Enrique Sancho y Tony Jiang
15.02.2025.- La bruma matinal apenas deja ver el punto donde confluyen los ríos Min, Dadu y Qingyi. La primera impresión no es visual. Es sonora. Antes de verlo, se escucha el rumor denso del agua chocando contra la roca. Tres ríos Min, Dadu y Qingyi se abrazan con una fuerza antigua al pie de un acantilado rojizo. La humedad se pega a la piel y la niebla flota como si alguien la hubiera servido con cuidado sobre el paisaje. Entonces, al levantar la vista, aparece. El Gran Buda de Leshan no irrumpe: emerge.
Desde la orilla, el sonido del agua domina el paisaje. Solo cuando el vapor se disipa, el perfil comienza a dibujarse en la roca rojiza del acantilado: 71 metros de altura convertidos en figura humana. El Gran Buda de Leshan no es solo una atracción turística que recibe a unos 7 millones de turistas al año; es una intervención espiritual y técnica que ha marcado el territorio desde el año 713.
Tallado directamente en un acantilado de arenisca roja durante la dinastía Tang (618907), no solo es una proeza artística: es una obra concebida para apaciguar las aguas turbulentas que durante siglos amenazaron a los navegantes de la región. El proyecto fue impulsado por el monje Hai Tong, quien sostenía que la presencia de una figura sagrada podría calmar las corrientes peligrosas que causaban frecuentes naufragios en este punto estratégico de navegación. Las obras se prolongaron durante casi 90 años y concluyeron en 803.
La dimensión impresiona incluso en la era de los rascacielos, fue la estatua de piedra más grande del mundo en su época. La cabeza mide 14,7 metros, las orejas alcanzan casi siete, y cada pie supera los ocho metros de largo. Sin embargo, más allá de la escala, el monumento revela una planificación avanzada para su tiempo. En su interior esconde un sistema de drenaje con canales ocultos en el cabello, el cuello y la túnica, diseñado para evacuar el agua de lluvia y reducir la erosión. Ese mecanismo ha contribuido a que la escultura sobreviva más de trece siglos.
Desde 1996, el conjunto forma parte de la lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO. La distinción consolidó el sitio como uno de los principales destinos culturales del suroeste chino y multiplicó la afluencia de visitantes. En temporada alta, miles de personas recorren a diario los estrechos escalones excavados en la roca para descender junto a la figura o la observan desde embarcaciones que navegan por el río.
Promoción en España
El Gran Buda y toda su área escénica es la imagen más atractiva de Leshan y de toda la región de Sichuan, una zona poco conocida en España. Pero eso va a cambiar en breve gracias a la promoción iniciada en el marco de Fitur por la Administración del Área Escénica del Gran Buda de Leshan y el Centro de Marketing Internacional de Sichuan en Madrid (CITS), dirigido por Tony Jiang, con la participación de directivos de agencias de viajes y organismos turísticos y culturales de España y varios países europeos, así como representantes de medios de comunicación. La iniciativa pone el acento en las demandas de los turistas europeos por tener experiencias culturales de alta gama y vacaciones de ocio a un ritmo relajado.
Sichuan y otras provincias vecinas ofrecen una impresionante ruta que abarca hasta cinco patrimonios de la Unesco con el Gran Buda de Leshan como eje central, la figura tallada en piedra más grande y antigua del mundo, junto a la Montaña Emei. También se incluyen otros dos patrimonios en esta misma provincia, como Jiuzhaigou, la primera reserva natural de China conocida como "el mundo de los cuentos de hadas", y también el proyecto hidráulico Dujiangyan iniciado en el siglo III antes de Cristo, el más antiguo del mundo, para evitar las inundaciones provocadas por el río Min, e irrigar la planicie de Chengdu.
La construcción del canal de desviación necesitó atravesar una montaña, una realización notable teniendo en cuenta la precariedad de los medios disponibles para la época. Las técnicas utilizadas, fueron el calentamiento con fuego y el enfriamiento con agua repetidos de la roca. Esto permitía la aparición de grietas y fracturas y facilitaba su posterior rotura. En aquella época todavía no se había descubierto la pólvora. Una obra de ingeniería revolucionaria.
Completa esta ruta clásica, Zhangjiajie en la provincia de Hunan, cuyas célebres montañas de Wulingyuan son protagonista en las películas Avatar, con miles de columnas serradas de arenisca y cuarcita, muchas de las cuales se alzan por encima de los 200 metros de altura, junto con cuevas llenas de estalactitas y estalagmitas que es de doble patrimonio, tanto natural como es geoparque, un tesoro genético de biodiversidad de importancia mundial, y los conocidos guerreros y caballos de terracota del mausoleo del primer emperador Qin Shihuang en la provincia de Shaanxi, conocido como la octava maravilla del mundo.
