos. Amigos que solo aparecen cuando llegan los calores de julio. Vecinos que nunca abandonan el Real Sitio. Se conversa donde siempre. Se pasea por las mismas calles. Se descubren, sin embargo, pequeñas novedades que hacen pensar que los años no pasan en vano.

    Una me produjo una satisfacción íntima. El antiguo salón situado junto al Ayuntamiento ha retirado, por fin, aquel desafortunado rótulo que lucía una innecesaria diéresis sobre la palabra «Antiguo». Durante años envié escritos al alcalde reclamando aquella corrección. Parecía una batalla insignificante. No lo era. El idioma también forma parte del patrimonio. Ahora el error ha desaparecido. Ignoro quién tomó la decisión. He enviado una carta de agradecimiento al Consistorio. Las administraciones también merecen gratitud cuando rectifican.

Iglesia histórica del XVI y Espíritu Santo representado

    Entro después en la iglesia de San Bernabé. Francisco de Mora levantó este templo en los días de Felipe II. Sus piedras conservan una serenidad antigua. El pórtico ofrece otra novedad. El mendigo marroquí, que durante tantos años ocupó aquel rincón ya no está. Ahora pide limosna una mujer moldava. Se lo pregunté con naturalidad. Ella pide con un delicado plato de porcelana irisada. Son otras pobrezas. Otros caminos de Europa que desembocan aquí, a la sombra del Real Monasterio.

    Este verano ayuda en la parroquia un sacerdote joven venido de África. También eso habla de nuestro tiempo. Europa envejece. África envía sacerdotes donde antes los enviábamos nosotros. Levanto la vista. Junto al retablo desciende el Espíritu Santo en forma de paloma sobre un círculo de halos dorados que la rodean, todo él en madera estofada. Hay imágenes que parecen suspendidas fuera del tiempo.

    Pienso entonces en Gregorio Prieto. El pintor manchego sentía verdadera pasión por estas representaciones del Espíritu Santo y de arcángeles. Las buscaba en anticuarios, almonedas, sacristías, monasterios o conventos. Con ellas reunió una colección notable, que hoy puede contemplarse en su museo de Valdepeñas. Algunas veces una afición termina convirtiéndose en patrimonio de todos.    El pintor expuso todas sus tallas en el Club Urbis en 1975. Se hizo un catálogo.

    La vida continúa con sus pequeñas ceremonias. Desayunar con el pintor Juan Diego Roldán en la Casita del Príncipe. Conversar con Conchita Pérez. Escuchar a Joaquín Abós hablar de sus memorias, que hace unos veranos fueron presentadas por la alcaldesa de San Lorenzo, Carlota López Esteban. Comer en el Cafetín Croché con el pintor japonés Yurihito Otsuki y su esposa, Marina Sánchez.

    Otsuki acaba de regresar de Tokio. Allí ha expuesto sus cuadros figurativos, llenos de relatos y símbolos. Ahora piensa en santa Teresa de Jesús. Quiere pintar una serie inspirada en Las Fundaciones. No me sorprende. El Escorial acaba conduciendo siempre hacia la historia, hacia la mística o hacia el arte. A veces hacia las tres cosas a la vez.

    Camino entre los árboles centenarios. Robles, fresnos, castaños, coníferas de todo tipo. Han visto pasar generaciones enteras. Permanecen inmóviles mientras nosotros cambiamos. Solo queda un deseo. Que el fuego nunca alcance estos montes. Que el Abantos conserve siempre su silencio y su sombra.

    En las redes sociales alguien escribía con ironía que el incendio jamás llegaría a El Escorial, porque aquí posee una residencia el ministro del Interior. Son bromas de un tiempo inclinado al sarcasmo. Yo prefiero pensar que estos bosques seguirán salvándose gracias a la prudencia de quienes los cuidan y a la vieja fortuna que parece proteger, desde hace más de cuatro siglos, este lugar elegido por Felipe II para dialogar con la piedra, con la naturaleza, con el tiempo y, sobre todo, con Dios.

