martes, 23 de junio de 2026

LA SAGRADA FAMILIA DE BARCELONA. Un itinerario histórico contradictorio y opiniones diversas

Templo católico de la Sagrada Familia. 




Por Arcadi Espada 

Diario El Mundo 15/06/2026

El instructivo centón La Sagrada Familia y nuestro tiempo debe comenzar con este párrafo del primer artículo que escribió el arquitecto Oriol Bohigas y que se publicó en la revista Barcelona Atracción [diciembre de 1945]: 

«La furia marxista de 1936 se cebó también sobre este insigne monumento arquitectónico. Su valor artístico quedó olvidado ante las turbas, que solamente vieron en el soberbio templo su significación religiosa. 

    La cripta y las escuelas parroquiales [...] fueron destruidas y saqueadas. El profanado cadáver de Gaudí tuvo que ver hecha escombros su gran maqueta del templo, sus planos perdidos en ceniza, sus hierros, como en horribles agonías, retorcidos por fuerzas impías, y aquella gran fábrica a la que todos habían entregado amor y trabajo, abandonada y sola, señalando al cielo con sus cuatro dedos puntiagudos, clamando perdón. 

Y el templo quedó como una flecha caída en mitad de su camino, esperando una mano que la volviera a echar al vuelo. [...] Y Barcelona ha empezado a trabajar. [...] Se han hecho los planos de toda la obra en su estado actual. Se continúa trabajando, se amplían detalles, se busca en todo hasta su más íntima idea creadora. 

Por otra parte, se recogen los desastrados restos de la gran maqueta. Y se empiezan a estudiar y a fijar las soluciones constructivas del maestro, que, perdidos definitivamente sus estudios y dibujos, hay que buscarlos en simples recuerdos personales, fotografías, artículos, libros... [...] El trabajo es grande. 

Pero Barcelona quizá pronto vuelva a ver la maqueta tal como la concibió Gaudí. Y ojalá también pronto oiga el primer golpe de piqueta que abra el suelo para dejar crecer poco a poco las cuatro agujas de la Puerta de la Pasión».

Bohigas tenía entonces 20 años. La Sagrada Familia fue concebida a finales del siglo XIX como templo expiatorio de los pecados de Barcelona. A la tradición de la ciudad criminal y prostibularia el joven Bohigas añadía el pecado marxista. Pero siete años después su opinión había cambiado. 

En una carta pública al historiador Juan Antonio Gaya Nuño escribía: 

    «Continuar el plan Gaudí es un gravísimo error, entre otras poderosas razones porque este plan no existe en absoluto. La única solución viable es la de esperar que un día salga un buen arquitecto que continúe la obra con una acusadísima personalidad. Pero no se preocupe usted, señor Gaya Nuño, ese arquitecto por ahora no saldrá, como no ha salido en ningún país la nueva arquitectura religiosa, porque nadie puede trabajar sinceramente sobre un tema que no tiene actualidad. Y, desengañémonos, ese de la Sagrada Familia no interesa casi a nadie» [Destino, 18 de octubre de 1952].

    Y fue Bohigas, finalmente, uno de los promotores principales de la carta publicada en La Vanguardia Española [9 de enero de 1965] contra la continuación de la obra. Entre las impugnaciones estaba, justamente, la necesidad de expiación: «No creemos que exista este sentimiento popular, ni que nadie se sienta vinculado de veras a esta empresa colectiva de expiación». 

Aunque, obviamente, el argumento principal era artístico: «¿Es posible terminar un edificio? A nadie se le ocurriría terminar un cuadro o una escultura, pero un edificio ¿se puede terminar sin el arquitecto que lo concibió? [...] No disponemos de ningún proyecto, de ningún plano auténtico de Gaudí. Esta razón es concluyente y todas las anteriores parecen innecesarias. No se puede continuar la Sagrada Familia de Gaudí porque no existen planos; todo lo que se haga son improvisaciones. Nadie que respete de veras la obra gaudiniana puede colaborar a esta mixtificación». 

    En el primer volumen de sus memorias —Combat d'incerteses, uno de los grandes libros de la historia de Barcelona y de historia de las ciudades—, Bohigas enmarcó la oposición en la necesidad de evitar «las horteras interpretaciones de los estilos históricos, los pastiches deplorables, y la falta de respeto, tanto a la historia como a la arquitectura». 

