Fotos: María Moreu y Helena de la Peña
16/1/26.- Madrid.- El capitán de navío Damaso Berenguer, conde de Xauen, ha presentado la reedición del libro “De la Dictadura a la República” en la Real Gran Peña de Madrid. El libro, publicado por la editorial Cuatro Palos ha sido comentado por el editor Roberto Moreu, el catedrático de Historia Antonio Manuel Moral, el historiador Carlos S. Tárrago -ausente por problemas de salud- cuyo texto ha sido leído por Julia Sáez-Angulo, en un acto presidido por Ramón Maroto y Cotoner, de la Real Gran Peña.
El evento ha estado muy concurrido por la gran familia Berenguer de cuatro generaciones entre ellas la nieta de General Berenguer Fusté, M. Ángeles Berenguer y su sobrina Angelines Berenguer de 97 años. También, de numerosos militares de la Armada y los Príncipes de Kubrat de Bulgaria.
Durante la cena, algunos aprendimos ciertos protocolos de la Armada en la mesa, como brindar sentados -así se hace en los barcos- o servirse cada uno la copa de Oporto, al final de la cena, y pasarla al compañero de la izquierda -a la inglesa. Se termina siempre con vivas a España y al Rey. La bendición de la mesa la hizo el jesuita Ignacio Ramos, tataranieto del general Berenguer.
La Real Gran Peña fue fundada en 1869 y cuenta con 1200 socios solo masculinos.
El texto del historiador Tárrago para presenta el libro “De la Dictadura a la República” dijo:
“Permítanme comenzar expresando mi más sincero agradecimiento a don Dámaso Berenguer Roig, conde de Xauen, por la generosidad de invitarme a acompañarle en un día tan significativo, no solo para él, sino para toda la familia Berenguer. Él es —y debe ser— el verdadero protagonista de este encuentro. No hay gesto más noble que rescatar la voz de los antepasados y devolverla, con respeto y rigor, al debate sereno de nuestro tiempo. Por ello, le agradezco profundamente el honor que me concede.
Es también un privilegio compartir esta mesa con el historiador y escritor, el doctor Antonio Manuel Moral Roncal, catedrático universitario y autor de una sólida y extensa producción historiográfica, fundamental para comprender la historia política y militar de España en los siglos XIX y la primera mitad del XX.
Quiero igualmente expresar mi agradecimiento a la Real Gran Peña, esta casa centenaria que forma parte de la historia viva de España y que hoy acoge un acto de memoria y reflexión. No es un lugar cualquiera: aquí tuvo su asiento el general Dámaso Berenguer, cuyo nombre vuelve hoy a pronunciarse con la serenidad y la dignidad que merece el paso del tiempo.
Para mí, además, este espacio tiene un significado muy personal. Aquí he sido invitado en varias ocasiones por don Alfonso Bullón de Mendoza, marqués de Selvalegre, el socio más antiguo de esta casa, a punto de cumplir 103 años, y quien me honra con su amistad. Con él compartí mesa con Matías Díaz Padrón, maestro y referente intelectual, también socio de esta casa, poco antes de su triste fallecimiento.
Evocar hoy sus nombres, precisamente aquí, es también rendir homenaje a una manera de entender la cultura, la historia y el servicio público que da sentido a lugares como la Gran Peña.
La reedición de “De la Dictadura a la República” me parece un acierto de gran calado por dos razones fundamentales. En primer lugar, porque nos permite profundizar en un periodo decisivo de nuestra historia reciente —el comprendido entre 1923 y 1930—, demasiado a menudo tratado de forma superficial o a la luz de lo que ocurrió después. Y, en segundo lugar, porque nos ofrece una vía directa para acercarnos a la figura del general Berenguer, un personaje político y militar de primer orden en el primer tercio del siglo XX, cuya trayectoria no ha sido estudiada con la profundidad y el equilibrio que merece.
Y nadie mejor para impulsar esta recuperación que su bisnieto, el conde de Xauen, cuya trayectoria profesional e intelectual le permite abordar esta tarea desde la seriedad, el rigor y la distancia crítica necesarias. No se trata de una reivindicación complaciente, sino de una invitación al estudio.
