domingo, 6 de septiembre de 2026

"CINCO MIRADAS. UNA SAGA" y la participación de Magui Rebollo y Ula Villagrán, en Art Gallery VRSA











Juan Fernández Mayte y señores de Roldán.

VILLASIERRA, ARTISTA VENEZOLANO- Exposición de fotografía en el espacio Cremades & Calvo-Sotelo. Madrid

 


MIGUEL TUGORES. Casi dos décadas al frente de la Fundación y Palacio Ducal de Medinaceli. Soria

Miguel Tugores, director de la Fundación De Arte





Julia Sáez-Angulo
Fotos: Luis Magán

6/9/26.- Medinaceli (Soria).- Miguel Tugores Rull (Pollensa, Mallorca), que cumplirá 82 años el próximo 1 de diciembre, es el presidente de la Fundación DEARTE y el impulsor del centro de arte contemporáneo en el Palacio Ducal de Medinaceli, en Medinaceli (Soria).
    Se trasladó a Medinaceli buscando aire puro por motivos de salud. Dirige el centro cultural Medinaceli DEARTE, ubicado en el Palacio de los Duques de Medinaceli, donde expone su colección privada y organiza eventos culturales con la finalidad de aportar cultura en la Soria vaciada (la más despoblada de España) para los circuitos locales, nacionales e internacionales, dadas las dimensiones logradas por sus proyectos y su incansable trabajo.
    Miguel Tugores promueve festivales de lírica, cine y recitales poéticos. Actualmente cuenta con las dos exposiciones temporales de Rosa Escalona y Antonia Lázaro.
 Los objetivos de la Fundación DEARTE en Medinaceli son claros y firmes desde su nacimiento, hace más de 18 años. El problema socio-económico de la despoblación rural ataca a Soria desde hace décadas. Es la provincia más despoblada de Europa y la plataforma Soria, Ya! ilustra con datos. La provincia de Soria es la Zona Cero de la Despoblación en España. En 118 años, ha perdido 61.862 habitantes, el 41 por ciento de su población. El criterio internacional es claro, la Unión Europea considera como desierto demográfico a aquellas regiones escasamente pobladas, por debajo de 10 habitantes por kilómetro cuadrado.
    Las herramientas con las que cuenta la Fundación son el Arte y la Cultura. Con el Palacio Ducal como sede, la Fundación ha remodelado la planta calle y la ha convertido en espacio cultural. El patio renacentista, el corazón del edificio, un escenario para diferentes disciplinas. Su cúpula acristalada permite refugiarse de las inclemencias sorianas.
        El Palacio Ducal
    Las diferentes salas que se abren a su alrededor, pequeños mundos temáticos. Un mosaico del siglo II restaurado, con dos salas anexas que repasan el pasado del Palacio y de la Villa de Medinaceli, la llamada “Ciudad del Cielo”. La sala llamada “Arco Romano” ofrece una exposición permanente de Arte Contemporáneo, la recopilación de toda una carrera del galerista Miguel Tugores, presidente de DEARTE. Una pequeña y discreta sala lateral contiene una muestra de Arte Erótico, la guinda de este paseo pictórico. Se trata de una colección que incluye grandes nombres del arte contemporáneo internacional como Abel Cuerda, Badri, Anto Chozas, Adelaida Murillo, o Sven Inge. Por último, una sala de exposiciones temporales, pintura y escultura principalmente.
    El palacio ducal de Medinaceli ocupa todo un lateral de la plaza Mayor. Obra del siglo XVII, empezó a construirse en 1625 por encargo del duque de Medinaceli. Su arquitecto fue Juan Gómez de Mora sobrino de Francisco de Mora, con el que había trabajado en el Palacio Ducal de Lerma y con el que tiene un gran parecido

Más información


Paula Tejedor, Miguel Tugores, Julia Sáez-Angulo y Antonia Lázaro, pintora



ROSA ESCALONA, PINTORA. Exposición e instalaciones en el Palacio Ducal de Medinaceli. Inauguración oficial por el Concejal de Cultura y el director de la Fundación DEARTE. Fiesta del Romanticismo.

Rosa Escalona agradece la presencia de los numerosos visitantes.