Ruta por cinco Patrimonios
Pero el Buda y los otros Patrimonios de la Humanidad no se entiendes aislados. Está anclado en Sichuan, una provincia de más de 80 millones de habitantes, cuya capital, Chengdu, combina dinamismo urbano con tradiciones arraigadas. La región es reconocida por su gastronomía original y potente, donde el chile y la pimienta de Sichuan producen una sensación picante y ligeramente anestésica que la distingue. También es el principal centro de conservación del panda gigante, símbolo nacional de China.
A pocos kilómetros de Leshan se alza el Monte Emei, uno de los cuatro montes sagrados del budismo chino, que refuerza el carácter espiritual del entorno. La geografía montañosa, las casas de té y los templos antiguos completan un paisaje cultural que mezcla naturaleza y devoción. Frente al acantilado, el contraste es evidente: el movimiento constante del agua y la quietud absoluta de la piedra. El Buda, que representa a Maitreya el Buda del futuro mantiene la mirada baja y las manos apoyadas sobre las rodillas, en gesto sereno. La expresión no es monumentalista; es contemplativa.
Trece siglos después de su construcción, el objetivo inicial apaciguar los ríos ha quedado envuelto en leyenda. Pero el impacto simbólico permanece. En un punto donde la geografía impone su fuerza, la figura humana esculpida en la montaña sigue dialogando con la naturaleza. Y mientras el caudal continúa su curso hacia el Yangtsé, el gigante de piedra permanece, recordando que en Sichuan la historia no solo se estudia: se esculpe en la roca.
Rodeado por otras maravillas
Visitar el Gran Buda de Leshan no es una experiencia aislada. El monumento forma parte de un corredor cultural y natural en el sur de la provincia de Sichuan que concentra algunos de los paisajes y enclaves espirituales más importantes del suroeste de China. A menos de dos horas por carretera desde Chengdu, la zona permite combinar patrimonio, naturaleza y tradición en pocos días.
A unos 40 kilómetros de Leshan se encuentra el Monte Emei (Emeishan), uno de los cuatro montes sagrados del budismo chino y que sugiere espiritualidad entre nubes
Declarado también Patrimonio de la Humanidad junto con el Gran Buda en 1996, el macizo alberga más de 20 templos activos y una red de senderos que ascienden hasta los 3.099 metros del Pico Dorado. La experiencia combina peregrinación y turismo de montaña. En días despejados, desde la cima se observa el llamado mar de nubes, un fenómeno atmosférico frecuente en la región. El monasterio Wannian, uno de los más antiguos, conserva una estatua de bronce de Samantabhadra que data del siglo X.
Dentro de la propia ciudad de Leshan, el Templo Wuyou ofrece una alternativa menos concurrida y con vistas privilegiadas al Buda desde la colina opuesta. También destacan antiguos pabellones y pagodas dispersos por la zona ribereña, que permiten entender el carácter religioso y comercial que históricamente tuvo este punto de confluencia fluvial.
Navegación por los tres ríos
Una de las perspectivas más recomendadas es observar el Buda desde el agua. Las embarcaciones turísticas recorren la confluencia de los ríos Min, Dadu y Qingyi, permitiendo apreciar la escala completa de la escultura y el entorno natural. El trayecto suele durar entre 20 y 30 minutos y ofrece una lectura geográfica del lugar: no es casual que la estatua se erigiera justo allí. En los alrededores de Leshan sobreviven pequeñas comunidades agrícolas donde se cultiva té, cítricos y hortalizas típicas de Sichuan. Algunos circuitos turísticos incluyen visitas a plantaciones de té y talleres artesanales, una oportunidad para observar la vida cotidiana lejos de los grandes centros urbanos.
A unas dos horas por carretera o tren de alta velocidad, Chengdu funciona como puerta de entrada a la región. Además de su casco histórico y sus casas de té centenarias, la ciudad alberga el Centro de Investigación y Cría del Panda Gigante, uno de los principales programas de conservación de esta especie. Famosa por su gastronomía intensa y aromática el picante característico del chile y la pimienta de Sichuan produce una sensación de ardor y hormigueo única, la región combina tradición milenaria y modernidad vibrante. La capital de Sichuan es también referencia gastronómica nacional. El hot pot, servido en mesas compartidas con caldo picante, y platos como el Tofu Mapo, el Pollo Kung Pao, el Cerdo dos veces cocinado, el Cerdo en salsa de ajo picante, la Ensalada de noodles fríos o el Yu Xiang Rou Si, forman parte de la identidad culinaria local.
Para quienes buscan paisajes, el área cuenta con reservas naturales y zonas de senderismo que combinan bosques subtropicales, cascadas y miradores fluviales. La humedad constante de Sichuan favorece una vegetación densa que cambia radicalmente entre estaciones.
El Gran Buda de Leshan es, sin duda, el símbolo más reconocido de la zona. Pero su fuerza radica también en el contexto: una región donde la espiritualidad budista convive con la tradición agrícola, la biodiversidad y una de las cocinas más influyentes de China. Explorar los alrededores permite entender que el gigante de piedra no es un monumento aislado, sino el punto más visible de un paisaje cultural que lleva siglos dialogando con el agua y la montaña.