    Más sintéticamente, recogía luego la opinión de Francisco de Paula Nebot al pintor Víctor Moya: «¿Pero no ve, Moya, que los campanarios de la Sagrada Familia parecen cuatro botellas de gaseosa?».El origen de la carta de La Vanguardia no está documentado, que yo sepa. 

    Pero el arquitecto y diseñador Oscar Tusquets sostiene que la idea fue suya. «No quiero presumir de haber tenido la idea, pero la tuve». Su nombre no figura entre los firmantes: «Yo era un jovencito que acababa de terminar la carrera y me habría parecido una falta de respeto haberme puesto al lado de los maestros». 

    Tusquets añade que fue su hermana Esther la que redactó la carta, y que las contribuciones de Bohigas y su socio Josep Maria Martorell fueron las más importantes. La presencia de Tusquets en el origen es paradójica, porque con los años cayó del caballo y se dio dos ruidosos golpes de pecho, primero en Domus y luego en el diario El País: «¿Cómo pudimos equivocarnos tanto? Si hace 50 años se nos hubiese hecho caso, esta maravilla no existiría». 

    El arrepentimiento de otro firmante de la carta, Josep Maria Subirachs, no se limitó a las palabras. Años después realizaría las esculturas de la fachada de la Pasión, llegando a vivir, como hizo Gaudí, en el propio templo, aunque murió de forma natural.

    Lo verdaderamente importante de la carta abierta no son los argumentos. Incluso rozan lo pintoresco, como cuando asoma —probablemente por influencia del católico Martorell— algo de curaobrerismo en esa instrucción de construir pequeñas parroquias por oposición a los grandes templos. Lo deslumbrante son algunas de las firmas. El Movimiento Moderno: Le Corbusier, Gio Ponti, Ludovico Quaroni, J. A. Coderch, Vittorio Gregotti. El Movimiento Moderno escrito: Ernesto N. Rogers, Nikolaus Pevsner, Bruno Zevi, Gillo Dorfles, Giulio Carlo Argan. La que acabará siendo la Escuela de Barcelona: Antoni Bonet, Oriol Bohigas, J. M. Martorell, David Mackay, Federico Correa, Alfonso Milá, Ricardo Bofill. Los dos pintores: Joan Miró y Antoni Tàpies. La gran arquitectura española: A. Fernández Alba, R. V. Molezún, J. A. Corrales y Javier Feduchi. Y Cela, Barral, Gil de Biedma y Espriu.

    La publicación de la carta tuvo una consecuencia importante. Ningún año hasta entonces la Junta Constructora había recaudado tanto dinero. El divino presagio de una derrota sostenida que culminó esta semana con la bendición de la torre de Jesucristo a cargo de Robert Prevost

No tengo noticia de que, en ninguna parte del mundo, los modernos hayamos sufrido una derrota semejante. Cierto que no hemos sido vencidos ni por la religión ni por la belleza, sino por el espectáculo. Un giro no previsto. O sólo parcialmente previsto por Guy Debord [La sociedad del espectáculo, 1967] en los mismos años de la carta. Debord sostenía en su libro que la representación había sustituido a la vida real. Pero era un diagnóstico que podría aplicarse, en realidad, a cualquier forma de arte. Incluso de lenguaje. La evidencia de esta época es que el espectáculo ha sustituido a cualquier forma de representación.

    El primero que puso negro sobre blanco a La Sagrada Familia fue Orwell en Homenaje a Cataluña: «Por primera vez desde que estaba en Barcelona, fui a echar un vistazo a la catedral, una catedral moderna y uno de los edificios más horribles del mundo. Tiene cuatro agujas almenadas exactamente con la forma de botellas de vino del Rhin. A diferencia de la mayoría de las iglesias de Barcelona, no sufrió daños durante la revolución: se salvó por su "valor" artístico, según se decía. 

