domingo, 17 de noviembre de 2019

Frutos María: Pintura y escultura del acero, el hierro, los textiles y el reciclaje marino en Alicante. Taller y exposición

 Esculturas de Frutos María

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Frutos María en el taller



Julia Sáez-Angulo

            17/11/19 .- Alicante .- Tiene su casa/estudio junto al Campo de Golf de Alicante. La construyó sobre una antigua huerta de las afueras, respetando el estilo de casa-torreón que caracterizaba el paisaje, hoy completamente urbanizado. Allí está también su gran almacén de piezas, más de mil en su catalogación, que dan fe de su creatividad artística donde conjunta los materiales más diversos que van desde el hormigón, al hierro, acero, plomo, textiles, redes y maderas rescatadas del mar, que oportunamente tratadas conforman una presencia singular y artística dentro de las obras.

            Frutos María Martínez (Hontoria de los Arados. Burgos, 1949), residente en Alicante, acaba de inaugurar una exposición en el Museo de Universidad de Alicante, MUA, titulada Acero y pecios del mar,  en la que muestra casi medio centenar de obras en los distintos materiales que el escultor trabaja. “Hoy en día se desechan materiales buenos y se utilizan materiales inferiores como cartones prensados, conglomerados.. y otros”, explica el escultor, que recorre la costa levantina y recoge las ofrendas del mar como un tesoro con toda su significación simbólica. Nueva vida tituló una de sus exposiciones en 2017. El reciclaje como técnica y actitud de rescate, desde sus estudios de Maestría industrial durante su juventud Aranda de Duero, cuando la escultura ya estaba arraigada en su vocación. Sus obras se encuentran hoy en distintas instituciones y colecciones privadas.

            La crítica de arte Carmen Valero escribe en el catálogo de la exposición: “Ya se le había visto dar una segunda oportunidad a las cosas en su anterior exposición en el Museo de la Universidad de Alicante, MUA, en 2017, cuando Frutos María mostró sus vetustas puertas con cerradura, intervenidas de pintura y expuestas de nuevo a la mirada o a los relieves rectangulares de madera, que algunos críticos denominaron confesionarios por la oquedad aparente o casi manifiesta en la superficie de la tabla. Por si quedara alguna duda, los títulos de algunas piezas lo subrayan: Nueva vida. Obras de arte que el escultor convoca a la resurrección. Un reciclaje desde el vertedero al arte, toda una aventura de compasión, piedad y transformación de la materia. Una metamorfosis pensada, calculada, voluntaria y llevada a efecto. Una aventura feliz, desde la desventura táctil a la cristalización del arte. Una visión doble, el antes y el después; una visión dual con distinta intencionalidad. Como Jano, el dios bifronte, con cuyo nombre el autor quiso titular la muestra anterior.

            El escultor se nos manifiesta ahora de nuevo como un salvador, un rescatador de la materia arrojada por el oleaje del mar, la que él recoge, cortocircuita y manipula. La materia no se crea ni se destruye, se transforma es todo un principio de la física, desde que lo afirmara con rotundidad el químico francés Antoine Lavoisier en 1785  y que viene a la memoria,  cuando se contemplan las esculturas de Frutos María. 

            Maderas, pigmentos, arenas, resinas... sobre tablas de madera, todo sirve para dar  vida a la obra de arte con aire mineral u orgánico, según los casos. Nueva vida a unos componentes que solos eran solo materia desechable, mientras que unidos y organizados generan algo diferente, con significado muy particular en la gestación de la obra de arte. Un objeto escultórico que es ejercicio plástico, estético, comunicativo, ante un público abierto y heterogéneo que mirará y reinterpretará su significado.

            Junto a las pinturas de renovada vida, prácticamente relieves de escultor, Frutos María ofrece esculturas de metal, de hierro, acero u hormigón –elementos industriales y constructivos-, que emergen con la fuerza rotunda del arte de la tercera dimensión, bien sea un “elogio a la Arquitectura,  un “brocal” o unos “abrazos” en el aire.

