domingo, 6 de enero de 2013

LOS REYES MAGOS



M.  DOLORES  GALLARDO  LÓPEZ
  
     06.01. 13 .- Madrid .- Las referencias que tenemos sobre ellos provienen del Evangelio de San Mateo y de algunos otros evangelios no aceptados por la Iglesia católica, los denominados “evangelios apócrifos”. A ellos hay que añadir  las referencias contenidas en el Salmo 72[1] e Isaías 60[2], en los cuales también se ha basado la tradición de la iglesia, como recordó Benedicto XVI en su reciente libro La infancia de Jesús, Planeta, 2012.


   El Evangelio de Mateo es la única fuente bíblica que menciona unos magos que, tras  haber visto una estrella, buscan al «Rey de los Judíos que ha nacido en Jerusalén”, guiándoles dicha estrella hasta donde vivía Jesús.

Ningún testimonio conservado (salvo las posibles alusiones que se leen el Salmo 72 e Isaías, 60) califica de hecho como “reyes” a los personajes que, según la tradición cristiana, visitaron al niño Jesús. Tampoco indica ninguno cuántos eran.

   Poco es lo que el Evangelio de Mateo dice sobre estos personajes: no indica un número específico, aunque menciona que entregaron tres regalos simbólicos: oro, incienso y mirra:

  Mateo 2,1-2:
      “Nacido, pues, Jesús en Belén de Judá en los días del rey  Herodes llegaron de oriente a Jerusalén unos magos  preguntando: ¿Dónde está el rey de judíos los  que acaba de nacer? Hemos visto su estrella en oriente y venimos a adorarlo”.
Mateo 2,11:
“Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra”.

   Según el relato de  Mateo 2,12, estos magos, advertidos por un sueño,  emprendieron el camino de vuelta a casa sin pasar a visitar a Herodes.

    Piadosas leyendas posteriores dicen que tiempo después, en tanto el apóstol Tomas  evangelizaba oriente, estos sabios habían convertido a la fe en aquel niño al que habían visto a poco de nacer. Por tanto habrían muerto como cristianos y a  una edad avanzada.
  
  La palabra "magos" (griego Μαγός, latín Magi) como  bien ha señalado Benedicto XVI[3] tiene  diversas connotaciones que van desde la positiva a la más negativa. Los magos que visitan a Jesús “aunque no pertenecían a la clase sacerdotal persa, tenían sin embargo un conocimiento religioso y filosófico que se había desarrollado y aún persistía en aquellos ambientes”[4].

   Como hemos visto en uno de los textos del evangelista Mateo, mencionado más arriba,  se indica  que fueron tres los regalos otorgados por los  Magos al niño Jesús, pero   no se dice  cuántos eran ellos. Este dato tampoco aparece en ninguna otra fuente.
   En un principio el número de los Magos fue indeterminado. En las pinturas de las catacumbas romanas  a veces  vemos dos, otras cuatro.
  La Iglesia de Siria creyó que eran doce, lo que parece  prefigurar los doce apóstoles futuros.
   Algunas tradiciones de la Iglesia copta elevan el número hasta sesenta y citan los nombres de más de una docena de ellos.
     En el siglo IV su número entre  los cristianos parece quedar  en tres. Después, en el siglo V, el Papa  León I el Magno  definitivamente fija su número en tres para toda la cristiandad.

A)  ICONOGRAFÍA

El aspecto con el que se  representan ha variado notablemente en el transcurso del tiempo.

Los  Magos siempre aparecen como una entidad colectiva,  no como individuos; por eso durante mucho tiempo fueron representados  exactamente iguales. Aparecían vestidos con  traje oriental formado por  pantalones anaxyrides, una especie de túnica corta  y  tocados con el gorro frigio. Así exactamente iguales los vemos en los sarcófagos paleocristianos, aunque a veces el objeto que  cada uno porta en sus manos (donde va guardada la ofrenda para el Niño) es diferente, así sucede por ejemplo en el  sarcófago de Layos (Toledo),  fechado entre 310-320 y en otros muchos.


Sarcófago de Layos (Toledo)



En algunos casos los regalos son presentados en simples bandejas, otras veces  en cofres,  copones e incluso en  el cuerno de la  Abundancia. 
En unas  tapas para guardar evangelios del siglo V, del tesoro de la catedral de Milán, d
ecorada  con escenas de la vida de Cristo, en el panel superior se representa la Adoración de los Magos. La Virgen aparece  sentada en una silla de alto respaldo y se en un plano elevado  (está sobre una tarima) con respecto a los Magos. Dos de los Magos portan bandejas, pero el Mago que está en el centro lleva un cuerno de la Abundancia.

