martes, 2 de marzo de 2010

Juan José Domenchina en la antología “Artículos selectos” de la Fundación Banco Santander

"Artículos selectos"
Juan José Domenchina
Selección de Antonia Paz
Fundación banco Santander
Colección Obra Fundamental
Madrid, 2010


Julia Sáez-Angulo


La filóloga Antonia Paz ha sido la responsable de la selección de “Artículos selectos”, primera antología dedicada al escritor Juan José Domenchina (Madrid 1898 – México D.F. 1959), poeta, narrador, crítico y articulista, desde que viera la luz por última vez sus famosos “Crónicas de Gerardo Rivera”, pseudónimo que utilizó para los periódicos El Sol y La Voz, en México en 1946. El libro ha sido publicado por la Fundación Banco Santander y presentado por Javier Aguado y la antóloga.

J.J. Domenchina fue secretario privado del presidente de la II República Manuel Azaña y estuvo casado con la poetisa de la Generación del 27 Ernestina de Champourcín, que a diferencia de su esposo disfruto su exilio en México. Ambos fueron traductores además de escritores.

“Domenchina se ganó el respeto de figuras de la talla de Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado, Azorín, Díez-Canedo o Benjamín Jarnés, pero también la antipatía –y hasta el odio- de muchos otros” como Salinas y Guillén tal y como se ha puesto de manifiesto en la correspondencia publicada entre ambos, ha declarado Antonia Paz.

Domenchina en México se convierte en el “único, el grande cantor del destierro” en palabras de Vicente Aleixandre que no son para echar en saco roto, teniendo en cuenta los líricos eminentes que dio el exilio republicano español”, añade Paz.

“Sólo Gerardo Diego y Ángel Caffarena tuvieron la gallardía de dar a conocer en la España franquista la poesía domenchiniana del destierro, en sendas antologías publicadas ya fallecido Domenchina”, insistió la filóloga.

Poeta y lo demás es secundario


J.J. Domenchina “era poeta y lo demás es secundario” subrayó la antóloga Antonia Paz, y "su poética se refleja en la crítica literaria comparable a la de Díez-Canedo" por su sagacidad y libertad, lo que le granjeó antipatías.

“El Diccionario es el libro más digno de ser leído por un poeta”, decía Domenchina, maestro de formación aunque nunca ejerciera la docencia. Vivió siempre en la madrileña calle de Serrano, sobre todo en el actual número 48, aunque todavía no ha conseguido la placa del Ayuntamiento que lo recuerde.

La admiración de Domenchina por el poeta Juan Ramón Jiménez fue un hecho-como igualmente la tuviera su esposa Ernestina de Champourcín-, así como por Azaña, si bien la prosa del político no influyó en su escritura.

Javier Aguado recordó que "los próximos lanzamientos que está preparando la Colección Obra Fundamental debemos destacar lo mejor de la prosa de Fernando Vela, las crónicas y poesías de Juan Chabás o los de Agustín de Foxá, entre otros, dentro de esta labor incansable de recuperación literaria en la que está embarcada la Fundación Banco Banco Santander"
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