Inauguración oficial. Abre el acto, Miguel Tugores.

    Julia Sáez-Angulo

Fotos: Luis Magán

6/9/26.- Medinaceli (Soria).- El Concejal de Cultura de Medinaceli (Soria), Enrique Riosalido y el director de la Fundación DEARTE, Miguel Tugores, Han inaugurado la exposición e instalaciones de la artista visual Rosa Escalona, en el célebre palacio de Medinaceli, situado en una elevación de “Villa histórica” -así les gusta llamarla-, a 1200 m. sobre el nivel del mar, justo el doble que Madrid.

La asociación de Vecinos de Medinaceli ha participado de modo especial en el evento, revestida con trajes románticos blancos y de color, pamelas, flores, mangas colgantes, capelinas… La inauguración ha sido una gran fiesta local y foránea, que terminó con cava y bombones ene el amplio patio cubierto del Palacio Ducal.

Entre los presentes, personas del mundo del arte como Pilar García Orgaz o Lola Tejedor.

     El Palacio Ducal de Medinaceli (Soria) es un lugar concebido hoy para recibir las artes plásticas, musicales, literarias... Entre sus piedras antiguas, cargadas de historia, Rosa Escalona presenta una exposición que es, en sí misma, un viaje: un viaje por el tiempo, por la memoria, por el paisaje y, sobre todo, por las emociones. 

    La artista, polifacética e incansable investigadora de materiales y formas, muestra en el Espacio de Arte del Palacio, dirigido por Miguel Tugores, dos series que resumen buena parte de sus últimas preocupaciones creativas: «Viaje en el tiempo» y «El romanticismo». Pintura, collage, instalaciones y una concepción abierta de la obra se dan cita en unas salas donde el pasado del edificio establece un curioso diálogo con la contemporaneidad de su propuesta.

En «Viaje en el tiempo», Rosa Escalona despliega una sucesión de cuadros, tapices y materiales que parecen guardar la huella de distintas experiencias vitales. La naturaleza ocupa un lugar esencial: grutas, cascadas, barrancos, accidentes del paisaje que la artista transforma y recrea mediante una mirada que no pretende simplemente reproducirlos, sino penetrar en aquello que esconden.

    Entre esas imágenes aparece el recuerdo del barranco del Poyo, escenario de la DANA que azotó Valencia y que estuvo a punto de atrapar a Rosa Escalona y a su marido, Santiago Falcón. El paisaje deja entonces de ser una simple referencia exterior para convertirse en memoria personal. La naturaleza puede ser hermosa, pero también terrible; puede acoger al hombre y, de pronto, enfrentarlo con su propia fragilidad.

    Es ahí donde la exposición adquiere una dimensión especialmente emotiva. Porque el tiempo no solo transforma la materia. También transforma los lugares y, con ellos, nuestra manera de recordarlos.

    Podríamos pensar en aquella hermosa concepción de Marguerite Yourcenar, para quien el tiempo es escultor. El tiempo esculpe las piedras, erosiona los paisajes, modifica los rostros y, de una manera más invisible, va modelando también nuestras emociones. Rosa Escalona parece trabajar precisamente sobre esa materia fugitiva: aquello que queda cuando una experiencia ya ha pasado, pero permanece en la memoria.

    Frente a esta serie, «El romanticismo» introduce otro registro. Aquí la artista se sirve de las instalaciones y de una cierta dimensión performativa para construir un universo más lúdico, participativo y teatral. Y en esta ocasión Medinaceli no es solamente el lugar que acoge la exposición: sus propios habitantes pasan a formar parte de ella.

    Mujeres, hombres y niños de la Asociación de vecinos de Medinaceli han participado en algunas de estas acciones, incorporándose a las instalaciones y proporcionando al conjunto una visión romántica, animada y colectiva. El arte abandona así por un momento la solemnidad del museo y recupera algo de su antigua condición de celebración compartida.

    Hay algo particularmente hermoso en que una exposición contemporánea se abra a los habitantes del lugar. Los vecinos dejan de ser espectadores para convertirse en parte de la obra. Y el Palacio Ducal, con su arquitectura y su memoria, termina siendo también un personaje más de esta representación.

