Odysseus (Matt Damon) is visited by the goddess Athena (Zendaya) in "The Odyssey
Julia Sáez-Angulo
28/7/26.- El Escorial.- Los que amamos y tradujimos tanto a Homero, me temo que nos va a gustar siempre más el original que cualquier otra versión. “La Odisea”, película del norteamericano Christopher Nolan, en plena actualidad en los cines de toda España no está mal, pero no convence en todo o en parte.
El filme tiene la grandeza de las superproducciones y en este sentido se acerca a la grandiosidad del mito, pero el concepto fundamental se ha perdido. Nolan ha querido hacer de Ulises un hombre moderno, dubitativo, humanitario y despreciador de los dioses, lo que no impide que la narración arrastre las sucesivas ideas de infracción a la cosmogonía, culpa, arrepentimiento y perdón, para quedarse en un futuro homenaje a los hombres que traicionó y no respetó en sus creencia, como es el de darles sepultura, algo clave en las creencias griegas, pues equivalía a que las almas vagaran continuamente sin encontrar descanso.
La bajada al Hades es elocuente en esto último y la duda de Ulises va más respecto a sus compañeros que sí creían en el más allá, que a sus propias convicciones.
Sinopsis.- Tras la guerra de Troya, el legendario Odiseo emprende el largo y peligroso regreso a su hogar en Ítaca, donde su esposa Penélope y su hijo Telémaco lo esperan desde hace mucho tiempo mientras resguardan el reino de los numerosos pretendientes que acechan el trono. Sin embargo, el camino de vuelta se convertirá en una epopeya legendaria en la que deberá enfrentarse a dioses hostiles y criaturas mitológicas que pondrán a prueba no solo su ingenio y valentía, sino también su propia humanidad.
Los distintos episodios del gran viaje de Ulises, la vida misma más allá de la meta en Ítaca, se interpretan de modo sintético pese a la duración de la película, tres horas ciertamente largas para un espectador de hoy. Eran unos cuantos los que abandonaban la sala para ir al baño. Algunas secuencias como la final de los pretendientes se hace pesada, quizás por eso, porque ya se acercan las tres horas de quietas posaderas.
Ulises, en este filme, es un humanista sin proyección trascendental. Un hombre con sentido práctico, que utiliza la treta y el engaño para salir adelante. Es buen esposo y padre, a su manera, con la familia como fondo y guía de su vida, pero desde lejos. Para él la vida es viaje y acción, más allá de sentimientos.
El personaje de Ulises y su viaje ha dado lugar a numerosas derivaciones literarias, desde el abstruso “Ulises” de James Joyce (1882–1941), al célebre poema del vate griego Konstantino Kavafis, (Alejandría, 1863-1933), “Camino a Ítaca”, bella metáfora sobre la vida donde el camino y el aprendizaje importan más que la meta final.
El poema invita a desear un viaje largo y lleno de experiencias, minimizando el miedo a los obstáculos (lestrigones, cíclopes, Poseidón), que solo existen si uno los lleva dentro. Kavafis nos anima a disfrutar de los descubrimientos, conocimientos y mercancías exóticas en el camino hacia Ítaca, la patria de origen donde le esperan -casi en vano- su esposa Penélope y su hijo Telémaco.
Los versos finales más célebres y definitivos del poema «Ítaca» de Constantino Kavafis encapsulan su gran enseñanza vital: «Ítaca te brindó tan hermoso viaje. / Sin ella no habrías emprendido el camino, / pero no tiene ya nada que darte. / Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado. / Así sabio como te has vuelto, con tanta experiencia, / entenderás ya qué significan las Ítacas».
Ítaca poema por Konstantino Kavafis
Cuando emprendas tu viaje a Ítaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.
Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.
Ten siempre a Ítaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Ítaca te enriquezca.
Ítaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.
Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Ítacas.
Konstantino Kavafis, 1911
Por María González de León
Traducción: Pedro Bádenas de la Peña
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