    Creo que los anarquistas mostraron mal gusto al no volarla cuando tuvieron la oportunidad, aunque colgaron una pancarta roja y negra entre sus agujas». Ahora bien, si yo tuviera que escoger una blasfemia que me representara, no dudaría en reproducir este precioso pasaje de la revista La Tralla, del 26 de octubre de 1906, que describe la visita de Miguel de Unamuno a las obras expiatorias y que traduzco modosamente a la lengua común: «El sabio de Salamanca visitó el templo en construcción de la Sagrada Familia, que ha sido admiración de las más grandes eminencias extranjeras, que siempre han dedicado a Gaudí los mayores elogios. Al sabio de Salamanca no le gustó aquella joya indiscutible del arte arquitectónico. Pero de Gaudí solo obtuvo esta respuesta: —No gusta a ningún castellano».

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ARTE EMERGENTE EN LA GALERÍA CAPTALOONA ART. Madrid



            L.M.A.

    23.06.2026. Madrid.-     Estamos a punto de salir de vacaciones y saludamos el verano con una exposición de Arte Joven, en la que se verán las obras de los que han sido seleccionadas en el concurso ARTEMERGENTE organizado por Entidad Finestra, una asociación de estudiantes universitarios que promueve el arte local y nuevas tendencias culturales.

    En su primer evento, la asociación ha organizado un concurso dedicado a artistas jóvenes emergentes. Las obras han sido evaluadas por el crítico de arte Fernando Castro, la coleccionista Oliva Arauna y el galerista Claudio Fiorentini.

    La exposición será del 25 de junio al 11 de julio de 2026, con inauguración el 25 a los 19,00 h.

    Los premiados exhibirán sus obras en la galería Captaloona Art y se venderá una selección a un precio muy asequible, con la intención de democratizar el talento joven y promover la profesión del artista. Los premiados son: Carlos Pasarón, Carlos Enrique Pasarón Gutiérrez, Leyda Briones, Emilio Vázquez Vela y Mariu Ortiz.

    Un agradecimiento especial a Biel Riera, el animador principal de este evento y colaborador de la galería. Al final de esta exposición la galería cerrará por vacaciones, pero habrá más sorpresas en septiembre y octubre, y esperamos seguir viéndote en nuestros eventos.

    Ven a conocer a los artistas de ARTEMERGENTE ya saludarnos antes de que el verano nos absorba con sus relajantes ocupaciones.

    Captaloona Art



 


