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miércoles, 4 de junio de 2025

“A propósito del paisaje”. Exposiciones fotografía; Nicolás Nixon “Las hermanas Brown-1975-2022), Felipe Romero Beltrán “Paisaje, identidad y frontera”, José Guerrero.



 “A propósito del paisaje”. Fotografía
Fundación MAPFRE, Paseo de Recoletos 23
Del 3 de junio al 24 de agosto de 205
 
Mayca NÖIS
03/06/2025:- Dentro del circuito de la sesión oficial del Festival de PhotoEspaña se presenta a los medios en la azotea de la Fundación con la asistencia y participación de Carlos Gollonet, conservador jefe de fotografía de la Fundación MAPFRE, comisario de “Las Hermanas Brown” .Comisarias de la muestra Victoria del Val por Felipe Romero Beltrán y Marta Gili por José Guerrero, ambos fotógrafos presentes en el acto. Presente también María Santoto, directora de PHotoEspaña.
Un hilo conductor las une y reúne “el paso del tiempo” para testimoniarlo con la acreditación de certificación en imagen.
    La serie de Nicolás Nixon de “Las hermanas Brown” lo subraya: envejecimiento, trasformaciones emocionales, permanencia de los lazos familiares a través de un relato visual que entra en la intimidad y los vínculos afectivos. Dixon (Dertroit 1947) es figura clave en la fotografía contemporánea que tiene su obra sobre todo centrada en el retrato. La última toma de la serie de las hermanas Brown, que es uno de sus trabajos más relevantes, finalizó en el 2022. Empezado anualmente en 1975 por el que retrata a Bebe, Beverly Brown su esposa, junto a sus hermanas- Heather, Mimi y Laurie. Siguiendo siempre un orden, mirando a cámara y con luz natural. Utilizando una cámara de gran formato. Captando libre de artificios y con mirada empática el devenir de los lazos afectivos en el tiempo lo que al contemplarlo trasmite la fuerte carga emocional al mismo tiempo que tiene la experiencia estética de su profesionalidad.
La realidad personal expresada con sus palabras “Estos retratos surgieron de mi curiosidad y admiración por un grupo de mujeres hermosas y fuertes que me dejaron entrar en sus vidas y después me permitieron hacerles un retrato, y unirme a una tradición, a un rito de paso anual. Quiero a mis cuñadas Mimi, Laurie y Heather, y les agradezco de todo corazón su amor y su paciencia. Bebe, mi verdadero amor, mi mejor amiga, es el centro de mi vida. Qué afortunado, qué agradecido me siento”
Razones  determinativas para la adquisición del conjunto de la obra por la Fundación en 2007 lo que constituyó el inicio de la colección de fotografía de la Fundación MAPFRE.
En “A propósito del paisaje” con el artista granadino José Guerrero (Granada 1979) se manifiesta que desde hace veinte años “explora” la relación entre paisaje natural, arquitectónico y arqueológico reincidiendo también en la actividad humana y el paso del tiempo. Lo que se constata a través de 138 fotografías y un audiovisual coproducido con el compositor Antonio Blanco(Jerez de la Frontera 1979) con un itinerario de seis secciones: Horizontes, Carrara, Roma 3 Variazioni, Brechas, BRG y GFK. Se incluye la nueva obra realizada en Medina de Fez-Marruecos con el apoyo de la Fundación. Se involucra por su sistematización en la meticulosidad de formación en series que caracterizan su realización de trabajo.
La comisaria Marta Gili lo explicita “como para muchos artistas de su generación fotografiar un territorio, un paisaje o un lugar significa evocar las relaciones de proximidad Las alteraciones y las tensiones inscritas en ellos, desterrando así la noción moderna de paisaje, tanto interviniente como intervenido….”
El fotógrafo Felipe Romero Beltrán (Bogotá 1992) es con “Bravo” la propuesta ganadora de la segunda edición del KBr Photo Award con la que la Fundación MAPFRE apoya la creación artística e impulsa la carrera de un autor, produce el proyecto, una exposición y un libro.
Usualmente se sitúa en los límites de la fotografía documental. Se detiene en espacios que han sido o son escenarios de tensión, conflicto y reflexión visual. Siguiendo otras series anteriores con estas temáticas es la actual presente “Bravo” (el rio Bravo) que es rio y a la vez frontera entre Estados Unidos y México. En una geografía con una densa carga política, que acumula conflictos y tensiones desde el siglo XIX, planteando situaciones insostenibles en los últimos años.
Para la ocasión se ha situado al espectador en un determinado tramo del rio de más de tres mil kilómetros de longitud, en el territorio cercano a la ciudad mexicana de Monterrey. Un lugar completamente condicionado con el flujo de personas que llegan para atravesarlo. Dotando al lugar de una configuración identitaria en las gentes y los modos de vida y donde llegan gentes de Colombia, Honduras, El Salvador o Guatemala.
La exposición se configura en secciones tituladas: Cierres, Cuerpos y Brechas y la pieza audiovisual “El cruce” con el realismo del paisaje.
La comisaria  Victoria del Val define su trabajo “la práctica fotográfica de Romero Beltrán se situa en los límites de la fotografía documental. Utiliza elementos propios de este lenguaje y los hace dialogar con otros componentes más cercanos a lo artístico, lo pictórico e incluso lo perfomativo. Como resultado sus imágenes tienen un carácter hibrido  y van más allá de lo estrictamente fotográfico para abarcar lo visual en un sentido más amplio……En la pieza audiovisual el Cruce, realizada con anterioridad a las fotografías, amplia la reflexión y nos muestra cinco situaciones que desvían o desplazan su condición de frontera, incorporando otros usos y situaciones vinculados a su doble carácter geográfico y político”
Examinados estas tres presentaciones visuales en fotografía se determina que la conjunción y reunión de los tres artistas hacen un relato, una vez más, de lo que la proyección de las captaciones en imagen son capaces de trasportar en el tiempo como fiel reflejo del pasado, presente y futuro y siempre con la creatividad, sensibilidad y profesionalidad del artista fotógrafo.




