Julia Sáez-Angulo
8/1/26.- Madrid.- Giorgos, el amigo griego en Londres, era guapo e inteligente. Yo no era tonta. Conectamos en uno de esos guateques multiculturales de los años 70, en los que aterrizábamos todos llevados por distintos amigos. La casa estaba cerca de Hammersmith, una zona de Londres, cerca del pub The Troubadour y del West London College, donde yo estudiaba inglés, en los 70.
Giorgos el griego, a quien todos llamaban Georges, estudiaba el último curso de Económicas en la Universidad de Londres y, seguramente, por eso, hablamos de la posible y cercana incorporación de Gran Bretaña al Mercado Común. Él insistía en que aquello no llegaría nunca, porque no podía ser. “¡Si Gran Bretaña entra en el Mercado Común, “it will brake up!” (estallaría) repetía Georges.
Cuando Gran Bretaña entró en la Comunidad Económica Europea, junto a Dinamarca e Irlanda, en 1973, pensé que Georges no fue un buen profeta. Y cuando G. B. salió de la Unión Europea en 2016, con el Brexit, volví a acordarme de George; su predicción no iba tan descaminada.
Como yo había traducido a Homero en el bachillerato, la Iliada fue el tema de conversación siguiente y ambos, Georges y yo, reíamos, repitiendo párrafos del libro desde el comienzo: “Canta, oh musa, la cólera de Aquiles…” El griego me miraba, entre asombrado y admirado, de mis conocimientos clásicos, debido al buen bachillerato de antaño. La fonética del griego es asombrosamente idéntica a la del castellano: No había dificultad alguna.
Georges era guapo e inteligente. Yo no era tonta. Él era un muchacho fornido con ojos claros, que me recordaba a un soldado hoplita de mi libro de bachillerato. Seguimos viéndonos y conversando a gusto sobre Inglaterra, Grecia o España. Poco a poco él me fue metiendo en la colonia griega en Londres y nos juntábamos con sus amigos. Juntos fuimos a ver el recital de los cantantes Mikis Theodorakis y María Farantoúri en el Royal Albert Hall. Resultaba emocionante ver a los griegos unidos en espíritu a través de la música de aquellos intérpretes de moda, en tiempo de la dictadura de los Coroneles (1967-1974).
Juntos, Georges y yo, visitamos el British Museum, para contemplar los importantes vestigios del Partenón que alberga: los Mármoles de Lord Elgin, que incluyen gran parte de las esculturas de los frontones, triglifos, metopas (relieves cuadrados) y aproximadamente la mitad del friso interior, representando figuras mitológicas y una procesión ateniense. Estas piezas fueron retiradas de la Acrópolis de Atenas por el diplomático Elgin a principios del siglo XIX mientras Grecia estaba bajo dominio otomano y se exhiben en una sala dedicada a ellas, a pesar de las persistentes reclamaciones de Grecia para su devolución.
"Esas piezas del Partenón deben volver a su sitio de origen. Los griegos las respetamos, cuando los turcos instalaron en la Acrópolis un polvorín, para evitar que los griegos dispararan contra el Partenón. Sabían que no iban a hacerlo. Todo antes que destruir su obra maestra", explicaba Georges.
Lord Elgin se llevó los mármoles del Partenón entre 1901-1905. Algunos historiadores dicen que fue un acto de salvación de los mismos, pero falta la segunda parte: su devolución.
Hablamos de Melina Mercouri (1920-1994), actriz, cantante, activista y política griega. Fue miembro del Parlamento Helénico y, en 1981, se convirtió en la primera mujer en ocupar el puesto de ministra de Cultura de Grecia. Exiliada durante la dictadura de los coroneles, escribió una intensa autobiografía titulada “Nací Griega” (1972), para contravenir la retirada de nacionalidad, impuesta por los detestados coroneles. El libro me pareció apasionante.
Juntos, George y yo, fuimos a celebrar la pascua ortodoxa en la catedral que los griegos tienen en Bayswater, Hagia Sophia a la que asistían los futbolistas del Panathinaikos, equipo griego que había jugado en Londres, el día anterior. Una ceremonia que duró más de dos horas, entre prolongado canto bizantino y abundante y turiferario incienso.
Años más tarde, en los 80, el escritor Mario Soria me invitó de nuevo a la celebración de otra pascua griega en Madrid. Le había invitado el padre Dimitri, un pope amigo suyo, que nos saludó con deferencia al terminar la ceremonia, cuando degustábamos el ágape en el patio ajardinado, donde saludamos a la princesa Irene de Grecia y al rey Simeón de Bulgaria, ambos ortodoxos y presentes en la misa de pascua. El rey Simeón me pareció un hombre cordial y caballero. Su sonrisa y conversación lo avalaban.