domingo, 21 de junio de 2026

"CASANDRA. CANTATA EN ROJO", LIBRO DE LA ESCRITORA ENCARNACIÓN PISONERO



  • Encarna Pisonero, escritora

  • Julia Sáez-Angulo
  • 22/6/26 ,. Madrid.- La escritora Encarnación Pisonero es la autora del libro ”Casandra cantata en rojo”, publicado por Ediciones Cumbres. El libro lleva un prólogo de Juan Carlos Mestre y un epílogo de la autora que comentan la obra dramática de esta escritora, imbuida de los mitos clásicos grecolatinos.
  • En la mitología griega, Casandra es una princesa troyana a quien el dios Apolo otorgó el don de la profecía. Cuando ella rechazó sus avances, Apolo la maldijo: desde entonces, sus certeros vaticinios nunca serían creídos. Sus episodios más destacados incluyen: La caída de Troya: Advirtió en vano sobre el engaño del caballo de Troya y la destrucción de su ciudad y tras la caída de la ciudad, fue capturada y esclavizada por Agamenón, encontrando finalmente la muerte. 
  • El personaje ha trascendido como metáfora clásica (el síndrome de Casandra) para referirse a quienes emiten advertencias certeras que son ignoradas por su entorno.
  • “El avance de la ciencia y las nuevas tecnologías, las modas o circunstancias hacen que los tiempos cambien, pero los errores del pasado se siguen repitiendo, como una plancha calcográfica estampada en diferente papel. Europa terminada la II Guerra Mundial, dijo que no volvería a tener más guerras, … pero la repetición ocurre porque lo que permanece invariable es la esencia de lo humano, y los hechos demuestran que no hemos aprendido nada.”, se dice en el libro “Tememos como Christa Wolf la posibilidad de sufrir una catástrofe irreparable, porque es real el riesgo de desaparecer como seres humanos, como especie o como planeta.”
    • ENCARNACIÓN PISONERO PISONERO, nace en Villalba de la Loma (Valladolid). Asiste a un colegio en Mayorga de Campos, donde prepara el Bachillerato Elemental. La mayor parte de su tiempo lo pasa subida a las higueras y moreras con el libro de turno y sus frutos preferidos a mano. De esos cuatros años se examina, por libre, en el Instituto Zorrilla de Valladolid. El Bachillerato Superior lo estudia, interna, en el colegio de Las Teresianas de Valladolid, donde su pasión por la lectura y su afición a la controversia y la heterodoxia la hacen acreedora al apodo de Lutero. Se traslada a Madrid y prepara el Preuniversitario en el Instituto Lope de Vega. Posteriormente pasa a la Universidad Complutense, para estudiar Filosofía y Letras, compartiendo estos estudios con cursos en el Instituto Alemán de Madrid, con la intención de leer a los grandes filósofos en su lengua, cosa que no consigue y decide leerlos en buenas traducciones. Se licencia en la especialidad de Filosofía Pura, y sigue leyendo. Organiza las primeras jornadas en defensa de las humanidades que se desarrollan en el Paraninfo de la Universidad Complutense, que son muy polémicas y multitudinarias. Sigue leyendo. 
    • Su primera publicación en poesía es El jardín de las Hésperides. Le siguen: Si se cubre de musgo la memoria. Adamas. A los pies del sicomoro. El prisma en la mirada. Líquido de revelar. La estrella del anís. Abril es el mes más cruel (Elegía a Katty Montes). Permiso para embalsamar. Los niños amargo caramelo. Como un Lucifer vespertino.
    • Su interés por el arte le lleva al estudio de los autores antiguos y contemporáneos dedicados a las artes plásticas, y entiende que la poesía y el arte visual son caminos confluyentes, e interrelacionados. Considerando los mejores textos sobre arte los escritos por poetas: O. Paz, E. Cirlot, J. Hierro, etc. Todo esto le lleva a enfrentarse al reto, por ella misma impuesto, de escribir un poemario donde la expresión verbal sustituya a la representación visual. Es decir, practicar la ékfrasis, libro que se publicará con el título El prisma en la mirada. Publica monografías y textos de catálogos sobre pintores, escultores, etc. Los textos sobre Artes Plásticas los firma como Scardanelli. Miembro del Consejo de Redacción de la Revista Rey Lagarto. Colaboradora habitual de distintos medios de difusión cultural. Miembro de la Asociación de Críticos de Madrid. Miembro de la Asociación de Críticos de España, y Patrona de la Fundación Torre-Pujales Museo de Arte Contemporáneo, Costa da Morte. Corme (La Coruña), donde organiza los actos culturales y cursos de verano. Sigue leyendo…
  • Editorial ‏ : ‎ EDICIONES CUMBRES; Fecha de publicación ‏ : ‎ 29 abril 2026; Longitud de impresión ‏ : ‎ 110 páginas, ISBN-10 ‏ : ‎ 8412501578
    • Más información
  • https://lamiradaactual.blogspot.com/search?q=Encarnaci%C3%B3n+Pisonero


BETTE DAVIS, "LA LOBA", EXCELENTE REPRESENTACIÓN EN EL TEATRO FERNÁN GÓMEZ


Mélida Molina (Bette Davies) 
Carlos Troya


Julia Sáez-Angulo
    Fotos: J.S.A.

