sábado, 1 de agosto de 2026

PAISAJE DESOLADOR TRAS LOS INCENDIOS. Kilómetros kilómetros de destrucción, de Navas del Rey a Pelayos de la Presa y El Tiemblo.

 

El Tiemblo (Madrid). Fotos Jaime Barrientos

01.08.2026

El Tiemblo. Madrid



Diario Escurialense IX. “MARRUECOS ES UN PAÍS DE PATRIOTAS QUE TIENE AL REY COMO FLEJE", declaró, en su día, el ex presidente Felipe González. La invasión de Ceuta crea desafección grande entre españoles y marroquíes

Mohamed VI, Comendador de los Creyentes
Invasión y ocupación salvaje de Ceuta




Julia Sáez-Angulo

1/8/26.- Madrid.- “Marruecos es un país de patriotas que tiene al rey como fleje", declaró, en su día,  el ex presidente Felipe González. Esto lo contó, de acuerdo y con asentimiento, un diplomático español en el Norte de África, en una conversación con varias personas. Dado mi interés por esa geografía del norte del continente africano -mis dos libros "Historias y personajes del Norte de África" lo avalan, me hacía aguzar mi oído.

Un marroquí será y se sentirá siempre islámico/marroquí, por más que les des la nacionalidad española o de cualquier otra nacionalidad, y aunque pasen dos o tres generaciones”, añadió un funcionario internacional, que ejerció su servicio público en la misma geografía. "Eso no hay que perderlo de vista".

No hay que olvidar que Mohamed VI es el Amir al-Muminin (Comendador de los Creyentes), la máxima autoridad espiritual y jefe religioso del islam en Marruecos. Este título le otorga un poder sagrado y político que une la religión con el Estado.

Mohamed VI es un rey que se comporta como un sultán, y eso no hay que perderlo de vista. Tiene súbditos, no ciudadanos. Le obedecen por la cuenta que les tiene.

La invasión - no una simple crisis migratoria- sufrida por 60.000, marroquíes en su casi total mayoría, sobre Ceuta era una ocupación anunciada, un goteo de gente que se acercaba a la ciudad autónoma, perteneciente a España mucho antes de que existiera el sultanato de Marruecos, no era baladí. Procedían de Tetuán, Tanger, Casablanca...Las redes sociales bien estudiadas por los servicios de seguridad y algunos medios informativos lo anunciada.

Era una repetición vis de la “marcha verde” de Hassan II aggionada, puesta al día. Una chulería como la de los “influencers” que se han hecho videos diciendo descaradamente: “Estamos en Ceuta”.  Efectivamente, una ciudad con una población traumatizada por un tiempo, debido a la inacción de su Gobierno central. Los regresados han vuelto con su emir.

El “sultán” Mohamed VI ni siquiera ha sido agradecido por el regalo del Sáhara, que le hizo Pedro Sánchez, presidente trincado por los contenidos de su móvil en el caso Pegasus, que los españoles desconocemos. “Cogido por las pelotas”, que dicen los castizos.

La invasión, para más inri se hizo en la Festividad del Trono, celebrada en Madrid, este año y otros, en la residencia de la embajadora de Marruecos. Allí estaba, entre otros políticos, el propio ex presidente Felipe González, que junto a los otros españoles invitados podrían haber dejado discretamente la embajada.

Pedro Sánchez y la embajadora, ambos a dos, hablaron de las mafias como claves y causantes de la invasión y ocupación temporal de Ceuta. ¡Ja, ja, ja!, por la simplificación.

(Estuve en una ocasión en esa Fiesta del Trono, acompañando a un historiador español, experto en el Magreb. Quisimos esperar hasta el final, dada la larga cola, y cuando llegamos ya no quedaba comida para los rezagados).

En fin, el incidente de la masiva ocupación de Ceuta consigue en primer lugar una desafección tremenda entre los pueblos español y marroquí, resultado más triste, quizás, que las consecuencias políticas que se verán a largo plazo.

    A la memoria me ha venido la anécdota que contaba con humor el periodista Enrique Vázquez, amante del mundo árabe, cuando un magrebí huyó con la bolsa de una asociación de amigos y un viejo colega le dijo: "Desengáñese Vázquez, el moro siempre es traidor".