Iglesia de San Bernabé. S. XVI, por Francisco de Mora.
Espíritu Santo de la iglesia de San Bernabé.
El sacerdote africano junto a la representación del Espíritu Santo

Casita del Príncipe Carlos IV. s. XVIII.


CANCILLERÍA DE PERÚ FIRMA “CARTA DE INTENCIONES” CON LA FUNDACIÓN DE LOS PIZARRO

 

El documento, fue firmado por el vicecanciller Eric Anderson y el presidente de la Fundación Obra Pía de los Pizarro, Hernando de Orellana Pizarro


L.M.A.


      Lima, 26.07.2026.- El pasado viernes 24 de julio, en la sede del Centro Cultural Inca Garcilaso, el embajador Eric Anderson Machado, viceministro de Relaciones Exteriores y encargado de la Secretaría General de nuestra Cancillería; suscribió una “Carta de intenciones” con Hernando de Orellana Pizarro, presidente de la Fundación Obra Pía de los Pizarro, de Trujillo de Extremadura.


El documento formaliza y permitirá incrementar la estrecha colaboración entre ambas instituciones para fomentar la cultura peruana en España, a través de la Embajada del Perú, y para fortalecer los vínculos de la Fundación con nuestro país

    En el acto, intervinieron el director del Centro Cultural Inca Garcilaso, Hernando Torres-Fernández, que destacó el positivo impacto que tiene este entendimiento para la proyección exterior de las actividades CCIG, así como Alonso Ruiz Rosas, agregado cultural de la embajada peruana en España, quien subrayó la pertenencia de potenciar una relación institucional ya establecida de cara a los próximos años.

    A su turno Hernando de Orellana Pizarro recordó que la fundación había sido creada hacía más de cuatro siglos por Francisca Pizarro Yupanqui y su esposo, Hernando Pizarro, y que era una institución que se sentía “tan española como peruana”. Destacó también su compromiso con la promoción de nuestra cultura y el apoyo a otros proyectos, que vienen fortaleciéndose.

    Por su parte, el embajador Anderson Machado recordó dos hitos recientes: el apoyo prestado por la Fundación Obra Pía de los Pizarro a la Beca Diego Quispe Tito creada por el Museo Nacional del Prado y el Ministerio de Relaciones Exteriores; y el próximo Encuentro de Academias Iberoamericanos de la Historia en Lima, en noviembre del presente año. Esta relación, precisó, proseguirá y se incrementará con nuevas y positivas acciones.


lunes, 27 de julio de 2026

Diario Escurialense VI. “LA ODISEA”, DE HOMERO A LA PELÍCULA DE NOLAN, RECIÉN ESTRENADA. Los ecos de James Joyce y Konstantino Kavafis

Matt Damon, protagonista de "La Odisea"

