jueves, 16 de julio de 2026
"EL SILENCIO AZUL DE SANTA TERESA". Escultura y poema de Patricia Larrea
A Santa Teresa
"EL SILENCIO AZUL DE SANTA TERESA"
Detener el vuelo en la madera, hacer del azul un rezo quieto.
Luz blanca que cruza el secreto de mi alma.
Vuela el alma de Teresa entera.
Trazo a trazo, la mística se anida en la sombra violácea de este viento, paloma de infinito movimiento, que en lo público eterno queda unida.
"Alma, buscarte has en mi, y a mi buscarme has en ti"
Esta paloma abstracta tallada en madera y vestida de cielos azules y violáceos, rinde homenaje al vuelo interior de Santa Teresa de Jesús.
Una grafía eterna que transforma la materia en espíritu, recordándonos que la quietud también es el viaje mas profundo.
Madera que se vuelve cielo, lineas que dibujan el extasis, te rindo tributo Santa Teresa a través de una paloma suspendida en matices de azul, blanco y violeta.
Mis Grafías grabadas para ti Santa Teresa, son el eco de una palabra viva que desafía el tiempo.
Que esta presencia inspire a quienes la contemplan a buscar la luz en sus propias moradas interiores.
Palomar de Santa Teresa, Gotarrendura, Ávila, un lugar cargado de misticismo, en el Palomar donde Teresa intuyò el vuelo del espíritu .
La madera se convierte en ala, la gubia se vuelve plegaria, líneas abstractas talladas en azul, violeta y blanco, Grafías secretas, que esculpen el extasis del alma.
Aquí anida hoy la palabra viva de la mística.
Un trazo eterno que une la tierra de Gotarrendura con el cielo.
Patricia Larrea Almeida
“EL CASTILLO DE LA MAGIA ENMARAÑADA”, UNA NOVELA FANTÁSTICA ESCRITA POR SOPHIE ANDERSON E ILUSTRADA POR DIEGO DE LOS SANTOS
Julia Sáez-Angulo
16/7/26.- Madrid.- “El castillo de la magia enmarañada” es una novela fantástica escrita por Sophie Anderson e ilustrada por Diego de los Santos, ha sido publicada por la editorial Errata Naturae
Este libro infantil-juvenil (344 páginas, 24,00 €) se lanzó al mercado en junio de 2026 dentro de su colección «Los pequeños salvajes». La historia sigue a Olia, una niña que vive en el Castillo Mila y que, tras desatarse una tormenta, debe adentrarse en la tierra de la Magia Prohibida para salvar a su familia y a las criaturas de los cuentos eslavos.
Sinopsis.- Olia vive en el Castillo Mila, un imponente edificio de madera repleto de cúpulas, pasadizos secretos y leyendas antiguas. Sus padres insisten en que la magia, encerrada en viejas historias, es cosa del pasado. Pero su abuela nunca ha dejado de escucharla. Y ella tampoco ha dejado de buscarla. Una noche, una tormenta furiosa sacude el castillo y lo cambia todo.
La magia, enmarañada durante siglos, se escapa en todas direcciones poniendo en peligro a su familia. Acompañada por Feliks, un espíritu doméstico testarudo y entrañable con forma de zorro, Olia se interna en la tierra de la Magia Prohibida, donde habitan las criaturas de los cuentos eslavos: espíritus del agua, brujas, gigantes de piedra, pájaros de fuego…
Para salvar su hogar, tendrá que deshacer nudos de hechizos, errores pasados y miedos muy humanos, y descubrir que la magia más poderosa no siempre es la que brilla, sino la que se comparte.
«Un viaje emocional en el que resuenan el legado familiar y la confianza en el propio instinto, donde el paisaje —cargado de magia— se convierte en un personaje por derecho propio» h a dicho “Publishers Weekly”
«Rebosante de optimismo, celebra el amor entre padres y hermanos, la amistad y el auténtico significado de la palabra “hogar”», se escribe en The Times & The Sunday Times (Children’s Books of the Year).
miércoles, 15 de julio de 2026
RASTRILLO DE NUEVO FUTURO EN LIMA. El Grupo pro Arte y Cultura colabora con sus donaciones de pintura
Julia Sáez-Angulo
15/7/26.- Madrid.- Siguiendo su vocación artística y solidaria a lo largo de su larga trayectoria, el Grupo pro Arte y Cultura, fundado por la pintora y mecenas Mayte Spínola, ha colaborado en la donación de obras de arte en favor del Rastrillo de Nuevo Futuro de Lima, presidido Cristina Matossian en Perú, cuyo objetivo es lograr hogares para niños desfavorecidos.