Como autor de varios ensayos vinculados al desastre de Annual, he tenido ocasión de aproximarme a la figura del general Berenguer desde el análisis de uno de los episodios más traumáticos de nuestra historia contemporánea. Evidentemente, su trayectoria no puede explicarse en el breve tiempo de esta intervención, pero sí señalar algunos rasgos esenciales.
Dámaso Berenguer Fusté procedía de una familia originaria de Callosa d’Ensarrià, en la provincia de Alicante, cuya capital es, además, la ciudad en la que tengo el privilegio de residir. De ese entorno surgió una estirpe de militares marcada por el servicio a España, como tantas otras familias que vivieron con intensidad las luces y las sombras de un tiempo convulso.
Entre sus méritos más duraderos destaca la creación del Cuerpo de Regulares, hito fundamental en la historia militar española. Con una hoja de servicios brillante, jalonada de ascensos por méritos de guerra, ocupó cargos de enorme responsabilidad: gobernador militar de Málaga, subsecretario y ministro de la Guerra, alto comisario en Marruecos, senador del Reino, jefe de la Casa Militar del Rey y, finalmente, teniente general. Hablaba árabe, francés e inglés, y poseía una formación poco común en el ámbito castrense de su tiempo.
Pero si tuviera que destacar un rasgo definitorio de su personalidad, me quedaría con una expresión que me parece especialmente certera: “el más civil de los militares”, como lo definió el conde de Romanones.
Más allá de los hechos —sobre los que se ha discutido mucho—, me interesa subrayar al general Berenguer como alto funcionario del Estado, con una concepción exigente del servicio público. No fue un político que buscara el poder; aceptó responsabilidades cuando fue llamado, incluso sabiendo que se producían en circunstancias adversas y con un elevado coste personal.
"Para sostener esta afirmación quisiera remitirme únicamente a dos documentos poco conocidos y, a mi juicio, esenciales.
El primero es la transcripción íntegra de las conferencias diarias que mantenía con los ministros de la Guerra. En ellas se aprecia un trato respetuoso, una preocupación constante por los problemas concretos y una relación leal con el poder civil, siempre dentro del marco institucional, sin estridencias ni afán de protagonismo. Estos documentos, verdaderamente valiosísimos, se conservan en la Fundación Antonio Maura, a la que llegaba en mi paso habitual por la Plaza de la Lealtad, donde, en el número 2, vivió de alquiler el general Dámaso Berenguer.
En la revista La Esfera, del 3 de diciembre de 1921, se publicó una fotografía suya, realizada por Campúa, tomada en el salón de su casa. Se trata de un magnífico retrato en el que se aprecia su elegancia, más acorde —según parece— con la dignidad que atribuía al cargo que desempeñaba que con una preocupación personal por la apariencia.
Resulta curioso que en ese mismo edificio haya hoy una placa que recuerda que allí vivió el escritor búlgaro Dimitar Dimov. Como diría Forges: ¡País!
El segundo documento es su intervención en el Senado, a petición propia, en la sesión del 14 de julio de 1922. En una extensa comparecencia —casi cuarenta páginas— el general Berenguer se somete al examen de la Cámara y facilita toda la información disponible sobre Annual. Lejos de cargar culpas sobre el general Silvestre, ya fallecido, lo defiende, y asume la responsabilidad en primer término, no tanto por culpa personal como por el cargo que ocupaba.
Es allí donde recuerda que solicitó su dimisión hasta en cinco ocasiones, no para eludir responsabilidades, sino precisamente para asumirlas, y que fue el propio Gobierno quien no aceptó esas renuncias. En una ocasión llegó a afirmar que, si se nombraba un alto comisario civil, no tendría inconveniente en permanecer “dos, tres, cuatro o cinco meses” para poner su experiencia al servicio de su sustituto.
Creo que estos textos permiten comprender mejor al general Berenguer no solo como militar o gobernante, sino como hombre de Estado, guiado por el sentido del deber, la lealtad institucional y una vocación de servicio que anteponía siempre el interés general al personal.
Por todo ello, considero que esta reedición no es un punto de llegada, sino un punto de partida. El inicio necesario de un estudio más amplio, riguroso y sereno sobre una figura compleja, con luces y sombras, pero profundamente comprometida con España.
Dámaso Berenguer Roig,conde de Xauen
Cena en la Real Gran Peña
Buena cena y buena conversación con Javier Donesteve e Ignacio Ramos Tachi, tataranieto del general Berenguer.
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