 





jueves, 31 de enero de 2019

“Guerrero / Vicente,” exposición de dos artistas españoles influidos por el expresionismo americano


            

L.M.A.

            31/1/19 .- MADRID .- El Centro José Guerrero de Granada, el Museo de Arte Contemporáneo Esteban Vicente y Acción Cultural Española presentan el proyecto expositivo, “Guerrero / Vicente,” que pone en relación la obra de los dos únicos artistas españoles que formaron parte de una de las corrientes artísticas más importantes del siglo XX: el Expresionismo Abstracto Americano.

            Con esta exposición se ponen de manifiesto las similitudes, y las diferencias, entre dos artistas que, tradicionalmente, la historiografía ha tratado siempre individualmente y por separado, dada la férrea personalidad artística y estilística de ambos. Existen una serie de coincidencias vitales que marcan los años de aprendizaje de los dos. Esteban Vicente nace en 1903 y José Guerrero en 1914, por lo que, hasta una fecha central en las dos trayectorias, el primero se anticipó a los movimientos del segundo.

            Pero compartieron los mismos escenarios. Los dos estudiarían en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. Tras su formación académica, los dos encaminaron sus pasos a París, hervidero de la vanguardia artística europea. Los dos se sintieron especialmente atraídos por Matisse, pero también por el cubismo y la Escuela de París. Gracias a sus matrimonios con sendas mujeres norteamericanas, los dos se trasladaron a los Estados Unidos. Esteban Vicente en 1936, José Guerrero en 1949.

            Una guerra medió entre ambas partidas. Los dos habían dado comienzo a su carrera en el marco de una figuración renovada que paulatinamente iba diluyendo la mímesis y acercándose a la abstracción. El punto de inflexión en ambos casos, el año que señalaría el cambio de lenguaje artístico, es 1950. Para Esteban Vicente, el acontecimiento más importante de su vida sería la exposición Talent 1950, para la que fue seleccionado por Meyer Shapiro y Clement Greenberg.

El mismo año, José Guerrero se instaló en Greenwich Village, donde estaba establecida una importante colonia de artistas, y comenzó a tratar a agentes que pronto lo llevaron a la galerista Betty Parsons. Se relacionaron, cada uno con sus filias y sus fobias, con De Kooning, Rothko, Kline, Motherwell, Guston, Newmann, Pollock, etc., y desde entonces se mantuvieron fieles a los dictados de la primera generación del Expresionismo Abstracto Americano. A pesar de las diferencias estilísticas, ambos tuvieron una preocupación común por el color.