El lema del Grupo es “Crear y Ayudar”
Entre los artistas visuales donantes figuran: Aracely Alarcón, Adriana Zapisek, Ángela Palomeque, Minu Sostres, Pablo Reviriego, Mercedes Ballesteros. Cuchi de Osma, María Jesús de Frutos, Coronada Egaña, Paloma Casado Manuela Pico, Rosa Gallego, Patricia Larrea Cecilia de Lassaletta y Mayte Spínola.
El célebre Rastrillo, que tan elogiable labor lleva a cabo, se celebrará en Lima durante el mes de octubre de 2026. Contará con un stand especial de Arte Contemporáneo, coordinado por la Delegada del Grupo en Colombia, la escritora Paula López Espinosa, que hizo de “embajadora” en España para este proyecto de colaboración y ayuda.
El Rastrillo de Nuevo Futuro es un icónico mercadillo benéfico organizado por la Asociación Nuevo Futuro. Su objetivo principal es recaudar fondos para mantener sus hogares de acogida y pisos de emancipación, protegiendo a niños y jóvenes en situación de vulnerabilidad social. La Infanta Doña Pilar de Borbón fue su presidenta durante muchos años. Su presidenta actual en España en Pina Ferrari.
Nacido en 1968, se ha consolidado como un gran evento social y solidario donde voluntarios y marcas colaboran donando artículos. En él se puede encontrar desde antigüedades, moda y artesanía hasta gastronomía y una popular tómbola, siendo una excelente oportunidad para realizar compras con un fin benéfico.
El Grupo pro Arte y Cultura fundado en 1990 por la pintora y mecenas Mayte Spínola, reúne a cientos de artistas de distintos campos e intelectuales bajo el lema "Crear y Ayudar". El colectivo destaca por sus exposiciones de arte, creación de colecciones y museos, así como iniciativas solidarias y por la entrega anual de las Medallas de Oro Mayte Spínola. A lo largo de su historia, ha impulsado el trabajo de creadores consagrados y emergentes, fusionando el arte con fines benéficos y humanitarios.
MADRID, CIUDAD HISTÓRICA, ABIERTA, DE ACOGIDA, ARTÍSTICA, DE NATURALEZA… CAPITAL DE LAS ESPAÑAS
Julia Sáez-Angulo
15/7/26.- Madrid.- Mi amigo el profesor farmacólogo José Luis Alloza me explica que su apellido significa almendruco: la almendra cuando todavía está verde y puede comerse entera. Él, aragonés hasta la médula, lo cuenta con ese orgullo sereno de quien sabe de dónde viene. Yo, riojana y vecina de Aragón, tampoco oculto el mío. La Rioja formó parte de aquella Castilla naciente por la que cabalgó el conde Fernán González cuando Castilla aún era un condado y no un reino. Las raíces importan; ayudan a comprender el presente sin necesidad de levantar fronteras entre españoles.
Quizá por eso, tanto el profesor Alloza como yo nos sentimos herederos de una historia común que acabó cristalizando en la España de Isabel I de Castilla y Fernando de Aragón. Hace años escribí, por descuido, que las Islas Canarias se habían incorporado a la Corona de España en 1496. El historiador amigo Pastor Garrigues me corrigió con razón: “las Islas se incorporaron a la Corona de Castilla”. La precisión histórica nunca sobra. La historia tiene sus hechos y no debería depender de las modas políticas ni de las sucesivas leyes de memoria.