Los españoles no son idiotas, no se chupan el dedo, no se tragan las inmediatas versiones de políticos que tienen como pedigrí el abuso y la mentira. Lo de “que viene el lobo” llevó a Pedro, el del cuento, a no creerle y a ver cómo devoraban a su rebaño.


jueves, 30 de julio de 2026

Diario Escurialense VIII. EL ESCORIAL, REAL SITIO Y VILLA SERRANA.- Bandas, fanfarrias y manolas. El águila de Napoleón vencida y atrapada por dos leones en una fuente





Julia Sáez-Angulo

        Fotos: J.S.A.

31/7/26.- El Escorial.- Además de Real Sitio, El Escorial es también un pueblo serrano, que celebra sus fiestas populares y costumbristas, religiosas o civiles, en las que se pueden ver bandas de música, peñas, fanfarrias, manolas con mantón de Manila o exposición de fotografías locales evocadoras de antaño en la Casa Miñana, para recordar costumbres y fiestas de antaño, cuando los padres y abuelos las celebraban a su manera o ellos mismos eran más jóvenes. Nada se celebra tanto como verse en estas fotos de fiestas y romerías.

Ahora toca el turno a las fiestas de mozos, casados y viudos, en las que no faltan las reinas de las mismas, tres mozas jóvenes y por tanto de buen ver, que figuran en los carteles que las anuncian. Tampoco falta el gran almuerzo comunitario en la plaza consistorial y adyacentes, por las que se pasea el alcalde, un amable hostelero de la Villa y sus ediles.

Recordemos que Escorial viene del latín “aesculus”, ésculo en los viejos diccionarios, que es la encina. Tierra de encinas. Su lema latino "Post fata resurgo" es alentador. Podría traducirse como "tras la destrucción, vuelvo a levantarme". 

El Escorial obtuvo el título de villa el 8 de abril de 1565 mediante una real cédula de Felipe II, mientras que la instauración como Real Sitio y población nueva vinculada al entorno regio despegó con las obras del Real Monasterio desde 1563 y se formalizó administrativamente con la normativa de 1792 de Carlos IV. 

    Un hito fundamental en la historia de El Escorial tuvo lugar en 1808, las tropas francesas llegan a El Escorial y los monjes jerónimos del Monasterio, temiendo una revancha de los acontecimientos ocurridos en San Quintín, abandonan el convento. Los patriotas escurialenses defendieron los valores artísticos y monumentales de la gran obra filipina, al tiempo que se enfrentaron a las tropas francesas, El resultado fue la muerte y persecución de algunos héroes escurialenses y el incendio de los edificios más representativos de la Villa.

         Concluida la guerra de la independencia y como premio al comportamiento heroico de sus vecinos, por Real Cédula se otorga el día 8 de agosto de 1815, Fernando VII concedía a la Villa de El Escorial el título de LEAL, al tiempo que confirmaba todos su privilegios desde el reinado de Felipe II (Archivo Municipal de El Escorial, Signatura 3507-2).

         Este documento, conocidos por los vecinos de El Escorial, como «Libro de Villazgo», recoge en su primera página, un escudo que, prácticamente desde 1815, viene considerándose como las armas de la Villa, y desde hace aproximadamente siglo y medio, se utiliza como el símbolo oficial de El Escorial.

La fuente de la plaza representa la gesta de los escurialenses venciendo y sometiendo al águila de Napoleón, el gran depredador de Europa, “genocida”, al decir de Esperanza Aguirre, cuando era presidenta de la Comunidad de Madrid y se conmemoró la gesta de liberación en 2008.

Los madrileños, incluidos los menestrales, no podían llevar una navaja encima, con lo necesaria que era para la vida diaria, ya que se la utilizaba incluso como tenedor de las viandas. Llvarla suponía encarcelamiento y muerte por los gabachos.

Los leones representan a los vecinos del municipio y su valentía al enfrentarse a las tropas francesas durante la mal denominada Guerra de la Independencia.  El águila caída se sitúa a los pies de las figuras animales como alegoría del ejército enemigo derrotado. 

Gema Piñana, buena amiga mía, cuenta siempre una anécdota de transmisión familiar en su pueblo del Penedés, tierra catalana de buen vino:  cuando emborracharon a un gabacho de Napoleón y lo tiraron al pozo. Una criadita de la casa estuvo llorándolo muchos meses, porque nadie como aquel soldado francés le había besado y arrancado las más altas notas de placer.