Odysseus (Matt Damon) is visited by the goddess Athena (Zendaya) in "The Odyssey


Julia Sáez-Angulo

28/7/26.- El Escorial.- Los que amamos y tradujimos tanto a Homero, me temo que nos va a gustar siempre  más el original que cualquier otra versión. “La Odisea”, película del norteamericano Christopher Nolan, en plena actualidad en los cines de toda España, no está mal, pero no convence en todo o en parte. 
    (El Museo del Prado ha dedicado una exposición de sus obras "clásicas" y un video, con motivo de esta película. Ver enlace final)
    El filme tiene la imponencia de las superproducciones y en este sentido se acerca a la grandiosidad del mito, pero el concepto fundamental se ha perdido. Queda gris. Nolan ha querido hacer de Ulises un hombre moderno, dubitativo, humanitario y despreciador de los dioses, lo que no impide que la narración arrastre las sucesivas ideas de infracción a la cosmogonía, culpa, arrepentimiento y perdón, para quedarse en un futuro homenaje a los hombres que traicionó y que no respetó en sus creencias, como es el de darles sepultura, algo clave en las creencias griegas, pues equivalía a que las almas vagaran continuamente sin encontrar descanso.
    La bajada al Hades es elocuente en esto último y la duda de Ulises va más respecto a sus compañeros que sí creían en el más allá, que a sus propias convicciones. En estos casos, Ulises es impío. La película lo presenta como "políticamente correcto". En suma, filme un tanto decepcionante, sobre todo en episodios como el de Polifemo. Falta el truco de llamarse "Nadie" ante él. La presencia de las diosas es muy pobre.
    Sinopsis.- Tras la guerra de Troya, el legendario Odiseo emprende el largo y peligroso regreso a su hogar en Ítaca, donde su esposa Penélope y su hijo Telémaco lo esperan desde hace mucho tiempo, mientras resguardan el reino de los numerosos pretendientes que acechan el trono. Sin embargo, el camino de vuelta se convertirá en una epopeya legendaria en la que deberá enfrentarse a dioses hostiles y criaturas mitológicas que pondrán a prueba no solo su ingenio y valentía, sino también su propia humanidad. 
    Los distintos episodios del gran viaje de Ulises, la vida misma más allá de la meta en Ítaca, se interpretan de modo sintético pese a la duración de la película, tres horas ciertamente largas para un espectador de hoy. (Fueron unos cuantos los que abandonaron la sala para ir al baño.) Algunas secuencias como la final de la lucha contra los pretendientes se hace prolongada y pesada, quizás por eso, porque ya se acercan las tres horas de quietas posaderas.
    Ulises, en este filme, es un humanista sin proyección trascendental. Un hombre con sentido práctico, que utiliza la treta y el engaño para salir adelante. Es buen esposo y padre, a su manera, con la familia como fondo y refugio de su vida, pero desde lejos. Para él la vida es viaje y acción, más allá de sentimientos. 
El personaje de Ulises y su viaje ha dado lugar a numerosas derivaciones literarias, desde el abstruso “Ulises” de James Joyce (1882–1941), al célebre poema del vate griego Kostantino Kavafis, (Alejandría, 1863-1933), “Camino a Ítaca”, bella metáfora sobre la vida donde el camino y el aprendizaje importan más que la meta final.
El poema invita a desear un viaje largo y lleno de experiencias, minimizando el miedo a los obstáculos (lestrigones, cíclopes, Poseidón), que solo existen si uno los lleva dentro. Kavafis nos anima a disfrutar de los descubrimientos, conocimientos y mercancías exóticas en el camino hacia Ítaca, la patria de origen donde le esperan -casi en vano- su esposa Penélope y su hijo Telémaco.
    Los versos finales más célebres y definitivos del poema «Ítaca» de Constantino Kavafis encapsulan su gran enseñanza vital: «Ítaca te brindó tan hermoso viaje. / Sin ella no habrías emprendido el camino, / pero no tiene ya nada que darte. / Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado. / Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia, / entenderás ya qué significan las Ítacas».
Ítaca poema por Konstantino Kavafis

Cuando emprendas tu viaje a Ítaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.
Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.
Ten siempre a Ítaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Ítaca te enriquezca.
Ítaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.
Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Ítacas.

Konstantino Kavafis, 1911

Por María González de León
Traducción: Pedro Bádenas de la Peña

    Más información


Diario Escurialense IV. FRINÉ, EL PODER DE LA BELLEZA. Reinterpretación del mito clásico. Relato para aparcar un rato los incendios

La copia de la Afrodita de Cnido llamada de Altemps o Ludovisi. Museo del Palacio Altemps, Roma.
AutorPraxíteles
Creación360 a. C.
UbicaciónObra original perdida
MaterialMármol de Paros
Dimensiones205 centímetros de alto

Mural de Pompeya de Venus Anadiómena. Alrededor del año 50.


Julia Sáez-Angulo

27/7/26.- El Escorial

    Friné había comprendido, antes que muchos filósofos, que la fortuna no es sino una forma secundaria de la belleza: su consecuencia más visible y, al mismo tiempo, la más inestable. En Atenas, donde todo se mide en palabras y prestigio, su nombre llegó a convertirse en una especie de riqueza paralela, tan real como el oro, aunque menos confesable.

