Gisela Scarel, directora de "Bendita Pausa"
Toldo de lanas de colores y ganchillo en el Callejón del Repeso. San Lorenzo de El Escorial.
Julia Sáez-Angulo
25.08.2026.- El Escorial.- A Penélope, la paciente esposa de Ulises, le habría encantado conocer esta tienda de lanas, hilos, agujas y todos esos pequeños adminículos que acompañan el oficio de tejer. Está en la calle del Rey de San Lorenzo de San Lorenzo de El Escorial y se llama Bendita Pausa. El nombre parece hecho a propósito para un lugar donde el tiempo adquiere otra velocidad y las manos recuperan una sabiduría antigua.
Al frente está Gisela Scarel, argentina, que se hizo cargo de la tienda hace apenas un año. Pero su relación con las lanas viene de mucho antes. Empezó a tejer a los cinco años, cuando su madre trabajaba en una fábrica de lanas, y desde entonces ha ido acumulando conocimientos que hoy parecen casi enciclopédicos: sabe de fibras, de hilaturas, de tintes, de mezclas y de las infinitas posibilidades que ofrece ese mundo aparentemente humilde de la lana.
En Bendita Pausa pueden encontrarse lanas de oveja merina, cachemir, angora, alpaca, seda y otras diversas fibras naturales. También mezclas sorprendentes, con bambú o flor de loto, que demuestran hasta qué punto el universo del tejido puede ser inagotable. Y detrás de Gisela ha ido creciendo una legión de aficionados: mujeres, naturalmente, pero también hombres que han descubierto en las agujas y en los hilos una forma de creación, de paciencia y quizá también de sosiego.
Porque Bendita Pausa no es simplemente una tienda. Es una pequeña boutique artesanal en la que lo natural constituye una especie de declaración de principios. Allí no tiene cabida una fibra de nylon. Todo lo que entra responde a una filosofía de respeto por las materias y tintes naturales y por las manos que las trabajan.
Por eso hasta allí llegan clientes y alumnas de toda la Sierra Oeste de Madrid, e incluso de la capital, Madrid. Vienen atraídos no solamente por la calidad de los materiales, sino por el prestigio de quienes enseñan en la boutique. Marta, Ana, Martina, Olga o Jimena son algunas de las profesoras que han convertido el establecimiento en una verdadera academia libre del tejido.
Todas conocen el oficio en sus distintas etapas. Saben tejer y saben también teñir. Y el teñido natural tiene allí una importancia especial: palo de Campeche, quebracho, primeras capas de cebolla, índigo, té, café, aguacate o diversas cortezas de árboles, que sirven para obtener colores que parecen venir directamente de la tierra. El hilo deja entonces de ser una materia anónima para convertirse en algo vivo, teñido por procedimientos que tienen mucho de alquimia doméstica.
Hay clases de afieltrado y de distintas técnicas de tejido con agujas rectas o redondas, ganchillos, tazones para ovillos, cuentavueltas…Se trabaja para hacer jerseys, abrigos, chales, calcetines, cuyo talón o punta exigen una especial destreza por las tensiones y resistencias que deben soportar. Cada puntada encierra una pequeña dificultad y cada dificultad, una posibilidad de aprendizaje.
Pero quizá lo más interesante Bendita Pausa sea que funciona también como lugar de encuentro. Cualquiera puede entrar, preguntar, mirar, tocar y dejarse aconsejar. Los artesanos de distintas partes del mundo hacen llegar allí sus productos y, de algún modo, todos ellos convergen en esta pequeña tienda de San Lorenzo de El Escorial.
No hay allí lugar para la fabricación industrial ni para la prisa. Hay lanas peinadas, cardadas, sedas, fibras delicadas y manos que conocen su secreto. Hay personas que enseñan a otras personas un oficio antiguo y, sobre todo, hay una comunidad que parece haber comprendido algo que nuestra época suele olvidar: que hacer algo lentamente no significa perder el tiempo.
Quizá por eso el nombre resulta tan exacto: Bendita Pausa
Una pausa para las manos, para los ojos y para el espíritu. Una pequeña resistencia frente a la velocidad del mundo. Y Gisela, la tejedora argentina, parece estar en el centro de todo ello como una Penélope moderna: no espera a Ulises, sino que teje para que el tiempo, mientras tanto, no se pierda.
El 12 de junio, Día Mundial de Tejer en público, no faltaron a su cita las mujeres y hombres que disfrutan y trabajan en torno a Bendita Pausa. Coordinadas por Gisela, se reunieron en la Casa de Cultura de San Lorenzo de El Escorial para compartir agujas, lanas, conversaciones y esa paciente alegría que solo conocen quienes construyen belleza punto a punto.
Allí elaboraron los llamados grannies squares , esos tradicionales cuadrados de ganchillo compuestos por infinitas combinaciones de lanas y colores que, unidos unos a otros, terminan formando un gran mosaico textil para colchas, cortinas y vestimenta.
El fruto de aquel trabajo colectivo se convirtió en una de las imágenes más hermosas de las fiestas de San Lorenzo: el 10 de agosto se inauguró un singular toldo tejido que cubría el Callejón del Repeso del municipio, como una bóveda de color suspendida entre las piedras y el cielo.
Y la obra no ha terminado. El próximo año volverán a reunirse para seguir agrandando ese magnífico dosel de tejido y de luz, una inmensa labor de Penélopes contemporáneas que, en lugar de destejer por la noche, prefieren seguir tejiendo la amistad, la memoria y la belleza.