Ahora es tiempo de fiestas en El Escorial, la feria y los tiovivos ponen música pop, a veces infernal, que dura hasta media noche. Hay que aguantar. Los niños y jóvenes lo disfrutan. Los más pequeños corren a los castillos inflables, para saltar y dejarse devorar por la gran boca del gigante. Los feriantes van de pueblo en pueblo durante las fiestas estivales. El escultor Juan Moral, afincado en Torrelodones, cuenta que muchos de esos feriantes son o eran de su pueblo natal, Torredelcampo (Jaén), que hicieron y hacen fortuna durante los seis meses que duran las fiestas estivales y otoñales. Y añade es dicho castizo de que en su pueblo, “hasta el más tonto hace relojes”.

miércoles, 29 de julio de 2026

Diario Escurialense VII.- REAPERTURA DEL PATIO DE LOS EVANGELISTAS EN EL REAL MONASTERIO. Visita de la pintora Cecilia de Lassaletta y el fotógrafo Peter Wall. Cadena trófica de avispas, gorriones y hormigas.

Jardín del Patio de los Evangelistas. Real Monasterio de El Escorial.
Cecilia de Lassaletta y Estébanez, pintora.


Julia Sáez-Angulo

Fotos: Peter Wall

29/7/26.- El Escorial.- Con motivo de la reapertura del Patio de los Evangelistas en el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, ha tenido lugar la visita de la pintora Cecilia de Lassaletta y el fotógrafo  Peter Wall. Dos grandes artistas en sus respectivos campos, muy seguros de sí mismo y de su arte, porque ya se sabe que un artista o cree a pie juntillas en lo que hace o no es tal. Ambos hablan de su creatividad con el entusiasmo del primer día de clase.

    El Patio de los Evangelistas es el gran claustro renacentista del Real Monasterio, famoso por sus dos pisos de galerías clásicas y su templete central diseñado por Juan de Herrera. El diseño original, iniciado por Juan Bautista de Toledo, fue modificado después por Herrera.

    La planta baja usa el orden toscano y la planta alta el orden jónico, con arcos de medio punto. Está rematado con una balaustrada de piedra y las típicas bolas de granito de la época herreriana. Situado justo en medio del patio, el templete fue diseñado en 1586. Contiene tallas de los cuatro evangelistas hechas por el artista Juan Bautista Monegro y representa la unión entre la tierra y el cielo. 

    La reciente restauración del Patio de los Evangelistas concluyó en julio de 2026 tras una inversión de 1,7 millones de euros, permitiendo abrir este espacio al público por primera vez en su historia. La intervención recuperó su diseño renacentista original del siglo XVI.

    Cecilia de Lassaletta, noble y generosa, de alta cuna, nos invitó a almorzar a Paco Pastel, en plenos jardines de la Casita del Príncipe, que algunos llaman la Casita de abajo, para no confundir con la Casita de arriba, cuando en realidad la de arriba es la Casita del Infante, y la de abajo, la del Príncipe. Para los que saben de realeza, la diferencia es notoria, como  ser heredero al trono o simple segundón.

    Los tres amigos comimos al aire libre para contemplar y disfrutar las secuoyas gigantes, los abetos del Cáucaso y los cedros, pero, ¡ay! las avispas atacaban sin piedad, ante los aspavientos de “señorita bien” de Cecilia, a la que por su sangre dulce o azul -no sabemos muy bien- buscaban con complacencia.

    Los camareros atentos trajeron a la mesa un molinillo u unas ramas de citronela para ahuyentarlas, aun así, algunas avispas persistentes seguían buscando los brazos y hasta la cara de Cecilia. Una camarera puso un plato con trozos de carne un poco alejado en el suelo y esto las atrajo con más fuerza. Era un espectáculo ver aquellos insectos rayados como antiguos prisioneros, atacando la carne, aunque los gorriones también se la disputaban.

    Nosotros tomamos aperitivo de queso feta en aceite de oliva, revuelto de espárragos y setas, ensalada de cuscús y salmón a las finas hierbas. Los dulces de Paco Pastel quedaron para el final: mousse deliciosa de naranja.

Conversación sobre arte, nobleza y España como planta fotovoltaica de Europa

        Lo importante junto a la comida es la conversación. Preguntamos a Cecilia por el origen noble de su familia y nos habló de su tío abuelo Alejandro de Mora y Riera (1823–1915), II marqués de Casa Riera, un noble y banquero muy rico que pasó gran parte de su vida en París, donde protegió al pintor Raimundo de Madrazo, que le pintó un gran retrato. Heredó el título y los bienes de su tío, el primer marqués Tomás Felipe Riera, y mandó derribar el palacete familiar en Madrid, sin llegar a construir el segundo. Los terrenos del hoy Círculo de Bellas Artes y del Instituto Cervantes eran de él. La madre de la reina Fabiola de Mora y Aragón fue madrina del padre de Cecilia, Juan María de Lassaletta y Martínez Mora.  Su nombre, Blanca de Aragón y Fernández de Albornoz.