Un poco de historia escultórica

            Recordemos que la escultura nació en origen como tótem sagrado sin ánimo estético alguno, según se puso de manifiesto, entre otros estudios, en la exposición Qu´est que ce que la Sculture Moderne (1900 – 1970), celebrada en el Musée National d´Art Moderne – Centre Georges Pompidou de París en el año 1986, muestra que contó con la obra de algunos artistas españoles como Jorge Oteiza, quien, en su laboratorio de tizas, se “perdió” en la Caja vacía como último estadio de su investigación. Una muestra gigantesca que desbordó el edificio original del Pompidou y tuvo un segundo ámbito en un hangar a las afueras de la capital de Francia. Nunca más volvió a hacerse una exposición tan gigantesca en el citado museo francés, porque los organizadores aprendieron que lo mejor enseña más que lo mucho. Aquel gigantismo de la exposición había sido contraproducente en los espectadores, que se mostraron fatigados ante la avalancha inacabable de tanta obra.
            A la citada exposición del Centro Pompidou se sumarían años más tarde, en 2001, la muestra 50 años de Escultura española en el siglo XX, organizada en el Palacio Real de París y ese mismo año La escultura española del siglo XX, en la Fundación Banco Santander Central Hispano, BSCH, de Madrid. La reflexión e indagación sobre la escultura reciente ha sido un hecho y son varios los estudiosos que opinan que la escultura ha sido mucho más audaz que la pintura en pasadas y presentes décadas del XX y XXI.

            Frente a la pintura como prima donna de las Bellas Artes en los museos tradicionales, la escultura ocupaba siempre un segundo lugar hasta el punto de que el poeta Charles Baudelaire, escritor y crítico de arte, afirmara aquello de que “la escultura era aquello que dificulta la visión de la pintura” en los salones de otoño. Tuvieron que ser las vanguardias históricas de los años 20, con Marcel Duchamp a la cabeza rupturista, las que pusieran de manifiesto y en valor la escultura moderna –más punta de lanza que la pintura-, una escultura que dejaba de ser estatua o bulto redondo, para centrarse sobre todo en el objet d´art, el objeto artístico, en una sucesión imparable que llegaría a nuestros días y en la que se inserta con toda autoridad, la escultura de Frutos María.
            Las enseñanzas de Picasso, Miró y Julio González iban a granar con fuerza en una pléyade de seguidores españoles singulares de posteriores generaciones de posguerra, como Alberto Sánchez, Pablo Gargallo, Honorio García Condoy, Pablo Serrano, Ángel Ferrant... amén de los vascos Jorge Oteiza y Eduardo Chillida. Una saga fecunda y rica. Y en esta línea, sin solución de continuidad, se inscribe la escultura de Frutos María.

            En el trabajo escultórico del autor que nos ocupa, se advierte una indagación espacialista, una investigación sobre los materiales elegidos para conjuntarlos y hacerlos dialogar en su dispar consistencia. El escultor busca presencia y vacío, volumen y ausencia, ligereza y rotundidad, ocupación y oquedad, dinamismo y quietud, peso y vuelo al mismo tiempo, dentro de la abstracción o lo que es lo mismo, de la escultura no imitativa de la realidad, aunque cuente con ella. Corporeidad y espacialidad. Escultura de cierta verticalidad.
            El escultor experimenta con materiales y con formas en el espacio y, al igual que Pablo Picasso, más que buscar encuentra la forma definitiva en el proceso de indagación y trabajo. Cierto espíritu constructivo o constructivista se aloja en su trabajo, donde no se abandona el trazo revelador identitario de la propia caligrafía plástica. Geometría y gesto. Apolo y Dionisos. Líneas metálicas que escriben y dibujan el aire. El autor logra piezas que se prestan muy bien al monumento o la escultura pública, obras que sugieren, más que dicen; obras abiertas a la interpretación libre de quien las mira. La escala es fundamental en la obra tridimensional, porque la escultura ha de adaptarse de modo muy particular, como contenido, al espacio o continente que la alberga.

            La filosofía de Frutos María va más allá de la indagación de la forma para adentrarse en el reciclaje y  la reutilización de las tablas de madera arrojadas por el mar, como en una llamada silenciosa de salvamento, un S.O.S. que pide auxilio para no morir en la destrucción y el olvido. La materia habla, los despojos del mar gritan y el escultor va en su auxilio para devolverlos a la vida y proponer una reflexión sobre la cultura del desecho, la que destruye y abandona la materia. La creatividad y producción del autor no prescinde de lo que le rodea, sino que se implica y lo pone de manifiesto. Una visión estética y meta-artística al mismo tiempo. Una actitud ética. Una llamada de atención hacia la contención y la sobriedad de la vida, una actitud más racional frente al derroche y el aniquilamiento. Y una vida nueva en sus obras expuestas.

