martes, 26 de mayo de 2026

TERESA URQUIJO, ESPOSA DEL ALCALDE DE MADRID, CAMARERA DE LA CORTE DE HONOR DE LA ALMUDENA

María Teresa Urquijo y su esposo, el alcalde de MadridAltar de Santa María la Real de la Almudena


J.S.A.

Fotos: Real Esclavitud

        26/5/26. – Madrid.- Teresa Urquijo, esposa del alcalde de Madrid, recibió la Medalla y el título de Camarera de Honor de la Corte de Honor de Santa María la Real de la Almudena. Esta distinción le fue impuesta durante la solemne misa capitular celebrada en la Catedral de la Almudena el pasado 25 de mayo.

    El nombramiento y entrega a Teresa Urquijo tiene un profundo significado, ya que es descendiente directa de la fundadora de la Corte de Honor, la Infanta María Teresa, de quien precisamente recibe su nombre.

    El título de Camarera de Honor reconoce su vinculación institucional y su devoción a la patrona de la ciudad.

La Corte de Honor de Santa María la Real de la Almudena fue fundada el 25 de marzo de 1912 por S.A.R. la infanta Doña María Teresa de Borbón y Habsburgo. Hermana del rey Don Alfonso XIII y vecina próxima de la Patrona de Madrid, la infanta sentía una enorme devoción por la Virgen de la Almudena.

Su motivación principal surgió al presenciar la imagen de la Virgen solitaria en la cripta recién bendecida de la futura catedral. Con un empeño y amor ardiente, decidió que la Patrona de Madrid necesitaba su propia Corte, similar a una Reina. 

El propósito original era establecer turnos constantes de vela ante la imagen de la Virgen, asegurando que nunca estuviera sola.

    La Infanta María Teresa fue Princesa de Asturias en dos ocasiones de su vida.

Águeda Castellano Huerta, historiadora, licenciada en Derecho y presidenta de la Real Corte de Honor de Santa María la Real de la Almudena,

Junta directiva de la Corte de Honor de la Almudena




ÁNGELA MARTÍN DEL BURGO firma ejemplares de "Los amplios salones de la memoria"en la Ferida del Libro

* La portada del libro lleva la ilustración de una mandala de Guadalupe Luceño


DON TILO PATRIARCA DOMINICANO. Relato basado en la realidad, por Carmen Valero

Hermanas Vedruna junto al Obispo y amigos que celebraron con ellas los 200 años, aniversario de la fundación de las Carmelitas de la Caridad, por santa Joaquina Vedruna


Por Carmen Valero Espinosa

26.05.2026.- Madrid

    En Yamasá pueblo interior de la cálida y fecunda República Dominicana, donde el cacao y las fuentes, balnearios y ríos cristalinos le dotan de riqueza y belleza, vivió un hombre al que todos conocían como don Tilo de la Cruz. Su nombre verdadero quizá lo recuerden los registros civiles, pero para su pueblo, para su familia y para cuantos lo trataron, siempre fue simplemente don Tilo: el patriarca, el hombre bueno, el anfitrión generoso, el padre fecundo como los antiguos patriarcas bíblicos.

Había trabajado toda su vida con esfuerzo silencioso. Conocía la tierra, los negocios modestos, la crianza de animales y la difícil tarea de sacar adelante una familia numerosa en una isla golpeada tantas veces por la pobreza y los huracanes. Pero jamás se le oyó lamentarse. Caminaba con la dignidad de quien sabe que la riqueza más grande no está en el dinero sino en las personas que se sientan a la mesa.

Y su mesa era inmensa. Su descendencia, también. Tuvo una veintena hijos.

Veinte vidas nacidas de su sangre y de su esperanza. La mayoría de ellos se casó y tuvo a su vez hijos y nietos, de manera que la casa de don Tilo terminó pareciéndose a una pequeña aldea familiar donde siempre había risas, cazuelas humeantes, niños corriendo y mujeres hablando a la vez en patios llenos de macetas y gallinas.

Él contemplaba aquella multitud con orgullo humilde. A veces, sentado en una mecedora de madera bajo la sombra de un árbol, observaba jugar a sus nietos y decía que Dios lo había bendecido “como las arenas del desierto y las estrellas del cielo”. Y quienes lo escuchaban comprendían que no exageraba. Su descendencia era tan abundante que parecía extenderse por toda la isla.

Pero no solo había cantidad en aquella familia, sino también vocación y servicio.

Dos de sus hijas abrazaron la vida religiosa en las Hermanas Vedruna, las Carmelitas de la Caridad, entregando sus vidas a la enseñanza y a los pobres. Otras hijas suyas fueron franciscanas. Uno de sus hijos llegó a ser sacerdote y más tarde obispo, llevando el Evangelio por caminos donde la necesidad espiritual y material caminaban juntas.

Don Tilo no presumía de ello. Lo contaba con sencillez, como quien habla de la lluvia o del amanecer. Para él, todo era gracia divina.