Con esa mirada llegamos siempre a Madrid, una ciudad que ambos, Alloza y yo, queremos profundamente. No tanto por un supuesto casticismo, que a veces acaba convertido en caricatura, sino por algo mucho más valioso: su capacidad para recibir a cualquiera como si llevara toda la vida viviendo en ella. Madrid posee esa rara virtud de no preguntar nunca de dónde vienes. Basta con llegar para sentirse un poco madrileño. Andrés Trapiello cuenta Madrid en un buen libro.
Es una ciudad hecha para visitantes, más que para turistas. El visitante camina, observa, entra en una iglesia, se detiene en un museo, escucha las conversaciones de un café y procura comprender el alma del lugar. El turista, en cambio, suele limitarse a invadir la Puerta del Sol o la Plaza Mayor, hacerse una fotografía apresurada y continuar hacia el siguiente destino. Los hoteles, los bares y los restaurantes viven de ellos y bien está que así sea, pero Madrid merece una contemplación mucho más pausada.
No falta quien afirma que lo mejor de Madrid está en sus alrededores. Y algo de verdad hay en esa afirmación. Toledo, Segovia y Ávila forman un triángulo irrepetible de historia castellana. Son ciudades admiradas por Unamuno y por tantos escritores que encontraron en ellas la esencia de España. El argentino Enrique Larreta dejó quizá las páginas más hermosas sobre Ávila en su novela “La Casa de Don Ramiro”. Sin embargo, quienes recorren esas ciudades regresan al anochecer a Madrid. La capital sigue siendo el gran punto de encuentro desde el que Castilla se deja descubrir.
Confieso que el Madrid castizo me entusiasma menos. Algunas romanzas de zarzuela me gustan, pero los diálogos de chulapos y manolas de chotis nunca terminaron de conquistarme. Aun así, más de una vez me he vestido de chulapa para celebrar San Isidro, por complacer a mi amiga María Eugenia Martínez.
El “kilómetro ilustrado”
Si tuviera que enseñar Madrid a un extranjero, no empezaría por la Puerta del Sol. Lo llevaría al gran “Kilómetro Ilustrado” que comienza en la Biblioteca Nacional, junto al monumento a Colón, y concluye en Atocha. En ese recorrido se suceden la Biblioteca Nacional, CentroCentro Cibeles, Museo del Prado, Museo Thyssen-Bornemisza, Real Jardín Botánico y Museo Reina Sofía. Pocas ciudades europeas concentran tanta inteligencia, tanta belleza y tanta memoria en apenas un paseo. Ni siquiera la célebre Isla de los Museos de Berlín ofrece una continuidad semejante.
Madrid también vive en sus plazas, mercados, cafés y tertulias. En ellas se mezclan escritores, pintores, músicos, periodistas, profesores y amigos que conversan sin prisa, como si el tiempo todavía pudiera permitirse el lujo de detenerse. Entre todas ellas ocupa un lugar especial la Tertulia Ilustrada, presidida por la argentina Adriana Zapisek y dirigida por quien esto suscribe Esta tertulia acaba de cumplir veinticinco años, más que la de Pombo. Un cuarto de siglo reuniendo personas alrededor de la cultura constituye ya una pequeña victoria sobre estos tiempos apresurados.
En estos días de verano Madrid parece celebrar un Corpus Christi fuera de calendario. Las florecillas blancas de las acacias caen lentamente sobre las aceras formando una alfombra efímera que los barrenderos apenas consiguen retirar antes de que el viento vuelva a sembrarlas. Madrid tiene cuatro estaciones bien marcadas, y esa riqueza también forma parte de su carácter. Sus árboles, sus parques y sus paseos hacen olvidar muchas veces la ausencia del mar. Hoy se recuperan bulevares, donde el paseo vuelve a ser un placer.
De Madrid nunqvam satis, de Madrid nunca se hablará bastante. Cada generación descubre una ciudad distinta y, sin embargo, permanece siempre la misma. Es una capital llena de historia, de arte de museos, de teatros, de universidades, de librerías y de cafés donde todavía se conversa. Aquí parece cumplirse aquel viejo principio latino según el cual el hombre se hace más humano en la ciudad, cuando la ciudad sabe acoger.