         No olvidemos la advertencia de Rachel Carson (1907-1964), divulgadora estadounidense, considerada una de las impulsoras de la conciencia ambiental moderna: Es una situación curiosa que el mar, del que surgió por primera vez la vida, ahora está amenazado por las actividades de una forma de vida. Pero el mar, aunque cambie de una manera desastrosa, seguirá existiendo; la amenaza es más bien para la vida misma.”

 Frutos María en el taller
 Ante la escultura "Matrimonio"
 Escultor Frutos María
Pintura pecio del mar

sábado, 16 de noviembre de 2019

RETRATO. Iluminada García Torres, alicantina, discípula y continuadora geométrica de Eusebio Sempere


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Estudio de Iluminada García Torres

 Iluminada García Torres



Julia Sáez-Angulo

            16/11/19 .- Alicante .- Tiene el estudio más grande que un artista visual pueda soñar, en pleno centro de Alicante, con dos inmensas terrazas y un patio, pero ella sueña con aires nuevos. Le gustaría volar y viajar –sobre todo a Nueva York-, dejar sus numerosas obras a buen recaudo y acogerlas en una empresa de diseño, donde todo su mundo de geometría y color cristalice en papelería, cartería, murales... y uno y mil objetos, para los que da de sí la geometría infinita con la que trabaja. Una geometría que bebió de otro alicantino, Eusebio Sempere, en sus estudios de Bellas Artes en Madrid. Alicante es un vivero de grandes artistas geométricos.

            Iluminada García Torres (Elche, Alicante, 1949) estuvo a caballo entre la Escuela de Bellas Artes de San Fernando y la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid, cuando la una se trasvaso a la otra. Ella ingresó a la primera en 1965. No podía ser de otra manera; desde muy niña dibujaba a  la perfección los modelos del natural y llegó a reproducir la Naturaleza con tal verismo, que como sucedía con las uvas de Apeles, los pájaros bajaban a picotearlas. Para colmo, tuvo como profesor al gran realista Antonio López, con el que después repitió un seminario en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.
           La exposición realista que Iluminada García Torres hizo en la madrileña galería Albatros en 1990 y antes en la Casa del Siglo XV de Segovia supusieron un gran reconocimiento de esta artista con una carrera imparable en marcha, en la que sus retratos de personajes de la empresa, la sociedad y la cultura posaban para sus pinceles.
            De pronto, como en una epifanía luminosa, la pintora ilicitana se cruzó con la Geometría con mayúsculas y vio en ella la perfección de la creación y del universo. Frente a la entropía y el caos, la geometría y el arte normativo le permitía un orden, un ritmo y una armonía que le hacían rozar lo sublime.

            El cuadrado, el triángulo, el rectángulo el cubo, el cilindro... y el sinfín de polígonos permitían unas alternancias y superposiciones de ritmos y de color que no se pueden encontrar en otros campos. Publicó sus cuadernos Combinables, punto de partida de su trabajo futuro y de su discurso artístico. “Aunque todo se condensa en el punto”, asegura con convencimiento y firmeza.
            A partir de ahí surgieron sus series El hilo de Ariadna (tras la contemplación de la gran escultura romana del Museo de El Prado) y Trazado espacial continuo. La música late detrás de todas sus obras. También en su escultura de acero con un juego visual de cilindros y planchas. La autora llevó a cabo una amplia exposición retrospectiva 1982-2009, en el alicantino castillo de Santa Bárbara y después Ariadnes´s Thread Music 1991-2014 en el Ateneo Científico Literario de Alicante, con diagramas, y digitales .

            Su pintura con pigmento acrílico acogía en principio el poético temblor del pulso de la mano, pero al computadora llegó a su estudio de artista como la gran colaboradora de su mente y sus conceptos. Un plotter gigante le permite materializar piezas de gran escala y éstas se expusieron en diversas galerías, instituciones, hoteles y  museos. Viajó a Londres a finales de los 90 y en 1999 fue artista invitada de Gasworks Studio and Gallery de la capital británica. En Londres tuvo la gentileza de invitarnos a mi hija y a mí, que la visitamos con mucho gusto.
            Se interesó también por la obra gráfica y se alistó en el taller y la docencia de Britta Prinz (1995) en Madrid. De allí salió su serie sobre el monasterio de El Escorial, como paradigma total de la geometría. Ha obtenido diversos premios y fue seleccionada sistemáticamente en los premios de L´Oreal Arte Contemporáneo.