    Nacida en Beocia, había abandonado pronto la discreción de su origen. No fue una huida, sino una transformación. En la ciudad de Atenea, donde los hombres discuten sobre la justicia mientras la practican con dificultad, Friné encontró un lugar ambiguo, pero poderoso. Se convirtió en cortesana, y con ello en algo más que una mujer: en una presencia que reorganizaba el deseo y la atención de quienes la rodeaban.

    Su fortuna creció con la misma naturalidad con la que otros acumulan años. No la ocultaba. Al contrario, parecía asumirla como una forma de responsabilidad. Se decía que ningún banquete importante estaba completo sin su sombra, y que incluso los más severos moralistas bajaban la voz cuando ella entraba en una estancia.

    El escultor Praxíteles la contempló como se contempla una hipótesis sobre lo divino. De ese encuentro nació la Afrodita de Cnido, y con ella la sospecha de que los dioses no eran sino una prolongación idealizada de los cuerpos humanos. El pintor Apeles, por su parte, buscó en ella la imagen de "Afrodita Anadiómena" (la que sale del mar), nacida entre la espuma marina, como si el arte pudiera fijar aquello que, por naturaleza, está destinado a desaparecer.

    Pero la riqueza de Friné no se limitaba al brillo de su nombre. Con el tiempo, llegó a poseer una fortuna tan vasta que pudo permitirse un gesto que desconcertó a la propia ciudad: ofreció financiar la reconstrucción de las murallas de Tebas, destruidas por Alejandro.

    No lo hizo sin condición. Exigió únicamente que, en una de las piedras del nuevo muro, se inscribiera una frase que recordara el origen de la obra: que Alejandro las había destruido y que Friné las había levantado de nuevo. No era vanidad, decían algunos, sino la voluntad de inscribir la memoria en la materia misma de la ciudad. Otros vieron en ello una forma más sutil de permanencia.

    Atenas, sin embargo, no olvida fácilmente lo que no puede controlar. La misma mujer que podía reconstruir ciudades fue acusada de impiedad. Bastó una insinuación —la de haber comparado su belleza con la de Afrodita— para que la admiración se transformara en sospecha. Fue conducida ante el Areópago, donde la razón de los hombres intenta imitar, sin éxito, la estabilidad de los dioses.

    Hipérides la defendía. Su elocuencia, que tantas veces había inclinado decisiones políticas, encontró allí una resistencia distinta, más antigua que la lógica. Los jueces parecían ya inclinados hacia la condena, como si la belleza, la riqueza y la libertad de Friné formaran juntas una forma intolerable de exceso.

    Entonces, comprendiendo que las palabras habían perdido su eficacia, Hipérides retiró la túnica que cubría a la acusada.

    No hubo escándalo. Solo una inmovilidad profunda, como si el tiempo hubiera suspendido su curso, para permitir a la ciudad contemplar aquello que normalmente se le escapa.

    Los jueces no vieron ya a una mujer, sino una evidencia que desbordaba toda categoría moral. Algunos apartaron la mirada; otros la sostuvieron con una mezcla de temor y reconocimiento, como si en aquel cuerpo se revelara una ley más antigua que la de los hombres. La creación de aquel cuerpo había sido llevada a cabo por los dioses.La absolución no necesitó ser pronunciada.

    Más tarde, algunos atribuyeron la decisión a la belleza. Otros, a la astucia de Hipérides. Pero quizá, como ocurre en los momentos decisivos de la historia, no fue ni lo uno ni lo otro, sino la súbita conciencia de que hay instantes en los que la realidad se impone sin necesidad de argumento.

    Friné salió libre. Y con ella, por un breve instante, la ciudad pareció recordar que incluso las murallas —las de piedra como las de la ley— pueden ser reconstruidas, pero nunca sin dejar constancia de quién las ha derribado.

(Ateneo de Náucratis y una diversa tradición de autores, pintores, músicos y voces de ópera, dieron forma a este mito clásico griego)

Henryk Siemiradzki. Friné se dispone a bañarse en la playa de Eleusis (fragmento). 1889.
Jean-Léon Gérôme. Praxíteles desnuda a Friné ante el Areópago. 1861.
Joseph Frappa. Friné les enseña sus pechos a los jueces. 1904.