     A mediados del siglo VI  se establece en la iconografía una importante  novedad, la diferenciación en la edad: uno de los magos es presentado con barba blanca  -para reflejarlo de más edad-, otro con barba oscura y el tercero y más joven sin ella.

  Así aparecen  representados a mediados del siglo VI en  la iglesia de San Apolinar el Nuevo, en la ciudad italiana de Ravena. Esta iglesia fue construida como templo arriano bajo el rey ostrogodo Teodorico a fines del siglo V, pero el conjunto de las dos procesiones  que se muestran en los muros de la nave central  fue hecho cuando la iglesia, ya bajo Justiniano, pertenecía a la fe católica.
 
 En los muros de la nave central  hay sendas procesiones: en uno de ellos los mártires, saliendo  del palacio de Teodorico,  se dirigen en procesión hacia el altar y hacia Jesús entronizado; en el muro opuesto una procesión de santas va encabezados por los tres Magos y  se dirige hacia María y el Niño. Los tres  Magos conducen la procesión vestidos a la moda persa y tocados con el gorro frigio,  su actitud es la de ir a ofrecer lo que llevan en las manos a la Virgen, sentada en un trono con el Niño en su rodilla izquierda. Encima de sus cabezas, de derecha a izquierda, se pueden leer tres nombres: Gaspar, Melchior, Balthassar.  
S.Apolinar (Italia). Obsérvese los nombres escritos en la parte superior


Beda El Venerable  (673-735) -monje benedictino de gran erudición, autor de la monumental obra Historia eclesiástica de los ingleses, que alcanzó un notable éxito- en uno de sus textos recoge, además de los nombres de los Magos (Melchor, Gaspar y Baltasar),  su aspecto físico  y los regalos que ofrendaron al divino Niño: "El primero de los Magos fue Melchor, un anciano de larga cabellera cana y luenga barba... le  ofreció  oro, símbolo de la realeza divina. El segundo, llamado Gaspar, joven, imberbe de tez blanca y rosada, honró a Jesús ofreciéndole incienso, símbolo de la divinidad. El tercero, llamado Baltasar, de tez morena (fuscus en latín) le ofreció mirra, que significaba que el hijo del hombre debía morir...".

       Los magos son, pues, representados con diferentes edades. De esta manera  venían a representar simbólicamente  las tres etapas de la vida  del ser  humano: juventud, madurez y vejez. 

Con el paso del tiempo  los gorros frigios con que se representaba originariamente  a los Sabios o Magos  fueron sustituidos por coronas; también desaparecieron los pantalones anaxyrides. En tiempos medievales se representan vestidos aristocráticamente, con ricas telas, pieles, adornos de oro y de plata. obsérvese la Epifanía de Navasa (Museo Diocesano de Jaca, Huesca), van vestidos con atributos de realeza, con edades diferentes (barba blanca, castaña e imberbe), los tres reyes siguen siendo  blancos.
  

Epifanía de Navasa. Museo diocesano de Jaca (Huesca, España)












Acaban ciñendo corona real y las ofrendas que llevan a Jesús  se van poniendo  en ricos y costosos vasos. Así se ven, por ejemplo en el tríptico de Covarrubias, Burgos, del siglo XV. La iconografía muestra, pues,  un gran cambio: han pasado de ser considerados sabios, intelectuales y astrólogos a aristócratas y reyes.






  Baltasar, el rey  diferente

 
  En los sarcófagos paleocristisnos, en los mosaicos italianos antiguos, en el mundo bizantino y en el arte románico hispano (por ejemplo en la epifanía de Navasa, Museo Diocesano de Jaca) y en general hasta la segunda mitad del siglo XV los Reyes son blancos, aunque Beda El Venerable, como hemos visto más arriba,  llamaba a Baltasar  fuscus, es decir de tez morena. 

 En un códice miniado de comienzos del siglo XV -Les très riches heures du duc de Berry- aparecen sirvientes negros en el cortejo de uno de los reyes, pero los tres reyes son blancos. Es decir a comienzos del siglo XV no se había producido o al menos generalizado la iconografía de un rey de piel negra.


La imagen de un  joven y guapo rey de piel negra  posiblemente comenzó a aparecer  en la escuela renana. Pese a su color, al principio este rey no tenía los rasgos propios de la raza negra: en el retablo de Covarrubias podemos ver un bello rey negro de este tipo.