            En 2003, el Hotel Hospes Amerigo de Alicante, de cinco estrellas, la invitó a decorarlo con cien grandes piezas de arte digital sobre lienzo  (90 x 180 cm) de su serie El hilo de Ariadna-Combinatoria. Un gran reto del que salió airosa. Su tarea de investigación en el ordenador absorbe sus horas y energías. El archivo de su creatividad en la computadora vale una fortuna. De ahí han salido las series pictóricas que llevan nombre de continentes, países o ciudades: Europa, Asia, Latinoamérica, Suecia, Beijing, Nueva York...

            El mundo es muy amplio y abarcable. Iluminada García Torres sueña con Nueva York, al mismo tiempo que se encierra en su gran casa-estudio de Alicante.

Más información
iluminadagarciagomez.blogspot.com











viernes, 15 de noviembre de 2019

Frutos María: “Acero y pecios del mar”, escultura y pintura en el Museo de la Universidad de Alicante, MUA



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Frutos María, escultor y pintor


Carmen Valero

            16/11/19 .- Alicante .- Una exposición de casi medio centenar de piezas, de escultura y pintura del artista visual Frutos María, han sido expuestas en el Museo de la Universidad de Alicante, MUA e inauguradas por Carmen Cobela del Departamento de Cultura de la citada Universidad, que dio la bienvenida a los asistentes y al escultor, de quien elogió su obra.
            Julia Sáez Angulo, comisaria de la muestra tomó la palabra para recordar que se trataba de un exposición retrospectiva, 1989 – 2019, de un autor que lleva entregado al arte desde 1974. Destacó el mérito de reciclaje de materiales “fruto de la bravura del oleaje del mar”, junto al acero, hierro, plomo, hormigón, arpilleras, hilos... logrando una obra singular, bella y elegante. También tomó la palabra el crítico de arte Eduardo  Lastres María.
            Ya se había visto a Frutos María (Hontoria de Valdearados, Burgos, 1959), residente en Alicante,  dar una segunda oportunidad a las cosas en su anterior exposición en el MUA, en 2017, cuando el escultor mostró sus vetustas puertas con cerradura, intervenidas de pintura y expuestas de nuevo a la mirada o los relieves rectangulares de madera, que algunos críticos denominaron confesionarios por la oquedad aparente o casi manifiesta en la superficie de la tabla. Por si quedara alguna duda, el título de la muestra lo subrayaba: Nueva vida.

            La comisaria de la exposición ha escrito en el catálogo: “Para el artista que sabe mirar la forma, el color y la belleza que esconden las cosas, no podían pasar desapercibidos los pecios del mar, unos materiales que el oleaje ha plasmado con su repetido cincelar del agua y las olas.  El Diccionario de la Real Academia de la Lengua define al pecio como pedazo o resto de una nave que ha naufragado o porción de lo que ella contiene. El escultor y pintor alicantino Frutos María no deja de acariciar con la mirada los pecios de embarcaciones, sean o no de un naufragio, fundamentalmente las maderas abatidas por el oleaje que cobran en sí mismas una textura singular de tiempo y espacio, con toda la significación que tienen estas dos coordenadas en la vida del hombre. El tiempo también pinta decía el pintor Francisco de Goya y Lucientes. El agua, el oleaje y el tiempo también esculpen podríamos parafrasear al artista aragonés universal.
           
            Resulta curioso que un artista visual como Frutos María, un pintor/escultor que utiliza el metal como ha hecho con el hierro en otras ocasiones, se centre ahora especialmente en el acero para hacerlo convivir con unas maderas manipuladas y servidas por el mar, para hacer convivir ambos materiales en una nueva poética artística. El escultor vive junto al Mediterráneo, un mar de culturas, un Mare Nostrum latino, al que ha contemplado una y mil veces en su continuo ir y venir de las aguas, en el vaivén infinito de las olas, en su colorido luminoso ante la luz. El mar de color vino, le llamaba Homero en la lengua clásica griega que reconoce infinidad de matices en los colores con diferentes palabras para ello. Un mar ahíto de historias y relatos. Un mar que inspira y expira como un ser vivo. Un mar que invocan los poetas, los músicos y los artistas visuales hasta concederle el título  de morada de un dios olímpico, Poseidón/Neptuno. Un mar que se hace co-protagonista del escultor a la hora de concebir y conformar sus obras en la pintura y en la tercera dimensión

            Contemplando las piezas artísticas de Frutos María, pinturas o esculturas, viene a la memoria la fascinación de Miguel Ángel Buonarotti por el fragmento o la estética de la ruina. Lo incompleto o lo inacabado tiene un gran poder de evocación, porque invita al ojo a completar una visión que se fue o se perdió, que se encuentra flotando en la imaginación del espectador, de quien la mira con la atención de un artista. Miguel Ángel y sus contemporáneos tuvieron delante de sí aquel viejo mundo clásico fragmentado por el tiempo y que ellos quisieron volver a poner en pié y en valor, con un movimiento artístico único y floreciente en la Historia del Arte: el Renacimiento artístico, que miraba arrebatado a Grecia y a Roma .