Cuando yo lo conocí, llegué acompañada precisamente por Cecilia y Fanita, sus hijas religiosas Vedruna. Yo había viajado desde Madrid, enviada por Cáritas Española para colaborar en la reconstrucción de lo posible en Dominicana, tras el devastador paso del huracán Georges en 1998, que había golpeado cruelmente la isla caribeña, dejando pueblos enteros destruidos, escuelas arrasadas y familias sin techo ni esperanza.

Aún recuerdo el camino hasta su casa en Yamasá. El calor húmedo del Caribe, las carreteras maltrechas, los niños descalzos saludando a los coches y las huellas de la tragedia todavía visibles en muchos rincones. Pero al cruzar el umbral de la vivienda de don Tilo, parecía que uno entraba en otro mundo.

Había preparado un almuerzo en mi honor.

No una comida sencilla de cortesía, sino una auténtica fiesta de bienvenida. Ordenó asar un cordero, como el padre del hijo pródigo en el Evangelio. Quería honrar al visitante llegado de lejos, a la persona que venía a ayudar a su pueblo amado. Sobre la mesa aparecieron arroz, frijoles, plátanos, frutas tropicales, café espeso y carnes condimentadas con el sabor fuerte y alegre del Caribe.

Recuerdo su sonrisa franca, sus manos grandes y su mirada brillante de gratitud.

Agradeció mi presencia como si yo fuera alguien importante, cuando en realidad el importante era él. Decía que cualquier ayuda para su patria era un regalo de Dios. Hablaba con emoción de las escuelas que debían reconstruirse, de las iglesias caídas, de los dispensarios médicos, de los gabinetes de higiene que tanta falta hacían en las misiones rurales.

Todavía puedo ver a algunos misioneros lavándose los dientes sobre una palangana y escupiendo después en la tierra, a través de la ventana,  porque ni siquiera tenían cuarto de baño. Aquella pobreza elemental impresionaba profundamente a quien llegaba desde Europa. Y, sin embargo, junto a la pobreza había una enorme dignidad humana.

Don Tilo encarnaba precisamente esa dignidad.

Era un hombre sin estudios elevados, pero poseía una sabiduría antigua, hecha de hospitalidad, fe y experiencia. Entendía que el progreso no consistía solamente en levantar edificios, sino en formar personas buenas, familias unidas y comunidades solidarias.

Tal vez por eso su descendencia prosperó.

Sus hijos trabajaron, estudiaron, levantaron negocios, sirvieron a la Iglesia y ayudaron a otros dominicanos. Los nietos siguieron creciendo con el recuerdo de aquel anciano patriarca cuya casa siempre tenía las puertas abiertas. Y cuando alguno preguntaba de dónde venía aquella bondad familiar, los mayores respondían:

—De don Tilo.

Porque “tilo”, decían algunos ancianos sabios de la isla es el árbol, que cobija con su gran sombra y su aroma amoroso. Y verdaderamente él lo era. Bueno como el pan compartido, Bueno como la sombra en el calor tropical. Bueno como el hombre que nunca niega un plato de comida ni una palabra de ánimo.

En una tierra marcada por la mezcla de sangres y culturas, donde sobreviven todavía ecos de los antiguos taínos que habitaron la isla antes de la llegada de los españoles, don Tilo representaba lo mejor del alma dominicana: la alegría resistente, la fe sencilla, la familia numerosa y el corazón abierto. Tainos significa buenos y así los llamaron los españoles, porque los veían pacíficos

Hoy quizá muchos de sus descendientes estén dispersos por el mundo: algunos en Santo Domingo, otros en Nueva York, Madrid o Miami. Algunos serán médicos, maestros, religiosos, comerciantes o albañiles… Pero todos llevan algo invisible heredado de aquel patriarca caribeño.

Llevan su memoria.

Y mientras exista alguien que recuerde sus banquetes, su generosidad y aquella manera suya de recibir al extranjero como a un hermano, don Tilo, el patriarca fecundo, seguirá vivo en el corazón de República Dominicana. 

Más información

https://mail.google.com/mail/u/0/?tab=rm&ogbl#search/Fanita/KtbxLxGkMfkjMVSMfqpJjkCSxBxBDLJFmL


lunes, 25 de mayo de 2026

“¿DE VERDAD QUIERES SER CEO? LIDERAZGO AUDAZ”, LIBRO DE IÑAKI ORTEGA CACHÓN

Guía para que el líder del momento sobreviva

Iñaki Ortega Cachón, economista.