21/6/26.- Madrid.-  En 1989, Bette Davis vino a España para recibir el Premio Donostia en el Festival de cine de San Sebastián. Era su última aparición en público, su última actuación. Y ella, que estaba gravemente enferma, lo sabía. Por esa razón, planificó hasta el último detalle cada una de sus apariciones.
    La imagen de Bette Davis pronunciando el discurso de agradecimiento, sin apenas sostenerse, me llegó al alma. Al día siguiente me puse a escribir la historia de uno de los más grandes mitos del siglo XX.
Ella quería ser actriz, no quería ser nada más ni nada menos, una buena actriz. Y lo fue desde el momento en que pisó un escenario en Broadway hasta su última actuación en el teatro Victoria Eugenia. Murió en París unos días después, pero su espíritu sigue vivo en nuestros corazones. Esta obra es un homenaje a todas esas actrices que, llegadas a cierta edad, y después de toda una vida luchando, son relegadas a papeles secundarios y, muchas veces, al olvido.
    NOTA CRÍTICA.- Esta obra fue candidata a los Premios MAX 2025 en la categoría de mejor actriz. Ciertamente los dos actores que representan “La Loba”, Mélida Molina (Bette Davies) y Carlos Troya (Lukas Heller)están soberbios en sus respectivos papeles. Los hacen plenamente creíbles.
Un texto muy acertado y bien llevado por su autor y director Juan Mairena. Una obra que quiere abarcar el resumen de una vida no es fácil, pero aquí se ha llevado a cabo con contenido y autor, con la tensión de la palabra, que lleva a un final de admiración y melancolía sobre una actriz genial de Hollywood, triunfadora y víctima de su propio temperamento.
Recientemente hemos visto otra interesante obra de teatro sobre una vida, la de Fernán Gómez, sobre las mismas tablas y, aunque las comparaciones sean odiosas, yo diría que “La Loba” sostiene una mayor tensión con la palabra. Y un gran sentido del humor y la ironía. Diálogo muy bien trabado.
    Una pieza teatral que merece un buen aplauso, aunque no ganara en los Premios Max 2025.
    La vestimenta adecuada al momento está bien elegida.

FICHA ARTÍSTICA
Juan Mairena  (Director de escena)
Esta obra fue candidata a los Premios MAX 2025 en la categoría de mejor actriz.
Texto y dirección: Juan Mairena
Reparto: Mélida Molina (Bette Davies) y Carlos Troya (Lukas Heller)
Escenografía; Juan Sebastián Domínguez
Vestuario: Guadalupe Valero
Caracterización: Chema Noci
Iluminación: Bea Francos
Video creación: Luiscar Cuevas
Movimiento: Julia Monje
Ayudante de dirección: Pablo Martínez Bravo
Producción: La Caja Negra Teatro



sábado, 20 de junio de 2026

IGNACIO GÓMEZ DE LIAÑO. HOMENAJE A LOS 80 AÑOS. Palabras de agradecimiento a convocantes y asistentes en el Círculo de Bellas Artes

Ignacio Gómez de Liaño, filósofo. (Foto: J.S.A.


21.06.2026.- Madrid.- 

https://lamiradaactual.blogspot.com/2026/06/ignacio-gomez-de-liano-figura.html

        Ante todo, quiero dar las gracias a las tres personas que han hecho posible este encuentro. Me refiero al catedrático y escritor Ilia Galán, al poeta y hombre de teatro Luis Bodelón y al Presidente del Círculo de Bellas Artes, Juan Miguel Hernández León. Debo empezar diciendo que Juan Miguel va camino de los 81 años y que fue alumno mío de Estética hace 55 en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid. Además de alumno y amigo, colaboró en las investigaciones que entonces hacía sobre los patios platerescos o renacentistas españoles, de los que estaba elaborando una gramática generativa mediante la cual diseñar los patios platerescos existentes y todos los de ese estilo. Debo decir que Juan Miguel, como se ve en sus libros no es solo gran estudioso de la arquitectura y del paisaje, sino también de la filosofía, que en sus libros ha acertado a combinar con la arquitectura. A Ilia lo conocí en una cena que daban en su casa mi viejo amigo y gran poeta Marcos Ricardo Barnatán y su esposa, la periodista cultural Rosa María Pereda. Los libros de filosofía, poesía, novela de Ilia son tantos y de tan alta calidad que ponerme a describirlos sería como meterme en un laberinto. A Luis lo conocí cuando, hace ya unos cuantos años, me hizo una larga entrevista para la revista Cuadernos Hispanoamericanos, tarea que nos ocupó varios meses y cuyo resultado fue la entrevista literariamente más completa que se me haya hecho en los últimos ochenta años. Luis es un hombre de gran cultura y especialmente dedicado a la investigación teatral y también a la música. Por eso es seguro que aquí va a interpretar muy bien un papel importante. Con esto lo que quiero deciros es que en esta célebre Sala de Juntas estamos entre amigos, lo que es esencial cuando se llega a la edad a la que yo he llegado, y que esos amigos son personas de alta cultura.