"Griegos en el exilio"
Volvamos al Londres de los 70. Georges y yo hablábamos de los grandes poetas griegos del XX: Giorgos Seferis y Odysseas Elytis, Cavafis, Yannis Ritsos, o Nikos Kazantzakis. Todos destilaban el amor a Grecia y el orgullo de ser descendientes de aquella patria que fue cuna de la civilización occidental. Leí con gusto la narrativa de Kazantzakis y aprendí todo sobre los monjes del monte Athos. Él había sido uno de ellos.
Juntos, Georges y yo, vimos la película “Zorba el griego” (1964) de Michael Cacoyannis y música de Theodorakis, basada en la novela de Kazantzakis. El baile del sirtaki estaba de moda. Anthony Queen fue el magnífico intérprete de Zorba.
Mi estancia en Londres de casi dos años se estaba convirtiendo en un curso intensivo de cultura griega. Menos mal que Georges y yo hablábamos en inglés, al igual que en mi trabajo, primero de au pair girl y, después, en el Spanish Tourist Office, junto a Jermyn Street, la calle de la moda para los hombres elegantes.
En el pub The Troubadour, George me contó con dolor una tarde, que sus padres estaban separados. Sentía devoción por su madre y admiración por su padre.
Llegó mi cumpleaños e invité a Georges a cenar en The Swallow, un restaurante español cerca de Picadilly Circus. Tomamos especialidades como jamón y tortilla de patatas, además de besugo al horno. Bebimos una botella de vino de Rioja y fumé como nunca, sin tener mucha costumbre de hacerlo. Acabé mareada. Al salir a la calle, sentí unas arcadas que me moría. Me acerqué al alcorque de un árbol y vomité toda la cena. George me sujetaba la frente. Me acompañó hasta casa.
Al día siguiente, George me llamó por teléfono para saber cómo estaba. Él tenía que viajar a Atenas, por un asunto familiar. A los pocos días recibí una postal del teatro Epidauro, desde la capital griega, diciéndome que pronto regresaría a Londres.
No volví a saber nada más de Georges. Pregunté a sus amigos, pero tampoco tenían noticias suyas. Recorrí algunos de los lugares en los que estuvimos juntos, buscando su sombra: el pub The Troubadour, el Albert Hall, la catedral ortodoxa… Georges era un hombre guapo e inteligente. Yo no era tonta.
No volví a verlo.
Los versos célebres de Cavafis en “Ítaca” resonaban en la memoria. La idea de que el viaje es lo importante, no el destino ("sin ella no habrías emprendido el camino" e "Ítaca te ha dado el viaje"). En la National Gallery vi el cuadro de Psiquis y Cupido, de van Dyck. Aquella era la explicación.
“Todos somos griegos en el exilio”, dejó dicho Borges con acierto. Venimos de su cuna civilizadora.
Hagia Sophia, catedral ortodoxa griega en Londres
9 comentarios:
Germán Ubillos Orsolich: Maravilloso relato,querida Julia, emocionante y enternecedor. Gracias por enviármelo.
Una brazo de Germán.
Paloma Castellanos: Una historia preciosa, con personajes míticos y lugares inolvidables. Gracias por traerles de nuevo a nuestras vidas Julia.
Estela Elmquist : Esta historia londinense con amistades griegas,me traen a la mente a mi primer noviecito de Peloponeso emigrado a la Argentina,se llamaba Elefterius y yo le decia Lefti.El fallecio en un accidente,pero me dejo una gran pasion por la lengua griega.
Precioso relato lleno de recuerdos londinenses.Avec ma gueule de métèque....
José Miguel Martínez: Buenas tardes Julia. Muchas gracias. Ya hubiera querido Ulises haberte tenido por compañera de viaje. Porque tú no eres tonta. Enriquecedor este artículo de Recuerdos Amistosos, con tu amigo Giorgos. Un saludo. ROMSENEI
Me gusta el epitafio de Kazantzakis "No espero nada. No temo nada. Soy libre" Gracias por este hermoso relato algo nostálgico, Julia.
Querida Yuli: Tú relato es una postal con niebla londinense,son recuerdos y conversaciones en inglés,es amistad y mitología griega,es nostalgia elegante y delicada.Porque tu querida Yuli,no eres tonta y sabes escribir.
Como siempre,es una delicia leerte.
Buenas noches y felices sueños.
Lolo González: Me ha encantado el relato.
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