            Esta conjunción de materiales metales y textiles les en el arte de Frutos María, en la pintura y la escultura habla igualmente de la idea del collage, la nueva técnica aparecida con propiedad en tiempos de las vanguardias históricas, en el año 1912 cuando Picasso ofreció por primera vez pintura y rejilla vegetal en su cuadro Naturaleza muerta con silla de rejilla. Algunos críticos señalan que fue Bracque el primero que mostró un collage ante el público, pero da igual a los efectos que nos ocupan, pues lo que hay que señalar es que el maridaje de los materiales en el cuadro como arte bidimensional, iba a expandirse muy pronto a la escultura, principalmente objetual, para lograr el machihembrado de los distintos materiales hasta el infinito.


"Poblado", de Frutos María

El collage como punto de partida

            El estudioso Vicente Aguilera Cerni define el collage en el Diccionario del Arte Moderno que dirigió en 1979, como el “recurso inicialmente utilizado por los artistas del Cubismo y el Dadaísmo, que introdujeron en sus obras elementos heterogéneos, particularmente “papiers collés”. Desbordando los límites de un mero procedimiento, el “collage” ha dado origen a una ampliación de los medios expresivos, abriendo horizontes y posibilidades que han contribuido a la transformación de amplios sectores del arte moderno. Paralelamente, los poetas utilizaron esta técnica que dio paso a las más revolucionarias aportaciones del arte objetual”. La denominada técnica mixta iba a llegar al arte en un futuro imparable.

            El escultor Frutos María va más allá de la idea del mismo collage. En sus obras y exposiciones anteriores a la de hoy, ya mostró conjunciones de hierro y cemento, hierro y piedras en una tensión y conjugación  acertada; en las pinturas incorporó arenas y resinas junto a pigmentos naturales junto a tablas descoloridas salvadas del naufragio. Nueva vida tituló con toda intención algunas de sus piezas en maderas encontradas y reutilizadas una a una. La visión mineral no se aparta de bastantes de sus obras. El artista visual buscaba espacios habitables para la mirada y el disfrute artístico, pero en muchas de las obras que ahora ofrece, se ve que el escultor va más allá; hay una idea moral en esa conjunción de materiales, de acero y pecios del mar; una idea de salvación y de reciclaje, de reutilización de los materiales, que para mayor abundamiento son objetos encontrados, el objet trouvé del que hablaron los vanguardistas históricos y radicales para incorporarlos al arte. Una idea de salvación de la Naturaleza –así, escrita con mayúsculas- la reutilización del fragmento desechado que se convierte de nuevo en pieza angular de una obra artística. Solo el ojo del autor sobre ese material de desecho de las olas, lo reconvierten, tras una nueva manipulación de artista, en trabajo plástico y estético renovado. Nueva vida, nuevos espacios en los que habiten el pensamiento, el sentimiento o la memoria como arqueologías de un pasado que sedimenta a su modo y manera la materia y la idea, la creatividad y el objeto artístico.

            Esta visión actual y moral del arte conecta con la sensibilidad de nuestros días, de reutilización de las cosas y de no abandono y destrucción de las mismas. El mar parece darnos un ejemplo con su actuación frente a la agresión de la abundancia y el desperdicio de la sociedad en nuestros días, sobre todo la agresión de los plásticos. El autor no pierde la idea de belleza, bien escaso del que conviene hablar mucho y valorarla cuando se presenta. Frutos María manipula en busca de una nueva belleza con lo que tiene y con lo que encontró. Los pecios del naufragio pueden cobrar nueva vida y sorprender ante una mirada diferente y morosa en el tiempo y el espacio. Una obra tridimensional sugerente y misteriosa, llena de significados, polivalente en su semántica, abierta a toda interpretación, la de la libertad del espectador. Las obras de este pintor/escultor vienen a ser una reinterpretación de lo encontrado, una convivencia con la arqueología acuática, que nadie, solo el mar puede ofrecer. El arte, después de todo es un dialogo perpetuo con la Naturaleza y el Universo, con los hombres en suma. Y la mejor crítica de arte, como señalara el escritor argentino Jorge Luis Borges es aquella que invita a acercarse a la emoción y el misterio que emanan las obras de un artista.