Pero no quiero ocultaros que, en algún momento, me he sentido como si me hubiese muerto, pues esta clase de homenajes se suele hacer con ocasión de la muerte del homenajeado. Ya sabéis la famosa frase latina De mortuis nihil nisi bonum, o sea, de los muertos solo hay que decir lo bueno. Por eso, si queréis evitarme esa sensación funeraria, espero que digáis de mí algo malo, pues así me sentiré vivo. 

La ruta que he seguido a lo largo de mi vida, desde mi más tierna infancia, ha sido la de los libros. Recuerdo que cuando tenía unos seis o siete años y vivía en mi casa familiar de Peñaranda de Bracamonte quise escribir una novela sobre el emperador Carlomagno, pues probablemente había leído algo sobre su persona. Empecé a hacerlo con gran pasión y seguridad, pero, de pronto, me di cuenta que no estaba capacitado para escribir ni una página de esa novela, pues de la vida no sabía nada, ni de la guerra o la gobernación de un Estado, no digamos de un Imperio. O sea, lo primero que supe es que no sabía nada. Y eso es lo que he pensado al arribar a los 80 años. Sé de muchas cosas menudas, pero no sé si sé. Bueno, en todo caso sé que se me está haciendo un homenaje. Pero, ¿qué es esto que se llama homenaje? En los diccionarios se le define como “una forma de celebrar la vida, trayectoria o aportes de alguien”. Me alegra saber que los que aquí me acompañáis pensáis que he aportado algo al mundo de la cultura. Digo, de la literatura y el arte, de la filosofía y la ciencia. Es verdad que yo, a los catorce años, empecé a escribir poesía, que he publicado en mi librito Poemas de un adolescente, y que cuando cumplí los dieciocho me pasé al experimentalismo poético de la poesía concreta y semiótica, la poesía de acción y pública, como se ha podido ver en la exposición que me dedicó hace cuatro años el MNCARS y un año antes el Museo de Arte Contemporáneo de Ibiza. A partir de entonces puede decirse que todos los géneros literarios me han cautivado, como se ve en mis libros, en los que de la novela se pasa a la filosofía, de la filosofía a la historia, de la historia, en suma, a la vida. Mi vinculación con el arte no ha sido menor, lo que explica en parte que nos encontremos ahora en el Círculo de Bellas Artes. He tratado sobre todo de artistas contemporáneos, con los que me unió la amistad, empezando por el gran Salvador Dalí, que me hizo el honor de ser amigo suyo y, por supuesto, estudioso de su obra.

A este respecto diré que el 3 de septiembre de 2005 presenté con estas palabras El libro de los artistas que acababa de publicar Ediciones Asimétricas:

“Cuando hace unos días me puse a leer, ya en su fase final de edición, El libro de los artistas, pensé algo tan obvio como que lo que tenía entre las manos era una recopilación de textos. La sorpresa vino cuando, al ir avanzando en la lectura, en vez de encontrarme con la prevista recopilación, lo que se me revelaba era… mi vida, y El libro de los artistas se iba transformando, sin previo aviso y sin que se alterase una coma, en El libro de mi vida. 

Pues allí estaba mi vida desde que, en los primeros años 60, con dieciséis años, trabo amistad con dos de los artistas que figuran en este libro: Manolo Quejido y Herminio Molero, y poco después, con Eusebio Sempere y, a los diecinueve, con Alain Arias-Misson, a cuya casa acudía a menudo acompañado de no pocos amigos para perdernos en interminables conversaciones sobre poesía experimental, de acción, pública, filosofía, lingüística… Y el tren de la vida sigue y sigue su curso y hace paradas, sin salir del carril de los 60, en estaciones de nombres no menos conocidos, como Lugán, Julio Plaza, Elena Asins y Javier Utray. Y, entre los años 60 y los 70, en otras que se llaman Isidoro Valcárcel Medina, Pablo Pérez-Mínguez y William Burroughs. En los 70 este tren mío de la vida pasará por las de Guillermo Pérez Villalta, José Hernández, Fernando González de Canales, Carlos Durán, Bola Barrionuevo, Carlos Forns, Alfonso Albacete, Chema Cobo, Brigitte Szenczi, Juan Antonio Mañas,  y, sobre todo, por la del gran Salvador Dalí y toda una familia de artistas, los Pichot o Pitxot, con la que Dalí tenía tanta amistad. El tren atravesó las estaciones de los años 80 y los 90, cruzó la frontera del nuevo milenio, y yo me he preguntado, finalmente, si El libro de los artistas no será, en realidad, un libro de viajes, algo así como El libro del viaje de la vida con los artistas.