    Mientras las avispas devoraban la carne, seguimos con el segundo plato y las advertencias y amonestaciones del apocalíptico Peter Wall (nombre artístico venido de su original hispano Pedro Tapia). Hablamos de los tremendos fuegos de actualidad y sus causas. “El presidente de Gobierno lo atribuye como un mantra al cambio climático -previo a una futura y nueva glaciación como en el pasado-, que sí, pero curiosamente no mencionó ni una vez, las causas inmediatas de un coche eléctrico incendiado o a los sospechosos pirómanos”.

    Se alegaron, sobre todo, los intereses creados de la quema del bosque para implantar más placas solares que no siempre proporcionan la energía necesaria y que arruinan el paisaje, como han hecho en Aragón, planificación en la que participan algunos políticos avariciosos. Hubo incendios de bosques tras concesiones otorgadas de placas solares. Qui prodest?   “Quieren hacer de España la planta fotovoltaica de Europa a base de gigantescas granjas solares”, insistía Peter. Y se aseguró que los bulos viajan de arriba abajo y viceversa. “¿Quién cree al mentiroso que ha mentido varias veces?”.

    Yo recordé el aserto de Aleksandr Solzhenitsyn: “Los políticos mienten. Los políticos saben que mienten. Los políticos saben que los ciudadanos saben que mienten. Y, pese a todo, los políticos siguen mintiendo”.

    “Aquí, cada cual representa su papel, porque llega a creérselo, por encima de la realidad”, remata Peter Wall.

    Los últimos trozos de carne del platillo en el suelo estaban recubiertos de diminutas hormigas negras. Así funciona la cadena trófica de la Naturaleza: avispas, gorriones y hormigas.

    La visita al Patio de los Evangelistas del Real Monasterio vino seguidamente

Más información

https://alfayomega.es/pedro-alberto-sanchez-agustino-de-el-escorial-el-patio-de-los-evangelistas-representa-la-difusion-del-evangelio-a-todo-el-mundo/

https://www.patrimonionacional.es/actualidad/noticias/patrimonio-nacional-abre-por-primera-vez-al-publico-el-patio-de-los-2

https://lamiradaactual.blogspot.com/2018/10/retratos-cecilia-de-lassaletta-noble-y.html

San Lucas y su símbolo, el toro.
San Juan Evangelista y el águila que lo representa.

Cecilia de Lassaletta, Julia Sáez-Angulo y Peter Wall.

II Marqués de Casa Riera. Retrato por Raimundo Madrazo (1889).
Julia Sáez-Angulo ante el salmón a las finas hierbas.
Si quieres saber en donde será el próximo incendio, no hay mas que leer el B. O. E., que lo adivina unos meses antes. HDLGP





ESCALERA MONUMENTAL EN MARSELLA, DECLARADA MONUMENTO NACIONAL. Fotos Isabelle Hirschi

 










martes, 28 de julio de 2026

40 ANIVERSARIO DEL MUSEO DE DIBUJO JULIO GAVÍN, MUDDI


Diario Escurialense V. EL REGRESO VERANIEGO A EL ESCORIAL. Los pequeños cambios: cambio de rótulo, de mendigos… Amigos...

Rótulo actual del Antiguo Salón.
Antiguo rótulo, hoy desechado.


Julia Sáez-Angulo

28/7/26.- Madrid.- Se vuelve siempre al mismo lugar. Y, sin embargo, nunca es el mismo. Tampoco nosotros lo somos. Este año la llegada a El Escorial se hizo esperar. La operación de cataratas retrasó el viaje y, cuando por fin pude instalarme, apenas habían transcurrido tres días cuando hubo que regresar apresuradamente a Madrid. El incendio que avanzaba desde la limítrofe provincia de Ávila parecía buscar las laderas del Abantos. Durante unas horas el monte desapareció. Solo quedó una inmensa nube gris que lo envolvía todo. Desde la terraza acristalada de mi casa contemplaba aquel espectáculo silencioso. 

    La casa conserva fiel el aire de los años sesenta. Los tapetes de ganchillo siguen cubriendo los brazos de los viejos sofás, que yo me apresuro a conservar para no romper el estilo. El tiempo ha respetado ese pequeño mundo doméstico que ya casi pertenece a otra España. Afuera, el humo. Dentro, la memoria.