Madrid es, en definitiva, una ciudad abierta y entrañable. En ella hay sitio para todos. No tiene mar, cierto, pero tampoco parece necesitarlo. Las nuevas comunicaciones acercan el Mediterráneo en pocas horas, mientras Madrid continúa ofreciendo algo que ningún tren de alta velocidad puede transportar: esa hospitalidad discreta que convierte a los forasteros en vecinos y hace que, después de marcharse, siempre quede el deseo de volver.
«Madrid, centro y capital de España, rompeolas de sus varias regiones, crisol también de todas...» decía don Antonio Machado en su artículo titulado Madrid y en su verso “rompeolas de todas las Españas”. En esta calificación coincidía con los carlistas.
Biblioteca Nacional de EspañaTeatro Español en la plaza de Santa AnaAteneo de Madrid en la calle del Pradomartes, 14 de julio de 2026
LA ANESTESIA, DORMIR, EL SUEÑO, LA PEQUEÑA MUERTE Y EL DESPERTAR GOZOSO
Caballo de Troya en la playa de Troya
Julia Sáez-Angulo
15/7/26.- Cuando desperté de la anestesia local tras la operación del ojo izquierdo de cataratas, experimenté una sensación inesperada. No era exactamente sueño, ni vigilia. Era un agradable aturdimiento, una placidez difícil de describir, como si el cuerpo hubiera decidido descansar de sí mismo durante unos minutos. Me sentía tan bien que se lo dije a la enfermera.
—Estoy aturdida... encantada.
Ella sonrió con naturalidad.
—Claro, como que está usted drogada.
La respuesta, tan sencilla como sincera, me hizo pensar. Si un breve efecto farmacológico podía producir semejante bienestar, comprendí por un instante la tentación de quienes buscan refugio en las drogas, aunque también comprendí enseguida que aquel placer era un préstamo de la medicina, no un camino para vivir.
Entonces recordé a mi amiga Mamen S. Ella suele decir, con una serenidad que desconcierta:
—A mí morir no me da miedo. Como me gusta tanto dormir, será un largo sueño plácido...
Nunca termina la frase de la misma manera, pero siempre quiere decir lo mismo: imagina la muerte como un descanso definitivo, como una prolongación del sueño sin sobresaltos.
Otra amiga, la pintora asturiana Adelina Covián, sostiene una idea distinta, aunque igualmente esperanzadora. Está convencida de que lo que nos espera será mucho mejor que este mundo. «Formidable, estupendo, genial», repite con entusiasmo. Frente a este valle de lágrimas que tantas veces llamamos vida, ella espera una luz más limpia y una alegría sin grietas.
No son pensamientos extraños cuando uno sale de un quirófano. La medicina, incluso en una intervención tan frecuente como la cirugía de cataratas, nos recuerda discretamente nuestra fragilidad.
Hay algún escritor que llama al sueño «la pequeña muerte» y Edgard Allan Poe se refiera al dormir como “rebanadas de la muerte”. Mientras dormimos desaparecen las preocupaciones, se suspenden las prisas, se borran durante unas horas las inquietudes del día. Pero el sueño también puede traer pesadillas. La anestesia, en cambio, me regaló únicamente una paz breve y absoluta, un paréntesis sin angustias del que uno despierta casi con nostalgia. Afortunadamente no vi esa “luz al final del túnel”, con que descubren algunos la peligrosa frontera entre la vida y la muerte.
Los franceses llaman metafóricamente al orgasmo o al periodo refractario que le sucede. Describe la breve pérdida de conciencia, el desvanecimiento o la intensa sensación de rendición y relajación extrema que se experimenta después de llegar al clímax. El escritor uruguayo Eduardo Galeano escribió un texto poético titulado “La pequeña muerte” donde alude a la intensidad del acto amoroso. Pero esto es otra cosa.
El sueño, el dormir, el poder dormir es algo tan delicioso, que Shakespeare condena a Macbeth cuando escribe en su texto “Macbeth ha asesinado el sueño”, por asesinar a puñaladas a rey Duncan dormido. Lo mismo que hicieron los griegos con los troyanos, utilizando la treta de Ulises, con su célebre caballo de madera. El sueño es sagrado y regenera los cuerpos como la mejor medicina.
Macbeth asesina al rey Duncan durmiendo
Cirugía de cataratas