        J.S.A.
        25/5/26.- Madrid.- “¿De verdad quieres ser CEO? Liderazgo audaz” es el título del libro de Iñaki Ortega Cachón, publicado por la editorial Almuzara. “Tiempos para jugarse el pellejo en la alta dirección”, añade la porta del libro.
        Sinopsis: Hay profesiones de moda. Los yuppies en los ochenta, los blogueros con el cambio de siglo o los influencers en la década pasada. Ahora todo el mundo quiere ser CEO, sin saber apenas qué supone. Para que nadie se lleve a engaño, este libro explica que el CEO es la persona más comprometida con la empresa; quien debe lograr los objetivos de ventas, la satisfacción del usuario, el ahorro de costes y la financiación. Rendir cuentas a los dueños, convencer a clientes y proveedores, empleados e inversores, sindicatos, políticos y a cualquiera que opine en redes sociales. También trabajar de sol a sol; ser el mayor experto de su industria; simpático y asertivo; con la honestidad por bandera y una inteligencia por encima de la media, además de conocer la geopolítica y dominar los mercados. Y, aun así, una fatalidad puede dejarle sin empresa y sin trabajo. 
    La clave para afrontar con éxito este mastodóntico reto es el liderazgo audaz. Audaz porque hay dos opciones: esconderse o plantar cara. Audaz porque la osadía está detrás de los grandes logros empresariales. Audaz para no racanear ni esfuerzo ni humildad, sin perder la racionalidad y las ganas de comunicar. Audaz porque jugarse el pellejo será la única manera de ser CEO.
    «En estos tiempos de incertidumbre, las empresas debemos, sin duda, apostar por esa audacia que el profesor Ortega señala a la hora de buscar a los mejores directivos»
             Opiniones: Antonio Garamendi, Presidente de la CEOE lo califica de «Un libro imprescindible para quienes no solo dirigen compañías, sino que aspiran a marcar el rumbo de una época». Josu Jon Imaz, Consejero Delegado de Repsol. «Iñaki Ortega es analista excepcional del ecosistema empresarial, desmitifica el cargo para ofrecer una radiografía precisa del liderazgo contemporáneo» Elena Sanz, CEO Mapfre España: «Este no es un libro sobre el éxito fácil; es un tratado sobre el compromiso absoluto», dice Toni Ruiz, CEO Mango.
    Iñaki Ortega Cachón (Bilbao, 1972), profesor universitario español. Profesor en la Universidad Internacional de la Rioja ​ y en Deusto Business School, además fue director-gerente de Madrid Emprende. Fue diputado en el Parlamento del País Vasco. Actualmente es director general de la consultora LLYC en Madrid.​



VISITAS GUIADAS A GALERÍAS Y TALLERES DE ARTISTA DE AMCA JOVEN


ALFONSO DE LA TORRE, AUTOR DEL LIBRO “LA SANGRE DEL DRAGÓN DE LAS PALABRAS”

Alfonso de la Torres, escritor y crítico de arte

Josep Lluis Galiana, Eugenia Niño y Alfonso de la Torre

Julia Sáez-Angulo
Fotos. Adriana Zapisek y Luis Magán

25/5/26.- Madrid.- La palabra está de actualidad, porque está siempre presente en la vida, desde que el hombre descubrió el lenguaje. Acaba de terminar de exhibirse la obra de teatro “La aventura de la palabra de Fernán Gómez” y ha llegado la encíclica de León XIV “Magnifica Humanitas”, contra la torre de Babel de las palabras, que puede acarrear la Inteligencia Artificial, IA. Y hoy ha sido la presentación del libro de Alfonso de la Torre “La sangre del dragón de las palabras” en la Real Academia de San Fernando. 
La galerista Eugenia Niño y el editor Josep Lluis Galiana, autor del prólogo “Notas de un monólogo interior”, han sido los encargados de la presentación de “La sangre del dragón de las palabras”, una suerte de memorias sui generis del autor, Alfonso de la Torre, con sus comentarios, recuerdos, pensamientos, lecturas, diálogos con escritores y artistas… 
    “Me gustan los libros de correspondencias”, confesó el autor, a quien se calificó como “fino palabrista” y hasta de “enfermo de la palabra”. “La vida es la búsqueda de lo imposible, a través de lo inútil”, decía Fernando Pessoa, en su “Libro del desasosiego” y así abre el prologuista su texto.
El título del libro, publicado por EditOràlia viene de “Idea de prosa” (2002), de Giorgio Agamben: “en la sangre del dragón de la palabra”. Al final de la presentación, el autor, Alfonso de la Torre leyó algunos de los distintos apuntes del libro, ordenados por números romanos.
El autor, que estará firmando su libro en la Feria del Libro de Madrid el próximo domingo día 31 de mayo, recibió recientemente la Medalla Cuenca Patrimonio de la Humanidad . 
La portada del libro es del artista Pat Andrea.
Alfonso de la Torre (Madrid, 1960) es un teórico, ensayista y crítico de arte español, especializado en el arte contemporáneo y el surgimiento de la abstracción de posguerra en Europa. Es miembro de la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA) y es considerado uno de los mayores expertos en la obra de artistas como Pablo Palazuelo, Zobel, Millares, Salvador Victoria, Carmen Calvo, Águeda de la Pisa, Adriana Zapisek... 
Ha comisariado más de un centenar de exposiciones en instituciones de primer nivel, incluyendo el MNCARS, el Centro Pompidou de Málaga y la Sorbona. En 2022 fue comisario en la 59ª Bienal de Venecia. Combina su labor ensayística sobre arte con la creación poética. Además, ha sido galardonado por su labor de estudio y catalogación de la obra gráfica de reconocidos artistas
        Más información

Julia, Adriana y Luis, ante Alfonso de la Torre para la firma de los libros
Asistentes a la presentación del libro





HOMENAJE E INAUGURACIÓN AL ESCULTOR URUGUAYO/ESPAÑOL LUIS BERRUTTI