En el caso de Guerrero, muy pronto, como elemento estructurador de la composición; en el de Vicente, más tarde: su primera preocupación fue por la estructura del cuadro, pero a finales de 1950, comienza a investigar sobre el modo de atrapar o fijar la luz, y lo consigue gracias al color, que además impregna la obra de emoción.

4 La selección de obras de la exposición, que consta de más de 60 piezas procedentes de cerca de una veintena de museos y colecciones, muestra sus dos carreras paralelas centrándose en tres momentos señalados de un recorrido compartido: -Los inicios pictóricos en clave figurativa, con una selección de sus paisajes respectivos, que fue el género que más desarrollaron: escenas urbanas y rurales en las que puede atisbarse una progresiva inclinación hacia la abstracción. -Los primeros años 50, con la inmersión plena, decidida y sin vuelta atrás en la abstracción, para la cual fue determinante en ambos casos la exploración plástica llevada a cabo en papel: para Vicente el collage, para Guerrero el grabado, fueron laboratorios experimentales con los que avanzaron hasta sentirse seguros en esta nueva senda.

 -Los años 70, a partir de los que fueron destilando una voz característicamente propia, que alcanzó en estos años su plena madurez, llevando a diferentes modos de asumir la pintura de los campos de color. José Guerrero concedía gran importancia al espacio, sus límites, las fronteras entre planos, las zonas en las que los colores se interrelacionan; lo que le interesa, en palabras de Juan Manuel Bonet, “es que el color fluya, que la pintura respire, que el cuadro sea vibrante, luminoso, cargado de energía”.

Por su parte, Vicente en estos años ya ha levantado un mundo propio organizado a partir de formas que flotan en el espacio y dotan de sentido a la obra, y en el que trabaja obsesivamente la gradación y saturación del color y, a su través, la luz. Con motivo de la muestra se edita un catálogo que cuenta con un texto principal de Inés Vallejo, que aborda la exposición desde un criterio académico, histórico y científico, a partir de la investigación que llevó a cabo para su tesis doctoral (Esteban Vicente y José Guerrero: dos pintores españoles en Nueva York, UCM, 2010).

Además, la publicación contará con tres textos introductorios de cada uno de los bloques en los que se divide la muestra, realizados por tres importantes historiadores y críticos de este país: Juan Manuel Bonet; Guillermo Solana y José María Parreño. Esta muestra, coorganizada con Acción Cultural Española y co-producida por el Centro José Guerrero de Granada y el Museo de Arte Contemporáneo Esteban Vicente, cuenta con la colaboración del Museo de Bellas Artes de Asturias, sede que acogerá la exposición en el verano de 2019. Francisco Baena, Director del Centro José Guerrero Ana Doldán de Cáceres, Directora Conservadora del Museo de Arte Contemporáneo Esteban Vicente


sábado, 23 de diciembre de 2017

José Guerrero. obra gráfica en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando

Información de la exposición:
Sala de exposiciones de la Calcografía Nacional de la Real Academia de Bellas Artes de San
Fernando. Alcalá, 13. Madrid, 28014
Fechas: del 15 de diciembre de 2017 al 11 de febrero de 2018
Horario: de martes a sábados de 10 a 14 h y de 17 a 20 h / domingos y festivos de 10 a 14 h
Cerrado: lunes, 24 y 31 de diciembre de 2017, 6 de enero de 2018
Entrada gratuita




 José Guerrero


L.M.A.

           
            23/12/17 .- MADRID .- Coincidiendo con la publicación del catálogo razonado de las creaciones gráficas del pintor granadino, el Centro José Guerrero organiza una exposición del artista granadino, donde se muestra una cuidada selección de medio centenar de estampas que comprenden las distintas etapas de la trayectoria del artista.

             José Guerrero comenzó a practicar el grabado en los años 50, valiéndose de él para experimentar y llegar a la depuración de formas que desembocarían en la abstracción.

            Integrante de la Escuela de Nueva York, a su vuelta a España, su obra mostró la realidad cultural del momento. Es significativa su vinculación con la poesía, siendo la presencia de Lorca constante en su obra. Francisco Baena es el comisario y director del Centro José Guerrero.