    Rosa Escalona (Madrid, 1947) es una artista de trayectoria larga y diversa. Su obra se encuentra en permanente movimiento, como corresponde a una creadora que nunca ha dejado de investigar. Pintura, dibujo, grabado calcográfico, collage, escultura e instalaciones forman parte de un recorrido de más de treinta años que se ha desarrollado en diferentes ciudades, entre ellas Zaragoza, Bilbao y Madrid.

    Su obra figura en colecciones y museos como los Museos de Bellas Artes de Vitoria, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, el Museo del Dibujo de Castilla-Lares, el Museo del Grabado Español Contemporáneo, el Museo de la Iglesia Románica de Sotosalbos, en Segovia, el Museo de Arte Contemporáneo de Toledo —en la Sinagoga del Tránsito—, el Museo de Arte Contemporáneo Florencio de la Fuente, el Museo de La Celestina, el Museo de Goya de Fuendetodos, así como en otras instituciones y colecciones de España y Portugal, entre ellas el Museo Nacional de Oporto.

    Pero quizá lo más característico de Rosa Escalona no sea la diversidad de técnicas que utiliza, sino la necesidad de continuar buscando. Su obra es una obra en marcha. Cada material parece llevarla hacia otro material; cada paisaje, hacia otro paisaje; cada experiencia, hacia una nueva forma de expresión.

    Actualmente reside en Jávea, donde mantiene su estudio y taller y continúa desarrollando su actividad artística. Se llama “El Rincón de Rosa”, un escaparete de su trabajo artístico.

    En Medinaceli, entretanto, dos tiempos parecen encontrarse. Está el tiempo remoto del Palacio Ducal, el de sus piedras, sus linajes y su historia. Y está el tiempo personal de Rosa Escalona, hecho de paisajes vividos, materiales transformados, recuerdos y emociones.

    Quizá por eso «Viaje en el tiempo» sea un título tan apropiado. Porque visitar esta exposición supone también comprobar que el tiempo no desaparece del todo. Se queda en los lugares, en las cosas y en la memoria.

    Y el arte, a veces, no hace otra cosa que detenerlo un instante.

Las dos series, «Viaje en el tiempo» y «El romanticismo», tienen prevista su presentación posterior en distintos foros artísticos, prolongando así este diálogo entre materia, memoria, paisaje y emoción que Rosa Escalona ha abierto ahora en el Palacio Ducal de Medinaceli.

Más información

https://lamiradaactual.blogspot.com/2024/12/rosa-escalona-textiles-pigmentos-y.html


NOTA BENE.- Fue un gusto disfrutar de la exposición en este gran Palacio Ducal, después de conocer con pena el derrumbamiento de una buena parte del palacio renacentista de Almazán (Soria), cuyo hundimiento ha de hacer sonrojar a las autoridades locales, por muy privado que sea el palacio. 

La historiadora de Dolores Tejedor, ya emprendió en su día una recogida de firmas pidiendo su restauración, que no sirvió para el objetivo oficial que se buscaba.

Fachada del Palacio Ducal de Medinaceli. En el centro Rosa Escalona y Santiago Falcón.

La artista y su marido en la Gran Plaza Mayor de Medinaceli, junto a las damas vestidas de época.

Rosa Escalona y su esposo Santiago Falcón (izda) brindan junto a un invitado.

Lola Tejedor, historiadora del arte, Paula, Julia, Rosa, Pilar y Miguel
Paula, junto a su madre, la historiadora Lola Tejedor
Rosa Escalona, artista visual y Julia Sáez-Angulo, crítica de arte
Pilar García Orgaz, poeta; Rosa Escalona, artista visual, y Julia Sáez-Angulo, crítica de arte. 