Retablo de Covarrubias (Burgos) parte central



Adoración de los Magos, Catedral de Viseo (Portugal)
Desde el siglo XIV, quizás por influencia de la vocación ecuménica de los predicadores, se  empieza a dar un carácter  universal a los reyes magos y  pasan a simbolizar las tres razas humanas admitidas en la antigüedad (blanca, amarilla y negra) y prefiguradas por los tres hijos de Noé: Sem, Jafet y Cam, tal y como el Antiguo. También, obviamente, de entonces  arranca la tradición de representar a Melchor, Gaspar y Baltasar montados sobre animales correspondientes a sus geografías: un caballo, un dromedario y un elefante, respectivamente.  

   Tras el descubrimiento de América, para que  los Reyes Magos representaran a todas las razas del planeta, algún devoto cristiano tuvo la idea de que también el Nuevo Mundo se viera representado en el cortejo real. De esta forma en el retablo portugués de la Catedral de Viseu, Baltasar, en lugar de ser un rey negro, es representado como un pintoresco jefe indio de Brasil de emplumada jabalina. 

Belén de la catedral de Vitoria (España)

 Asimismo en algúnos belenes napolitanos -el de Vitoria- por ejemplo el rey negro está sustituido por un  sultán turco












   B. LAS RELIQUIAS DE LOS REYES MAGOS



Relicario de los Reyes Magos, catedral de Colonia, (Alemania)
a)  El relicario de  los Reyes Magos 

La catedral de  Colonia es uno de los monumentos góticos más impresionantes de Europa. Es también el lugar donde en la actualidad se encuentra las reliquias de los Reyes Magos. En el año 1164 el arzobispo Reinaldo de Dassel, canciller imperial y arzobispo de Colonia,  trasladó desde Milán a Colonia estas reliquias.

    En el año 1248 se inició la construcción de la  catedral de la ciudad para, entre otras cosas,  albergar estas importantes reliquias.  Actualmente es  la iglesia gótica más grande de Europa septentrional. La actual configuración de la catedral presenta siete capillas, la tercera corresponde a la tumba del arzobispo Conrado de Hostaden -que el 15 de agosto de 1248  puso la primera piedra de esta catedral- y la cuarta a las reliquias de los tres Santos Reyes. En las vidrieras se representa  la historia de los Reyes Magos y  la historia del emperador Constantino y su madre Santa Elena.

    En esta magnífica catedral, detrás del Altar Mayor, se encuentra el llamado “Relicario de los Reyes Magos”. Está formado  por tres sarcófagos: dos de ellos unidos el uno al otro,  el tercer sarcófago descansa sobre  los otros dos. El conjunto formado por los tres tiene la forma de una basílica. 

    La estructura básica está hecha de madera, la madera está revestida de oro y plata. Lleva 74 figuras en bajorrelieve entre las cuales se encuentran escenas de la vida de Cristo y esculturas de los  apóstoles y los profetas, todas ellas recubiertas con oro. El  conjunto está decorado con esmaltes, marfil y  unas 1000 piedras preciosas.
  
   Algunas partes del relicario fueron diseñadas por el famoso orfebre medieval Nicholas de Verdún, que empezó el trabajo en el año 1180 o en el 1181. El relicario se completó alrededor de 1225.

       Examinemos cómo han llegado hasta Colonia las reliquias.
   
    b) Las reliquias de los Reyes Magos en  Milán
        
  Cómo llegaron las reliquias a Milán es algo que  a ciencia cierta no se sabe. De las reliquias de los Reyes Magos en Milan  desde el año 1158, no antes
 

    En el siglo XII empezó a circular la siguiente leyenda:
     
    Elena -santa Elena, si se quiere- fue  madre del emperador  Constantino el Grande. En el 324 había seguido a su hijo el  emperador Constantino a Palestina y allí reunió numerosas reliquias. Incluso milagrosamente encontró en la colina del Gólgota restos de la Cruz donde Jesús fue crucificado (esa reliquia es llamada la Vera Cruz). También  desde Persia hizo trasladar a Costantinopla los despojos mortales de los Reyes Magos, que hasta entonces habían permanecido dispersos. En Constantinopla los huesos fueron puestos en un gigantesco sarcófago de granito,
  Tiempo después, en el siglo VI, los milaneses eligieron como obispo a Eustorgio, el cual visitó Constantinopla para que el emperador le permitiera aceptar su reciente nombramiento. El emperador de Bizancio le regaló los cuerpos de los tres reyes.
    Eustorgio  decidió trasladar las  reliquias hasta la lejana sede de su diócesis. Para ello adquirió dos robustos bueyes y un carro, hizo cargar sobre éste el sarcófago y emprendió la marcha. Alguna versión de esta leyenda refiere que la misma estrella que siglos antes había señalado a los Reyes el camino de Belén, resplandeció en la ruta de San Eustorgio, y lo guió a todo lo largo del difícil camino. Pero al pasar por las ásperas montañas de los Balcanes,  un lobo hambriento asaltó y mató a uno de los dos bueyes. Para continuar su viaje, San Eustorgio domeño a la fiera insolente y la unció al yugo de su víctima.  El lobo salvaje acabó  transformado en lobo de tiro. San Eustorgio llegó a Milán con el carro cargado con los restos de Melchor, Gaspar y Baltasar y tirado por un buey y un lobo manso. Fue recibido con júbilo por los milaneses.
  