Fragmento de José Guerrero de  Mi Nueva York

            “Un día en The Club vi un cuadro que yo podía haber hecho algún tiempo más tarde. Era negro y blanco. Estaba pintado con una gran violencia. Curvas y formas redondas, muy parecidas a las que yo estaba tratando de conseguir en mis grabados y en mis lienzos.
Era de Kline. Ese cuadro fue probablemente de las cosas que más me interesaron entonces. Ese negro, esos trajes negros de mi niñez, ese luto que penetra en la sangre. Ese azul con el negro. Cielo azul camino del cementerio. Ese amarillo con el negro entre los crisantemos, sobre las tumbas. De ahí iba a salir mi pintura. No dejar que nadie me arrebatara ese color negro. No, no el negro de la España Negra, sino el de la España en carne viva. De la España Lejana. De ahí salió
mi pintura y yo de un óvalo, de un dibujo de una gitana preñada.

Durante un año estudié la forma del óvalo. Hice miles de variantes. Durante este año pinté mil formas de un único óvalo. Puede que el mío o así lo he creído siempre”.

            Diez años después de que viera la luz la primera edición del catálogo razonado de la obra original deJosé Guerrero, se presenta en 2017 el de su obra gráfica, indispensable para completar el
conocimiento de la producción plástica del pintor. Se propone este como una herramienta útil para todos los interesados en su trabajo, ya que compendia en un solo tomo la información básica de un corpus no tan abundante como el de otros artistas contemporáneos como Tàpies o Chillida, pero sí igual de rico, y hasta ahora disperso.

            Coincidiendo con su publicación, la Calcografía Nacional muestra una cuidada selección de medio centenar de estampas que comprenden las distintas etapas de la trayectoria de Guerrero: un nutrido conjunto de grabados y monotipos realizados en el Atelier 17 de Nueva York en 1950; la mayoría de sus carpetas, esto es, Seis litografías (1967), Fosforencias (1971), El color en la poesía (1975), la suite editada por Grupo Quince en 1979, Por el Color (1982), El alba (1985) y la suite editada por BAT en 1990; y alguna estampa suelta o procedente de carpetas colectivas.

Cantos de ida y vuelta
Guerrero tardó en practicar el grabado, pero, cuando lo hizo en 1950, se sirvió de él como del
laboratorio que necesitaba para depurar unas formas que venían obsesionándolo desde sus inicios
como artista. Gracias a la experimentación que le permitió la técnica aprendida con Stanley William
Hayter y a la asimilación por su medio de los nuevos códigos pictóricos, dio el paso definitivo a la
abstracción.

            En palabras de María Dolores Jiménez Blanco, autora del estudio monográfico incluido en el catálogo,
«esta primera fase de su trabajo como grabador tiene la función, en el marco de la trayectoria de
Guerrero, de absorber la realidad estética que lo rodea e integrarse en ella: la explora ávidamente y
sigue los caminos que le brinda tanto en términos formales como en términos de técnicas y de actitud
estética. Guerrero se introduce, así, mediante el grabado, en el tejido de la producción americana
más avanzada, y asume o utiliza también sus dispositivos de contacto con el público».
Después, una vez conquistada su posición como integrante de la Escuela de Nueva York, hizo un
paréntesis en su actividad grabadora. Y solo la reanudó, como apunta en su estudio para el catálogo
María Dolores Jiménez-Blanco, en otro momento crítico de su carrera: «Hay que esperar casi hasta
mediados de los sesenta, en conexión con su exposición en Rose Fried Gallery, pero también en
conexión con la posibilidad de su retorno a España, para verlo sumergirse de nuevo en las técnicas
de estampación».
En esta ocasión sería él quien incidiera en el ambiente artístico y llevara el nuevo lenguaje a un
entorno, el de la España de los sesenta, dispuesto a recibir su impulso vivificador y cosmopolita.
«Las estampas que produce Guerrero a partir de 1964, a cuatro tintas, siguen conteniendo el eco de
la libertad cromática alentada por el Atelier 17 en Nueva York, pero a ella se suma la personalidad
artística, ya consolidada, del propio pintor. Si en los grabados de 1950, poblados por las formas
biomórficas entonces en boga allí, se registra la llegada de Guerrero a la abstracción neoyorquina, en
los grabados realizados a partir de los sesenta en España se vuelca y se sintetiza la educación estética
y emocional acumulada a través de toda su trayectoria. Menos gestuales y más construidos o
sintéticos, con grandes superficies de color apenas tensadas por alguna franja dramáticamente
discordante, aún dejan sentir el impacto cromático de Matisse o el sentido compositivo de Juan Gris
que tanto le impresionaron en los años cuarenta, pero al mismo tiempo en ellas cobran protagonismo
grandes manchas ovales que retienen el eco de la pintura del expresionismo abstracto neoyorquino
–a menudo con el negro como protagonista, como ocurre en la serie de la Elegía a la República
española realizada por su amigo Motherwell–. Y junto a todo ello se hacen ya plenamente visibles las
resonancias de la terrible muerte de Lorca en Víznar, siempre evocada desde Nueva York y ahora de
nuevo recordada a través de los ojos de poetas como Jorge Guillén».
Imagen y poesía
Lorca iba a ser una presencia constante para Guerrero, y de ella pueden verse huellas también en su
obra gráfica. Así, las estampas realizadas con Dimitri Papageorgiou en 1967 para la Galería Juana
Mordó contaron con un texto de presentación de Jorge Guillén en el que señalaba el paralelismo
entre ambos granadinos al hablar de Guerrero como «pintor en Nueva York»; en El color en la poesía,
de 1975, también apareció Lorca, y aún seguiría en el ánimo y la memoria de Guerrero incluso
después de que, en torno a 1971, con sus Fosforescencias, probase a negociar con el pop, «es decir,