    Luego todo vuelve despacio a su cauce. El humo se disipa. Regresan los pájaros. Las conversaciones recuperan su tono cotidiano. Cervantes sabía que el tiempo acaba poniendo cada cosa en su sitio. Basta con esperar.

    El verano en El Escorial consiste, sobre todo, en reencontrar rostros conocidos. Amigos que solo aparecen cuando llegan los calores de julio. Vecinos que nunca abandonan el Real Sitio. Se conversa donde siempre. Se pasea por las mismas calles. Se descubren, sin embargo, pequeñas novedades que hacen pensar que los años no pasan en vano.

    Una me produjo una satisfacción íntima. El antiguo salón situado junto al Ayuntamiento ha retirado, por fin, aquel desafortunado rótulo que lucía una innecesaria diéresis sobre la palabra «Antiguo», a la que ahora han colocado un inadecuado acento en la "í". Durante años envié escritos al alcalde reclamando aquella corrección. Parecía una batalla insignificante. No lo era. El idioma también forma parte del patrimonio. Ahora el primer error ha desaparecido. Ignoro quién tomó la decisión. He enviado una carta de agradecimiento al Consistorio. 

Iglesia histórica del XVI y Espíritu Santo representado

    Entro después en la iglesia de San Bernabé. Francisco de Mora levantó este templo en los días de Felipe II. Sus piedras conservan una serenidad antigua. El pórtico ofrece otra novedad. El mendigo marroquí, que durante tantos años ocupó aquel rincón ya no está. Ahora pide limosna una mujer moldava. Se lo pregunté con naturalidad. Ella pide con un delicado plato de porcelana irisada. Son otras pobrezas. Otros caminos de Europa que desembocan aquí, a la sombra del Real Monasterio.

    Este verano ayuda en la parroquia un sacerdote joven venido de África. También eso habla de nuestro tiempo. Europa envejece. África envía sacerdotes donde antes los enviábamos nosotros. Levanto la vista. Junto al retablo desciende el Espíritu Santo en forma de paloma sobre un círculo de halos dorados que la rodean, todo él en madera estofada. Hay imágenes que parecen suspendidas fuera del tiempo.

    Pienso entonces en Gregorio Prieto. El pintor manchego sentía verdadera pasión por estas representaciones del Espíritu Santo y de arcángeles. Las buscaba en anticuarios, almonedas, sacristías, monasterios o conventos. Con ellas reunió una colección notable, que hoy puede contemplarse en su museo de Valdepeñas. Algunas veces una afición termina convirtiéndose en patrimonio de todos.    El pintor expuso todas sus tallas en el Club Urbis en 1975. Se hizo un catálogo.

    La vida continúa con sus pequeñas ceremonias. Desayunar con el pintor Juan Diego Roldán en la Casita del Príncipe. Conversar con Conchita Pérez. Escuchar a Joaquín Abós hablar de sus memorias, que hace unos veranos fueron presentadas por la alcaldesa de San Lorenzo, Carlota López Esteban. Comer en el Cafetín Croché con el pintor japonés Yurihito Otsuki y su esposa, Marina Sánchez.

    Otsuki acaba de regresar de Tokio. Allí ha expuesto sus cuadros figurativos, llenos de relatos y símbolos. Ahora piensa en santa Teresa de Jesús. Quiere pintar una serie inspirada en Las Fundaciones. No me sorprende. El Escorial acaba conduciendo siempre hacia la historia, hacia la mística o hacia el arte. A veces hacia las tres cosas a la vez.

    Camino entre los árboles centenarios. Robles, fresnos, castaños, coníferas de todo tipo. Han visto pasar generaciones enteras. Permanecen inmóviles mientras nosotros cambiamos. Solo queda un deseo. Que el fuego nunca alcance estos montes. Que el Abantos conserve siempre su silencio y su sombra.

    En las redes sociales alguien escribía con ironía que el incendio jamás llegaría a El Escorial, porque aquí posee una residencia el ministro del Interior. Son bromas de un tiempo inclinado al sarcasmo. Yo prefiero pensar que estos bosques seguirán salvándose gracias a la prudencia de quienes los cuidan y a la vieja fortuna que parece proteger, desde hace más de cuatro siglos, este lugar elegido por Felipe II para dialogar con la piedra, con la naturaleza, con el tiempo y, sobre todo, con Dios.

Iglesia de San Bernabé. S. XVI, por Francisco de Mora.
Espíritu Santo de la iglesia de San Bernabé.
El sacerdote africano junto a la representación del Espíritu Santo

Casita del Príncipe Carlos IV. s. XVIII.