jueves, 27 de agosto de 2026

Carmen Díez de Rivera. MUCHO MÁS QUE LA MUSA DE LA TRANSICIÓN



Inmaculada de la Fuente 

        27.08.2026.- En un caluroso día de finales de agosto de 1942, en concreto el día 29, nació Carmen Díez de Rivera e Icaza, Directora del Gabinete del Presidente de Gobierno Adolfo Suárez, símbolo político de la Transición e impulsora de una democracia plena y europea. La que ella y otros muchos soñaban.

 Un viraje personal en su juventud cambió su trayectoria y su destino político: de un entorno familiar liberal y conservador evolucionó a un compromiso democrático insobornable promovido por sus lecturas y conversaciones con personalidades carismáticas. 

La conocí siendo Suárez todavía director general de RTVE. Díez de Rivera era entonces directora de su Secretaría. Al saludarla, no percibí si era rubia o alta o si tenía ademanes aristocráticos, solo retuve los ojos luminosos de alguien que quería ser útil. (Más tarde sí intuí su exquisita educación, pero mi primera impresión fue que era alguien diferente dentro de la Administración, coherente y quizás idealista. Dispuesta a decir las verdades a quien hiciera falta, con honestidad e independencia. Mucho es lo que se le debe a este animal político que a pesar del buen equipo que formó con el primer Presidente de la democracia, voló más lejos y recaló como eurodiputada independiente en el grupo socialista del Parlamento europeo. 

Trabajadora, inmune a la pereza e incluso algo obsesiva, dedicó sus últimos años a la Comisión de Medio Ambiente y el ecologismo. 

En Bruselas y Estrasburgo se sentía como en casa, ya que hablaba alemán, inglés y francés, además de castellano. Leal a su grupo, pero independiente por temperamento, solía advertir que ella votaba en conciencia y alguna vez lo hizo al margen de las propuestas pactadas con los socialistas europeos. Se la aceptaba tal como era, con su cada vez más pulida veta europeísta y su determinación personal y política. 

Puntillosa, en una de las entrevistas que le hice matizó alguna frase hasta el milímetro.

En la biografía que he escrito de ella dentro de "Inspiración y talento. Dieciséis mujeres del siglo XX" (2020) he volcado su retrato con alegría, porque lejos de ver en Díez de Rivera la connotación morbosa o dramática de su origen familiar descubro en ella la idea de superación, el refinamiento espiritual de haber elegido el sentido final de su vida, ya que nadie puede elegir el principio. Más la idea de justicia social y empatía personal que latían en su acción política.

Carmen Díez de Rivera murió joven a consecuencia de un cáncer. En sus últimas horas estuvo acompañada de amigos y compañeros de todas las ideologías, desde la eurodiputada Paca Sauquillo a allegados de diferentes épocas. 

Carmen pidió ser enterrada en el huerto del convento de las Carmelitas de Arenas de San Pedro. En su juventud se refugió en este convento (en el que una tía suya era la  superiora) completamente desolada tras descubrir que su padre biológico no era el Marqués de Llanzol, el marido de su madre, Sonsoles de Icaza, sino Ramón Serrano Súñer. Lo dramático era que este era a la vez el padre del chico del que estaba enamorada y con quien deseaba casarse. Una verdad que cambió por completo su destino.

En la hora final, tantos años después, la mujer que ayudó a traer la democracia (y a la que el gobierno concedió a título póstumo en 2025 la Encomienda de Carlos III) quiso volver sin equipaje a ese viejo convento. Una decisión coherente con sus principios.

( Un primer borrador de este texto se publicó hace unos años en Facebook. Ahora aparece editado de nuevo y se le han añadido los tres párrafos finales).




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