con aquella nueva relación del arte con la realidad cotidiana y sus objetos que había osado desplazar
al expresionismo abstracto de la hegemonía comercial y crítica neoyorquina».
Lorca llegó a las ediciones de Guerrero de mano de Guillén. Con los dos, la pintura del granadino se
acercó a la poesía.
Guerrero se quejaba de los efectos invasivos de lo literario, alertaba del peligro de que su lógica se
inmiscuyera en la de la pintura llevando la confusión a un terreno que debía atender a su propia
naturaleza, un terreno cuyas formas habían sido liberadas y sentía que debía proteger. Sin embargo,
pese a resistirse a lo que sentía como abusos de lo literario, fue en cambio muy permeable a lo
poético. Apreciaba la imagen, más que la escena. El rapto lírico, más que lo narrativo. La iluminación,
no la ilustración.
No era una excepción. La poesía fue importante para la mayoría de sus amigos y maestros. Y las
ediciones de obra gráfica, un vehículo perfecto para desarrollar la feliz conjunción de ambas
disciplinas.

                     Jorge Guillén, con la exactitud que le caracterizaba, tuvo el acierto de hablar de «fulgor» a propósito del color de Guerrero, y a este debió de complacerle. Pues una de las constantes de su obra, secreta mas no escondida, y desde muy temprano, tiene que ver con eso. Así puede verse en sus alusiones plásticas e iconográficas, desde La aparición, 1946. Allí, por encima de la cruz puede verse una mancha roja como un pájaro de fuego, llamas flotando en el cielo como las que pintó el Greco. Esos mismos elementos se repiten en una variación del mismo tema fechado un año después. Y una década más tarde los reelaboraría en la serie que expuso en Betty Parsons, que incluía Sky Spirits, Sky Followers, Signs and Portents y… Fire and Apparitions (todas de 1956). Fuego y apariciones, en el contexto de Signos y prodigios, Espíritus celestes. Y si entonces el fulgor era el de la explosión (que resplandecería en toda su magnificencia durante la fase preponderantemente expresionista
abstracta), a continuación se contendría para evocarlo solo en potencia pero de un modo sostenido: Fosforescencias.
Sea, pues, en el estallido, sea en la energía contenida, antes (anunciado en apariciones misteriosas)
o después (desde las radiaciones de los límites), siempre el fulgor.
Guerrero tenía clara la importancia de la espiritualidad en el arte. Y Dore Ashton explicó bien la
importancia del tema, del contenido, para aquellos pioneros que se afanaron por liberar las formas
de las viejas herencias. Era «garantía de que el avance de la pintura en el que estaban empeñados
aquellos maestros no concluiría en una especie de apoteosis de fino decorativismo moderno». Por
eso, todavía mantenían los lazos con los primeros pioneros, empezando por Kandinsky. Y
proclamaban orgullosos su verdadera hambre de trascendencia. No necesariamente metafísica. Pero
sí poética.