            ¿Y si esas maderas fueran restos de un palafito lejano o una ciudad invisible y sumergida? ¿ Y si fueran restos de la embarcación de Argos tras regresar de la Cólquida? ¿O de nuestros antepasados fenicios? La imaginación del espectador puede superar a la del artista, ¿por qué no?, o ir más allá de su mirada, a poco que el título de las obras le dinamice su realidad, ilusión o fantasía. El espectador también crea o puede crear, cuando reinterpreta el arte con arreglo a su cultura y soportes de su conocimiento y educación. Toda mirada es hija de una cultura y una civilización, los antecedentes sociales y culturales del espectador son tan importantes como la del artista o el crítico de arte, a la hora de valorar y enjuiciar una pieza. La obra de arte nos interpela a todos, nos habla en medio de un bosque de signos y símbolos que cada cual ha de escudriñar en medio de la inquietud o del deleite estético.

Geometría para ordenar el caos

            La geometría está muy presente también en la escultura y pintura de Frutos María, la geometría que es orden y concierto, y que se encuentra en buena parte del reino mineral cristalizado. El autor la hace convivir con el caos de los pecios, si bien los reordena en su labor para que tengan composición y armonía. Si en el principio fue el caos, como señala el Génesis, la manipulación artística del escultor lo ciñe al cauce y al buen hacer de su trabajo. Elogio de la Arquitectura, reza uno de los títulos de sus obras. La Arquitectura como una de las tres Bellas Artes visuales clásicas, junto a la pintura y la escultura; hoy las Bellas Artes se han ampliado para nuestra satisfacción hasta incorporar el cine, la fotografía, el cómic y la moda.
            Un viaje íntimo alrededor de sí mismo califica Frutos María a su obra. La creatividad es subjetiva y la de este pintor/escultor  se dirige por los parámetros de la geometría, la abstracción geométrica, y la reutilización de materiales que la enriquecen y habitan. Su exposición de 2017 transitó por puertas, caminos, espacios y arquitectura, si nos atenemos a la distribución y montaje del discurso expositivo, la exposición de ahora navega con más rotundidad junto a los pecios del mar y los despojos del oleaje batiente, hasta trascenderlos en una significación profética, que no apocalíptica. El planeta tierra tiene unos recursos limitados y debemos respeto a las generaciones futuras para no esquilmarlos. Esa sería una lectura subliminal y no la única al contemplar las obras de exposición. La obra artística siempre será polisémica, por más que un título parezca constreñirla. “En la medida en que todos generamos pequeños daños ecológicos”, estamos llamados a reconocer “nuestra contribución –pequeña o grande- a la desfiguración y destrucción de la creación, advierte el patriarca ortodoxo Bartolomé, que se suma a la emocionante encíclica de Francisco Laudato si,  sobre el cuidado de la casa común, que es el planeta Tierra. La degradación ambiental incide sobre todo en los más pobres de mundo, se nos advierte. La íntima relación de los pobres y la fragilidad del planeta es un hecho. Es la contaminación, la basura y la cultura del descarte sin solución de continuidad. El planeta Tierra no puede convertirse en un inmenso depósito de residuos y desechos. Estamos llamados a la reutilización o el reciclaje

            Me constan las inquietudes de Frutos María por la ecología, el medio ambiente, el cambio climático, por el mar y la brutal agresión de desperdicios en sus aguas. Todo ello esta presente en su consciente e inconsciente a la hora de trabajar. El artista habla de la Naturaleza con sentido de veneración, con el deseo de que se respete para mejorar nuestro hábitat, más allá de un desarrollismo estúpido. Reciclar, reutilizar y manifestarlo como un mantra, hasta que cale en la mentalidad y sensibilidad de los hombres. El arte, las obras de arte, además de estética y ornamentación, son buen vehículo de transmisión y comunicación de las ideas, van más allá de condensar el placer y belleza según los casos. El trabajo artístico de este escultor abarca y sugiere todos los registros. El arte como  anuncio o denuncia de las cosas, como rayo de luz y sustrato de esperanza, porque como bien señaló Ramón Margalef (1919-2004), primer catedrático de Ecología en España: El hombre no solo es un problema para sí, sino también para la biosfera en que le ha tocado vivir.

 Frutos María en su casa estudio
 Logo del artista

Frutos María junto a una de sus obras

Carmen Valero, Mayte Blázquez, Frutos María y Julia Sáez-Angulo en la inauguración