    No es la única leyenda sobre las reliquias de los  Reyes Magos. Un cronista francés, Roberto de Monte Saint-Michel (¿1110?-1186, nacido en Torigni-sur-Virey  y conocido en la actualidad como R. del Monte Saint, por ser abad de la famosa abadía de ese monte) escribía que  en el año de 1158 los milaneses habían encontrado en una capilla cercana a la ciudad los restos de los cuerpos de los tres Magos.

  También se dice que el cronista anglosajón Guillermo de Newbury  -vivió en la segunda mitad del siglo XII- escribió que,  cuando Federico I Barbarroja, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, asediaba Milán,  los milaneses, para no dar facilidades a los asediadores, decidieron arrasar los arrabales y entonces hallaron las reliquias  «compactas en los huesos y en los nervios... y cuando fueron encontradas un cerco de oro rodeaba los cuerpos, uniéndolos entre sí». Naturalmente los preciosos restos fueron trasladados dentro de las murallas.
  
       En el año 1162 Milán fue tomada, saqueada y destruida por  Federico I Barbarroja, emperador del sacro Imperio Romano Germánico. Su consejero Reinaldo de Dassel, obispo de Colonia, en medio de la contienda no olvidaba los intereses de su diócesis,  pidió  y obtuvo del emperador permiso para llevar a la ciudad renana las ilustres reliquias. También hay una serie de leyendas acerca de cómo consiguió quitar las reliquias a los milaneses. En  1164  las reliquias salieron de Milán.

     c) Las reliquias en Colonia 

     El traslado a Colonia se produjo con gran pompa. El sucesor de Reinaldo, Felipe de Heinsberg, mandó construir el magnífico relicario que más arriba hemos descrito.
 Las peregrinaciones se multiplicaron y el Papa Inocencio IV estableció indulgencias para quien  peregrinara a venerar los cuerpos de los Magos.

      ¿Y Milán? Siempre hubo en la ciudad quienes que no se resignaron  a la pérdida de las reliquias. En el año 1495, el  papa con el nombre de Alejandro VI (Rodrigo de Borja) a instancias del duque de Milán Ludovico  Sforza “el Moro”, pidió al arzobispo de Colonia la restitución de las reliquias pero el arzobispo   se negó.
 Tampoco tuvieron éxito en sus gestiones Pío IV, que era milanés, ni Gregorio XIII  ni  Felipe II, el rey de España, cuando dominaba el Milanesado.

   El 20 de julio de 1864 el relicario se abrió y fueron descubiertos restos  humanos y monedas de la época de Felipe de Heinsberg.
    En la frontera del siglo XIX con el XX triunfó la habilidad diplomática del Cardenal Ferrari, arzobispo de Milán: en 1903 obtuvo la restitución de una tibia, un húmero y un esternón. Estos tres huesos hicieron el viaje en tren, vía Basilea-Lucerna-Como; a su llegada fueron transportados con gran solemnidad a la Basílica de San Eustorgio.

  Bibliografía
 Para elaborar este artículo ha tenido gran importancia 

 P. Grau- Diekman, "Una iconografía polémica: Los Magos de oriente", www.revistamirabilia.com/Numeros/Num2
  L. Arbeteta, Oro, incienso y mirra, Madrid 2000
Benedicto XVI, La infancia de Jesús, Planeta 2012


[1]Salmo 72,10-11?: ”Los reyes de Tarsis y de las islas traigan presentes; los reyes de Sabá y de Seba ofrezcan tributo; (11) y póstrense ante él todos los reyes de la tierra; sírvanle todas las naciones. (12) Porque él librará al necesitado cuando clame, también al afligido y al que no tiene quien le auxilie”.

[2] “Y acudirán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu amanecer. (4) Levanta tus ojos en derredor y mira: todos se reúnen, vienen a ti;….. (6) Una multitud de camellos te cubrirá, camellos jóvenes de Madián y de Efa; todos ellos vendrán de Sabá, traerán oro e incienso, y traerán buenas nuevas de las alabanzas del Señor”.
[3] La infancia de Jesús, ed. Planeta, 2012, 3ª edición, p.98.
 [4 ]   Ibid, p.99



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