Al estampar este nuevo título, me doy cuenta de que debo hacer una puntualización, casi una rectificación. Pues la sensación más profunda que he tenido al leer El libro de los artistas, no era tanto la de estar leyendo El libro de mi vida, como La novela de mi vida. 

La sensación de estar leyendo una novela responde a que los personajes que protagonizan este libro, o sea, los artistas, no sólo son personajes reales, con los que he coincidido en innumerables ocasiones, a los que conozco o creo conocer a fondo, tanto en su entidad personal, como en sus operaciones artísticas, sino que también son, de alguna manera, seres de ficción, dada la naturaleza de su actividad artística, y, también, dada la naturaleza de la mía, al ponerme a escribir sobre ellos y su obra. La exactitud y el conocimiento no están reñidos con la ficción y el relato. En buena medida, se complementan.

De hecho, el conocimiento que tengo de ellos me ha permitido ir más allá de lo convencional, aprovechar circunstancias concretas de la vida y del momento, como pueden ser las galerías en que exponen, las conversaciones habidas con ellos, las lecturas que yo hacía al ponerme a escribir, con el resultado de desplegar un largo e intrincado friso, en el que se les ve desfilar nimbados de historias personales y especulaciones estéticas, de lugares no menos que de conceptos. 

No necesito decir que, además del arte, me dediqué, sobre todo, a la filosofía, a la novela, a la historia, al ensayo, a los diarios personales. De ahí debería mencionar a escritores a lo que me une la admiración y la amistad. Entre otros, quiero mencNunca vi incompatibilidad entre esas modalidades, que para mí son complementarias y se enriquecen mutuamente. La dedicación a la filosofía no me ha impedido escribir poesía, novela y teatro. En el campo de las letras debo mencionar a mis admirados amigos Luis Alberto de Cuenca, Gabriel Albiac, Agapito Maestre, José Manuel Cabra de Luna, Juan Miguel González y otros muchos.

En la primavera de 1916 Hugo Ball puso las bases (unas bases más bien liquidas) al Dadaísmo cuando abrió a un público estremecido por los horrores de la Gran Guerra y refugiado en Suiza el Cabaret Voltaire. El local estaba en la llamada Alquería holandesa, sita en el número 1 de la calle Spiegelgasse de Zurich. Por allí pasarían Tristan Tzara, Marcel y Georges Janco, Jean Arp y un activista entonces desconocido llamado Lenin (yo mismo, hace tiempo, tuve la suerte de poder entrar en ese mismo local). Un año antes de tomar esa resolución tan preñada de futuro, Ball escribió en su Diario estas palabras: «Es un error creer en mi presencia. Tengo que hacer grandes esfuerzos para engañarme a mí mismo con una existencia real.» 

Algo así es lo que me ocurre cuando me miro en El libro de los artistas y, también, en esta Sala de Juntas del Círculo de Bellas Artes de Madrid, donde ahora nos encontramos. Creo que es un error creer en mi presencia. Pienso que tengo una existencia real, pero también que ese pensamiento es el mayor de los engaños. Por eso he hablado de La novela de mi vida y de que también se podría hablar de La novela de los artistas, digo, de su ficción. Pues los que circulamos en estas páginas, ¿existimos realmente? ¿O no somos más bien las simpáticas marionetas con las que se entretiene el Sumo Artista para paliar su eterno e infinito tedio?”

Espero, queridos amigos, que este 19 de junio de 2026 en el que cumplo 80 años, superemos, al menos los aquí presentes, la condición de marionetas y nos convirtamos en auténticos hombres de teatro. Digo, del teatro de la vida, del arte y de las letras. Y que sigamos teniendo encuentros como este durante muchos años. Y que a todos los que ahora me acompañáis se os haga un homenaje como el que aquí me estáis haciendo. He dicho.

Ignacio Gómez de Liaño