Los años del entusiasmo
Además de para dar color a la poesía, Guerrero aprovechó su obra gráfica para comprometerse con
distintas causas políticas. Y siempre «propone imágenes graves y rotundas sin renunciar por eso a los
valores retinianos. Esa es la imagen que asociamos a Guerrero, entendida siempre como una
descarga de gran fuerza cromática, pero al mismo tiempo con un fuerte deseo de reivindicar la
posición del artista como individuo y su contribución moral a la sociedad –algo que, de hecho, es una
de las reivindicaciones no solo de las vanguardias artísticas en general sino, sobre todo, del
expresionismo abstracto americano en particular». Lo apunta Jiménez-Blanco, que cierra su estudio
con una interesante observación:

«La presencia de Guerrero en la España de la Transición no solo se materializó mediante importantes
exposiciones, constantes entrevistas y una relación siempre fluida con los artistas que practicaban
una nueva forma de entender la pintura tanto en Madrid como en Granada. También se visibilizó
mediante las sucesivas carpetas de grabados que realiza entonces, obviamente de más amplia
difusión y comercialización que sus pinturas. En aquellos años y mediante la difución de aquellas
estampas Guerrero llegó a asimilarse, en muchos sentidos, con la idea de un país nuevo, abierto a la
modernidad y decidido a explorar otros mundos a medida que se alejaba de la dictadura. Quizá por
eso tanto empresas como instituciones oficiales decidieron hacerlo suyo: en un gesto que quería
poner de manifiesto el cambio, la internacionalidad, el fin de la anomalía de un país demasiado
oscuro durante demasiado tiempo, adquirieron y expusieron en lugares públicos o de representación
algunos de sus grabados, aportándoles una verdadera explosión de color. Se proponía asi un paralelo
visual muy acorde con los cambios que se querían alcanzar en todos los aspectos de la vida española.
No es casual, en ese sentido, que algunas de las estampas realizadas en torno a 1980 para el Taller
H&H, cuelguen aún actualmente en espacios donde se toman altas decisiones políticas. Los grabados
de Guerrero se convirtieron así, en cierto modo, en la metáfora de un país que anhelaba, como
anheló Guerrero toda su vida, estar con su tiempo».



lunes, 4 de mayo de 2015

Guerrero / Tápies , Exposición en la galería Fernández-Braso





L.M.A.

La galería de arte Fernández-Braso quiere sumarse a los actos que han ido celebrando el centenario del nacimiento del artista José Guerrero (Granada, 1914 – Barcelona, 1991). Y lo hemos querido hacer a través de una exposición que constituye un diálogo artístico entre el pintor andaluz y el artista catalán Antoni Tàpies (Barcelona, 1923 – Barcelona, 2012).

A los dos artistas se les considera claves en la renovación y evolución de la pintura española de postguerra. Y ambos lo hicieron vinculados directamente a movimientos pictóricos que ya forman parte de la Historia del Arte: la pintura informalista y el expresionismo abstracto.

Dos escuelas diferentes, en lo geográfico y en lo ideológico. Dos formas de sentir y de ver la vida; y dos maneras de manifestarlo a través de las obras. Guerrero se expresa a través del color, realizando una pintura vitalista y llena de energía. Pero a la vez simple, elegante. Y delicada. Tàpies deja que sea la materia la que se exprese. Unas veces ésta dota de vida propia a la obra. Otras, lo contrario: la materia incrementa la sensación de pérdida. De desecho. Si las obras de Guerrero rezuman vitalidad, las de Tàpies nos recuerdan nuestra fragilidad, nuestro devenir.



Cuando situamos frente a frente el trabajo de estos dos artistas, al acercar y contrastar estos dos estilos, brota una luz que ilumina la riqueza y la calidad de unas obras de arte que aunaron como pocas la dimensión internacional con la identidad nacional.

La construcción de esa voz propia, de ese lenguaje personal, debió de ser lo que llevó a Manuel Borja-Villel, actual director del Museo Reina Sofía, en 1987, a comisariar y organizar una exposición en la galería Di Laurenti, de Nueva York, titulada After Picasso. The New Spanish Art. Seleccionó a tres artistas: Guerrero, Tàpies y Gordillo. Nosotros hemos querido concentrarlo en los dos primeros, quienes tan cerca y tan lejos estuvieron el uno del otro. Y ojalá que pronto podamos organizar algo entorno a Luis Gordillo, de quien nos sentimos realmente próximos.