AMINA, MI EMPLEADA MAGREBÍ. Relato



El Escorial, 31.08.2026


        Julia Sáez-Angulo

Amina es una muchacha guapa y simpática, que trabaja en mi casa escurialense por las mañanas, ayudándome en las tareas domésticas de la casa. Por la tarde estudia el bachillerato, porque es una mujer con espíritu de superación y aspirante a la modernidad. En casa se quita el velo de la cabeza, porque le da calor y, en el fondo, lo detesta, sobre todo porque, como ella dice, le quita el anonimato total cuando va por la ciudad.
Está muy sujeta a la familia y de hecho es la que sostiene su vida y la de sus padres, dos personas ya mayores que pudo traer a España, con arreglo a la normativa de la reagrupación familiar. Elogio su comportamiento filial y ella me cuenta que es en agradecimiento a que sus padres que eran pobres y no tenían dote para poder casarla a ella, por lo que acordaron en hacerlo con un viejo rico marroquí, a lo que ella se opuso frontalmente y sus padres acabaron por acceder.
    Amina tiene también un hermano casado que de vez en cuando le da un toque verbal, porque el imán o alguno de sus adláteres le advierte: “Cuidado con tu hermana, que el otro día iba enseñando parte del cabello, aunque llevaba el pañuelo en la cabeza”. Ese es siempre su verdadero temor, por lo que procura regresar a casa por calles segundarias y no por la plaza, donde están sentados los viejos islámicos de la mezquita, que la miran, más bien escrutan, para ver como viste, que ropa lleva, si se está occidentalizando o si no ajusta bien el hijab en su cabeza.
Yo imaginé de inmediato a los dos lúbricos viejos de Susana, el personaje bíblico que fue denunciada de haberse acostado con un joven por esos dos sátiros, por no haber querido acostarse con ellos.
    También recordé el dicho popular español: "Donde hay pelo, hay alegría".
La mujer, siempre la mujer, en culturas cerradas que no se integran jamás en aquellas otras que las acogen, a la par que los varones que las desprecian, cuando no las someten. Ellos los varones, occidentalizados al máximo en su indumentaria, les exigen a ellas, las obligan, a vestir con su antiguas túnicas largas y velos asfixiantes en la cabeza, que angustia verlas en verano. A veces, hasta huelen, porque no pueden airear el sudor en verano.
Amina me contó, que el suyo es un nombre de mujer de origen árabe, muy popular en Marruecos, que significa fiel, confiable, sincera, «la que es digna de confianza», «honesta» y «segura». Es nombre muy querido en la cultura islámica porque así se llamaba la madre del profeta Mahoma.



jueves, 3 de septiembre de 2026

"HIDALGO. La última aventura de Don Quijote", libro de Sergio Gil Torrijos


Sergio Gil Torrijos


 Castilla, comienzos del siglo XVII. Cuando todos creían que el viejo hidalgo había llegado al final del camino, descubrió la única verdad capaz de devolverlo a la aventura: Dulcinea existe.

        L.M.A.

        03.09.2026.- Castilla, siglo XVII. Alonso Quijano creía haber dejado atrás las gestas, los sueños y las heridas de una vida gastada entre caminos y desengaños. Hasta que un encuentro cambia el orden del mundo: Dulcinea existe.

    Y apenas un instante después, desaparece. Secuestrada por una organización tan discreta como despiadada, la Rosa Negra, la mujer que durante años fue un nombre, un ideal y una sombra imposible es arrancada de su camino por hombres que obedecen órdenes venidas de lugares donde el poder no deja huellas.

    Junto a su fiel Sancho Panza y a cuatro veteranos de los tercios —hombres endurecidos por Flandes, el barro y la muerte—, Alonso emprenderá una persecución que atravesará Castilla, mares y fronteras, enfrentándose a conspiraciones, secretos y enemigos que prefieren actuar desde las sombras.

    Sergio Gil Torrijos desarrolla su carrera profesional en el ámbito industrial, donde trabaja como moldista, un oficio de precisión y paciencia que compagina con una de sus grandes pasiones: la escritura. Gran lector, curioso y apasionado por la historia, siempre se ha sentido atraído por los relatos de aventuras, los personajes con sentido del honor y las narraciones en las que la lealtad y la amistad ocupan un lugar esencial. Esa vocación como lector y creador cristaliza ahora en Hidalgo, una novela que recupera el pulso de la narrativa clásica de aventuras y lo combina con una mirada propia sobre el valor, la pérdida y la fidelidad a aquello en lo que se cree. 

Con esta obra, Sergio Gil Torrijos se adentra en la narrativa histórica con una propuesta marcada por la acción, la emoción y el placer de contar.